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Zoo

Drama Dos mujeres mueren en un accidente de tráfico y la conductora que iba con ellas pierde una pierna. Los maridos de las víctimas, dos zoólogos gemelos se sienten fascinados por el proceso de descomposición de los cuerpos. Después inician un idilio con la conductora amputada y comienzan a liberar animales del zoológico en el que trabajan. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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15 de abril de 2011
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Z: última palabra del abecedario. El fin. La consecuencia. Zebra (cebra “in inglis”).
0: {Oliver. Osward} Cero. Geometría perfecta: simetría. La nada. La descomposición a la que todos nos encaminamos.
A: Alba (amanecer). El germen, la fertilidad. La vida.

“La Z y dos ceros” es una de las propuestas más interesantes realizada por Greenaway donde la forma entra en equilibrio con el fondo hasta que el fondo, claro, se descompone en el ciclo natural de la evolución.

Ejercicio de simetría redonda con la que logra que el plano no adolezca a pesar del abigarramiento visual, obteniendo una exquisita planificación escenográfica limpia de impurezas. Greenaway rinde tributo a Vermeer, no sólo en la composición de algunas escenas que recrea los cuadros del holandés, sino en el uso que el director hace de la iluminación en la película donde el haz de luz nos revela la acción (alegoría de la grabación de los cuerpos en descomposición incluida) que acontece en cada momento. Directamente Greenaway homenajea cuatro de las pinturas de Vermeer: "El arte de la pintura" (cambiando el pincel por la cámara), "La lección de música" (donde se muestran incluso los preparativos a la hora de confeccionar el traje que llevará Alba), "Mujer azul leyendo una carta" (con el propio cuadro dentro del plano) y "Mujer con sombrero rojo" (el personaje de Catalina Bolnes es además el nexo de unión con el resto de pinturas).

Además, existe un personaje llamado Van Meegeren, que fue un falsificador de Vermeer
La pareja protagonistas -gemelos siameses- quedan viudos al colisionar el coche en el que viajan sus mujeres con un cisne en la calle Cisne. La pareja de gemelos, Castor y Pólux, (el signo astral Géminis), nacen de un huevo de la unión de un cisne y un dios. Cuando Alba (Andrea Ferreol) da a luz a unos nuevos gemelos hijos de Oliver y Osward, mantienen dicho diálogo:

- ¿Cómo lo hiciste? - le pregunta un gemelo a Alba.
- Empollé los huevos.
- ¿Cómo vas a llamarlos? ¿Castor y Pólux? ¿Cómo los del cisne?
- Demasiado obvio -termina por decir Alba.

Después del shock por la muerte quedan absortos contemplando documentales evolutivos. Sus experimentos expuestos a la descomposición, siguen la escala evolutiva darwiniana (desde la fruta hasta el hombre). La película representa, por tanto, un ciclo (círculo) natural de simetría perfecta. Cuando el ciclo está llegando a su fin una última sorpresa de humor gamberro dará al traste con la perfección buscada.

Greenaway nos muestra que la belleza no aparece de lo perfecto. Los cánones de belleza surgen pues de la simetría: La Venus de Rilo es perfecta en tanto que sus medidas áureas son simétricas, y en tanto que su amputación es, por supuesto, bilateral. Uno de los gemelos pregunta al doctor:

- ¿Era necesaria la segunda amputación de Alba Bewick?

El doctor no lo duda.



(Abróchense los cinturones porque esto continúa).
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Chagolate con churros
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19 de julio de 2008
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta “A Zed & Two Noughts” (en España simplificando, como siempre) es probablemente la película menos conocida de la primera etapa del pintor metido a cineasta Peter Greenaway, uno de esos tipos raros, raros. De hecho, hasta hace poco la película ni siquiera tenía ficha por aquí. Y es curioso, porque tiene todos los elementos por los que las primeras películas de Greenaway son tan amadas (y odiadas): un argumento truculento, las tendencias hacia la no-narración y la destrucción de la trama tan del gusto del director británico, su obsesión por la pintura (en este caso el objeto de deseo es Vermeer), sexualidad grotesca, cuerpos en descomposición..., aunque en un formato realmente más accesible de lo que acostumbra, quizá básicamente por el humor negro que destila constantemente.

En este caso la trama involucra a dos biólogos gemelos desconcertados por la muerte en un accidente de coche, cisne incluido, de sus mujeres, accidente en el que una tercera mujer perdió una pierna. Mientras se dedican a tragarse los 8 episodios de una serie sobre la evolución de la BBC, intentando encontrar en ella el significado de su situación (“...desde que hace 400 millones de años apareció la vida en la tierra hasta que mi mujer murió intentando esquivar un cisne...”) los gemelos empiezan a cultivar una fijación malsana por la descomposición de los organismos, se enamoran simultáneamente de la mujer amputada y empiezan a liberar animales del macabro zoo en el que trabajan. Un panorama desasosegante y enfermizo que una vez más contrasta con el impecable apartado técnico en que envuelve el film, planeando cada encuadre como si fuese un cuadro y reservando sus gloriosos movimientos de cámara para las escenas clave, todo ello inmerso en la soberbia fotografía del gran Sacha Vierny y el excelente score (uno más) de Michael Nyman. Todo esto hacen de “A Zed & Two Noughts” una propuesta tan radical y extraña como el resto de la filmografía de Greenaway, pero también una de sus películas más sorprendentes y divertidas y, por qué no, un buen punto de iniciación para todo aquel curioso por saber de qué va la filmografía de este peculiar galés.
Mogwai
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12 de febrero de 2012
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película es rara. La historia es extremadamente peculiar, surrealista, sicodélica y bizarra. El guión es totalmente raro, con un argumento confuso y diálogos a penas entendibles, y no porque la trama sea demasiado intrincada o tenga un lenguaje muy elevado, sino porque no hay una dirección clara en la trama.

Los momentos crudos y bizarros no tienen la intención de perturbar o impactar visualmente, sino de plantear argumentos simbólicos con respecto a la evolución, la vida y la muerte. Por su estética resulta interesante y admirable pero por su historia puede resultar desesperante y en cierto momento cansada si no se logra seguir el hilo de la historia, la cual parece no tener ningún sentido ni seguir ninguna línea, sino deambular erráticamente entre situaciones bizarras e imágenes alucinantes. Es de destacar la fotografía y la dirección.

Desde el punto de vista científico, biológico, artístico y estético puede ser muy interesante, pero como película ni siquiera entretiene.
mikealeks
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5 de septiembre de 2020
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película así puede resultar muy indigesta si no se está preparado. Es alcohol seco y duro, es un cóctel que puede suponer una patada al estómago y creo yo que es fácil comprender que haya mucho detractor. Si se tratara de una película más conocida, más popular, las críticas a "Zoo" serían más evidentes. A mí me parece que se trata de una explosión visual y sonora tan bestia que sólo por eso merece mi aprobación, no sólo eso, la defiendo con gusto pese a tener claro que en otras circunstancias hasta yo mismo le metería una valoración negativa.

¿Por qué funciona?; ¿por qué me ha gustado tal rareza?; me encanta percibir complejidad detrás de un resultado sencillo, afirmación que también resulta cierta si cambiamos las partes, es compleja ante nuestros ojos pero en realidad es sencilla. Digo esto y me quedo tan ancho, porque es lo que creo, Greenaway desarrolla ciertas obsesiones con éxito de forma muy particular: la muerte y la desaparición física de la materia orgánica. Además, un hombre como él que se declara pintor usa planos que parecen cuadros, hay mucha información en cada plano y la cámara apenas se mueve. Eso, parece sencillo pero no creo que lo sea. La luz, la composición del contenido, todo, da la sensación de estar recargado hasta el límite de lo admisible. Y con resultados increíbles.

En cuanto a la temática sigo con lo mismo, más allá de esa estética pavorosa hay tantas aristas, tantos guiños, que cualquiera se iría corriendo. Sin embargo, es todo más sencillo de lo que parece. Una película que provoca, compleja y sencilla a la vez, te abofetea y no te deja tranquilo. Es bruta y poética también. Cine con un par, seguro que la Thatcher hubiera salido corriendo...
Luisito
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17 de julio de 2009
4 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante propuesta de cine independiente, del extraño director británico, Peter Greenaway. El realizador rinde homenaje a Johannes Vermeer van Delft, un genio píctorico. El film comienza con el accidente de un vehículo en el que mueren dos mujeres y la conductora queda amputada de una pierna. La superviviente comienza una relación amorosa con los dos viudos de las fallecidas que resultan ser hermanos mellizos. La película nos habla de las semejanzas que exísten entre animales y humanos. La bella fotografía corre a cargo de Sacha Vierny, uno de los habituales de Greenaway. La música de Michael Nyman es lo mejor del film.
vcmary
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