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La dama del armiño

6,0
464
votos
Sinopsis
Opereta que narra dos historias paralelas que tienen lugar en el pequeño ducado italiano de Bérgamo: una ambientada en el siglo XIX, y la otra en el XVI. Como Lubitsch murió durante el rodaje, la película fue terminada por Otto Preminger. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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13 de enero de 2008
19 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es “La dama del armiño” la última película de Lubitsch. En concreto no se puede considerar ni su última película, a pesar de que sea el director que aparece en los títulos de crédito por orden de su discípulo Preminger. A ocho días de dar comienzo el rodaje, Lubitsch murió. Antes había repasado toda le película, había revisado el guión, números musicales y demás escenas.

Aún así, “La dama del armiño” es una película con todos los ingredientes de Ernst Lubitsch. Con muchos diálogos rápidos y divertidos, y esa fuerza y coraje que la mujer solía tener en sus películas. Es quizá en el montaje donde más se note la falta de Lubitsch.

De todas formas, Preminger finalizó bien un trabajo. Puede que los números musicales sobraran y que en algunas escenas no estén bajo la perfección que Lubitsch imprimía en cada plano, pero nos saca sonrisas a raudales, nos inspira optimismo y nos deslumbra con un buen guión.

Es Betty Grable la mejor del elenco de actores, y Cesar Romero demuestra calidad frente a un Douglas Fairbanks Jr que va perdiendo fuelle.
Chagolate con churros
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5 de julio de 2007
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La última película del gran Lubitsch fue un musical, aunque a decir verdad, todos lo géneros que llega a tocar en el film (comedia, romántico,´"bélico", drama, fantástico...), son más interesantes que los números musicales que ofrece. Sólo Betty Grable se salva en las escenas en que la canción tiene relevancia. Viéndola desde una óptica objetiva, sin querer saber que la comenzó Lubitsch y la acabó Preminger, se puede distinguir un cambio notable en la segunda mitad de la película. A partir del sueño que tiene Ladislas Karolyi (el personaje que interpreta Fairbanks, Jr.), la historia gana consistencia y lleva al espectador a disfrutarla con más pasión. No nos encontramos con la mejor cinta de Ernst Lubitsch (tampoco de Otto Preminger). No es un film imprescindible. Sólo es un trocito más (el último) del arte de uno de los directores más influyentes de la historia del cine
dana
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23 de diciembre de 2006
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Producción en color de la Fox, realizada por Ernst Lubitsch y Otto Preminger. Éste sustituyó al primero tras su fallecimiento (30-XI-1947), 8 días después del inicio del rodaje. Es un remake de la película muda "The Lady In Ermine" (1927), de James Flood, inspirada en una comedia musical escrita por James Schanzer. Se estrenó el 28-VII-1948.

La acción tiene lugar en el condado de Bérgamo (N. de Italia), en 1861, a lo largo de unas horas. Narra un episodio de la vida de la condesa Angelina (Betty Grable), de 24 años, soberana de Bérgamo. Tras contraer matrimonio con Mario (César Romero), se ve sorprendida por el ataque de un batallón de húsares húngaros al mando del coronel Ladislas Karolyi Teglas (Douglas Fairbanks Jr.), que toma por asalto el castillo en el que reside. Para hacer frente a la situación la ayuda su antepasada, la condesa Francesca (1537-78), la dama del armiño (Betty Grable), que había salvado una situación similar 300 años antes.

La película es un musical sustentado por una comedia de enredos amorosos. Contiene elementos propios de Lubitsch, como el uso de disfraces, los cambios de identidad, la habilidad femenina para dominar al hombre, la fuerza de la mujer para resistir y superar con ingenio la fuerza del hombre, la superioridad de la astucia sobre la fuerza bruta, la fragilidad del amor, las dificultades de la felicidad, la necesidad del divorcio, el culto al amor verdadero, el recurso a la fantasía, la combinación de dos historias paralelas unidas por un sueño, la presencia de fantasmas, etc. Lubitsch revisó el guión, las canciones, la escenografía, el vestuario, el casting y la fase de preproducción. No pudo aportar la dirección del rodaje, en el curso del cual concretaba muchos de los matices y sutilezas que conferían a la obra la especial perfección de su acabado característico. Se nota mucho, demasiado, la ausencia de Lubitsch en el montaje y, sobre todo, en el rodaje.

La música contiene números musicales, de Leo Robin y Frederick Hollander ("La octava mujer de Barba Azul", 1938), de entre los que destaca la canción "This Is The Moment", interpretada por Betty Grable. La música de continuidad, original de Alfred Newman, realza la acción y le confiere solemnidad. La fotografía, de Leon Shamroy ("Cleopatra", 1963), colorista, lujosa y dinámica, enriquece la comicidad con tomas irónicas y encuadres precisos. Se beneficia de un excelente vestuario de época, de René Hubert, y de una bonita escenografía. El guión incluye diálogos rápidos y chispeantes, situaciones ocurrentes y personajes hilarantes, a los que falta el buen acabado del toque Lubitsch. La interpretación de Betty Grable, en la cima de su popularidad, destaca por encima de las demás. Harry Davenport (Luigi) se impone en pantalla a personajes más relevantes. La dirección, a cargo de Preminger, desaprovecha en gran medida las posibilidades potenciales del film. ¿Por qué no fue Billy Wilder el sustituto de Lubitsch?
Miquel
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17 de agosto de 2010
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8 días después de empezar a rodar esta película, ya muy enfermo, Lubitsch abandona un rodaje que concluye Otto Preminger, a pesar de lo cual sigue manteniéndose el nombre de Lubitsch en los títulos de crédito como único responsable del film.

Sirva este inicio a título informativo, y también a modo de justificación por el no muy acertado punto final del maestro en su carrera cinematográfica. La película tiene algún fogonazo de ingenio, y alguna que otra chispa ("toque Lubitsch"), pero por lo general adolece de la sofisticación, ritmo e interés de sus mejores obras, además los números musicales son simplemente correctos, algunos de los recursos visuales utilizados resultan rídiculos vistos hoy en día, y en mi opinión el reparto es totalmente desacertado, ninguno alcanza la gracia, sofisticación y agilidad de los elencos de muchas de sus películas, resultándome todos muy inadecuados para los personajes que interpretan.

También resalto que nos encontramos ante una opereta, género ya transitado por Lubitsch, y que en mi opinión ofrece las peores medidas del trabajo del maestro.

No obstante, la película no deja de tener cierto interés, por momentos se sigue con agrado, y tiene partes muy deliciosas, y además constituye la obra final de uno de los grandes con mayúsculas de la historia del cine.

HASTA SIEMPRE MR. LUBITSCH, Y GRACIAS POR LOS GRANDES MOMENTOS QUE ME HA HECHO PASAR
zymu
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30 de abril de 2014
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Última película de Lubitsch para la Fox, que el realizador preparó e incluso comenzó a rodar, hasta que le sorprendió la muerte, tras ocho días de rodaje. Otto Preminger se encargó de completar el film, aunque extrañamente, en los títulos de crédito sólo aparece Lubitsch como productor y director. La película ha sido generalmente poco valorada, aunque en mi opinión, no sólo no se merece ni mucho menos semejante desprecio, es más, me atrevería a afirmar que hay bastantes cosas buenas que decir de ella.

En primer lugar, Preminger se limita a coordinar las directrices que Lubitsch tenía en marcha, porque todo estaba previsto y dispuesto. Segundo aspecto a retener: el inesperado retorno que “La dama de armiño” suponía en la carrera de Lubitsch, al terreno del humor absurdo y un tanto abstracto que cultivó en sus producciones alemanas de la época muda, algo que corroboran tanto el material de base del cual partía (la opereta “Die frau der hermelin”), cómo, sobre todo, el tratamiento cómico-fantástico del relato, al cual no es ajeno la adscripción del film al género de la comedia musical y la pátina visual casi onírica que le impregnan el genial Leon Shamroy en la fotografía y Natalie Kalmus como asesora del tecnicolor, mediante una fulgurante paleta de colores.

Tercer gran elemento de interés: “La dama de armiño” supone, en este sentido, un extraño paso adelante en la trayectoria de un cineasta que, en sus últimas comedias, ya había dado muestras de una tendencia progresivamente mayor hacia un humor cada vez más abstracto, sobre todo, tras agotar las formas más “clásicas” de la comedia norteamericana. También supone, lamentablemente, una gran incógnita, habida cuenta de que esta película, fue rodada en su mayor parte por Preminger y la prematura muerte del maestro tan sólo nos permite especular en este sentido. Sea como fuere, “La dama de armiño” es una película regocijantemente divertida cuya singularidad nace de su indescriptible combinación de géneros (comedia musical, parodia del cine de aventuras, cine fantástico), y de su mirada irónica y descreída sobre todo ellos, prueba palpable de que Lubitsch fue un precursor de la posmodernidad antes de que nadie hubiera oído hablar de ella.
Antonio Morales
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