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Gremlins

6,6
100.060
votos
Sinopsis
Rand (Hoyt Axton) es un viajante que un día regala a su hijo Billy (Zach Galligan) una tierna y extraña criatura, un mogwai. El inocente regalo, sin embargo, será el origen de toda una ola de gamberradas y fechorías en un pequeño pueblo de Estados Unidos. Todo empieza cuando son infringidas, una tras otra, las tres reglas básicas que deben seguirse para cuidar a un mogwai: no darle de comer después de medianoche, no mojarlo y evitar que ... [+]
Críticas ordenadas por:
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4 de septiembre de 2008
81 de 88 usuarios han encontrado esta crítica útil
Macarras, gamberros, irreverentes, divertidos, desenfrenados, alborotadores, desvergonzados y, sobretodo, entrañables.
Pero además de resultar unos monstruitillos con tanto encanto como gracia, los Gremlins marcaron una época, que vendría precedida por Critters, Ghoulies, Hobgoblins y otro puñado de terroríficos bicharracos despilfarrados entre las más míticas sagas de serie B (e incluso Z) con un simple cometido: Divertir.

Y vaya si lo consiguieron, no sólo gracias a la inteligencia de Spielberg en dar, como no, el enfoque idóneo en el momento más adecuado como ha hecho a lo largo de su prolífica carrera como productor, sino también a la pericia de Joe Dante, otro de esos tipos que, como las mismísimas criaturas que engendró, ha sabido cuando debía tomarse a si mismo en cachondeo, y ha ofrecido así grandiosos momentos del celuloide más socarrón y descacharrante.

En "Gremlins", lo que empieza siendo el descubrimiento de uno de los bicharracos más encomiables que ha dado este tipo de cine, Gizmo, termina desembocando en una desenfadada espiral de incidentes, gracietas y porretazos que le da, nada más y nada menos, la forma adecuada a una de esas películas que tantos buenos recuerdos traen.

Porque a día de hoy, podrán invadirnos extraterrestres o mutantes, darnos por saco cocodrilos de dentaduras inmensas, joder la marrana serpientes kilométricas o machacarnos con psychokillers de medio pelo, que jamás conseguirán lo que se logró con "Gremlins": Atemorizar y divertir premeditadamente a una generación, y es que, ¿puede haber algo más terrorífico que un bicho que, al sentirse húmedo, se transforme? Yo soy de la opinión que no.
Grandine
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28 de agosto de 2009
46 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
Abundan las críticas que señalan su importancia como película ochentosa. Abundan los comentarios sobre el papel legendario de Gizmo y la labor de Spielberg como titiritero de esta obra única. Asi que intentaré analizar Gremlins desde otra perspectiva, esto es, la bajada de linea política detrás de una historia de engendros adorables.

Son chiquitos, peludos y simpáticos, que digo, ni siquiera son. Es uno solo. Representa el equilibrio, la infancia soñada, el peluche deseado por todos. Pero este peluchito no puede mojarse, porque se reproduce y sus hermanos ya no son dulces cositas, son verdaderos adolescentes: rebeldes sin causa que deben ser aleccionados por la sociedad, demasiado distraída en cantar villancicos y armar el arbolito de navidad. Rayita, lleva una cresta: ¡es un monstruo inadaptado! Representa esa vertiente punk aún vigente a principios de los ochenta.
Ni hablar si estos perversitos peludos comen después de medianoche, cuando ya la sociedad duerme para levantarse al día siguiente en busca del capital: el desequilibrio está garantizado, sobre todo si estas cosas verdes se reproducen, multiplicando las malas costumbres... eso que la sociedad se encarga de reprimir.

Lo sagrado salió de una vieja tienda de antiguedades, vino de quien sabe donde, ya estaba, solo necesitaba ser descubierto. Y dió vueltas las cosas, y se llenó de verdades escatológicas. Solo deben ver la luz del sol, o una luz fuerte: quedarán tan en evidencia que ninguno de ellos podrá soportarlo.
Juan Rúas
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23 de marzo de 2008
52 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los niños que crecimos en los 80 conocimos algo que los niños de hoy han abandonado al sucumbir a la adicción de las consolas, artefactos tan letales como egoístas. Los niños de los 80 conocimos el valor de la amistad. Todas las tardes al salir del cole, llenábamos las calles y los parques y hacíamos de nuestro pueblo, de nuestro barrio, de nuestra ciudad un efímero y maravilloso País de Nunca Jamás donde reinaban cosas tan sencillas como las canicas, la peonza, o las piernas de alguna niña en minifalda que saltaba a la comba. Pero además de todo esto fue una parte muy importante de nuestro crecimiento una serie de películas inolvidables que nos acompañaron durante esos años. Aquellos sábados por la tarde cuando nuestro habitual campo de juegos se quedaba vacío porque todos estábamos en el cine. Todas las pandillas (enormes pandillas de 15, 20, 30 amigos...), la chica que te gustaba, el hermano mayor que ya había besado y se sentaba en la última fila con su primer amor. Cuando se apagaban las luces no había nada mejor que dejarse llevar y soñar con Gizmo, la mascota que siempre quisimos tener, con Indiana y su látigo infalible, con pandillas, tan iguales a la nuestra, que vivían la más extraordinaria de las aventuras entre bandidos, tesoros escondidos y piratas, con seres del espacio que nos harían reír y llorar, con un joven Sherlock Holmes que era en realidad un espejo de todos nosotros, con ...

Y es que estas líneas al fin y al cabo podrían servir tanto para hablar de los Gremlins como de Indiana. O de E.T y de Los Goonies. O del Secreto de La Pirámide. O de Regreso al Futuro. O de Golpe en la Pequeña China. O de Cortocircuito. O de ... ....

Dicen que bajo la nostalgia se esconde la tristeza. Tal vez, pero esto no es nostalgia, solo son recuerdos. Recuerdos de una época maravillosa, gracias a aquellas piernas que se enredaban en la comba pero también gracias al cine.
Relax
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2 de julio de 2006
36 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
No hace mucho me enteré de que las criaturas creadas por Columbus y Dante están inspiradas, aunque sólo sea ligeramente, en las que protagonizaban el primer libro de Roald Dahl ("Los Gremlins", 1943), que iba a servir de base para un proyecto cinematográfico de Walt Disney que finalmente fue abortado. Roald había prestado servicio en la Royal Air Force durante la Segunda Guerra Mundial, donde los pilotos eran unos cachondos que atribuían algunas de las averías que sufrían sus aviones a unas pequeñas criaturas inventadas de espíritu vándalo y travieso. Los gremlins de Dahl tenían sexo: los machos eran conocidos como "widgets" y las hembras, como "fifinellas". En sus primeras ilustraciones, Disney les otorgó un aspecto humano, aunque caricaturesco.

Los gremlins de esta película son bien diferentes. En su estado normal son unas adorables criaturas peluditas, una mezcla entre gatito, bebé humano (por su inteligencia) y osito de peluche. Pero existen tres elementos que pueden desencadenar en ellos extrañas reacciones: la luz solar les mata, el contacto con el agua hace que se reproduzcan y si comen pasada la media noche, se transforman en unos seres con aspecto de reptil y unas ganas tremendas de armar jaleo.
En cualquiera de sus formas, un gremlin será "adorable", al menos para el espectador dispuesto a reír con un espectáculo irreverente como hay pocos.
jastarloa
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10 de abril de 2008
35 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
A Flash le caló hondo.
Gremlins era espejo de sus dos reversos: el tierno y el capullo. Porque, aunque yo le quería mucho, todo hay que decirlo, a veces se comportaba como un verdadero cabrón. Le encantaba gastar bromitas desagradables.

Me pinchaba los balones nivea, se comía las chuches, y cuando de noche comía alpiste, salpicaba todo lo posible para que cayese en mi cama...

Sí, Flash comía pasada la media noche. Era mejor así, creánme, porque sino se dedicaba a picotear la pared y se pillaba unos empachos de cal de cuidado.

Y le daba la luz cada día en el parque. De hecho caminaba mirando al sol, en una pose chulesca a la par que se tostaba un poquito. Pío pítis (para las titis), que decía él.

¿Que si se mojaba? Pues no se ha rebozado el amigo ni nada, en el barro, peleando con alguna otra mascota del parque bajo lluvias torrenciales... aunque a diferencia de los Mogwais, y gracias a Dios, no se llenaba el barrio de flashecines.

Así que, aunque le intimidaba Gremlins por ser reflejo de su interior, también la disfrutaba a tope, en el cuarto de la plancha... porque siempre nos gustaron las pelis que transcurren en pueblecitos americanos iluminados con luces de navidad, y nos entusiasmaban todas las pelis de bichejos, y en general casi todo el cine de los ochenta.

Si además estaba bien hecho técnicamente, era rápido, directo y contenía dosis de humor, a parte de no pisar ninguno de los dos extremos (es decir: ni se basaba en pajas mentales, ni caía en la estupidez), pues para que queremos más...
De las pocas películas en las que Flash no pasaba ni una escena en foward de un picotazo.
Sines Crupulos
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