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Confidencias

Drama Un profesor norteamericano jubilado lleva una vida solitaria en su lujoso palacio de Roma. Tiene un enfrentamiento con una vulgar marquesa italiana y sus acompañantes: su amante, su hija y el novio de su hija, y se ve obligado a alquilarles el apartamento del ático del palacio. Su sosegada vida se verá entonces perturbada por las maquinaciones de sus inquilinos. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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4 de noviembre de 2009
33 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin duda hay frases que reflejan a la perfección la personalidad intelectual de un artista. Luchino Visconti era un especialista en narrativa profunda y convertía, con sombría lucidez, la literatura más barroca en intensas imágenes de fuerte impacto emocional. Así fue en su penúltimo trabajo cinematográfico, Gruppo di famiglia in un interno, A.K.A. Confidencias, de la que cito textualmente: (El Profesor): “Los cuervos vuelan en bandada; el águila vuela sola”; (Konrad): “Pero en La Biblia está escrito, ¡Ay del que esté solo!, porque cuando caiga no habrá nadie dispuesto a prestarle ayuda”. Con estas significativas palabras el maestro encerraba gran parte de su filosofía, de su arrollador universo y de su lúgubre corazón al descubierto. Visconti vendría a contarnos el mortuorio camino de un lobo solitario, El Profesor (genial Burt Lancaster), y su difícil coexistencia con unos peculiares inquilinos, los cuales habitan en el piso de arriba, y que vendrán a importunar su pacifica y erudita vida como coleccionista de arte.

Formidable retrato humano el de una película exquisita, con el habitual gusto decorativo de Visconti. Melodrama inteligente, holgadamente ambiguo e intimista que vuelca un esforzado y profundo estudio del hombre en su inevitable paso hacia la muerte, ese trágico destino que aquí bien podría estar disfrazado de vida, representado en unos extraños vecinos que rozando la locura acabarán por comulgar en un mismo deseo de comprensión y entendimiento. Con el apoyo de unos intérpretes colosales, el gran duque italiano rueda uno de esos monumentales cuadros de sentimientos en donde todo, absolutamente todo, parece cristalizar en completa armonía. El oficio del cineasta sobresale incluso en las condiciones menos favorables (estaba gravemente enfermo), procreando de forma cuasi natural una meticulosa mirada reflexiva entre dos vasos comunicantes estupendamente perfilados. La relación padre-hijo/maestro-alumno de Helmut Berger y Burt Lancaster nos conmueve, nos imanta, nos transforma en bastante más que simples espectadores, somos cómplices voyeurs de corta distancia, claros participantes de una maraña piramidal donde flotan recuerdos, secretos y confidencias.

Grupo di famiglia in un interno sería, en cierto modo, una película autobiográfica, que presagiaba la inminente desaparición del autor de Muerte en Venecia. Trabajo penetrante, con amplísimo carácter testimonial, de apurado empaque fantasmagórico, fiel a las bases de un arte solo atribuible al talento desbordado de uno de los mayores y más honestos representantes que el cine, por suerte, ha sabido y deberá seguir teniendo como parte integrante de una cultura artística universal, inexcusable y académicamente imprescindible.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
deivi
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12 de diciembre de 2010
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para ver adecuadamente esta película es preciso tener algo de edad, y de vocación de quietud. Es preciso ser paciente y disfrutar de las soledades compartidas: la tuya con los personajes. No puedes ver esta película si a tu lado se encuentra alguien jugando a la pelota. Es preciso encontrarse concentrado. Como lo estaba Burt antes de que llegara la familia de la Mangano.
Y disfrutar de una paseo no sólo por las soledades sicilianas, sino además por los pasillos oscuros, por los retratos de familia que cuelgan de las paredes, y oír el cascabeleo del rebaño en las escenas campestres, y atravesar el olivar que me trae olores y recuerdos de mi tierra cuando soplan vientos de levante.
Fag1955
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14 de mayo de 2009
13 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como en todas las películas que he visto de Visconti hasta el momento, con la excepcional salvedad de Bellísima, hay personajes y situaciones que se notan forzados, una mano invisible los empuja al abismo sin el necesario desarrollo dramático que justifique esa caída, esa es mi impresión. Pero seguramente ésta es en la que menos me ha importado. Aquí Visconti reduce su aparatosidad de esos años y opta por una épica más intimista, reincidiendo en uno de sus temas favoritos; la decadencia de la clase burguesa y los cambios políticos que la acompañaron. Un Lancaster más soberbio todavía, si cabe, que en la irregular El Gatopardo, nos regala uno de los mejores papeles de su carrera, espectacular. Y para espectacular el final, uno de los más bellos que recuerdo, todo un prodigo de sutilidad y saber hacer por parte de Visconti.
Muy buena.
Peter Gabriel 77
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27 de octubre de 2010
12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
El profesor de ciencias (nunca sabremos su nombre, pero usted puede atreverse a ponerle uno) vive ahora solo. Está retirado y en su piso se ha dedicado a coleccionar obras de arte y a escuchar a Mozart. Su paz es completa, así que se niega a ceder en alquiler el piso alto que también le pertenece, cuando la marquesa Bianca Brumonti se lo solicita para habitarlo con sus dos hijos y con su amante Konrad Hübel. Pero, una jugada estratégica de la dama y acaso la gentileza de su bella hija, lo animan a firmar un acuerdo de venta, con lo que la familia termina ocupando no sólo aquel piso, sino que pronto ocupará su mesa, y sus más íntimos espacios.

Comienza así un interesantísimo cruce de caracteres donde las emociones más íntimas… los polos oscuros… la apreciación de la vida… la visión del arte, la política y la ciencia… el significado que cada uno tiene para los otros… el amor y el desprecio… salen a flote para dejarnos sentir a un especial conjunto de seres humanos que, con su fuerza interior y sus contradicciones, parecen arrancados del propio mundo del maestro Luchino Visconti, pues, por más que quiera negarse, su propia intimidad está, a todo lo largo del filme, hondamente recreada.

Su interés operático, su pasión por el arte pictórico, su acogimiento de la soledad como elección voluntaria y no como desierto de afectos o carencia de oportunidades; su amor arraigado por Helmut Berger; su cercanía con la Mangano y con Lancaster; su coincidencia marxista, su papel en la Resistencia y su inconformidad con la ciencia… todo fluye cual si fuera el soterrado testamento cinematográfico de un hombre que recién había pasado por una seria crisis de salud y que de pronto visiona que es ya corta la línea de su tiempo.

En tal sentido, este es quizás el más viscontiano de todos los filmes del maestro italiano. Esa iluminación tenue hasta el ostracismo, ese único set escenográfico que sólo nos remite a “Las Noches Blancas”; esa capacidad de transmitir, con un enmarcable vigor literario, el sentir de cada uno de sus personajes; y ese tono de interioridad que escudriña en el fondo de aquella alma que se plurariza en cuatro otras almas traídas de la ficción, hace de “CONFIDENCIAS” un filme decantado y profundamente grato.

Y queda bien sellada una lección inamisible: Es cierto que las águilas vuelan solas y los cuervos vuelan en manadas, pero, en su soledad el águila se vuelve huraña y depredadora, y no tiene más objeto que ella misma o su única familia. El ser humano se realiza con el otro, se despliega con sus congéneres, y sólo halla el sentido de la vida cuando, en la cercanía de los demás seres humanos, fluye ferviente en procura de la Unicidad.

Título para Latinoamérica: “GRUPO DE FAMILIA”
Luis Guillermo Cardona
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6 de septiembre de 2013
9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Silencio.
Aprehender un Gruppo di famiglia in un interno (Luchino Visconti, 1974) es difícil, la exquisitez requiere reposo, calma y atención. El diletante necesita del escondrijo del Profesor (Burt Lancaster).
Vivir, olvidar, adormecerse en los brazos del arte, encerrado en un magnífico palazzo italiano… es la decisión del Profesor, después de abandonar decepcionado su carrera, de sufrir la Segunda Guerra Mundial, de fracasar su matrimonio.
Su presencia tan sólo se ve perturbada por los desalmados galeristas y su impertérrito servicio, hasta la luz parece respetar su atemporal descanso…
Menos la marquesa Brumonti (Silvana Mangano), la misma vergüenza de su clase osa colarse en su casa, y eso es tan sólo el principio. A marchas forzadas se adentra en el segundo piso de la vivienda, dedicado, en principio, a albergar el paraíso borgiano del maduro Profesor, proyecto que cambiará radical e involuntariamente.
Empiezan las obras, el trasiego, los ruidos, el desconcierto, la llegada de personas, de soniquetes humanos. A la marquesa la acompaña una juvenil corte, su hija Lietta (Claudia Marsani); el novio de ésta, Stefano (Stefano Patrizi); y el apuesto amante mantenido, Konrad Hübel (Helmut Berger).
Todos los ojos apuntan a Konrad, el joven alemán, con un pasado que parecía prometedor, pero que se truncó por turbias y tortuosas circunstancias y acciones. La definición del oficio de Konrad por parte de Lietta clarifica perfectamente su presente situación.
El film está polarizado por las relaciones del alemán con el resto de personajes, y por el contacto que entablan los nobles con el estadounidense. Paradójicamente, Konrad Hübel es el único que consigue acercarse verdaderamente al Profesor, y entablar con él una relación casi filial. Sus embates dialógicos son majestuosos.
El Profesor que rechaza constantemente el contacto con los habitantes del segundo piso, ve en el incorregible Konrad un atisbo de luz, de verdadera conexión espiritual e intelectual, sin embargo, el joven es demasiado inestable, se interesa por todo y nada, es inconstante y mutable; tan pronto es un aguerrido y cultivado marxista, como un despreciable advenedizo, que pretende aprovechar y succionar hasta la más nimia oportunidad que le ofrece la nobleza en el lodazal de sus riquezas. Desde luego, las sumas de dinero que necesita, a causa de sus derroteros, son significativas al respecto.
En la pareja de Lietta y Stefano, el alemán también ocupa un lugar muy íntimo, tal vez demasiado, porque la hija de la marquesa se siente escandalosamente más atraída por el amante de su madre, que por su novio, al que trata bastante fraternalmente. De hecho, en la versión censurada de Gruppo di famiglia in un interno, a estos jóvenes se les presentaba como hermanos, no como pareja; por lo que contemplando el film desde esa perspectiva, se oscurece mucho más la relación de Lietta y Stefano en la versión censurada, que en la original.
Asimismo, su trato es similar al de otros tríos emblemáticos, como el de Jules et Jim (Truffaut, 1961), aunque se acerca más al carnal grupo de The Dreamers (Bertolucci, 2003).
Como curiosidad, esta película ha tenido varias traducciones “libres” del título: Confidencias fue el título español, en Hispanoamérica se llamó Grupo de familia, Conversation Piece el del ámbito anglosajón, Gewalt und Leidenschaft en alemán y Violence et Passion en francés. Son títulos bastante generales y simplones, puede que el que más se aproxime a la sucinta significación original sea el inglés.
Stefano y Konrad protagonizan un duro encuentro ideológico, que tiene hondas repercusiones, ya que mina los cimientos del círculo en el que se encuentran, y produce la deflagración final.
Mientras tanto, el divertimento entre Konrad y Bianca es básico, se reduce a una transacción tan simple, como vulgar; acertadamente, el amante se encarga de remarcar su animal papel para la deshonrada e ignorante marquesa.
Volviendo al otro pilar del film, el Profesor, despierta poco a poco de su letargo con ese pintoresco grupo, presencia tremendas discusiones, confesiones degradantes, e incluso le proponen atractivas tentaciones.
Esa familia que se aprovecha de él, acaba siendo su última verdadera familia. Ya no cuentan los serviciales e inopinados criados, ni el arte, sino su vida; esos seres le producen una dolorosa anagnórisis consigo mismo, su juventud, su familia, hasta alcanza a recordar a su esposa (bellísima aparición de Claudia Cardinale), a la que, impotente, no pudo aconsejar en su día, como lamentablemente, tampoco podrá hacerlo con el magnético Hübel. Berger muestra una interpretación próxima a la del apasionado protagonista de "Ludwig II" (Visconti, 1972), personaje que encarnó justamente dos años antes de atreverse con el de Konrad Hübel.
Sin embargo, la salvación del sabio es tardía, y tristemente el espectador conoce el destino del Profesor desde los créditos, magníficamente escogidos, con la primera estampida que precede la "Sinfonía Concertante K364", de Mozart, casi a modo de Big Bang. Excelente metáfora del film.
El Profesor interrumpe su letargo en su cenotafio, para contemplar el presente de la Italia, y con ello la caída en desgracia de la nobleza, de las iniciativas marxistas y los ideales del Mayo del 68; la proliferación de atentados e intentos de golpes de Estado; así como la eterna lucha agónica con el tiempo; la atracción fatal que provoca la juventud; el dilema de rechazar el presente, pero mirar atrás con demasiada melancolía; aceptar la soledad gustosamente, pero darse cuenta que es mera cobardía; superponer la perfección y la seguridad que aporta el arte, ante la imperfecta e inconstante vida humana…
Y el ritmo vital prosigue, martilleando cada segundo. El Profesor se parece mucho más de lo que cree al personaje novelesco que vive una situación cercana a la del protagonista de El séptimo sello (Bergman, 1957).

Crítica completa publicada en http://www.ojocritico.com/author/annamontesespejo/
Polimnia
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