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No te preocupes, no llegará lejos a pie

6,2
181
votos
Sinopsis
En los años 70, John Callahan (Joaquin Phoenix) sufrió un accidente de coche a la edad de 21 años. Fruto de aquel suceso quedó paralítico, lo que le llevó a dibujar como parte de su terapia. "Don't Worry, He Won't Get Far on Foot" cuenta su historia, tomando como base su libro autobiográfico. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
4 de julio de 2018
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El veterano cineasta norteamericano Gus Van Sant, vuelve a dirigir a Joaquin Phoenix después de veintitrés años –la última vez fue en 1995 en “Todo por un sueño”-, para dar forma y personalidad a su nuevo trabajo: No te preocupes, no llegará lejos a pie. La película llegará a nuestras pantallas tras su paso por la sección oficial del Festival de Sundance y participar en la sección oficial a competición de la Berlinale 2018.

Las casi dos horas de duración de la cinta se soportan, como si de una columna vertebral se tratara, en la magistral actuación de Joaquin Phoenix, quien sabe conducir su interpretación hacia aquello que requiere el guion en todo momento. La contención en los momentos más dramáticos, sobretodo en las escenas del hospital después del accidente, supera en muchos aspectos otras de sus grandes actuaciones que incluso le valieron nominaciones a los Óscar (recordemos que fue nominado por “Gladiator” (2000), “Walk the line” (2005) y “The Master “(2012)).

En el otro extremo se encuentra Rooney Mara (Annu en el film), que desempeña un papel muy anecdótico, aunque su poco peso se justifique con la intención de focalizar toda la cinta en la historia de superación de Callahan y dejar de lado su romance con el personaje encarnado por Mara.

Este relato de superación se juega a tres bandas en toda la trama. La más transversal, la lucha del protagonista contra el alcohol. La segunda sería la lucha contra los impedimentos que provocan su invalidez. Y la tercera, contra un cierto grado de autoinculpación por la situación que padece, dónde se incluyen unos intentos de encontrar a su madre-quien según él no le quería- y una animadversión respecto a su entorno y consigo mismo. Todos estos temas se entrelazan a la perfección gracias al guion de Gus Van Sant, que sabe relacionarlos y convertirlos, al fin y al cabo, en una misma lucha que sólo puede uno ganar perdonándose a sí mismo.

Igual que el personaje de Mara, también queda en algo muy residual la afición de Callahan por el dibujo, solo explotándolo en el tramo final del film de una forma bastante superficial y aburrida. Estos mismos dibujos van apareciendo de manera animada en toda la película en unos extraños paréntesis que quedan colgados sin mostrar su verdadera función.

Es por eso que aunque el guion está a la altura en casi todos los sentidos del film, este parece desequilibrado por momentos, al apartar otros temas a los que se les da importancia, a un plano más secundario y residual. También afecta a esa percepción el hecho de que, tras una primera mitad interesante y entretenida, Van Sant se adentre a tratar otros aspectos de una forma más superficial e irregular.

Por lo tanto, la mayor conclusión que se puede extraer es que no veríamos funcionar este mismo trabajo con una interpretación que no estuviera al nivel de la de Phoenix, y aunque Van Sant haya elaborado un guion acertado en algunos aspectos, este parece cojear en otros, evitando así que podamos estar delante de un film completo que cumple con sus pretensiones.

Crítica de Ferran Calvet González
https://cinemagavia.es/no-te-preocupes-gus-van-sant-pelicula/
Cinemagavia
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29 de junio de 2018
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El mes de Junio en el caluroso Madrid ha sido un mes en el que, desde diferentes instituciones culturales de la ciudad, se han rendido diversos tipos de homenaje a la obra del realizador Gus Van Sant, director de extrema relevancia en los primeros 90 debido a su cine libre de convencionalismos y portavoz de culturas marginales y del nuevo cine queer. La totalidad de su filmografía se está proyectando en la Filmoteca, y una exposición de sus dibujos y diseños se está llevando a cabo en La Casa encendida. Y es aquí donde Diamond Films tuvo a bien organizar un pase de prensa de su última película: No te preocupes, no llegará lejos a pie, biopic de John Callahan que se estrenó en la última Berlinale. No estoy muy familiarizado con su obra, y lo poco que he visto no me ha hecho perder la compostura, pero sí que es un realizador interesante al que estoy dispuesto a darle más oportunidades con la mente abierta. Las críticas no eran entusiastas en ninguno de los dos sentidos, pero el tema guardaba interés, y las propuestas de índole más cómica siempre son muy agradecidas para desengrasar honduras dramáticas. Por ello, acepté de inmediato al pase, dispuesta a descubrir una sala diferente con una película que se sale de los registros más habituales que consumimos en esta web. Y el filme deparó una experiencia, a grandes rasgos, satisfactoria. No hablamos de una gran película, pero hablamos de una harto lograda. Un biopic más que logrado, con muy buena intención. Un relato narrado con muchas convenciones en su desarrollo y acomodado en el plano tonal y emocional, pero filmado con gusto y soluciones, e interpretado con mucho acierto. Una película que te atrapa y logra que tan sólo nos la cuestionamos tras el visionado, no durante.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Néstor Juez
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6 de julio de 2018
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Es cierto que los consejos de “si bebes, no conduzcas” pueden ser redundantes e incluso paternalistas, pero no por ello dejan de tener un ápice de sentido común. Para la mayoría de la gente, seguro que no es complicado encontrar el caso de algún conocido al que la noche se le fue de las manos y terminó a los mandos del coche en un estado nada estable. O, peor aún, aceptó montarse en el vehículo que manejaba una persona con claros síntomas de embriaguez. Es posible que la suerte acompañe y no exista castigo a semejante imprudencia, pero también cabe la posibilidad de que las consecuencias sean drásticas para la vida futura del protagonista. Es el caso de John Callahan, un tipo aficionado a la bebida que su juventud sufrió una dura consecuencia de mezclar alcohol y automóviles: quedarse postrado en una silla de ruedas para el resto de su vida, sin sensibilidad de cintura para abajo y con escasa movilidad en el tren superior. Sus días futuros parecían aniquilados, pero la aparición del lápiz y papel, amén de un talento que hasta entonces había permanecido oculto, le otorgaron una segunda oportunidad.

No es nada extraño que Gus Van Sant sea el cineasta que está detrás de este proyecto, que lleva como título un curioso No te preocupes, no llegará lejos a pie. El realizador estadounidense siempre ha mostrado predilección por este tipo de personajes que nadan a contracorriente, se tratara de genios desconocidos (el prota de El indomable Will Hunting) adolescentes trastornados (los responsables de la matanza de Columbine en Elephant) o de valientes que lucharon por derechos y libertades (el malogrado Harvey Milk al que dio vida Sean Penn), entre otros muchos ejemplos de su filmografía. En esta ocasión, el director parte de las memorias escritas por John Callahan, en las que narraba el camino que le llevó a aquella fatídica noche y todo lo que surgió después. Callahan y el propio Gus Van Sant son quienes firman un guion que trata de sondear el camino que lleva a una persona a la autodestrucción y, lo más importante, cómo se puede salir de una situación en la que no parece haber motivos suficientes para seguir adelante.

Nadie mejor que Joaquin Phoenix para encarnar a ese personaje derrotado en cuerpo y alma, presa de sus vicios y de un oscuro pasado que comenzó a escribirse mucho antes del accidente. El actor aprovecha a la perfección el magnífico terreno preparado por Callahan y Van Sant para convertirse en el eje de No te preocupes, no llegará lejos a pie. Consiguiendo de nuevo ese punto medio entre lo histriónico y lo crudamente veraz, el Callahan de ficción que nos enseña Phoenix encaja como un guante en el amplio repertorio dramático que ya le hemos visto en otros trabajos, pero siempre aportando ese toque que le distingue de otros papeles. En esta ocasión, el perfil que se traza sobre John Callahan va claramente de menos a más, alcanzando su máximo esplendor conforme el personaje explora unos días más lúcidos.

Desde aquí se puede analizar el verdadero aspecto clave de No te preocupes, no llegará lejos a pie, más allá de lo sugerente de la historia real o de la gran interpretación de Phoenix. No se trata de una obra destinada a verse imbuida de un dramatismo extremo, ni tampoco a presentar una historia de superación como si esta fuera un ejemplo que librase de excusas a los que han sufrido un episodio similar, y no como la excepción que realmente es. Precisamente, lo que Van Sant nos transmite es que toda vida está llena de claroscuros, de episodios pasados que nos rebotan en el alma o de un futuro incierto que, por más que se aparezca difuso, siempre merece ser explorado. John Callahan no se nos presenta como un arquetipo de lo que debemos hacer en la vida, es simplemente un hombre que cometió errores, pagó por ellos y se ve en la obligación de buscar una salida si quiere seguir viviendo. Ese rechazo de Van Sant a manipular su propio discurso con falsa pedagogía y el tono cómico que por momentos se utiliza consiguen desviar el film hacia un camino más ligero que, en este caso, también deriva hacia lo honesto.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para @CineMaldito
Kasanovic
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11 de julio de 2018
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Hubo muchos años, en sus inicios, en que Gus Van Sant encarnaba el prototipo de director de cine independiente, rompedor y original. Eso ya pasó hace ya demasiado tiempo, y aunque se mantiene alguna seña de identidad de vez en cuando, su cine ha quedado bastante desnaturalizado e impersonal, llegando aquí a unas cotas de rutina y desgana preocupantes

Lo que aquí hace en esta película de nombre tan horrible, es un mero ejercicio de rutina, mal explicado, y algo confuso, sólo sostenido por el carisma de un Joaquín Phoenix, presente en todo momento y que afortunadamente no hace un ejercicio de cliches en un papel que daría para ello (menos mal por que si no me habría salido de la sala, por cierto vacía, en la que estaba).

No empatizo con el personaje, no se explica bien su proceso, ni se de que van los personajes que se cruzan en su vida (por cierto que pinta un Udo Kier infrautilizado mas cerca aquí de ser un extra que un secundario), de repente se hace dibujante como si nada, y todo pasa sin más, para un espectador al que parece no se quiere hacer pensar demasiado, tampoco incomodar en exceso, pero que por supuesto tampoco entiende ni empatiza con lo que está pasando.

Mas allá de algún punto estético y la interpretación de Phoenix, creo que el resto lo olvidaré de inmediato.
zymu
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