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El diputado

Drama Roberto Orbea, que había sido militante clandestino de un partido de izquierdas durante el franquismo, es elegido diputado en las elecciones de 1977. En el momento más importante de su carrera, cuando está a punto de ser nombrado Secretario General de su partido, es víctima del chantaje de un grupo de extrema derecha que amenaza con airear su homosexualidad. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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10 de abril de 2008
26 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay que reconocer que Eloy de la Iglesia los tenía muy, pero que muy bien puestos. Seguramente sus anteriores escarceos con la censura franquista hizo que sintiera un extraño y mórbido placer a la hora de desafiarles con la mayor virulencia posible. Sin duda con "El diputado" a mas de un censor debió de darle un pasmo. No es para menos si nos situamos en la época y si vemos la película intentando dejar los prejuicios a un lado.
No es que esta sea una buena peli. en realidad es bastante mala (en comparción su siguiente obra Los placeres ocultos es una obra maestra) pero la necesidad de expresarse en libertad y de denunciar (o al menos exponer) ciertos aspectos de la realidad española de su momento hacen de este un título imprescindible para ver la evolución ideológica y social de nuestro convulso país.
Sorprende, y mucho, la libertad a la hora de tratar el tema de la homosexualidad, la intolerancia fascista y las repercusiones morales. Solo por eso "El diputado", mal interpretada, con un guión tópico hasta la nausea, mal dirigida y demagógica hasta el empacho, acaba superando todas estas faltas y se convierte en un exponente sociológico que merece respeto, consideración y elogios . Una pena que De la Iglesa no se pareciera (como director) un poquito más a Fassbinder (incluso a Derek Jarman) pero no se puede tener todo y pese a su manifiesta mediocridad y estética feista, esta película es importante, valiente e incluso vista sin acritud ni ideas preconcebidas puede resultar muy muy entretenida. Y además Mª Luisa San José esta estupenda.
kepamk
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30 de abril de 2010
14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
El período histórico comprendido entre 1975 y 1980 fue fecundo en películas marcadamente ideológicas que, si bien no superan un análisis cinematográfico, suponen una excelente visión de los cambios vividos en España durante aquella época. Mucho se ha hablado tiempo después de la legalización del PCE, de las bandas de extrema derecha, de la "traición" de la izquierda a la República... Todo esto se recoge en películas como El Diputado (de izquierdas) o Hijos de Papá (de derechas) En ambas, por cierto, se habla del tema de la homosexualidad, dando base a la posterior aceptación social de tal condición sexual.

Resulta impresionante, si no vista como película, sí como documento un relato en el que se habla de la legalización del comunismo poco después de producirse este hecho, o del debate constitucional mientras éste se daba en el Congreso. La inocencia de una izquieda recién resurgida tras cuarenta años de dictadura es por otro lado aspecto a tener en cuenta: hoy resultaría ridículo ver un partido clamando por la justicia social, después de 35 años de régimen constitucional y la inocencia de aquella época perdida... Pero aun así es significativo de lo que somos, de lo que pudimos ser como país y de lo que aún podemos llegar a ser, si superamos problemas como los que encaró aquella generación.

La homosexualidad, tema principal del filme, es otro aspecto documental a tener en cuenta. Llama la atención que esta condición de Roberto Orbea, protagonista, pudiera ser causa de descrédito y aun de dimisión para un político. Pero así era, y está bien que se muestre como tal en la película, de tal manera que sepamos lo difícil que resultaba para los homosexuales simplemente vivir, condenados a la sordidez de los urinarios públicos, a la soledad o, peor aún, a convivir con una persona del sexo contrario.

Por mostrar todo esto y suponer un reflejo de esta época pasada, tanto El Diputado como las demás películas, de derechas e izquierdas, son importantes para nuestro país, por cuanto documento relatado suponen. Gracias a gente como Eloy de la Iglesia y Pepe Sacristán por haber sido tan valientes.

A destacar las intervenciones de Juan Antonio Bardem y de Ángel Pardo, en su primer trabajo como actor.
DJ_Theo
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5 de junio de 2013
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La mejor película de Eloy de la Iglesia aunque haya en ella cosas rechazables tanto en el tratamiento de la homosexualidad sórdida como en los mensajes ideológicos que desde el principio se van lanzando muy a la ligera. Sus valores cinematográficos son evidentes y el autor consigue una atmósfera especial y absorbente con la que se evoca muy bien la turbulenta época de nuestra historia que se estaba viviendo en la fecha de realización del film. Los diálogos que mantienen unos espléndidos Jose Sacristán y María Luisa San José son especialmente brillantes. El personaje de Sacristán ya está harto de ceder y de ocultar y dice una cosa amarga pero lúcida en el momento en que afirma que quizá la única forma de entrar en la historia es padeciéndola. Es una obra valiente y que demuestra que la debilidad de Eloy de la Iglesia por lo escabroso no impide que pueda ser un cineasta bueno en algunas ocasiones. Las escenas más desagradables son compensadas por la lucidez global que presenta el conjunto del film.
Cromatico
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10 de noviembre de 2012
8 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película no es buena, se mire por donde se mire no hay grandes cosas a destacar. Incluso José Sacristán ofrece su peor versión, resulta muy inexpresivo y plano, como si no le afectaran las cosas, lo mismo da que esté a punto de acabar bruscamente su carrera como político, que su mujer lo pille con un jovenzuelo en el picadero o que se encuentre un cadáver en la cama, sólo se altera cuando se meten con su partido político. Todos hemos visto a Sacristán mucho mejor en otras ocasiones. La trama tampoco es nada del otro mundo, es previsible y apenas queda lugar para la sorpresa. ¿Qué es lo que queda? Una época, la conciencia de una época muy dura, para quienes lo vivimos y para quienes lo leímos en los libros, un Estado que no sabía aún hacia dónde se dirigía, con una sociedad libre por fin, recién parida, convulsa, dando sus primeros pasos.

Es en este contexto en el que aparece alguien con mucho valor, con ganas de decir las cosas como nadie las había dicho antes en este país, Eloy de la Iglesia, el verdadero protagonista del "El diputado", a quien no le importa meterse en el ojo del huracán y enseñar no sólo una pechuga de mujer sino una homosexualidad explícita, como no ha sido de otra manera nunca, de toda la vida, escondidos o no, dos hombres que se atraen y se toquetean. Y para eso, en 1978, las cosas como son, había que echarle un par de huevos. Por eso y sólo por eso no me parece un total despropósito, porque la película como documental es mala, y como historia no es nada del otro mundo, pero realizarla en esa época tuvo mucho mérito.
Luisito
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9 de septiembre de 2012
7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Llegada la democracia había que hacer una película que tocara los temas de la política, la homosexualidad y el matrimonio, nótese bien que no he dicho la familia, eso sería demasiado. ¿Y quien mejor que Eloy de la Iglesia para arriesgarse en ello? Lo de arriesgarse es un decir, porque, como siempre, Eloy de la Iglesia amaga pero no pega. Todo lo deja en medias tintas, y si sacar en pantalla el sexo de algún joven se considera el no va más, pues eso, no va más. Después, la producción está rodeada de una serie de nombres de personajes que tienen el sello de demócratas, más bien diría yo de socialistas: Victor Manuel, Ana Belén, etc; y si se incluyen planos de las sesiones de las Cortes en las que salen sentados en sus escaños muchos de los que hicieron la democracia, incluido Fraga, pues tenemos unos puntos a favor seguros desde los progretas. Hay una justificación de la defensa de los etarras en tiempos de la dictadura que hoy no se sostiene de ninguna manera, pero era la forma de verlo por entonces. La música de lo más recurrente, Vivaldi. Y la interpretación solo es válida la de José Sacristán y justita. Con todo vale la pena verla, situándose en la perspectiva de aquellos años en que empezamos a vivir la democracia.
Del Mar
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