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La violinista

Drama. Romance Una famosa violinista, Karin Nordström, ve su exitosa carrera truncada por un accidente que le quita sensibilidad en las manos. Sin poder tocar de nuevo, recurre a dar clases a jóvenes músicos aspirantes. El ambicioso Antti, dos décadas más joven que ella, atrapa su atención, pero su relación va más allá de sólo maestra y aprendiz, lo que traerá inesperadas consecuencias. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
2 de marzo de 2021
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película cuenta la historia de Karin una excelente violinista (en la buena interpretación de Matleena Kuusniemi, que tal vez la recuerden de la serie Sorjonen) quien a raíz de un accidente automovilístico pierde sensibilidad en su mano izquierda no pudiendo volver a los escenarios.

Esa situación deviene que la artista deba convertirse a regañadientes en profesora, es allí cuando se da una relación con su alumno Antti (Olavi Uusivirta) 18 años menor, pero no es la historia de profesora-alumno y el drama romántico clásico que surge, eso no es lo importante, allí también podría entrar a tallar el marido (Samuli Edelmann).

Lo importante en esta historia es la música, con un director de orquesta en un personaje muy logrado (excelente Kim Bodnia a quien vimos en la genial Killing Eve).

Es una película interesante donde se mezcla la ambición, la genialidad en la interpretación musical, el egoísmo del artista, los valores familiares y las relaciones de pareja.

También hay que decir que es un filme con altibajos, tal vez tiene unos minutos de más, pero es una película por demás interesante y por supuesto recomendable.
Guillermo Herrera
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14 de junio de 2021
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante aproximación al interior de esos individuos tocados por una gracia, y que se convierten en élites, en reyes, en dioses... Cuesta sobrellevar el éxito, digerirlo adecuadamente. Y no solo el éxito: no debe ser fácil sentirse un elegido entre millones, tener un talento único que te distingue del resto y te sitúa en otro plano. A los generales romanos, cuando llegaban a Roma tras una gran victoria, recibidos por multitudes que les vitoreaban como héroes, les ponían a un tipo en la cuadriga que les iba repitiendo: solo eres un hombre.

Esas élites, esos elegidos, viven de acuerdo a otras normas, a otro código de valores. Las convenciones morales, los protocolos de conducta, esas cosillas por las que nos guiamos el resto de mortales, no van con ellos, se les quedan estrechos y revientan. Son seres MAS: más listos, más capaces, más fuertes, más apasionados, más obstinados..., y sobre todo más egoístas.

La película retrata a estas criaturas con atino, su egoísmo, su frialdad, su obsesión, que les lleva a límites insospechados. Solo una cinematografía europea (y del norte) tiene la perspectiva y la frialdad para filmar esta película. Aquí no hay amor, no hay culpas ni arrepentimientos, solo está uno mismo y lo que quiere, la codicia desaforada de esas élites atormentadas, condenadas a competir siempre y en soledad, a vivir desamores y desarraigos, porque todo es secundario al margen de su talento y de aquello por lo que sienten pasión. Si fuera una película americana, sería radicalmente distinta. Solo por eso vale la pena verla. Vale la pena ver cuan sorbidos nos tiene el seso el código moral anglosajón.

Más de uno verá acoso sexual en esta película, abuso de poder, conductas inapropiadas y dudosamente aceptables según los valores hoy en día en boga. Y verán, con estupor, que a nadie se le caen los anillos por ello, que los personajes viven con ello sin despeinarse, sin clamar al cielo las injusticias del mundo. ¡Y todo eso en Finlandia y Dinamarca! ¡Por dios!... La verdad es que el mundo es muy grande, que mucha gente vive en él, que el ser humano es una criatura incontrolable, por más que crean los urbanitas acomodados de los países occidentales - grandes consumidores de etiquetas y consignas - que todo puede ajustarse a un protocolo. El ser humano rompe costuras constantemente, está condenado a sufrir eternamente, no tiene remedio.

Los personajes de esta película sufren desesperadamente, y hacen que los de su alrededor sufran desesperadamente, y les importa un rábano, lo llevan bien, porque solo viven para esos momentos en que pueden ser Dioses.
Uma
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1 de junio de 2021
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una historia que nos recuerda bastante al film de Chloe Zhao "the Rider" de 2017, pero esta vez sustituyendo el mundo del rodeo por la música. 

Karin es una violinista internacional con una gran carrera, todo ello se va al garete cuando es atropellada por un vehículo. Con graves daños en su mano derecha no podrá volver a tocar. Este incidente es el comienzo de una crisis personal en la cual intentara retomar su vida en la enseñanza de música. Con 45 años, casada y con un hijo, sus emociones se desbordarán cuando conoce en la escuela de música a un joven talentoso llamado Atti con el que comenzara una aventura. 

Primera película del finlandés Paavo Westerberg que opta por darle un enfoque de drama matrimonial y existencial, alejándose un poco de lo más interesante que hubiera sido las inquietudes y ambiciones personales de los dos protagonistas por conseguir sus diferentes metas dentro de la música. Se salvan los potentes números musicales y ensayos que acompañan a la historia.

No obstante la película esta muy bien interpretada y muy bien filmada consiguiendo tu interés hasta el final, lo malo es que últimamente se han visto bastantes títulos de temática parecida de relación profesor-alumno.
Destino Arrakis.com
videorecord
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11 de junio de 2021
2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
*El sonido lo es todo

La razón por la que encuentro tan fascinante a esta película, se debe principalmente al buen uso narrativo que se hace del sonido. Obviamente al ser una película sobre el mundo de la música clásica, damos por hecho de que el sonido va a jugar un papel importante, pero no que vaya a ser el hilo conductor por el cual el director nos vaya a guiar. La edición de sonido y también el montaje que presenta la película, la hacen ser una película muy sensorial. Cinematográficamente el guion de La violinista está confeccionado con absoluta brillantez, haciendo que sean los sentidos y no las palabras, los que logren emocionar al público.

Todo ello nos muestra la virtuosidad de este director, a la hora de sacar el mayor provecho posible al propio medio cinematográfico. Por lo cual podemos decir de que tanto el desarrollo de la historia como la evolución de cada uno de los personajes, se plasma en pantalla a diferentes niveles cognitivos. Una tarea muy difícil de conseguir como cineasta, pero que Paavo Westerberg acaba ingeniándolas para ofrecernos una experiencia fílmica excepcional.

Por supuesto aplaudir y reconocer la labor de la montadora Samu Heikkilä y el departamento de sonido de La violinista; ya que su trabajo en esta cinta, es lo que la hace tan especial de ver.

*Antonioni a escena

Como ya he comentado antes, La violinista trata principalmente sobre la incomunicación que existe tanto en el núcleo familiar, como en el de otros ámbitos de nuestra vida. La protagonista al verse impedida de tocar el violín, se ve incapacitada para comunicarse con el resto de personas. La música siendo la única vía que ella tenía de relacionarse, hace que ella entre en una espiral de frustración y tristeza de la que va a ser muy difícil para ella salir.

La incomunicación lleva a la confusión, provocando que los personajes se lleguen a guiar muchas veces por sus instintos más básicos. Esto compone lo que viene siendo la trama amorosa o de melodrama de La violinista, que afortunadamente no llega a tirar de clichés, consiguiendo que la historia de amor tormentosa cobre sentido e interés dentro de la trama.

También es interesante la diferencia de edad existente entre los dos protagonistas; ya que esto nos permite ver las distintas inquietudes vitales que uno tiene al ser un veinteañero, y también las aspiraciones vitales de cuando se ha llegado a la edad de los cuarenta. Esa relación de profesora y alumno, no solo se limita a la comprensión y aprendizaje musical, sino que ambos acaban aprendiendo del uno del otro en cuestiones vitales.

*Mendelssohn y la vida

Otro aspecto interesante que trata La violinista, está relacionado con los sacrificios y decisiones que uno debe de adoptar. Al tratarse de un mundo artístico tan exigente como es el de la música clásica, se lanza la pregunta de si teniendo la convicción de ser el mejor en el terreno artístico, puedes seguir manteniendo tu vida personal intacta. Esto lo vemos a través del personaje de Anti, ya que su ímpetu por ser el mejor violinista del mundo, le lleva a sacrificar todo lo demás; rozando cierta obsesión que va más allá de ser una persona ambiciosa, recordando en algunos aspectos al protagonista de “Whiplash”, de Damien Chazelle.

Al hilo de este aspecto de La violinista, también es interesante la reflexión que se hace sobre la búsqueda de la perfección. Haciendo referencia a Mendelssohn, la protagonista le cuenta a su alumno de que si tal compositor no hubiera ansiado tanto la perfección, habría llegado al nivel de los Brahms, Beethoven y compañía. Es la imperfección o las flaquezas de los personajes los que les llenan de humanidad, a diferencia de cuando intentan resistir de manera estoica. Es esa aceptación la que les da la oportunidad de ser libres y de dejar atrás los fantasmas del pasado.

*Conclusión

La violinista es una película puramente cinematográfica, que se vale de elementos sensoriales para construir su relato. Absorbente, hermosa y desoladora por momentos, esta cinta nos habla de la incomunicación, los sacrificios vitales y de qué forma lidiamos con nuestra rabia y dolor. Valiéndose de una íntima dirección de fotografía, primerísimos planos de cámara y secuencias musicales frenéticas, La violinista consigue asombrar y emocionar al público a partes iguales.

Una cinta que esperemos no pase desapercibido en la taquilla española, porque sería una autentica lástima que mucha gente se llegara a perder esta obra tan hermosa. Sin duda un título que os recomendamos mucho, desde este medio digital.

Escrito por Daniel Jménez
Cinemagavia
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11 de junio de 2021
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La historia que nos cuenta La violinista no es novedosa y, sin embargo, los dilemas que plantea resultan muy atractivos. Si, además, envolvemos el drama en la música de Mendelssohn y su concierto de violín y la desenvolvemos en un ambiente de cultura y de estudiantes de música de élite, el espectador se encuentra, sin esfuerzo, subyugado por las desventuras de Karin.

Con este punto de partida, el film tiene mucho ganado. No obstante, lamentablemente, el desarrollo de la trama se boicotea sí mismo y el resultado final resulta bastante decepcionante.

El director Paavo Westerberg firma el guion con Emmi Pesonen. Ambos han sabido detectar y plantear los distintos elementos que conforman la crisis de Karin. La ruptura con una trayectoria de décadas dedicada al violín, a las giras y conciertos y a seguir peleando por obtener nuevos retos en su campo, deja a la protagonista sumida en un desconcierto autodestructivo y totalmente desubicada en lo familiar, lo social y lo profesional.

En ese sentido, su entrega a una pasión adúltera y abusiva se muestra comprensible, aunque el espectador asista a ella con desesperación e impulsos de meterse en la pantalla y advertirla de las consecuencias de su desvarío. Por otra parte, el empeño de los realizadores en basar el relato en la descripción de sus acciones va restando interés a la narración. El principal problema, a mi juicio, es que se desatiende a los otros personajes, cuya descripción es fundamental para armar la evolución de este título.

El marido y el hijo de Karin son meros comparsas, planos y muy pobremente retratados. Antti, el joven estudiante, fluctúa, con momentos intensos al lado de otros que parecen de folletín. De este modo, aparte de Karin, solo Darren, el director de orquesta, presenta un papel rico en matices y atractivo en su conjunto, que no pierde interés y supone un interesante contrapunto al resto del entorno de Karin.

En la realización, Westerberg abusa de efectos que, en un principio, dinamizan pero que dada su reiteración terminan por cansar y estorbar. Solo al final, consigue reunir todas las buenas ideas que había dejado morir él mismo para componer una última escena que, si bien no salva la película, consigue dejar en el espectador una sensación más postivia.

www.contraste.info
Revista Contraste
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