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Black Coal

5,7
2.068
votos
Sinopsis
En 1999, el policía Zhang Zili abandona el cuerpo tras la traumática muerte de dos de sus compañeros durante la investigación de un asesinato finalmente no resuelto. Cinco años después, el asesino vuelve a la carga, y Zhang, convertido ahora en un guardia de seguridad con problemas de alcoholismo, se plantea intentar capturarlo por su cuenta. (FILMAFFINITY)
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9 de octubre de 2014
35 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Qué le pasa a China? ¿Por qué ‘Black Coal’ parece concebida por un Henning Mankell oriental? ¿Por qué la asocio mentalmente, en su feísmo, a ‘Naturaleza muerta’ de Jia Zhangke? ¿Dónde quedó la épica roja y revolucionaria de la Larga Marcha? ¿Qué fue de aquellos ídolos con pies de barro y sangre en las axilas? Como dice un gran amigo mío, si China es el futuro, la humanidad carece de futuro.

Diao Yinan quiere ofrecernos un retrato de la China postmoderna. Y qué retrato. Todo en esta cinta es horroroso, cutre, repelente. La dirección artística –atrezo, vestuario, cortes de pelo, y muy en especial, las localizaciones–, en su apuesta innegociable por la fealdad, es impecable. El sonido –ese chirrido del columpio, en la noria; el crujir de los patines en el hielo– el sonido, digo, refuerza el desagrado y el desasosiego. La paleta de colores oscila entre el brillar hortera de las luces de neón y el tono grisáceo de la nieve sucia. Qué feo todo, y qué triste.

Asesinar, descuartizar, dispersar los restos. ¿Para qué? Como en una novela de la saga de Kurt Wallander, nos sentimos perplejos, desarmados, frente a la barbarie de apariencia gratuita. Siento que el espíritu, aséptico, de Anton Chigurh –el villano imaginado por los Coen y encarnado por Bardem– sobrevuela la ciudad manchú de provincias en que trascurre el film.

Y ese avanzar, tan fláccido, de la trama, como hacia ningún sitio, sin rumbo ni destino… Semejante en cierto modo a ‘Zodiac’, de David Fincher, un Fincher sin burbujas. La indolencia de los fotogramas, el fluir de un río enajenado, resuelto en ciénaga.

Escribe el director: “Quería realizar una película policiaca que retratara la China contemporánea. Mi objetivo no era imaginar solamente una trama y darle respuesta, sino restituir al máximo lo que constituye nuestra nueva realidad.” La nueva realidad resulta ser un páramo cortante, un yermo desolado y hueco, postrevolucionario e industrial, que va desembocando –despacio, muy despacio, igual que un hongo o un tumor– en un capitalismo fofo y desalmado.

Desalmado. La China retratada por Diao Yinan es un país sin alma ni verdor. Un país que produce escalofríos, inhóspito, inclemente, similar a esa Finlandia de tabaco, alcohol y flores chuchurrías marca de la casa Kaurismäki.

Un país sin alma es algo aterrador. El horror mismo.

La escena en que se entregan las cenizas –ese recinto, funcionarial, sin religión ni dioses– se me adhirió al estómago, igual que una lombriz, con su carga de vacío geométrico.

Y la luz. O la falta de luz. O la luz contaminada. Un blanco tan malsano como el blanco pastoso de los grandes maestros del terror: Poe, Lovecraft o el Melville de la inmensa Moby Dick.

El blanco antártico en que vive y asesina el ente de ‘La cosa’.

Frente a todo ello, un antihéroe «made in China», como adquirido en las rebajas o en la tienda «todo a un euro» de una calle lateral. Un hombre en busca de sí mismo, un perdedor… Si China es el futuro, que la ausencia de Dios nos pille confesados.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Servadac
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21 de septiembre de 2014
22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando acaba Black Coal la sala se queda por un momento en silencio. No es para menos. Todos los espectadores están digiriendo el fulminante final que ofrece la cinta tras una hora y media apasionante y asombrosa. Hay una ligera duda, ¿qué acabamos de ver? No es el típico thriller, se salta todas las normas del género. Tiene algo de la narrativa confusa de Fincher, y también algo de la trampa y la sorpresa de Oldboy. Claro, que también tiene un protagonista que parece el Philipp Marlowe chino. Desde luego, lo único que sabemos es que Diao Yinan ha conseguido sorprendernos con su propuesta.

Ya desde el primer minuto la película apuesta por impactar. En la primera escena viajamos en un camión de carbón en el que hay… algo. Algo que acabará por ser una mano humana, como se descubrirá posteriormente en la fábrica. El detective Zhang Zili (al que se presenta con media pincelada, pero qué media pincelada más brillante) se embarcará en la investigación de un caso que terminará sin resolver y en el que será herido. Cinco años después, abandonado ya el cuerpo y con un Zili en plena decadencia, con adicción a la bebida y hundido en la seguridad privada, el caso, que quedó sin resolver, vuelve a a cruzarse en su vida de forma casual. Los asesinatos del carbón ahora tienen que ver con las pistas de hielo. Por supuesto, intentará resolverlo por su cuenta. ¿Qué tiene que perder un hombre que ya lo perdió todo?

La sinopsis puede sonar muy convencional, pero el director chino se encarga de darle su propia voz. De hecho, el primer caso, que funciona a modo de prólogo, ya tiene sus propias sorpresas. Se nota que ha trabajado como guionista antes de lanzarse detrás de las cámaras, pues los giros narrativos van desde las sorpresas argumentales hasta lo completamente inesperado. Cada segundo de lo que se muestra en la pantalla está absolutamente pensado y cuidado hasta el último detalle. Muy como mandan los canones, la navaja de Chejov y esas cosas, todo lo que aparezca no será baladí; tendrá su importancia en algún momento.

Porque por muy buena que sea la historia, hay otra cosa que casi acapara la atención del espectador, y es la atmósfera. Quizá uno tarde en darse cuenta de lo que es, pero Yinan nos sumerge en un mundo absolutamente incómodo. El frío, la soledad, el silencio… la película se las apaña para que incluso una velada romántica en lo alto de una noria sea algo lóbrego, oscuro e inquietante. El trabajo de iluminación no se puede describir con palabras.

Por supuesto, también contribuye a darle ese toque tan inquietante la intepretación realizada por el dúo protagonista. Liao Fan, protagonista absoluto, digno de los momentos más oscuros de Raymond Chandler, está simplemente soberbio. Quizá porque las historias de fracaso tienen ese morbo de la épica del perdedor, nos podemos identificar con él desde el primer momento. La réplica se la da Gwei-Lun-Mei, que hace un papel menos imponente, quizá menos difícil de llevar, pero no por ello menos importante. La química, patente, entre ambos ayuda mucho.

De la mano de ambos recorreremos un camino que no resulta fácil. Hay que estar atento a todo lo que ofrece la escena. Muy al estilo oriental, este thriller no va a poner las cosas fáciles: prefiere sugerir a desvelar, el poder del silencio antes que la esclavitud de las palabras. Cada gesto y cada cosa no dicha son capaces de desencadenar un auténtico mundo en esta película.

Quizá el único pero que se le podría poner a esta cinta sería ese: que puede llegar a ser difícil para el gran público. La quietud, la lentitud y la poca externalización de la que hace gala, que son precisamente lo que lo convierten en un thriller tan poco al uso, requieren un nivel de atención que no suele casar con lo que se ve por ahí actualmente. En todo caso, estamos ante un maravilloso ejercicio de estilo que un buen cinéfilo no debe perderse.

Miguel de la Asunción
Crítica realizada para Cinemaldito.com (@CineMaldito)
Of The Assumption
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7 de octubre de 2014
14 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dispersa, difusa y confusa. Cine negro chino con ínfulas.
Curiosa película. Extraña opción.
La cosa es la siguiente: el director ha elegido saturar su historia de bellos cuadros y relegar la trama. Ha potenciado la estética en detrimento de la ética (narrativa); el resultado es una suma asfixiante de hermosos planos, retorcidos y rebuscados, con una excusa argumental pobre y, por momentos, ridícula.
Primero se muestran las hipnóticas y turbadoras imágenes, más tarde, mucho más tarde a veces, se dan las explicaciones (peregrinas) pertinentes. Avanza en zigzag, de forma oblicua e indirecta, deteniéndose en naderías, buscando obsesivamente el hallazgo (visual) pistonudo que sorprenda y arrebate.
Todo esto provoca morosidad, frialdad inane, desinterés y desapego. Una distancia gélida que nada dice, que poco aporta, que solo incide en el evidente talento formal del autor.
Un fracaso desolado.
Muy en el fondo, detrás de la excusa macabra, se atisba una China glacialmente sórdida, triste y enferma. También asoma un retrato líricamente feroz sobre la desconexión y el desconcierto.
Historia contada a hachazos, sin fluidez ni sentido. Trata de hacer un fresco a través de una investigación criminal, juega con el tiempo y los espacios, pero le pierde la vacuidad barroca, la pose innecesaria.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Ferdydurke
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2 de febrero de 2015
12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bai ri yan huo (Black Coal, 2014) de Diao Yinan ha arrasado en el pasado festival de Berlín donde consiguió el Oso de oro (mejor película) y el premio al mejor actor (Fan Liao). El filme, de nacionalidad China, parece unirse a la corriente de filmes provenientes de dicho país y que son exportados mundialmente (con especial interés por los festivales internacionales) como demostración (por parte de las autoridades) de que la producción nacional China va en perfectas condiciones. Algo aparentemente contradictorio, porque estos filmes ponen en tela de juicio el sistema chino. De hecho esto nos puede sonar similar, porque la dictadura franquista tenía la misma actitud con el arte contemporáneo, favoreciéndolo siempre que fuera de puertas para afuera, motivo por el cual artistas críticos como Tàpies (y otros provenientes de la corriente del informalismo) fueron expuestos en Bienales artísticas (como la de Venecia de 1950).

Black Coal no es un thriller al uso, a pesar de que sigue una estructura de filme policiaco. El que se quede en la superficie y sólo contemple la trama como una película de caza al asesino no habrá entendido absolutamente nada, algo que ha sucedido a no pocos críticos españoles. Lo cierto es que el filme de Diao Yinan es dinamita pura contra el sistema ultra capitalista chino, y sobre todo, con las consecuencias desalmadas que este produce. Pero no adelantemos acontecimientos.

El filme se inicia con un Flashback que nos muestra a nuestro protagonista principal, interpretado por Fan Liao, trabajar como policía en un caso en la década de los años noventa. Nuestro protagonista se encuentra trabajando en una investigación en la que está envuelto un psicópata que tiene amenazados a toda la población. Además, se divierte despedazando a sus víctimas y repartiendo los trozos de los cadáveres por toda la ciudad. En este primer prólogo nuestro protagonista lo pierde absolutamente todo (mujer y amigos). Y por supuesto, tanto él como la policía china no consiguen encontrar al culpable de los asesinatos.

Años más tarde, la película nos muestra a nuestro protagonista trabajando como guardia de seguridad, después de haber perdido el empleo de policía. Sin embargo, por un ardid consigue colocarse de nuevo en la pista del caso y ve la oportunidad para recuperar su antigua vida.

Como decía anteriormente, realmente uno se pregunta si la trama propiamente policiaca del filme es tan importante como el telón de fondo donde transcurre esta. Y la verdad es que da la sensación de que lo que realmente importa en Black Coal transcurre en un segundo plano. En sus paisajes urbanos, desolados ante la irrupción de la nieve o ante los luminosos carteles de neón (estos dos paisajes los encontramos de manera reiterada en el filme), que anuncian el artificial mundo en el que se desenvuelve la trama.

Todo está muerto en Black Coal. No es casual que el cineasta nos muestre reiteradas secuencias en las que el personaje se adentre en transportes públicos (trenes y autobuses) y no veamos ni en una sola ocasión una simple conversación (por muy intrascendente que sea) entre todos los pasajeros. La gente de la ciudad está muerta. Ni siquiera se miran a los ojos entre ellos. Son actores que interpretan un simple papel. No me refiero a que se vean las costuras de la película y que el espectador sea consciente de que todo es un montaje no, me refiero a que la película nos presenta una ciudad llena de espectadores que simplemente aceptan lo que el destino le ha impuesto desde la infancia. Todos parecen caminar resignados cabizbajos entre la multitud.

Y es que la historia de amor, entre la bella y la bestia, entre nuestros protagonistas principales, está precisamente igual de desangelada que el resto. Para muestra, Diao Yinan rueda una secuencia magistral y llena de patetismo, en la que ambos mantienen una escena de sexo (si realmente se la puede llamar así) totalmente fría y sin pasión. Seguramente no había mejor manera de demostrar la frialdad con la que se pretende imbuir el filme.

La película está rodada magistralmente. La dirección aprovecha perfectamente los sonidos y ruidos de la gran ciudad, que se van colando en la historia y el desarrollo de la trama principal, y ayudan a reforzar el mensaje de aislamiento que transmite el filme. La poca música que emplea el cineasta (caso del Danubio Azul de Strauss) es decididamente casi una parodia que sólo tiene la intención de convertirse en un eco reverberante de la propia pérdida de conciencia de la población (que patina casi de manera aleatoria por el hielo, como auténticos autómatas deambulantes). Además Diao Yinan sabe cuando utilizar la cámara y mostrarnos planos fijos (secuencias) espectaculares, como aquel que tiene lugar en la primera parte del filme (con el asesinato múltiple de los amigos del protagonistas) o cuando utilizar la cámara de una manera más dinámica y ágil (cuando por ejemplo, persigue al asesino, como si fuera un policía más).

https://neokunst.wordpress.com/2015/02/02/black-coal-2014/
Kyrios
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16 de junio de 2015
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Coal es un film que destaca en un aspecto que suele pasar desapercibido por ser contrario a lo habitual ya que no es normal, pero si uno se va fijando durante todo el film hay un cuidado enorme en potenciarla, en su estética, no es luminosa y atractiva, al contrario, es fea, con todas las letras, lánguida y gris, rodeada siempre de esa atmósfera de una China común y pobre, llena de decepción, aburrimiento, ordinariez y depresiva, y aunque hay escenarios que se les puede sacar un partido positivo, al final acaban siendo todo lo contrario, y los ejemplos principales son el garito del cartel luminoso que consigue dar sensación de miseria, el parque atracciones parece el parque del terror, la casa de la rica se vuelve un lugar cutre y tétrico y la nieve, en vez de animar, consigue desanimar, incluso congelar, dejándole a uno con las ganas de no pisarla jamás. Pero para colmo y redondear la película, cuando la felicidad va a llegar a cualquiera de los protagonistas de alguna forma, esta es truncada, sesgada con la guadaña de la dama de la muerte, de varias formas, devolviendo a cada uno a un nuevo plano sentimental más oscuro.

El resto de los elementos de este thriller dramático son bastante simples, con un desarrollo bastante aburrido y lento, con actuaciones para nada atractivas ni destacables, y con una música de fondo horrorosa.

Sobrevalorada desde mi punto de vista, pero un buen ejemplo de como crear la anti-estética que tango desagrada, pero con un buen argumento podría haber sido muchísimo mejor.

P.D.: Me preguntaba una cosa, y es ¿porqué en España hay esa manía de hacer lo que se venga en gana con los títulos? Es más fácil poner "Carbón negro, hielo fino" que el título americanizado.
Ranxomare
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