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Senderos de honor

Bélico I Guerra Mundial, Francia. La compañía C del ejército británico, al mando del exhausto capitán Stanhope, espera con ansiedad en las trincheras de Aisne, a pocos metros de la línea enemiga, la inminente ofensiva alemana. (FILMAFFINITY)
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Críticas 11
Críticas ordenadas por utilidad
7 de agosto de 2018
19 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Journey's End es una adaptación cinematográfica británica de la obra de RC Sherriff que contaba sus vivencias en las trincheras durante la primera guerra mundial, en 1928 se llevó como obra teatral interpretada por Laurence Olivier. También existe una adaptación cinematográfica de 1930 que fue dirigida por James Whale y protagonizada por Colin Clive.
La película se centra más en la tragedia de la guerra sobre las emociones humanas como la desesperación, el coraje o la locura por lo que la obra resulta muy teatral con muchos diálogos y poca acción. Sam Claflin interpreta al Capitán Stanhope un hombre curtido después de tres años de guerra, alcoholizado y que a perdido un poco el norte. Su apoyo moral viene por parte del Teniente Osborne (Paul Bettany) más calmado y con la cabeza en su sitio. Asa Butterfield se enrola en el pelotón del capitán por ser su amigo de la infancia pero lo encuentra totalmente cambiado.

La claustrofobia y la desesperación de estar durante mucho tiempo esperando día tras día una gran ofensiva sin refuerzos a la vista y con órdenes de no abandonar la posición bajo ningún concepto augura un triste panorama, con un desenlace militar muy poco inteligente.

Alrededor de las 4:00 a.m del 21 de marzo de 1918 diez mil dotaciones alemanas de cañones y morteros abrieron fuego simultáneamente en un bombardeo de 68.8 km de ancho. Fue llamada por los alemanes la "Batalla del Kaiser" rompiendo así el estancamiento de una guerra de trincheras que se extendían más de 700 kilómetros desde la costa del canal de la mancha hasta la neutral Suiza. Se calcula en más de 700.000 muertos de ambos bandos. Este año se cumplen 100 años de la batalla en cuestión.

Una buena película, emocionalmente compleja con muy buenas actuaciones y buena puesta en escena pero con un ritmo algo inusual en un film de estas características pudiendo llegar a aburrir. 
Destino Arrakis.com
videorecord
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12 de julio de 2018
18 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Vi Journey's End (RU, 2017), dirigida por Saul Dibb [1968- ], hijo del documentalista Mike Dibb, y a quien ya le reseñé una de sus cintas previas: “Suite française”, 2014. Esta película en concreto es la cuarta que dirige y la segunda con una trama bélica. El guion es mérito de Simon Reade y R.C. Sherriff y el reparto está conformado por Sam Claflin (aplausos), Asa Butterfield, Paul Bettany (meritorio) y Toby Jones, entre otros. La obra se centra en un grupo de oficiales de una compañía de infantería británica, quienes esperan en las trincheras la muy temida ofensiva de primavera alemana, en 1918, durante la Gran Guerra (como fue conocida la Primera Guerra Mundial hasta 1939). La película, desde lo estético, es correcta. Las interpretaciones son buenas, sobresaliendo la adecuada caracterización de cada uno de los personajes. Al finalizar, todos logran ser apreciados, a pesar de sus diferencias, por el espectador. Hay que agregar que la puesta en escena es pertinente, lo cual es meritorio cuando estamos ante el género bélico, donde la recreación de los escenarios de guerra siempre es tarea más que compleja. Todo lo anterior permite un producto final entretenido; una cinta “que se deja ver” sin problemas, por decirlo de alguna manera. No obstante, para los fanáticos del género bélico, la obra no logra encontrarse con su destino o, mejor dicho, se queda a medias entre sus posibilidades. Resulta que las cintas bélicas tienen tres opciones básicas: las sencillas, (lo que no significa que sean malas) que son las que se quedan en la acción y la adrenalina de la batalla; las complejas, que son las que buscan movilizar las emociones del espectador para que logre percibir la angustia, el dolor y el miedo que están más allá de la adrenalina de los soldados (por demás, varias de estas cintas suelen ser antibélicas); y, por último, las legendarias, que son las que logran armonizar en un buen producto final, ambas cosas ya descritas. En este caso, la película de Dibb no logra ubicarse en ninguna de estas opciones, aunque estaba haciendo méritos para la segunda. Esto es, que –a pesar de ciertos diálogos profundos entre los oficiales– no me transmitió los sentimientos de claustrofobia, angustia, miedo y decepción que los personajes debieron haber sentido en ese momento. Aclaro, eso sí, que “sentir” no es lo mismo que “escuchar”, dado que es continúo en los diálogos que se aluda a dichos sentimientos, pero no hay un intimismo en la narración que lo vehiculice visualmente, que los vuelva reales. Ahora, pasando a otro asunto, invito al espectador a llenar esa falencia sentimental y se ponga en los zapatos (empatía) de un grupo de hombres, hundidos en trincheras fétidas, esperando una ofensiva que ellos mismos saben les costará su vida, en un tipo de batalla donde la mayoría morirá antes de ver siquiera al enemigo, ante unos mandos indolentes, etc. Recordemos que la Primera Guerra Mundial rompió las formas tradicionales de hacer la guerra, sino también la época. Para poner un caso, la visión nacionalista y patriótica que tanto se exaltó del soldado del siglo XIX se quebró en la mentalidad del soldado de trinchera quien empezó a cuestionarse sobre la utilidad de su sacrificio. Otro ejemplo sería el fin de la forma de concebirse las diferencias sociales que se reflejan a la larga en el campo de batalla. Por todo lo anterior, es que los historiadores le suelen dar un mayor puesto, en una “historia de largo aliento”, a la Primera Guerra Mundial que a la Segunda. La Primera Guerra marcó el fin del “largo siglo XIX” y dio inicio a la era contemporánea. Entonces, si bien la película no transmite que las trincheras que atravesaron Europa marcaron un cambio radical de épocas, le corresponde al espectador no dejar pasar de alto este aspecto y así darle mayor contenido dramático a la cinta. Y todo lo anterior cobra mayor importancia justo ahora que estamos cerca de conmemorar un centenario del fin de dicho conflicto. La recomiendo como entretenimiento. En este sentido no se pierde nada con verla. 2018-07-12.
Andres Botero
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5 de noviembre de 2019
14 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Parece que, poco a poco, vamos viendo cada vez más películas de la Primera Guerra Mundial, con sus trincheras y el desgaste de un conflicto que se estancaba mucho, por largos periodos de tiempo. Aun así, esta película es de esas que solo se llegan a conocer por plataformas de internet. Que yo sepa no se ha estrenado en cines españoles, a pesar de contar con algunas caras conocidas. Y después de verla, la verdad es que no me extraña lo más mínimo.
Asa Butterfield (asidero campo de mantequilla) ya no es un niño, y si tiene buena suerte puede llegar a tener una gran carrera. La presencia de Toby Jones llama la atención. No pega mucho aunque haga de cocinero.
Bien, el título original es “El fin del viaje”, pero los lumbreras de España han querido emular un famoso viejo film de Stanley Kubrick, al que lógicamente no le llega ni a la suela de los talones.
Podríamos perfectamente parafrasear al doctor Ian Malcolm (“Jurassic park”) diciendo: ¿Alguna vez se podrá ver guerra en su película de guerra?
Esta película es un puro drama intimista, centrado en la forma de vida de estos soldados entre y bajo tierra, con pocos recursos y esperando que pase el tiempo y no tener la mala suerte de liarse a tiros con los alemanes. Yo entiendo que no se puede exigir que estas películas tengan que ser como la del soldado Ryan o “Enemigo a las puertas”. Tampoco el hecho de que la enfoquen como drama tendría que ser malo de por sí.
El problema es que, básicamente, es una película en la que no pasa prácticamente nada. No hay intensidad dramática, ni situaciones emocionantes, ni siquiera mucha tensión entre los personajes, que por cierto están tan poco desarrollados que me importa un bledo lo que les pase. Lo único que hacen es hablar, y lo que dicen no me resulta interesante para nada, más bien aburrido.
Entiendo que en parte puede ser por la falta de presupuesto, pero me parece una auténtica tomadura de pelo que continuamente estén retrasando el inicio de esa misión y la única escena (mal rodada con una cámara que apenas nos muestra nada, y brevísima) de guerra que hay.
No funciona ni como bélica, ni como drama. Una pérdida de tiempo.
i42poloj
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27 de octubre de 2019
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aquí a esta Journey’s end le han puesto de título “”Senderos de honor” con lo que se hace inevitable la comparación con “Senderos de gloria” de Kubrick. Y no hay quien resista esta comparación.
Pero si nos olvidamos de Kubrick esta película no está nada mal. Se ve que es teatro, y eso suele tener la ventaja de que los diálogos están bien trabajados.
Los tres personajes principales están tratados con profundidad, muy creíbles.
Sobre todo, una vez más, esa terrible Gran Guerra, con esas horrorosas trincheras. Al final se nos dice que de uno y otro bando murieron allí 700.000 soldados.
Cualquier película que, con un mínimo de dignidad, recuerde eso merece ser vista..
yoparam
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28 de noviembre de 2020
4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estupenda película bélica, enésimo ejemplo de la habilidad del audiovisual británico para las recreaciones históricas. Sólo una pega cabe ponerle: el título español. Burda copia del de la icónica cinta de Stanley Kubrick, “Senderos de honor” poco o nada tiene que ver con “Fin de trayecto” —la traducción es mía—, mucho más ajustado al “Journey´s End” original y al propio contenido de la trama.
Con un muy aseado diseño de producción y un reparto lleno de secundarios conocidos —Paul Bettany, Stephen Graham—, “Senderos de honor” acredita la desusada honestidad de dar lo que promete, o sea, cien minutos de insalubre inquietud, un mal rato rabiosamente entretenido. A ello contribuye sobremanera que se desarrolle en las pútridas trincheras de la I Guerra Mundial, escenario siempre sugerente, por lo que de privación sensorial tiene tanto para sus protagonistas como para el espectador, y porque permite lucirse al operador de cámara con un puñado de travellings ciertamente pintones. De hecho, la fotografía es excelente, con los contrapicados a contraluz en exteriores y un precioso tenebrismo lumínico interior que, salvando las distancias, remite precisamente a otro título de Kubrick, “Barry Lyndon” (ídem, 1975).
La tensión a que se nos somete alcanza dos picos rayanos en el ataque de pánico, uno hacia la segunda mitad del metraje y el esperado por todos al desenlace. Éste presenta una resolución de una sutileza y tranquilidad de espíritu asimismo inusuales. Ahora bien, los terribles datos que, sobreimpresos a la tierra yerma sembrada de bombas y cadáveres, anteceden a los títulos de crédito —la “Kaiserschlacht”, u ofensiva de primavera, se saldó con cerca de dos millones de muertos—, nos reservan un estremecimiento final que no hace sino redondear la turbadora experiencia. Definitivamente recomendable.
Carorpar
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