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El inocente

7,4
2.099
votos
Sinopsis
Giuliana Hermil es una mujer asentada en el convencionalismo de un matrimonio que siente roto, desde hace tiempo sospecha que su marido, Tullio Hermil, tiene una amante. Éste, aclimatado en una filosofía del goce y disfrute, se dedica a entrenar en la esgrima, a la lectura, y a su amor pasional, su amante Teresa Raffo. En Tullio no surgirá la chispa del deseo por su mujer hasta que se entere de la relación que ésta ha iniciado con un ... [+]
Críticas ordenadas por:
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29 de diciembre de 2005
71 de 73 usuarios han encontrado esta crítica útil
Última película de Visconti, estrenada tras su fallecimiento. Inspirada en la novela homónima (1892) de D'Annunzio, fue rodada en escenarios naturales y en las villas Bellosguardo ("Villa Lilla") y Arnolfini ("La Badiola"), de Lucca (Toscana/Italia). Obtuvo un premio David a la mejor música.

La acción tiene lugar a lo largo de un año de finales del XIX, en Lucca y otras localidades toscanas. Narra la historia de Tullio Hermil (Giancarlo Gianini) y su esposa Juliana (Laura Antonelli), que conviven bajo el mismo techo, pero llevan vidas separadas. Él frecuenta a su amante, Teresa Raffo (Jennifer O'Neill) y ella queda embarazada de un joven escritor, Filippo d'Arborio (Marc Porel). El nacimiento del niño desencadena una tormenta de pasiones. La película relata la hipocresía, celos, venganzas y odios, que se ocultan tras palabras corteses y ademanes refinados. La imagen de una sociedad aristocrática, honorable y virtuosa, esconde una realidad saturada de deslealtades, bajezas y miseria espiritual, en la que el inocente resulta un intruso. La reconciliación de Tullio y Juliana, durante la gestación, no se basa en un intento mútuo de reconciliación, sino en dos proyectos diferentes de traición personal. Viconti, hemipléjico desde hacía unos años, mantiene un gran vigor narrativo e intelectual y construye una historia sólida, que traspira lucidez, escepticismo y desolación. Los escenarios, de un lujo deslumbrante y una belleza abrumadora y fascinante, acogen el pálpito de una vieja sociedad abocada a la extinción por méritos propios. La sala de armas es el espacio en el que tienen lugar los simulacros de luchas a espada. Los palacios que acogen fiestas, banquetes y conciertos, son los espacios en los que se desarrolla el simulacro de vida honorable de unos seres miserables.

La música incluye obras de Mozart ("Marcha turca", "Sinfonía concertante"), Liszt ("Juegos de agua"), Chopin ("Barceuse"), y el aria "Che faró sensa Euridice", de Gluck. Acompañan con acierto la acción y el lujo que la envuelve. La fotografía resalata la brillantez de los decorados y del vestuario. En las escenas de Lucca usa colores saturados (rojos, negros intensos y dorados); en las escenas de la reconciliación y del embarazo predominan los blancos, con azules y verdes claros; y en las escenas finales la paleta se reduce a negros opacos, blancos de nieve y neutros brumosos. Visconti saluda al espectador pasando con sus manos las hojas del libro de D'Annunzio. El guión construye unos diálogos que dicen lo que se niega o modifica con el gesto o la mirada. La interpretación de los tres protagonistas es convincente. Los desnudos de Porel y Antonelli, tratados con buen gusto, intensifican y amplían la dimensión sensual y lujuriosa de la obra. La dirección crea un drama de gran profundidad.

Excelente obra póstuma de un autor innovador, que aportó al cine belleza, suntuosidad, crítica, denuncia y valiosos elementos de reflexión y emoción.
Miquel
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29 de mayo de 2009
30 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
196/23(27/05/09) Maravillosa última cinta del maestro Luchino Visconti, que nos regala un trabajo con todas sus señas de identidad, donde su perfeccionismo desborda la pantalla, donde su colosal puesta en escena roza lo sublime. Nadie ha retratado en el cine ha conseguido atrapar la esencia de la decadencia como Visconti, todos los que después han venido han tenido que beber del maestro, donde la fotografía de Pasqualino de Santis es portentosa creando el clima adecuado en cada momento para imprimir el dramatismo necesario para cada tramo, donde el vestuario de Piero Tosi es un actor más al servicio de la decadente historia de estos aristócratas, los escenarios creados por Carlo Gervasi sirven para envolver el relato un aire rancio de turbadora sensualidad. La historia gira en torno a un matrimonio de aristócratas italianos, Tullio Hermil (Giancarlo Gianini) y Giuliana (Laura Antonelli), que viven en un mundo de hipocresía liberal, en el que él es un mujeriego y ella tampoco es una monja, también tiene sus escarceos, en uno de ellos se queda embarazada, justo cuando Tullio se enamora de ella, él quiere que aborte pues sabe que no es suyo, pero ella no quiere y en esta enrarecida atmósfera se desarrolla este drama. Es una radiografía bestial de una sociedad que navega por la peor de las decadencias, donde la sensualidad y el sexo se abren camino por la senda del instinto básico. Los protagonistas bordan sus papeles, Giancarlo realiza un glorioso trabajo, no se puede estar mejor, crea un antihéroe cautivador, dominando con maestría y sin histrionismos fáciles el lenguaje corporal, para regalarnos uno de los mejores trabajos que he visto, he visto miles de películas, uno de esos personajes que traspasa la pantalla. Laura no le va a la zaga dando vida una magnífica Giuliana, desprende ternura, conmueve, la deseas, te enamoras de ella, no se puede transmitir más con su deliciosa belleza. Recomendable a los que gusten de buen cine. Fuerza y honor!!!
TOM REGAN
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28 de mayo de 2008
23 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
La última película del aristócrata comunista y homosexual Visconti (fue una obra póstuma), una excelente adaptación de la novela homónima de D´Annunzio.
Dotada de la siempre presente elegancia de su autor, así como de su estilo recreativo, detallista y dónde se concibe el cine como una obra de arte, "El inocente" vuelve a ser el análisis del derrumbamiento y desintegración de una clase social (aquí, como otras veces, la aristocracia), aquí plasmada como un grupo social inflado de apariencias, putrefacto, de lujuriosa envidia, traficante de sentimientos, enferma y egoísta. Todo representado en el núcleo y centro de la película: el celoso y enfermizo personaje de Giannini (gran interpretación) quién será capaz de llegar al más vil y cobarde acto con tal de mantener la integridad de su viciada estirpe.
Queda, pues, como una lección de cine en un último aliento de melodrama enfermizo y desesperado, tenso y de extraña vivacidad pues es viscontianamente pausado (y qué bien).
kafka
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27 de marzo de 2012
20 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
La última obra de Visconti es considerada por muchos de sus admiradores (que somos bastantes) una obra menor en comparación con las arrolladoras "El gatopardo" o "La caída de los dioses", y, sin embargo, tras haberla visto en varias ocasiones, creo que se equivocan.
En "El inocente" el maestro Visconti, viendo ya de cerca su propia muerte, plantea, a través de sus personajes, sus propias dudas sobre la existencia de Dios, sobre si hay algo después de la muerte, sobre el significado del nacimiento de una nueva vida, sobre si el "vivir hasta el fondo, sin miedo a nada..." que plantea uno de sus protagonistas desde el ateísmo más pagmático al final te acaba llevando a tener miedo a todo, porque, como decía Jim Morrison, el mítico líder de The Doors: "Nos pasamos la vida buscando a quien ya nos ha encontrado...".
Alguien dijo: "Lo único que hay seguro en la vida es la muerte...", y, cuando ésta se ve de cerca, como le sucedió a Visconti al filmar esta película, no tienes más remedio que mirarle a la cara sin esconderte, porque ella te va a encontrar.
En conclusión, que de obra menor, nada de nada.
lisufelligus
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7 de noviembre de 2010
19 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
La vida privada de un hombre hay que desligarla de sus creaciones porque estas tienen vida propia, y el verdadero artista, suele impregnarlas con su fuerza espiritual, y con los mejores deseos de trascender y apagar el lado oscuro de su alma. Cuando se está en busca de inspiración, se acude, consciente o inconscientemente, al registro akásico del universo, y éste suele brindar al creador material prístino y sólido que sirva como aporte a la evolución de nuestra especie y de todo el infinito.

La novela “EL INOCENTE” de Gabriele D’Annunzio, ha inspirado una gran película, una satisfactoria despedida de un director humano, demasiado humano, quien llevó siempre al arte como el tesoro más preciado que pudo darle la vida, y legó para la posterioridad un puñado de obras cinematográficas de marcado virtuosismo. Esto, sin hacer acopio de su abundante actividad escénica (ópera, teatro, ballet…) donde su talento fluía de manera inagotable.

Lo que la película plasma, creo yo que es el sueño frustrado de tantísimos hombres, de tener a una mujer que sea fiel de manera irrestricta, mientras soporta con resignación que ellos sean infieles por el resto de sus vidas. Tullio Hermil es uno de estos típicos machos, pertenece a la clase alta, porque el machismo no tiene clase, y sin recato alguno le pide a su abnegada esposa que entienda, colabore y haga la vista gorda, mientras él desfoga su pasión por la irresistible Teresa Raffo. De palabras para afuera –como hacen algunos- Tullio se muestra condescendiente y sugiere a su esposa que también ella puede hacer su vida como desee. Así, Giuliana comenzará a tratar al joven y brillante escritor Filippo D’Arvorio, y pronto el destino entrará a hacer de las suyas para poner las cosas en su lugar y hacer que muchas palabras deban ser tragadas.

Un precioso y elocuente alegato contra la arrogancia machista, que ninguna mujer debería perderse, y que los hombres deberían apreciar a ver si se bajan de esa nube en la que muchos se encuentran subidos.

Una colorida ambientación en el reconocible ambiente aristocrático de Visconti, una grata presencia de la muy bella Laura Antonelli, y una atinada caracterización de la inolvidable Jennifer O’Neill a quien siempre recordaremos por “Verano del 42”, consolidan un filme de gran solidez argumental y que permite al director italiano congraciarse con la dignidad femenina por la que tan poco aprecio demostró a lo largo de su carrera.

Y en el aire quedan flotando las firmes palabras de Teresa: "¿Por qué los hombres, con una mano nos levantan hasta las estrellas y con la otra nos arrastran abajo?, ¿Por qué no pueden dejarnos caminar por la tierra junto a ustedes, mujer junto a hombre, criatura junto a criatura, nada más y nada menos?"
Luis Guillermo Cardona
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