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¿Bailamos?

Romance. Comedia La vida de John Cark, un abogado adicto al trabajo, da un giro inesperado cuando, siguiendo a una bella mujer que resulta ser una bailarina, se inscribe en una clase de baile. A medida que supera su torpeza, se da cuenta de que su pasión por el baile es mayor que la atracción que siente por la bailarina. Entusiasmado, continúa sus clases, pero ocultándoselo a su familia y a sus compañeros de trabajo. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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15 de marzo de 2010
65 de 90 usuarios han encontrado esta crítica útil
Otro bodrio infumable en el que asoman el careto y el pompis el Richal Guíar y la Jenny Farlopa, que pasa de lo ridículo a lo aburrido cada diez minutos, y que aunque lo aplauda un prestigioso plumillas de la fria Chicago, o lo recomiende un cantamañanas juntaletras de la bella China, que esto es un truño como mi puño.

El argumento es sarnoso y raquítico: un tío de pasta ve cada dia desde el tren en el que vuelve del despacho a su mansión -tope creíble, si señor-, una academia de baile en la que asoma por la ventana el descomunal portapedos de la Jenny. Al Richal se le cierran aún más los ojos si cabe, de las ganas que le entran de abrirle el suyo, y decidido a inseminarla que se apunta al bailoteo. Alli le esperan especímenes subhumanos que oscilan entre lo friki y lo penoso, que los personajillos que se nos muestran no pasan de meros arquetipos de comedia casposa, que le harán partícipe de sus mongoloides problemas, y entre mis bostezos y sus chorradas que la peli va pasando.

Lo único a destacar en positivo es una canción de Peter Gabriel que suena durante un baile que se supone debería ser erótico, pero que a mi solo me sirvió para aprovechar para ir al lavabo. En esa escena la Jenny marca buen culamen, y supongo que entre eso y lo mala que es la peli, que me dieron ganas de descomer y por ello me perdí unos buenos veinte minutos. Aunque tampoco pregunté, vete a saber si no era justo entonces cuando pasaba algo inteligente.

Además, que no es tan sólo que los personajes sean vergonzosos, que el Gere nada más que tenga dos registros -media sonrisa y sonrisa completa-, o que la culona se dedique a poner todo el rato cara de acidez de estómago, no: lo peor quizás sea que los bailes no son coreografías curradas y espectaculares al estilo Broadway, sino más bien se parecen al Tio Manuel y a la hija de la Martiña marcándose un pasodoble beodo en la fiesta de la cosecha, y que, para rematar, el final sea mas idiota que un desodorante con olor a pies.

Tan recomendable como hacer top-less en una mezquita.
Kingo
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26 de junio de 2010
48 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vaya por delante que no he visto la película japonesa en la que se basa Shall We Dance. Tampoco tuve la fortuna de visionar esta obra en la minúscula pantalla de mi ordenador mientras chateo con el travelo Oze-lui, observo la repetición del gol en fuera de juego del Betis-Las Palmas, o clico sobre el icono del feisbuk para colgar la paella que me marqué con unos colegas en Quintanilla de Onésimo. La vi en el cine, en pantalla grande, pagando mi entrada y sin saber dónde me llevaban (no pintaba muy bien la cosa). Y me reí. Y me gustó un huevo y parte del otro. Los personajes son, simplemente, excelentes.

No sé si conoces a John Cark, así que te lo voy presentando. Es un cincuentón atrapado en una existencia monótona e insustancial y que ansía romper por primera vez en la vida las cadenas que le exigen no salirse de la "normalidad" social para un hombre de su edad y posición. ¿Te suena? A mí sí, desde luego. Los veo a diario. ¿Te gustaría hacer puenting este finde? ¿O quizá después de que termines en la oficina o dejes el Taxi? Richard Gere interpreta al más común de los mortales, y no necesita rescatar a unos rehenes de un transatlántico en llamas. Se pone a bailar. Y además sale muy guapo (chicas, escena de la escalera mecánica).

También te quería presentar a Paulina, la profesora de John. Vive obsesionada con el baile porque es la única vía de escape para reponerse de un abandono sentimental y laboral. Es hermosa y, hazme caso, mejor no la molestes con tus feromonas, porque una mujer que desea reencontrar la alegría por la vida jamás busca uno o dos polvos. Y menos contigo. ¿Tampoco te suena? Yo creo que ya la conoces, tigre.

Espera, espera, no te vayas. Te presentaré a la Sra. Cark. Ama de casa después de la jornada laboral, currela infatigable, esposa, amiga, madre, chacha, amante y cocinera. Y también en la cincuentena. ¿Una pista, dices? Tu madre, quizá? tu esposa? Representa la fuerza de la mujer; un animal fuera de serie capaz de lidiar con las cargas de la vida y con los arrestos y determinación suficientes para defender lo que más ama. Y Susan Sarandon la hace creíble.

Y los demás secundarios aparecen para recordarnos, como señala en una crítica de otra película un amigo mío, que todos forman parte de nosotros mismos, y que aquí se nos muestran como terapia, estímulo y reflexión, intentando con sus actuaciones que pases hora y media lo más relajado y divertido posible. Y en mí, lo consiguieron. 9.1

"Para un baile, hace falta una pareja."

PD. Película nada recomendable para amigos de Oze-lui y vomitadores profesionales, pero sobre todo, en absoluto aconsejable para sujetos que amparados en la noche, con premeditación, alevosía y manipulando al personal, hacen gala de sus bemoles rompiéndote la luna del coche resentidos por no haberlos invitado a una cena sin igual.

Dedicada a mi amigo aka Idiot y a su gran crítica de El gran Lebowski.
Y a alguno más.
Txarly
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12 de octubre de 2006
25 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
La original, la japonesa, tampoco era gran cosa. Ver a unos nipones friquis bailando bailes de salón no era para tanto. Si fuesen sevillanas, clases de canto para un karaoke o lecciones para evitar a los carteristas por los madriles la cosa sería muy diferente.
De todos modos se dejaba ver y escondía cierta ternura en sus “desgraciados” personajes.

Poco sorprende la copia americana y menos que el protagonista sea el achinado Richard Gere. Tampoco que la moza traumatizada y llorona por haber perdido un concurso de baile (¿?) sea Jennifer Lopez y que la “sufrida” esposa sea Susan Sarandon.
Analicen sus traumas y motivaciones y llegaran a una única conclusión: “Shall we dance?” en cualquiera de sus dos versiones es carne de parodia.

Como sucede con los remakes americanos de películas extranjeras pierde la sorpresa y sustituye la capacidad para emocionar por momentos comerciales y un excesivo espectáculo rutinario con escaso interés.
Por otro lado han mejorado los horrendos trajes de la versión japonesa aunque “Shall we dance?” tiene la misma emoción y credibilidad que una final de “¡Mira quien baila!”.

Un ejemplo perfecto sería el papel de Stanley Tucci: en la película japonesa el personaje era estrambótico, pasado y divertido; en la versión americana un tan grotesco como complaciente y funcional cliché.

Para aquellos que quieran ver un trauma provocado por un concurso de baile que se sorprendan con “Superstar”. Jamás en la historia del cine un engendro ha conseguido sacar tantas carcajadas con un concurso de baile regional y su correspondiente trauma.

En esta “Shall we dance?” se superponen los interesen comerciales a las buenas intenciones, dejando cierto tufillo de obra intranscendente. De esas que sólo serán recordadas durante el tiempo que permanezcan en la estantería de novedades de cualquier tienda o videoclub.
Maldito Bastardo
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2 de enero de 2010
14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un hombre, el señor Clark, ve desde el metro todos los días una escuela de baile y a una mujer bailar frente a la ventana. Un día se decidirá y se apuntará a las clases.
Este simple argumento da pie a una inocente pero a la vez llena película de matices que describe con pleno acierto cómo escapar de una rutinaria vida que puede llegar a desencantar.

Nos muestra una salida factible válida para todos como es la de romper el hilo cotidiano sencillamente aprendiendo a bailar. Una solución simple que nos hace ver que no es necesario convertirse en agente doble de una peligrosa red de espías o en hacerse cazador de mutantes o algo así para sentirse vivo.

Enseguida nos metemos de lleno en un mundo al margen del círculo laboral y familiar e iremos conociendo a profesoras y alumnos de la escuela de baile cada uno con sus inquietudes. Clark comienza a ver la vida de otra forma incluso descubrirá al compañero de trabajo que practica el baile en secreto y que al saber su pasión por esa disciplina es cuando de verdad empezará a conocerle.
Ejemplos ante la vida mostrados con simpatía en todas las escenas. Incluso sus enseñanzas son litares como cuando nos dicen que después de caerse (un tropezón en la final de un campeonato de baile) no vale deprimirse, sino que hay que volver a levantarse.

Toda la película es un muestrario de detalles, con buena música, con clase y con acierto. Con unas actuaciones excelentes y con un guión enternecedor y maravilloso.

Richard Gere y Jennifer López están perfectos; Susan Sarandon, igual, en un papel clave de esposa que sospecha estar siendo engañada para terminar dando una lección de cordura y comprensión. Luego destaca Richard Jenkins, ese segundón de lujo que hace el papel de un investigador privado diferente, otro acierto de la película que va rompiendo moldes según avanza.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
floïd blue
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31 de octubre de 2005
14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bastante descafeinada comedia musical, que tiene pocas risas y bastantes clases de baile, que llegan a hacerse repetitivas. Y es que el argumento no da para mucho y en la película pasan pocas cosas con lo que puede hacerse poco apasionante y bastante ñoña.

Richard Gere es el auténtico protagonista de la película y se muestra en su papel de galán de siempre, respecto a Jennifer López sigue encasillada en su papel de mojigata y no ofrece mucho en esta película, salvo algún que otro baile. Susan Sarandon está correcta en un papel secundario de esposa engañada.

En resumen, película que puede verse, pero en la que faltan más ingredientes, más pasión y más conexión con el público.

Lo mejor: la media hora final
Lo peor: llega a hacerse pesada hacia la mitad.
ChuckyGoo
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