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¡Bruja, más que bruja!

6,1
343
votos
Sinopsis
En un pequeño pueblo, un joven gañán quiere matar a su tío para disfrutar alegremente con su joven viuda. Pero, para su desgracia, busca la complicidad de una bruja embustera. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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15 de julio de 2016
6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nos encontramos con una comedia negra delirante, a la par que un zarzuelero musical para más inri, que ilustra un desternillante drama rural. Anterior a la genial trilogía de Berlanga esta película, estrenada en 1977 coincidiendo con la primera huelga de acomodadores y taquilleros de España, cuenta entre sus valores con la presencia de un trío inolvidable: Emma Cohen, Fernando Fernán Gómez que cumple también funciones de Director, y el insustituible Paco Algora. Pero no se agota acá su valor, tanto Mary Santpere; genial en su papel de bruja) como los valiosos y entrañables secundarios, entre los que se cuenta su guionista Pedro Beltrán, cumplen con creces en sus papeles. Eran otros tiempos del cine español, recién terminada la Dictadura, donde aún había algo que decir, gente que sabía muy bien como hacerlo y cuando, no habiéndose entronizado aún el abierto culto a la mentira y al simulacro vigente con muy escasas excepciones hasta la actualidad. Existía aún por entonces una audiencia humana minoritaria no emasculada que podía sin dificultades disfrutar y comprender este tipo de cosas. Tempus fugit…

Película calificada de “maldita”, aunque cubrió gastos, "había sido pensada como un melodrama rural tradicional que funcionara a la vez como parodia del mismo género" (Pedro Beltrán).

Rodada en un San Agustín de Guadalix netamente celtibérico, yo diría incluso que prerromano, cuenta la historia de un amor traicionado que se acaba cobrando la revancha. Un joven (Paco Algora) marcha a la mili jurándose con su novia (Emma Cohen) amor eterno para encontrarla, al regresar, convenientemente casada con su tío (Fernando Fernán Gómez) el hombre rico del pueblo. La vieja pasión renace con la cercanía, contratando los jóvenes servicios variados de una hechicera (Mary Santpere) a la cual que seguirán en los más aciagos y aberrantes consejos lo cual acarreará una sangrienta y desternillante resolución. La música de Carmelo Bernaola, junto con una escena antológica al final, acompaña continuamente la acción dando a la película un tono paródico muy marcado. Claro que hay referencias políticas, críticas e inteligentes, a las vicisitudes de la época del rodaje pero no se imponen a un humor lozano y transgresor poco o nada doctrinario, aunque alguien hable ahora de “feminismo”, por lo demás muy eficaz.

No hay una reconducción del humor hacia postulados ideológicos de ningún tipo, como los hay hoy en día incluso en la crítica de cine de género; como mucho, quizás, se nos advierte con una revelación melancólica sobre el ser humano y esa pertinaz credulidad que muchas veces le aqueja y que suele dar al traste con sus mejores proyectos.

Película bufa pues donde aparece marcadamente reflejada, sin demasiada amargura, la España Negra; que cuenta también con interesantes escenas de brujería, para quien esté interesado en esta cuestión, aunque sea una brujería fingida, de perra gorda, de alcahuetas, pero no por ello menos eficaz desde el punto de vista de la psicología de sus usuarios.
astimegoesby
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29 de noviembre de 2016
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Musical cafre con trasfondo negro como el abismo.
El conflicto más antiguo, dícese de hembra joven con macho viejo y un tercero al acecho. O mujer pobre con hombre rico que se enamora del sin dinero. O en el campo se mata, y se canta, mejor.
Una preciosa y graciosa Emma Cohen, un soberbio, y muy cachondo, Fernán Gómez, y un Paco Algora como sosias del Landa más cavernario, troglodita y de pocas luces.
Parodia, recochineo, fiesta, alegría y la España negra de los catetos.
La tragedia presente, esa que tiene que ver con la hombría, la sangre espesa y el sexo que se nos come los pulsos, las canciones y todo lo que le pongan por delante; desvarío salvaje que no conoce a nadie y solo pide carne.
Está llena de frases ingeniosas y cantables chocarreros. Y además tenemos a la Santpere como bruja imperial y a la Rufa con sus funestos augurios de reprimida mujer de la casa que todo lo sabe y nada puede hacer por evitarlo, el mal que nos viene seguro, anunciado, contado sin descanso.
Comienza mejor que acaba. Va perdiendo fuelle, gracia y divertimento. Termina un poco fofa, repetitiva y apagada, bastante cansada. Pero durante un buen rato fue una obra jocunda y libérrima, estupenda en su iconoclastia desprejuiciada y caricaturesca
Ferdydurke
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18 de julio de 2016
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con motivo del 40º aniversario del estreno de ¡Bruja, más que bruja! de Fernando Fernán-Gómez, llega de nuevo a algunas salas de cine una copia digital restaurada de este especial film que pasó bastante desapercibido en su día. Lo hace un año más tarde del que fuera también el reestreno de otra de sus grandes películas: El mundo sigue. El propio director Fernando Fernán-Gómez explicó sobre su película: “Pensé que quedaría muy cómico rodar una película como el neorrealismo italiano, pero en el que la gente cantara de manera tan lírica y ridícula como en la zarzuela. Un musical absolutamente contrario a los norteamericanos.“

La sinopsis es la siguiente: Un pequeño pueblo de provincias vive sometido a los caprichos de Don Justino, el cacique local. Éste obliga a la joven y encantadora Mariana a casarse con él, aprovechando que Juan, el sobrino de Don Justino y novio de la chica, está lejos cumpliendo el servicio militar. A su regreso, Juan se ve burlado y acude a una bruja para que le asista en su venganza.

Se trata de una película muy alocada, original e interesante, repleta de humor y de dobles sentidos. Un guión escrito de forma muy inteligente que sabe sacar jugo a todas las escenas a base de humor blanco y negro, con muy mala leche pero de forma sutil. Rodada en 1976 con el sistema franquista todavía vigente aunque ya en decadencia, Fernán-Gómez logró crear un film lleno de frescura, sin anacronismos, encomiablemente rupturista, y de un enorme potencial metafórico, repleto de esperpento y escenas grotescas. En la de por si especial y gran filmografía del nunca suficientemente valorado Fernando Fernán-Gómez, éste es uno de sus películas más especiales, donde saca a relucir su faceta más mordaz y desquiciada en estado puro, incluyendo escenas cómicas musicales a modo de parodia, en la que vuelve a mostrar de nuevo su particular visión del mundo rural.

El reestreno de ¡Bruja, más que bruja! se ve enturbiado tan solo con la reciente muerte de Emma Cohen, la viuda de Fernán-Gómez, y Paco Algora el pasado mes de marzo. Pero no hay mejor forma de homenajearlos que reestrenando esta película con sus grandes interpretaciones, junto a las del resto del magnífico reparto.

En definitiva, una comedia muy recomendable. Con más aciertos que fallos, se trata de una película española muy singular que merece la pena descubrir. Vuelve a las salas de cine de la mano de SHERLOCK FILMS.

https://revista.tviso.com/bruja-mas-bruja-reestreno-una-delirante-comedia-espanola/
Bouns
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26 de noviembre de 2017
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fernando Fernán Gómez acumuló una abundante filmografía como director, en la que los grandes aciertos (El extraño viaje, Mi hija Hildegart, Viaje a ninguna parte) se codean con enormes disparates alimenticios (Los palomos, Mayores con reparos, La querida). ¡Bruja, más que bruja! se considera una película maldita, ausente de las pantallas durante muchos años, y no es de extrañar. He leído críticas que la califican de desternillante, rompedora, osada y no sé cuántas tonterías más. Es posible que yo esté equivocado, una vez más. El realizador intenta componer una comedia bufa sobre la España profunda en la que mezcla caspa, zarzuela, brujería y drama rural. El resultado es estomagante. El cuadro actoral compite en incompetencia y torpeza. Baste decir que el miembro, con perdón, que sale mejor parado es Mary Santpere, en una divertida pero contenida interpretación. Francisco Algora pone cara de pasmado todo el rato, Fernán Gómez se ríe hasta de su sombra, y los demás hacen lo que pueden. Parece rodada por un principiante, tal vez a propósito, los diálogos son ridículos y las situaciones más tópicas que la bombilla de Raphael.
Nos queda Emma Cohen, nuestra querida musa, con sus preciosos ojos, sus preciosos pechos y su precioso talento echado a perder por culpa del repulsivo sátiro. Francamente, aunque no nos brinda una gran interpretación, es lo mejor de la película.
Para coleccionistas compulsivos del pelirrojo malhablado.
Eduardo
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18 de julio de 2016
3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quienes fuimos adolescentes durante la década de los setenta en Alcalá de Henares, experimentamos una sensación muy parecida a la esbozó Quevedo al inicio de uno de sus sonetos: “Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos, libros juntos”, etc. Sin embargo, cuando comenzaba la década de los ochenta y, por lo tanto, nos aventurábamos a la veintena, descubrimos que los veranos de la villa, es decir, Madrid, que sigue siendo villa, ofrecían una cosa muy interesante: los cines de reestreno.

Es así como pude ver, muchos años después de su estreno, 2001, una odisea del espacio (1968), de Stanley Kubrick, La Vía Láctea (1969), de Luis Buñuel, o Muerte en Venecia (1971), de Luchino Visconti.

Hoy día, lamentablemente, la cosa es de otra manera. Sin embargo, todavía queda un resquicio para el Séotimo Arte, según sucede en el cine Albéniz de Málaga, donde mantienen desde hace tres años un festival de cine denominado La edad de oro, cuyo título ya es lo suficientemente explícito, existe una película semanal que recupera las grandes creaciones cinematográficas y los veranos permiten recuperar producciones inolvidables, como El mundo sigue (1963), de Fernando Fernan Gómez y Las vacaciones del señor Hulot (1953), de Jacques Tati, en 2015, y, cuando todavía no nos hemos recuperado del dolor por la muerte de Emma Cohen, Bruja, más que bruja (1976), de Fernando Fernán Gómez, en 2016, una auténtica reelaboración humorística de los grandes mitos del cine, en particular, o la cultura, en general, del siglo XX.

Veamos cómo es ésa subversión cómica que tiene lugar en Bruja, más que bruja. La historia se plantea desde un primer momento como un triángulo amoroso en un ambiente manifiestamente rural y lo primero que debemos destacar es que dos de los grandes dramas campesinos de Lorca, de manera muy destacada Bodas de sangre y Yerma. No alcanzo a descubrir ningún vínculo con La casa de Bernarda Alba, por lo que me concentraré en lo que sí veo con facilidad. Así, la llamada de la sangre está constantemente presente en la película de Fernán Gómez, así como una boda de la que sólo esperar fatales consecuencias. De la misma manera que la desesperación por la maternidad frustrada está también en este filme, pero el planteamiento en él se realiza en clave paródica: las pulsiones de la sangre se evocan mediante los ruidos del apareamiento de dos asnos y para la esterilidad se busca la ayuda de una bruja farsante, magníficamente interpretada por Mary Santpere.

Otro tópico sobre el que se divierte este filme es el del bel canto en clave de zarzuela, pues los momentos en que aparece, que deberían ser con arreglo a los cánones del género, los de mayor intensidad amorosa, aquí se muestran para ilustrar situaciones grotescas. La propia aparición del canto sublime en clave humorística se recuperará luego en otra comedia rural: la inigualable Amanece, que no es poco (1989), de José Luis Cuerda, donde los campesinos cantan madrigales, con arreglo a la deformación clásica de la vida bucólica.

Un guiño hay al chasqueo de dedos en West Side Story (1961), de Robert Wise y Jerome Robbins, en un par de ocasiones, además, sólo que en este caso no son pandilleros de Nueva York, sino garrulos de aldea en la España más profunda. Podemos considerar, por lo tanto, que la película norteamericana también es otro de los referentes a parodiar en Bruja, más que bruja.

De la misma manera que lo es otro de los grandes tópicos de la historia del cine: las historias negras o la mujer fatal. Para muestra un botón y es que en la película española que ahora nos ocupa el seductor/seducido es un gañán sin ningún tipo de atenuante, papel interpretado por Francisco Algora. Poco hay de El cartero siempre llama dos veces, cuya primera versión, dirigida por Tay Garnett, es de 1946, por ejemplo, salvo en la idea central: mujer guapa, Emma Cohen en el filme español, quiere matar a su marido, a quien interpreta Fernando Fernán Gómez en nuestra película.

El beaterío y, en el polo opuesto, el poder de las fuerzas ocultas tampoco escapan al escalpelo ridiculizante del largometraje que nos ocupa precisamente en un momento en el que, por ejemplo, El exorcista (1973), de William Friedkin, o todas las sagas de Drácula interpretadas por Christopher Lee campaban a sus anchas por las pantallas de todo el mundo.

Por todo ello, la vida en el campo de la España de mitad del siglo XX se muestra en todo su rudeza en cuanto al medio físico en que transcurre la acción, pero. Pienso, de hecho, que esas condiciones animalescas de supervivencia son el contraste necesario para que en Bruja, más que bruja brillen con especial subversión los elementos cómicos elegidos, es decir, todos los elementos del filme.

Es así que, si comparamos dos películas tan próximas en el tiempo como Furtivos (1975), de José Luis Borau, y Bruja, más que bruja, ambientadas ambas en lo más sórdido del medio rural, hemos de concluir la deliciosa broma que constituye el filme de Fenán Gómez frente al naturalismo degradante de Furtivos. Mencionemos tan sólo que en esta película Lola Gaos apalea a un perro hasta su muerte, lo que no fue un efecto escénico, sino que efectivamente sacrificaron un animal.

Pero quiero cerrar esta crítica comentando que, cuando el panorama, sobre todo literario español había estado dominado por un fuerte realismo, un largometraje como este de Fernán Gómez significó un soplo de aire fresco y unas ganas de abrirse a otras cosas. Nada que ver con novelas como Los bravos, De Jesús Fernández Santos, Los clarines del miedo, de Ángel María de Lera, o Las ratas, de Miguel Delibes, por no hablar de La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela. Frente a un panorama tan axfisiante como el recién mencionado, Bruja, más que bruja significó un cambio de rumbo, que hallaría luego su más gloriosa continuación en la ya aludida Amanece, que no es poco.
Fco Javier Rodríguez Barranco
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