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Macbeth

7,5
2.859
votos
Año
1948
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Drama | Edad Media. Siglo XI
Sinopsis
Inglaterra, Edad Media. Macbeth es un noble caballero escocés. Un día, después de una batalla en la que se gana el favor del monarca, encuentra a tres brujas que le profetizan que algún día llegará a ser Rey. Después del cumplimiento de otras dos profecías formuladas por las brujas, inevitablemente Macbeth se pregunta cómo podrá cumplirse la tercera, ya que el Rey Duncan todavía esta vivo y, además, tiene dos hijos que pueden heredar el ... [+]
Críticas ordenadas por:
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4 de noviembre de 2007
34 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sabiendo que Welles siempre ha tenido predilección por lo original, por explorar nuevos campos, sin que ello signifique volverse pedante o plasta, es sorprendente comprobar que aparte de la faceta de creador, también sea un magnífico adaptador. Y es brillante en esto último porque no se limita a poner la obra en imágenes, sino que coge el universo de la obra y lo funde con el suyo propio, ese mundo barroco, tortuoso y extravagante, pero rara vez gratuito. Y si ambos estilos, el de Shakespeare en este caso y el de Welles, son fascinantes por sí solos, la unión de ellos no lo es menos.

"Macbeth", relato de la ambición del hombre, de nuestra permanente glotonería por el poder, que desata nuestros instintos más abominables, glotonería que atrapa y no deja escapar, llevándonos por el sendero de la conciencia y la culpa, y terminando en la locura. Para mí, una de las grandes obras de la literatura (aunque sea una obra de teatro) universal. Y Welles en todo momento es fiel al original, pero también imprimiéndole su único e inmediatamente reconocible estilo.

El juego de luces y sombras, de picados y contrapicados, de tortuosos escenarios en ruinas que sirven de marco a la tragedia del personaje, el mundo de irrealidad, el ambiente teatral llevado inmejorablemente al cine, todo ello en un mes de rodaje y un presupuesto escaso, son utilizados por Welles para captar el espíritu de la obra. No se anda por las ramas, no cuenta la historia, su única misión es capturar, plasmar y grabar la pura esencia de la ambición, la locura, la fatalidad, y una vez conseguida hacerla fascinante, transmitirla. Y el resultado es perfecto.

Y aunque los monólogos puedan volverse cargantes o monótonos, a mí no me lo parece, creo que son una buena forma de mostrar la malicia de los personajes, lo cobardes y ruines que pueden llegar a ser. Magistral interpretación de Welles como el propio Macbeth. Cada vez que veo una película de Welles me asombro siempre por la genialidad que el muy cabrón poseía como director y como actor. Era acojonante, puro genio.

Y qué queréis que os diga, para mí esta adaptación supera a la de Kurosawa. La de Kurosawa era el cuento, la historia, y tú sacabas las conclusiones. Aquí Welles no te permite nada de eso, directamente te mete un chute de las conclusiones en estado puro, locura, maldad, codicia; subyuga y fascina. Absolutamente genial.
GVD
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16 de marzo de 2010
29 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Macbeth” es, de las tres adaptaciones shakesperianas de Welles, la más endeble. Sumido siempre el director en luchas por recortes presupuestarios o manipulaciones en el montaje de sus obras por parte de las Majors, será esta, la película que resulte más perjudicada por dichos contenciosos.

El “Macbeth” de Welles es ante todo la palabra. Como adaptación de una obra literaria al lenguaje cinematográfico es pobre, pero la fidelidad del director hacia la obra de Shakespeare es máxima. Es, de cuantas versiones se han hecho, la más fidedigna con el texto escrito y la que más se podría considerar lo mal llamado “teatro filmado.”

Soy consciente de las extremas limitaciones económicas de “Macbeth”, pero ello no es óbice para evaluar el producto por el resultado final sin supeditarlo a lo que pudo ser o a lo que es, aún con sus restricciones. Innegable es que la paupérrima dirección artística (Welles llegó a usar decorados de otras producciones) es una de las trabas con las que tuvo que lidiar el director, sobre todo si el objetivo era alejarse del teatro y “su escena”.

La cámara de Welles no puede sobreponerse (como sí hizo en “Otelo” años después) a unos decorados tan mugrientos. Es más, el intento del director de salvar el obstáculo perjudica aún más que beneficia. El pequeño abanico de planos que decide imponer Welles a “Macbeth” acaba por matar la imagen. En esta adaptación, sólo queda la palabra. La ausencia casi de planos generales y un excesivo número de contrapicados (donde el decorado es innecesario) empobrecen el lenguaje cinematográfico y embrutecen su resultado final.

Tampoco ayuda mucho la promoción casi exclusiva de la imagen de Macbeth (el propio Orson Welles) en detrimento de los demás personajes. Welles saca (como siempre) una interpretación magistral, de una intensidad no vista en pantalla y de una ferocidad no superada por cualquier otra versión, pero está focalización provoca también un detrimento, sobre todo, en el rico personaje de Lady Macbeth que Shakespeare escribió. Jeanette Nolan no es una buena Lady Macbeth pero no está claro sin por el excesivo protagonismo de Macbeth o por culpa de la propia actriz.
Chagolate con churros
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9 de febrero de 2007
15 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Welles era un apasionado de las tragedias shakespearianas. Rodada en 23 días con poco dinero y escasos medios vuelve a demostrar que además de cineasta es un creador. Hay un respeto a todos los monólogos de la obra de Shakespeare pero nos los relata de variadas formas, para no quedar encorchetado en una posible apatía teatral. Hace una interpretación sublime de Macbeth (todos ensalzan su labor como director y pocos parecen reconocer que era un grandísimo actor que dotaba de una energía admirable a sus personajes) lo mismo que Jeanette Nolan de Lady Macbeth (actriz vituperada en EEUU e Inglaterra por este papel, vaya usted a saber el motivo).
Fue un total fracaso comercial, bueno, también lo fue incomprensiblemente la excepcional "La dama de Shangai" de ese mismo año, pero el tiempo se ha encargado de valorarlas en su justa medida.
A pesar de la escasez de decorados crea un clima onírico, una atmósfera fantasmagórica gracias a su total dominio de la luz y de la sombra. El castillo parece más una caverna que un edificio donde no hay puertas ni casi aposentos. Con el primer plano del film mostrándonos a las tres brujas en un paisaje de niebla sabemos que vamos a asistir a la proyección de una película diferente, de un poder visual fuera de lo normal.
BAKUNIN
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18 de junio de 2011
11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es cierto. Macbeth de Escocia llegó al poder derrocando y matando a su primo Duncan, pero no lo mató en su cama a cuchilladas, sino en una batalla y el pueblo (que no tenía a Duncan en gran estima) se lo agradeció. De hecho, se permitió el lujo de peregrinar a Roma para expiar el regicidio, lo que indica una situación de tranquilidad y estabilidad. Reinó 17 años, se casó dos veces y tuvo un hijo. Pero cuando Malcom, criado en el exilio en Inglaterra, regresó con tropas inglesas, todo se desmoronó. Macbeth perdió una batalla y fue asesinado al poco. Su hijo le sucedió, pero solo duró un año y también fue asesinado. Malcom introdujo en Escocia la monarquía hereditaria que se daba en Inglaterra, siendo los Macbeth los últimos reyes célticos de su país. Quizás por eso Shakespeare (y los historiadores ante que él) los pusieron a caer de un burro.
Centrandome en esta película, lo bien cierto es que contó con pocos medios (el propio Welles lo dijo), llegando a parecer teatro filmado y fracasando el taquilla. Pero de todos modos, no se puede decir que las carencias escenográficas no se solventan con soltura (ej: la escena en la que las brujas revelan a Macbeth las profecías a voces). Orson Welles compone un personaje principal con todo su carisma y se puede decir que soporta la mayor parte de la cinta sobre sus hombros, en tanto que su partenaire tiene menos espacio de lucimiento y tampoco es que lo aproveche. Sin duda, un clásico que merece ser visionado junto con la versión de Polanski y la lectura del original de Shakespeare, una triple visión que permite contemplar la historia en todas sus facetas y posibilidades.
Messer E Vork
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7 de diciembre de 2009
6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
De vez en cuando algún director de cine logra hacernos sentir emociones y sensaciones muy poderosas tan sólo con un sabio empleo de las imágenes, y es en estas contadas ocasiones cuando el espectador experimenta todo el placer que el séptimo arte puede conjurar. En mi caso, esas sensaciones me las producen un puñado de creadores entre los que destaca, señaladamente, Orson Welles. Las películas de este genio gozan siempre de una atmósfera particular, ajustada a lo que él quiere mostrar en una historia, y ello las hace singulares e irrepetibles.

Nada diré acerca del argumento de "Macbeth"; basta decir que es una obra de Shakespeare, y como tal muestra con brillantez sentimientos tan humanos como la ambición, la envidia y la venganza, además de crear sublimes malvados atormentados. Welles adapta eficazmente la historia, pero su sello se plasma en la concepción visual de la misma. La atmósfera que emplea es similar a la de un cuento o pesadilla; la noche predomina sobre el día, que cuando aparece lo hace cubierto de nubes, con una luz irreal, fantasmagórica. Los árboles y las rocas están desnudos, retorcidos, y el palacio se asemeja a una gruta infernal, plagada de luces y sombras, que son hábilmente proyectadas contra los rostros de los actores. La composición de cada plano, el contínuo recurso a la alternancia de ángulos y la soberbia puesta en escena contibuyen a transmitir con total eficacia el tema de la obra.

En cuanto a las interpretaciones, Welles se reservó la principal, realizando una notable labor al transmitir la nublada ambición de Macbeth, así como su atormentada conciencia. A su altura brilla Jeanette Nolan, que compone una fabulosa e infernal Lady Macbeth, al borde de la locura. El resto del reparto cumple muy bien, siendo notables las caracterizaciones de Ross y de las brujas, cuyas escenas, aunque breves, resultan soberbias.

En definitiva, otra magnífica demostración artística de Orson Welles, quien pareció empeñarse en probar que el cine, al igual que los hombres (según dejó escrito cierto autor), está hecho de la misma materia que los sueños.
Quatermain80
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