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A Esmorga

6,7
1.823
votos
Sinopsis
Crónica tensa e intensa de 24 horas en la vida de tres compañeros de juerga que van dejando un reguero de destrucción, de sexo equívoco y reprimido, y también cerrando puertas tras tirar las llaves, como si de manera deliberada buscaran la perdición. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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17 de noviembre de 2014
44 de 56 usuarios han encontrado esta crítica útil
Basado en la novela homónima de Eduardo Blanco Amor sobre tres borrachos (Bocas, Milhomes y Cibrán) que recorren la villa de Ourense en una noche etílica que les irá acercando cada vez más hacia un precipicio inevitable. Filmada con un pulso fuera de lo común por Ignacio Vilar logra que el espectador se convierta en testigo de excepción de los sucesos casi inconscientes que vamos a presenciar. Es una historia de borrachos pero también una historia de amor, celos y destrucción. Autodestrucción más bien. Los tres personajes recorren las calles ourensanas en una mítica noche de alcohol, risas, llantos y sexo donde los tres amigos tendrán que lidiar con los efectos del aguardiente y vino para tratar de dilucidar lo que realmente está pasando a su alrededor. Excelente ambientación, narración, tratamiento del tiempo, fotografía, música y sobre todo, los actores. No sólo Karra Elejalde, Miguel de Lira y un sorprendente Antonio Durán "Morris" (que se sale en el papel de Milhomes) están soberbios, sino que el resto del reparto conjuga un elenco difícil de igualar. De esas películas que una vez vista se es consciente que se acaba de presenciar algo muy grande. Cine del bueno hecho en Galicia que bien podría representarla en la gala de los Óscars o en cualquier otro certamen cinematográfico.

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Andrés Castro
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22 de noviembre de 2014
25 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ya iba con miedo a ver esta película ya que la fama del director Ignacio Vilar no era especialmente buena. La verdad es que no me extraña. "Pradolongo" no es una película buena. Muchísimos fallos técnicos, guión muy flojo e interpretaciones malísimas (hay que subrayar que la mayoría de los actores son amateurs). Con "Vilamor" se ve una evolución del director en este apartado, pero le falta un guión mejor y más profundidad en los personajes.

En cambio, en "A Esmorga" se aprecia un gran trabajo cinematográfico en todos los sentidos. El guión es totalmente fiel a la novela de Blanco Amor y la banda sonora es maravillosa. Y qué decir de sus protagonistas. Morris está estelar en el papel de Milhomes (a ver si esta vez consigue la nominación al Goya), Miguel de Lira hace una soberbia interpretación del influenciable e inocente Cibrán y mención especial para Karra Elejalde, que, además de demostrar una vez más el gran actor que es, habla en un gallego perfecto y mejor que algunas personas que llevan viviendo en Galicia más de 20 años.

Quizás lo malo de la película es que se puede hacer un poco larga y densa en algunos momentos. Aún con todo, el trabajo de Ignacio Vilar es más que notable y nos demuestra que es capaz de hacer buen cine, y en gallego.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Estev3z
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24 de noviembre de 2014
20 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Cómo explicar el significado de "esmorga" a quien no ha mamado desde pequeño la lengua de Castelao y Rosalía? ¿Cómo ilustrarlo siquiera? Rechacen la simplificación de diccionarios y traductores automáticos. El concepto de "esmorga" va mucho más allá de la "parranda" con la que malamente se tradujo la primera adaptación de la obra maestra de Eduardo Blanco Amor. A las consecuencias de una "esmorga" no hay resacón que las iguale, ni en la peor de estas noches que se nos van de las manos, por las que (casi) todos hemos pasado alguna u otra vez cuando salíamos sólo a tomar una cerveza, con la intención de retirarse pronto. Se acercó un poco al concepto el difunto de Peret cuando cantaba popular y cómicamente sobreexplotada El Muerto Vivo, sólo que aquí el cachondeo y gracejo de la rumba se torna en un humor negro, muy negro, hasta el punto de que ya quizás ni podamos considerar humor.

El gran reto que supone esta adaptación queda patente dese el comienzo mismo del metraje. Desafiar una literalidad tan aclamada para convertirla en material fílmico consistente entraña una empresa no sólo ardua, sino también osada. Desproveerse de una fórmula narrativa tan única, por la que se estudia a Blanco Amor en todo el mundo, para dar paso a un desarrollo más simple y lineal, es el precio que hay que pagar para conseguir plasmar con credibilidad e intensidad el alma del relato, de la manera que el séptimo arte mejor sabe hacer: dejando hablar a las imágenes. Si bien, en última instancia, el producto no sabe o no se atreve a emanciparse por completo a nivel formal y expresivo de sus orígenes, incurriedo en el tan poco elegante "final con letras",… quizás como homenaje obligado o necesario al verdadero padre de la criatura.

Lo cierto es que dicha linealidad encuentra la horma de su zapato en transiciones muy abruptas, consecuencia accidental del giro de tuerca en la plasmación de un relato originalmente secuenciado en paralelo entre dos tiempos diegéticos diferenciados. Se trata de grietas que comprometen el correcto ritmo y fluidez de la película, su particular talón de Aquiles (máxime al tener que ir 'in crescendo'), que en última instancia, sin embargo, quedan salvados por una logradísima atmósfera, fruto de un excelente trabajo de ambientación, y sobre todo, por un trío protagonista en estado de gracia, especialmente un delirante y apoteósico Morris. Mención aparte merece el encomiable esfuerzo de Karra Elejalde, que no sólo consigue hablar gallego con una pasmosa naturalidad sino que además le imprime con eficacia el caracterizador acento ourensano. Porque, amigos míos, y desde la creencia que las lenguas deben tender puentes y no crear barreras, una adaptación de A Esmorga que se precie no tiene sentido en un habla que no sea aquella en la que fue escrita y concebida.

El mayor reto del cineasta Ignacio Vilar implica asimismo una inflexión en su estilo, pues supera su habitual costumbrismo, del que en aquí parte, y acaba metiéndose de lleno en dominios de una suerte de cine negro, muy negro, desprovisto de todo atisbo de 'glamour' y artificio de elegancia sórdida. La pesadilla rural supera a la urbana, tras pasar un buen rato por ella. A su vez, el subtexto homosexual de la novela se pone evidentemente de relieve con la transformación de palabras en imágenes, pero sin salirse nunca del espacio y tono que le corresponde, ahora que buena parte de la sociedad puede digerirlo y asimilarlo sin excesivos tapujos, y que progresivamente se inserta en esa trayectoria de descenso acelerado a los infiernos que encauza y da sentido al relato.

Una obra maestra de la literatura nunca tendrá una adaptación cinematográfica perfecta, básicamente porque la réplica en el medio fílmico tendrá que ser válida por sí misma y no quedarse en la mera réplica en un medio de naturaleza completamente diferente. En lo que a esto respecta, A esmorga de Ignacio Vilar consigue destacar con luz propia sin querer reclamar para sí misma (pues ese no es su cometido y sería un despropósito que lo intentase ser) el lugar en el imaginario cultural que ya ostente hace tiempo A Esmorga de Eduardo Blanco Amor, respetando la fuente original y bebiendo pero no viviendo de la misma.
Skorpio
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26 de noviembre de 2014
10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Así es cómo avanza la película, poco a poco, como quien se va bajando una botella a lo largo de una borrachera. "Paseniñamente", que diríamos aquí en Galicia. Como una apetitosa comida, deben colocarse cuidadosamente los ingredientes, y cocerlos a fuego lento. Lo primero, aunque resulte bastante obvio, es que a quién no le haya gustado el libro, que evite ir a verla, o al menos que no espere que le guste. Es muy fiel al texto, con conversaciones calcadas y momentos representados en pantalla tal cual los imaginamos en su día. Y ya que Blanco Amor no era muy amigo de las elipsis en su texto (salvo en las "frases", o no frases más bien, del juez, que aquí se respeta a la perfección), Ignacio Vilar no iba a ser menos, y detalladamente, sin escatimar en detalles, nos cuenta las aventuras de tres hombres de fiesta por Ourense (o Auria, como su autor la había llamado)

Conocedor de que esta es una de esas historias que se cuentan oralmente, Vilar quiso trasmitir el realismo que desbordaban las páginas de "A Esmorga" en su filme. Huyó de toda artificiosidad, y se centró en representarlos la realidad de la manera más honesta posible, casi como un documental. De ahí la gran utilización de la cámara en mano, de los planos largos (nos encontramos con diversos planos secuencia a lo largo de la obra), de una iluminación realista, una ambientación idónea (la lluvia, las antiguas calles empapadas, el vestuario, el atrezzo, el humo...), una fotografía magnífica (tanto rural como urbana) y un reparto a la altura de las circunstancias. ¿Es lenta? Sí. Pero esa tediosidad ayuda a la hora de conocer y empatizar con los personajes, elemento que chirría en muchas otras películas, en las cuales ni nos va ni nos viene lo que depare a los protagonistas.

Y hablando de los protagonistas, sería injusto terminar esta crítica sin destacar su buen hacer. 'Morris', en el que muchos al ver su cara seguimos viendo al simpático personaje de "Pratos Combinados", nos brinda una enorme actuación en su papel como Milhomes, siendo el más divertido y bipolar de los tres. El vasco Karra Elejalde, en la piel d'O Bocas, nos sorprende con un gallego de lo más cerrado, además de bordar carácter conflictivo y convincente de su personaje. Por último, Miguel de Lira, encarna al más protagonista de los tres, Cibrán o Castizo. El personaje, con su intermitente "pensamiento", endeble cordura y decreciente sentido común, nos guía por lo más profundo de un gélido Ourense pasado por agua.

Para terminar, me gustaría destacar que este es el camino. Como gallego, me siento orgulloso de esta película, y creo que es un paso hacia delante en el cine tanto gallego como español. Esta clase de trabajos, como muchos otros que llevamos en los últimos tiempos ("La Isla Mínima", "Magical Girl", "Cronocrímenes", "Celda 211"...) están dignificando y sanando un muy malherido (e infravalorado) sector. Es tiempo de cambio, tiempo de sentirnos orgullosos de lo que hacemos. Que continúe a esmorga.
vazquezvarela
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23 de noviembre de 2014
11 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desconozco los anteriores trabajos de su director, desconozco en el sentido de que no los vi, pero visto lo hecho en esta película será cuestión de buscarlos.
Basada en la novela de Blanco-Amor hace un trabajo genial haciendo una reproducción del libro más que fiel.
Los tres protagonistas principales se salen en sus respectivos personajes, en especial Antonio Durán "Morris" que hace una interpretación del personaje de "Milhomes" llena de matices y que si hubiera justicia debería estar nominado en los Goya de este año. Su risa histérica, su mirada perdida de no saber que trama, sus peleas-arrumacos con su compañero "Bocas" interpretado por Karra Elejalde, en todo está perfecto. Y mucho más valor tiene que sea un actor que pese a parecer que se encasilla en personajes de TV como Platos combinados, es capaz luego de hacer otro completamente distinto en otra serie de la TVG llamada Padre Casares en la que todavía sigue y ser capaz, ya no solo de convencer si no de dejar con la boca abierta en esta película. Y no se hasta que punto muchas partes de su trabajo parece fruto de la improvisación como la escena de baile en la casa de putas pero sea o no improvisación, el tío se sale.
Miguel de Lira interpretando a Cibran también está excelente como compañero de borracheras de los dos anteriores y quizás el que salga un poco peor parado sea Karra Elejalde en su interpretación de "Bocas" pero cuya interpretación tiene mucho valor al ser no ser doblado, hablando un gallego perfecto y que sobresale tanto en la escena del pazo como en la parte final.
Es de esas películas que sabes, aunque no se leyera el libro, que los personajes van camino de su destrucción desde el mismo momento que aparecen en escena y que todos están cortados por un mismo patrón.
Pero hay dos momentos que le restan puntos. Uno es la escena de los espejos donde aparecen sus cuerpos deformados, que aunque funciona como metáfora de como están ellos tanto a nivel físico como psíquico, creo que está demasiado estirada. El otro es el final que lo encontré muy precipitado y cortante.
jesus
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