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Stockholm

6,5
12.514
votos
Sinopsis
Una noche, en una discoteca, ves a una chica, te enamoras de manera fulminante y se lo dices. Aunque no te hace mucho caso, pasas con ella el resto de la noche. ¿Qué ocurriría si, al día siguiente, no fuera la chica que parecía ser? Una noche, en una discoteca, se te acerca el típico chico que dice que se ha enamorado de ti. No le haces caso, pero después compruebas que no es el típico plasta, es simpático, encantador y realmente se ha ... [+]
Críticas ordenadas por:
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21 de noviembre de 2013
190 de 209 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película dialéctica: Tesis, Antítesis y Síntesis.
Tesis: Cortejo o asedio.
La primera parte se hace eterna y, por momentos, insufrible. Consiste en asistir, una vez más, al enésimo diálogo merluzo; al infinito tema: chico( guapo, cómo no) conoce chica( guapa, cómo no); le da la murga hasta el umbral de la tortura, y ella resiste numantinamente mientras que, al mismo tiempo, le hace mohines, le pone caritas de arrobo y, en el fondo, se derrite por sus huesos. Aquí, además, hay un plus de amaneramiento y extrema autoconsciencia. El espectador desea que acabe la mostrenca conversación y a ver qué pasa. Pues sí, termina afortunadamente, llegan a la casa, la conversación se va adensando y...
Antítesis: Reverso oscuro o quiebra.
La segunda parte es el opuesto de la primera; el juego permanece pero los papeles han cambiado; el tono ya no es el mismo: hemos pasado de la comedia banal a la situación absurda y desasosegante; de la esperanza al desquiciamiento; del humor al terror psicológico( recuerda, por ejemplo, a los ambientes tensos y enfermizos de Polanski). Lo que estaba soterrado sale a la luz; la supuesta inocencia se transforma en lucha de poder, amenazas y estallidos de violencia. Se han quitado las máscaras y ya van en serio.
Síntesis: Dolor, desesperación y aprendizaje.
Y llegamos al gran final que acaba de dar sentido a lo anteriormente esbozado; concreta lo sugerido y cierra todos los caminos y temas abiertos. Los grandes finales son los que dan coherencia y sentido a lo anterior, y éste lo hace de forma implacable, hermosa y necesaria.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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17 de noviembre de 2013
93 de 114 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es gratificante comprobar el extremo ingenio y la profundidad de miras de este modesto proyecto realizado con muy poco dinero pero con muchísimo talento y con una excelente elaboración de guión, reduciéndose toda la historia a un intenso y laborioso diálogo que se prolonga durante una noche y prosigue, de forma reveladora y cruel, a la mañana siguiente. El andamiaje narrativo se reduce a la mínima expresión: un chico que quiere ligar y una chica que lleva tiempo sin salir y se siente atraída por la presencia, insistencia y perseverancia de la chácara de éste. Todo se reduce al tira y afloja de los ardides y devaneos de la seducción y a las mañas y estratagemas para cerrar esa noche que parecía anunciar algo de mayor calado.

La profundidad se consigue gracias a una minuciosa creación de personajes, todos los detalles son reveladores, cada palabra cumple un objetivo, cada artimaña está sabiamente escogida y tiene calado psicológico y rezuma veracidad existencial, configurando así la nada grata radiografía descarnada de una juventud obsesionada por la gratificación instantánea y por completo ajena a las consecuencias de sus actos. No es una cinta moralista, ni pretende sentar cátedra, ni ofrecer un estudio sesudo sobre los males actuales, pero su sabia observación, su meticulosa presentación de los rituales banales e intrascendentes de acoplamiento, le confiere una enjundia y una legitimidad estremecedoras.

Pocas veces se ha retratado Madrid tan bien, con tanta fuerza y con tanta certeza sus calles, sus casas y sus habitantes, pese a que apenas nos ofrece el retrato de dos personajes y el recorrido aturdido de algunas calles céntricas y el interior de un par de pisos anónimos y una terraza desasosegadora que revela el porvenir que no queremos encarar, que se utiliza como añagaza pero acaba revelando que la vida se vive a cada paso, en cada gesto, en todo lo que hacemos y en todo lo que omitimos. Hermoso poema visual nacido de la parquedad de medios materiales y la abundancia de talento cinematográfico. El excelente guión proporciona un armazón telúrico que nos pone frente a frente con la vida, queramos ver o no lo que ante nosotros se despliega.

Además hay que alabar la extraordinaria labor de los actores: Javier Pereira encarna con una veracidad penetrante la funesta y ciega liviandad del ligón egoísta e irredento y Aura Garrido alcanza cotas excelsas de desgarro, intensidad y hondura con su retrato de la chica frágil y de etérea indefensión. Ambos están soberbios y al mismo tiempo están al servicio de una historia que perdura y permanece más allá de su amargo y dolorido sobresalto.
antonalva
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8 de noviembre de 2013
71 de 74 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para empezar a hablar de Stockholm hay que mirar primero la difícil situación de la industria cinematográfica española. Con ministros que tiran piedras sobre su propio tejado y una difícil situación económica que hace que financiar proyectos sea una empresa muy arriesgada. Así, películas de corte minoritario y/o de equipo técnico novel encuentran mil y un problemas para llevarse a cabo y, en caso de tener al final la fortuna de realizarse, viene la no menos difícil tarea de la distribución en cines. Así, muchos proyectos acaban muriendo sin llevarse a cabo o solo una pequeña minoria son los que tienen el privilegio de verlas.
El director y guionista del proyecto, Rodrigo Sorogoyen, después de decidir que su proyecto para un cortometraje se convirtiera en una película, consciente de esta grave situación, y después de reunir todo el capital que pudo de amigos y conocidos, recurrió a Verkami (reconocida página de crowfunding) para conseguir el dinero que aún le faltaba para sacar el proyecto adelante con la suficiente calidad.
El equipo técnico y artístico no recibió sueldo alguno durante los doce días de rodaje (no había presupuesto para más), para no comprometer la estabilidad económica del proyecto, y, a cambio, se convirtieron en productores asociados.
Al fin, después de la colaboración de 244 personas a través de Verkami (a las que se recompensó, según su aportación, con descargas en HD, Dvds de la película o entradas para la premiere, entre otras cosas) que aportaron 13.050€ de 8000€ que se pedían y que, por supuesto, salen en los créditos finales de la película, Stockholm se convirtió en una de esas pocas películas que sobreviven al proceso y llegan a nacer.

Por ello, que tras todo este camino empedrado la película haya llegado, no sólo a estrenarse en cines (unos 15 en toda España), sino al festival de Málaga haciéndose con tres premios (director, actriz y guión novel) es para ponerse en pie y aplaudir.

Si encima de todo esto, la película está resultando todo una revelación y recibe elogios de todo aquel que la visiona, hablamos de un éxito merecido y compartido. Éxito para Sorogoyen y todo el equipo que hay detrás de la película, para el crowfunding, para el cine minoritario y para el cine español en general.
Una película de apenas dos actores y tres o cuatro escenarios, de una sencillez envidiable y enorme calado emocional.

Un guión con dos partes bien diferenciadas, la noche y el día, mostrando dos caras opuestas de sus protagonistas, presentando por la noche un amor idílico en clara referencia a Antes del amanecer, por el día un thriller psicológico que completa el díptico.
Sus protagonistas, Javier Pereira (Tu vida en 65', Heroína) y Aura Garrido (El Cuerpo, Los ilusos) están espléndidos en sus papeles, mostrando varios registros sin que ninguno desentone, dándose la réplica y llenando la pantalla, dotando de veracidad su encuentro amoroso.
Ambas partes tienen su carga dramática y la tensión adecuadas para que la hora y media sea un viaje compartido entre el espectador y la película. No hay momentos para desconectar, Sorogoyen e Isabel Peña no les dan cabida en el inteligente guión. Lo que sí se permiten son unos pocos "momentos mágicos" que perdurarán en la memoria y sacarán la sonrisa bobalicona cuando vuelvas a ellos en la memoria.

Una historia atrayente a la par que profundamente humana, podría decirse que generacional, donde los jóvenes verán reflejadas sus inseguridades emocionales y otros dilemas morales que convierten a Stockholm en algo más que un drama romántico.
Nunca Madrid fue fotografíada de noche con tal belleza, dando la sensación de que todo puede pasar en ella. Y así fue, que mientras un director soñaba con llevar a cabo su proyecto donde dos chavales chocaban en la inmensidad de la noche, en las más precarias de las situaciones se gestaba la mejor película española y una de las mejores en general de lo que va de año. Y es que la luna luce más de noche.
Dragondave
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30 de octubre de 2013
50 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
Inquietante, sorpresiva y tal real que hay momentos en los que verdaderamente asusta. Si miras más allá no dejarás de encontrar detalles de la trama que hace que todo cobre aún más sentido y te continúe atrapando aún fuera de la sala.
Fantásticos los dos protagonistas, convencen en todo momento y no dejan indiferente a nadie.
La fotografía, muy cuidada siempre con nada fuera de sitio: los colores, la iluminación... muy bien.
En resumen, una pequeña joya del cine español. Elegante y sutil. Más así hacen falta.
Raul
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19 de junio de 2013
45 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es aquella en la que los contendientes no pretenden hacer prisioneros, sólo uno de ellos saldrá con vida. Y en el amor, como en la guerra, a veces es eso lo que pasa en las relaciones de pareja, difícilmente se sale ileso. De eso habla, entre otras cosas, Stockholm, primera película en solitario de Rodrigo Sorogoyen: una obra que parece pequeña pero que no lo es (así lo atestiguan los premios conseguidos en el Festival de Málaga y que haya salido adelante gracias al micromecenazgo de decenas de pequeños productores que han puesto su granito de arena para que esta película saliera adelante).

El síndrome de Estocolmo es el nombre que se da a la reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro termina por desarrollar un vínculo afectivo hacia su secuestrador, situación que también podríamos trasladar a las relaciones de pareja, cuando uno de los dos miembros termina por hacerse dependiente del otro a pesar de su desinterés, a pesar de que el segundo, como he comentado al principio no quiera hacer prisioneros. Y a eso se juega, o se nos cree hacer que juega, el director con sus personajes.

Stockholm le da varias vueltas a esta situación, y lo que ya hemos visto en multitud de comedietas románticas de sábado por la tarde u obras indie de mayor calado (hablo, por ejemplo, de la muy loable (500) Days of Summer), donde en un periodo temporal más extendido nos narran las diferentes etapas de las que consta una relación, Rodrigo Sorogoyen tiene el mérito de llevarlo a una fracción de tiempo menor, contándonos casi en tiempo real lo que les ocurre a los dos únicos personajes de la película interpretados por Aura Garrido y Javier Pereira.

Básicamente la película al principio parece ir de “chico conoce chica”, “chico despliega sus encantos para encantar a la chica” y… Y ya nada es como esperas.

La primera parte, con las calles de Madrid de testigo de un paseo y conversación en tiempo real, es todo un ejercicio de diálogo que a mí, a pesar de que a muchos les pareció un tanto lenta, degusté desde mi faceta de escritor. Me gusta hacer diálogos, y conseguir dar naturalidad a un diálogo de cortejo, de habilidad seductora, de defensa numantina, de guerra dialéctica, es todo un logro con el que disfruté como lo pudiera hacer en una buena obra de teatro. Hasta cierto punto me recordó Antes del amanecer (1995), donde Ethan Hawke y Julie Delpy pasan una noche en vela conversando por las calles de Viena.

En esta primera parte de la película se nos presentan unos personajes que no son un libro abierto, que tienen recovecos, que no sabemos si se encuentran bien psicológicamente o si nos dicen la verdad, todo ello con el diálogo, con el flirteo.

Sin embargo la segunda parte de la película se adentra en un terreno más complicado, donde la magia desaparece y la realidad golpea. Con una puesta en escena sencilla (la propia casa del protagonista Javier Pereira) Sorogoyen usa la luz de la mañana para descubrirnos que todos hemos sido a veces “cazadores” y otras tantas víctimas; que nunca estaremos seguros de lo que queremos y que difícilmente dejaremos de ser el niño que se emperra para que le compren un juguete nuevo al que en pocas horas dejará de hacer caso, y que cuando esté roto echará de menos. En este segundo tramo de la película, a veces turbador gracias al trabajo espectacular de Aura Garrido, el director nos habla de las decisiones difíciles, de los errores conscientes y de la felicidad inconsciente, ente otras cosas.

De los protagonistas, poco decir de Aura Garrido, que se ha batido el cobre en obras notables como la muy recomendable El cuerpo, dando la réplica a Hugo Silva; o en una de las mejores series españolas de los últimos años: Crematorio, haciendo de nieta de un gigante como Pepe Sancho. Su capacidad de meterse con toda naturalidad en un personaje muy complicado consigue hacer pequeño a un Javier Pereira (también con una filmografía notable: No tengas miedo, 8 citas entre otras) que intenta brillar, y a veces lo consigue (tablas teatrales no le faltan), por encima del capullo que intuimos que es su personaje.

Buscadla, preguntad por ella, no os dejará indiferentes.
David
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