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Bajo los techos de París

Comedia. Drama. Musical. Romance En los años 30, bajo los tejados del París, en las buhardillas, viven los bohemios, los pobres, los artistas y los extranjeros. Entre ellos está Albert, un cantante callejero que se ha enamorado de Pola, una inmigrante polaca a la que también persigue Fred, jefe de una banda de gángsters. Albert y Pola viven juntos hasta que a Albert lo encarcelan por un robo que no ha cometido. Louis, su mejor amigo, se hará cargo entonces de la chica. (FILMAFFINITY) [+]
Críticas ordenadas por:
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5 de agosto de 2006
28 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Primer film sonoro francés, escrito y dirigido por René Clair ("Me casé con una bruja", 1942). Se rodó en los estudios Epinay, donde Lazare Meerson construyó una calle de un barrio modesto de París, lleno de detalles y pintoresquismo. Producido por la compañía Films Sonores Tobis, se estrenó el 2-I-1930.

La acción tiene lugar en París en 1929, a lo largo de unas tres semanas. Narra la historia de Albert (Albert Préjean), un cantante callejero, acompañado de un acordeonista ciego, que renúne a grupos de espectadores a los que invita a cantar con él. Una banda de carteristas y ladrones, liderda por Fred (Gaston Modot) aprovehca las distracciones de los espectadores/cantantes para sustraerles monederos, carteras, dinero y objetos de valor. Albert evita que Pola (Pola Illéry), una joven inmigrante polaca o rumana, sea víctima de un robo. De ella se enamoran casi simultaneamente Albert, el bravucón Fred y el mejor amigo de Albert, Louis (Edmond T. Gréville).

La película construye un relato lleno de encanto y sutilezas sobre la lucha de tres pretendientes deseosos de conquistar el corazón de Pola. El film se desarrolla a partir de una potente narración visual, con encuadres de gran precisión, "travellings" espectaculares, "gags" propios de cine mudo, gestos de sorprendente eficacia narrativa, tomas oblícuas, conversaciones que no se oyen (tras una cristalera, ahogadas por la música o dichas en secreto), pero se entienden, abundante presencia de personajes pintorescos, como el músico ciego, el carterista, el barman, el borracho, el bravucón. El uso de la conversación se administra con moderación, en beneficio de una brillante expresión visual. La música, abundante e intensa, acompaña a la acción y la apoya como elemento expresivo complementario. Son escenas destacadas la de la pelea nocturna antes y después del disparo a la farola, la noche que comparten Albert y Pola en el suelo, separados por la cama que ambos rechazan, y el magnífico "travelling" inicial de aproximación desde los tejados hasta la imagen lateral de Pola.

La música, alegre, rítmica y pegadiza, se basa en una bonita partitura original. Su intensidad se adecúa a las necesidades variables del relato. La canción a coro "Bajo los techos de Paris" es cautivadora y deliciosa. La fotografía se erige en el elemento expresivo básico del film, gracias al uso de múltiples, variados e imaginativos recursos, que enriquecen la narración. El guión elabora una historia original, fresca, sencilla y llena de ternura. La interpretación de Pola y Albert es rica en matices, seductora y convincente. La dirección demuestra su espléndida y joven madurez (32 años) y su dominio del medio.

La película, pionera del cine sonoro europeo, es coetánea de la alemana "El ángel azul", la americana "Hampa dorada" y la "Edad de oro", de Buñuel. No es el mejor film del año, pero es uno de los mejores de René Clair. Imprescindible.
Miquel
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15 de diciembre de 2009
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Deliciosa película de René Clair que no llega nunca a emocionar al espectador de nuestros días, pero que provoca nostalgia de libertades, sonrisas, un cierto calor de tiempos felices y el encanto de la inocencia. Fiel reflejo por tanto de las sensaciones parisinas, más que de la realidad del París de Picasso. La música acompaña dichas sensaciones durante toda la cinta y logra que deseemos escuchar el acordeón en nuestra próxima visita a Montmartre. Resulta mágico y encantador que el protagonista se dedique a cantar en una esquina haciendo que los viandantes hagan los coros. Maravillosa una sociedad que canta reunida.

La película se inicia con planos de los tejados parisinos para posteriormente ir bajando hacia la calle, acercándose a su vez cual voayeur al interior de los pisitos en un decorado que no desmerece al que armó Hitchcock en "La ventana indiscreta". Bajo los techos de París bien podrían estar bastante bajos, ya que los protagonistas se entrecruzan en un ambiente de bajos fondos, donde no faltan los robos, el carterismo, los cafés, los bares de vinos, las salas de baile, las bandas callejeras, navajas y pistolas, peleas, pisos de mala muerte y supervivientes callejeros. Y en ese decorado, tan urbano y alejado de la exaltación de la naturaleza de las películas de Renoir, constantemente el amor.

El amor es en toda la película un sentimiento ligero, parte de la alegría de vivir de los personajes, donde el compromiso y la pasión no tienen ninguna cabida, y donde Pola puede lanzarse a los brazos de tres amantes distintos en pocos días. El amor, pero también la amistad no menos exaltada en la película, son recursos que los protagonistas utilizan para eludir la soledad. ¿Es un amor verdadero? ¿Son felices estos parisinos? Sea como sea con películas como esta han conseguido que París sea llamada la ciudad del amor.

Por lo demás, es la prehistoria del cine sonoro, por lo que la utilización de los diálogos es absolutamente pobre, sin añadir casi nada a las imágenes, que son las que llevan el ritmo narrativo en todo momento. No obstante, entre lo mejor el uso del sonido de un tren en la escena más violenta e intensa del film. Merece la pena verla incluso sin ser cinéfilo.
REXMUNDI
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29 de agosto de 2007
9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
René Clair declaró en su día: “El cine hablado no es lo que nos asusta, sino el deplorable uso que nuestros industriales van a hacer de él”. La cita, toda una declaración de principios, bien podría ser un extracto de lo que el espectador puede encontrar en Bajo los techos de París (primer filme sonoro del cine francés), pues la película se desarrolla a partir de una eficaz y desenvuelta narración visual y de algunos gags propios del cine mudo, y margina a las por aquel entonces rupestres técnicas sonidistas a algunas escenas musicales y a unos breves y escasos diálogos accesorios y totalmente prescindibles. Tierna y entrañable, la película, contextualizada en los barrios populares de París durante los años 30, nos cuenta la historia de Albert, un cantante callejero que se ha enamorado de Pola, inmigrante polaca a la que también pretende Fred, líder de una banda de carteristas y ladrones. Además de por la innegable elocuencia de sus imágenes, Bajo los techos de París también destaca por su convincente y costumbrista recreación, mediante cuidados decorados y complicados travellings verticales por las fachadas de los edificios, de la vida cotidiana en los barrios bohemios de la ciudad de las luces.
FERNANDO BERMEJO
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14 de diciembre de 2008
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ha envejecido mucho esta película de René Clair, que por aquel entonces contaba 32 años, y que tenía relación personal e intelectual con los exponentes más destacados de la intelectualidad vanguardista parisina. Es su primera película hablada y la primera sonora del cine francés, y, como es lógico, nos encontramos ante un producto de transición y de tanteo en el que todavía hay mucho de cine mudo en la propia historia y en la manera de contárnoslo. Los actores hacen lo que pueden y, en definitiva, el resultado, visto desde nuestra perspectiva, es desigual, aunque conserva elementos de interés.

El manejo de la cámara, con una cierta voluntad de experimentación, es uno de ellos. El afán de describir a unos personajes concretos como representativos de una realidad social con un pié puesto en la marginación y en la delincuencia, es otro, aunque ese propósito no pasa de un costumbrismo epidérmico. Un leve sentido del humor, ciertamente algo ingenuo, también.

La película es sencilla, tierna y triste, y en ella la música es una constante. Pero el valor fundamental es, sin duda, el de haberle servido al propio director como instrumento de aprendizaje para nuevos retos posteriores.
Paco Ortega
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26 de octubre de 2012
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bajo los techos de París pululan carteristas, delincuentes de poca monta y bohemios que se enamoran y se pelean por las atenciones de bellas mujeres. Un París suburbial retratado por un buen trabajo de cámara por parte de Rene Clair, buscando encuadres elegantes entre los claroscuros de las calles. La primera película sonora del cine francés, utiliza perfectamente la imagen para contar más que las palabras en un relato de amoríos y traiciones, de tono ligero y jovial, en la cual el paso del tiempo ha filtrado aspectos argumentales que hoy día no emocionan como otras obras de la época.
Wellesford
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