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Confidencias

7,4
1.976
votos
Sinopsis
Un profesor norteamericano jubilado lleva una vida solitaria en su lujoso palacio de Roma. Tiene un enfrentamiento con una vulgar marquesa italiana y sus acompañantes: su amante, su hija y el novio de su hija, y se ve obligado a alquilarles el apartamento del ático del palacio. Su sosegada vida se verá entonces perturbada por las maquinaciones de sus inquilinos. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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4 de noviembre de 2009
20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin duda hay frases que reflejan a la perfección la personalidad intelectual de un artista. Luchino Visconti era un especialista en narrativa profunda y convertía, con sombría lucidez, la literatura más barroca en intensas imágenes de fuerte impacto emocional. Así fue en su penúltimo trabajo cinematográfico, Gruppo di famiglia in un interno, A.K.A. Confidencias, de la que cito textualmente: (El Profesor): “Los cuervos vuelan en bandada; el águila vuela sola”; (Konrad): “Pero en La Biblia está escrito, ¡Ay del que esté solo!, porque cuando caiga no habrá nadie dispuesto a prestarle ayuda”. Con estas significativas palabras el maestro encerraba gran parte de su filosofía, de su arrollador universo y de su lúgubre corazón al descubierto. Visconti vendría a contarnos el mortuorio camino de un lobo solitario, El Profesor (genial Burt Lancaster), y su difícil coexistencia con unos peculiares inquilinos, los cuales habitan en el piso de arriba, y que vendrán a importunar su pacifica y erudita vida como coleccionista de arte.

Formidable retrato humano el de una película exquisita, con el habitual gusto decorativo de Visconti. Melodrama inteligente, holgadamente ambiguo e intimista que vuelca un esforzado y profundo estudio del hombre en su inevitable paso hacia la muerte, ese trágico destino que aquí bien podría estar disfrazado de vida, representado en unos extraños vecinos que rozando la locura acabarán por comulgar en un mismo deseo de comprensión y entendimiento. Con el apoyo de unos intérpretes colosales, el gran duque italiano rueda uno de esos monumentales cuadros de sentimientos en donde todo, absolutamente todo, parece cristalizar en completa armonía. El oficio del cineasta sobresale incluso en las condiciones menos favorables (estaba gravemente enfermo), procreando de forma cuasi natural una meticulosa mirada reflexiva entre dos vasos comunicantes estupendamente perfilados. La relación padre-hijo/maestro-alumno de Helmut Berger y Burt Lancaster nos conmueve, nos imanta, nos transforma en bastante más que simples espectadores, somos cómplices voyeurs de corta distancia, claros participantes de una maraña piramidal donde flotan recuerdos, secretos y confidencias.

Grupo di famiglia in un interno sería, en cierto modo, una película autobiográfica, que presagiaba la inminente desaparición del autor de Muerte en Venecia. Trabajo penetrante, con amplísimo carácter testimonial, de apurado empaque fantasmagórico, fiel a las bases de un arte solo atribuible al talento desbordado de uno de los mayores y más honestos representantes que el cine, por suerte, ha sabido y deberá seguir teniendo como parte integrante de una cultura artística universal, inexcusable y académicamente imprescindible.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
deivi
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14 de mayo de 2009
12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como en todas las películas que he visto de Visconti hasta el momento, con la excepcional salvedad de Bellísima, hay personajes y situaciones que se notan forzados, una mano invisible los empuja al abismo sin el necesario desarrollo dramático que justifique esa caída, esa es mi impresión. Pero seguramente ésta es en la que menos me ha importado. Aquí Visconti reduce su aparatosidad de esos años y opta por una épica más intimista, reincidiendo en uno de sus temas favoritos; la decadencia de la clase burguesa y los cambios políticos que la acompañaron. Un Lancaster más soberbio todavía, si cabe, que en la irregular El Gatopardo, nos regala uno de los mejores papeles de su carrera, espectacular. Y para espectacular el final, uno de los más bellos que recuerdo, todo un prodigo de sutilidad y saber hacer por parte de Visconti.
Muy buena.
Peter Gabriel 77
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12 de diciembre de 2010
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para ver adecuadamente esta película es preciso tener algo de edad, y de vocación de quietud. Es preciso ser paciente y disfrutar de las soledades compartidas: la tuya con los personajes. No puedes ver esta película si a tu lado se encuentra alguien jugando a la pelota. Es preciso encontrarse concentrado. Como lo estaba Burt antes de que llegara la familia de la Mangano.
Y disfrutar de una paseo no sólo por las soledades sicilianas, sino además por los pasillos oscuros, por los retratos de familia que cuelgan de las paredes, y oír el cascabeleo del rebaño en las escenas campestres, y atravesar el olivar que me trae olores y recuerdos de mi tierra cuando soplan vientos de levante.
Fag1955
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3 de noviembre de 2005
11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me parece que es uno de los mejores films de Visconti, donde se reflejan muchas de sus claves cinematográficas. Algunos la consideran como una obra en la que el director pierde fuerza, no estoy de acuerdo. El neorrealismo viscontiniano late constantemente en la decadencia de una clase social y de un tipo determinado de gustos y placeres. Los máximos exponentes, desde mi punto de vista, son el profesor (Burt Lancaster) y la marquesa Brumonti (Silvana Mangano), cada uno de ellos sin entender el mundo que les rodea y con dos posturas diametralmente opuestas pero igualmente decadentes y descontextualizadas. Os la recomiendo.
jose
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27 de octubre de 2010
9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
El profesor de ciencias (nunca sabremos su nombre, pero usted puede atreverse a ponerle uno) vive ahora solo. Está retirado y en su piso se ha dedicado a coleccionar obras de arte y a escuchar a Mozart. Su paz es completa, así que se niega a ceder en alquiler el piso alto que también le pertenece, cuando la marquesa Bianca Brumonti se lo solicita para habitarlo con sus dos hijos y con su amante Konrad Hübel. Pero, una jugada estratégica de la dama y acaso la gentileza de su bella hija, lo animan a firmar un acuerdo de venta, con lo que la familia termina ocupando no sólo aquel piso, sino que pronto ocupará su mesa, y sus más íntimos espacios.

Comienza así un interesantísimo cruce de caracteres donde las emociones más íntimas… los polos oscuros… la apreciación de la vida… la visión del arte, la política y la ciencia… el significado que cada uno tiene para los otros… el amor y el desprecio… salen a flote para dejarnos sentir a un especial conjunto de seres humanos que, con su fuerza interior y sus contradicciones, parecen arrancados del propio mundo del maestro Luchino Visconti, pues, por más que quiera negarse, su propia intimidad está, a todo lo largo del filme, hondamente recreada.

Su interés operático, su pasión por el arte pictórico, su acogimiento de la soledad como elección voluntaria y no como desierto de afectos o carencia de oportunidades; su amor arraigado por Helmut Berger; su cercanía con la Mangano y con Lancaster; su coincidencia marxista, su papel en la Resistencia y su inconformidad con la ciencia… todo fluye cual si fuera el soterrado testamento cinematográfico de un hombre que recién había pasado por una seria crisis de salud y que de pronto visiona que es ya corta la línea de su tiempo.

En tal sentido, este es quizás el más viscontiano de todos los filmes del maestro italiano. Esa iluminación tenue hasta el ostracismo, ese único set escenográfico que sólo nos remite a “Las Noches Blancas”; esa capacidad de transmitir, con un enmarcable vigor literario, el sentir de cada uno de sus personajes; y ese tono de interioridad que escudriña en el fondo de aquella alma que se plurariza en cuatro otras almas traídas de la ficción, hace de “CONFIDENCIAS” un filme decantado y profundamente grato.

Y queda bien sellada una lección inamisible: Es cierto que las águilas vuelan solas y los cuervos vuelan en manadas, pero, en su soledad el águila se vuelve huraña y depredadora, y no tiene más objeto que ella misma o su única familia. El ser humano se realiza con el otro, se despliega con sus congéneres, y sólo halla el sentido de la vida cuando, en la cercanía de los demás seres humanos, fluye ferviente en procura de la Unicidad.

Título para Latinoamérica: “GRUPO DE FAMILIA”
Luis Guillermo Cardona
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