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Sweet Country

6,6
169
votos
Año
2017
País
Australia
Director
Reparto
Género
Western | Racismo. Años 20
Sinopsis
Inspirada en una historia real sucedida en el interior de Australia en 1929. Cuando el aborigen Sam (Hamilton Morris) mata al propietario blanco Harry March (Ewen Leslie) en defensa propia, Sam y su mujer Lizzie (Natassia Gorey-Furber) emprenden la huida. Pero la pareja será perseguida de forma incansable por las autoridades. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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4 de junio de 2018
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Retomar el género del western pudiera parecer un acto de nostalgia o escapismo, pero revitalizarlo, renovando sus entrañas con tanto mimo como respeto es una labor digna de elogio que merece ser resaltada. Esto es el caso del presente filme que evoca las cintas de vaqueros del Hollywood clásico pero añadiendo un brioso discurso autocrítico que lo convierten en una rareza llena de audacia y rabia. Estamos en Australia, años veinte del pasado siglo, pero sólo la alusión velada a la Gran Guerra Europea (luego llamada I Guerra Mundial) nos permite determinar la época. Y como todo país colonizado por los desteñidos europeos y con una milenaria población autóctona aborigen, el rechazo, desprecio y vejación con la que los invasores agravian a los nativos nos recuerda que todos somos culpables de unas actitudes arrogantes y racistas, por demasiado tiempo consideradas ‘normales’.

Negar la evidencia de esa infausta y perseverante ignominia visceral nos llevaría a repetir los errores del pasado. Por ello lo que podría parecer una cinta localista se erige así en una pertinente acusación intemporal contra todos aquellos que se creen superiores e inmaculados, recordándonos que la fraternidad y la compasión son tan humanas como cicateras y que conviene acordarse de dónde venimos para no tropezar de nuevo en la misma piedra de la infamia. Basta con que un nativo mate a un blanco para que el ‘sentir popular’ lo quiera linchar sin más, obviando los detalles y disquisiciones de leguleyo que permitan determinar su grado de culpabilidad o los motivos exactos de semejante suceso. Este es el meollo del relato: mostrarnos una sociedad escindida entre ‘nosotros’ los buenos por la gracia divina y los odiosos ‘otros’ criminales por naturaleza y pigmentación de la piel.

Además nos propone un recorrido punzante y nada benévolo – aunque quizás algo premioso – sobre un paisaje tan lejano como severo, tan inhóspito como rudo, es decir, de la Australia ‘profunda’ alejada tanto de las metrópolis bulliciosas como de las leyes que oficialmente rigen esos recónditos territorios quizás ya ‘independientes’ pero tanto entonces como ahora bajo el dominio de la áurea corona británica. Pocas veces se ha visto tan bien retratado el complicado tema de la justicia humana como en esta agreste propuesta a trasmano de fatigados tópicos al uso. Y al cubrir su inequívoco discurso antirracista en un envoltorio insólito y remoto nos permita apreciar mejor el esfuerzo que requiere construir un mundo cabal y recto en la bárbara lontananza de la periferia, donde impera la ley del talión.

Es admirable la reconstrucción de una época pasada y, sin embargo, aún próxima. Y aunque el ritmo demasiado moroso – elegido de forma consciente – pueda desafiar nuestra paciencia, el resultado final es encomiable y desolador.
antonalva
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24 de mayo de 2018
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
En su extraordinario debut cinematográfico con “Samson and Delilah” en 2009, el realizador, guionista y director de fotografía Warwick Thornton esboza brillantemente los problemas contemporáneos de su pueblo, los aborígenes. Sitúa la acción en una sociedad donde son considerados como ciudadanos de segunda clase, sufren la pobreza, padecen adicciones y con un índice muy bajo de alfabetización.

Esa idea inicial sobre los aborígenes desfavorecidos que luchan contra los perjuicios preconcebidos de la sociedad australiana contemporánea inspiraría a Thornton a realizar una versión moderna de la historia bíblica de amor entre Sansón y Dalila. Ahora con Sweet Country, el director australiano muestra la forma en la que han sido tratados los habitantes originarios de Australia durante décadas, y como los problemas a los que se enfrentan los aborígenes han sido creados por el propio opresor blanco. La tierra de las tribus aborígenes fue arrebatada, su cultura y tradiciones destruidas y la gente humillada. En ambas películas sus protagonistas huyen tras una tragedia.

La trama de Sweet Country se basa en una historia real que el guionista David Tranter (aborigen al igual que el director Warwick Thornton) oyó una vez a su abuelo, sobre un juicio ocurrido en los años veinte donde un nativo fue arrestado y juzgado por el asesinato de un hombre blanco. En la película el personaje se llama Sam Kelly (Hamilton Morris) que junto con su esposa Lizzie (Natassia Gorey Furber) viven bajo la custodia del afable predicador Fred Smith (Sam Neill). El matrimonio es tratado por el religioso con dignidad y de forma igualitaria. Esta relación lamentablemente es una excepcionalidad en aquella época ya que la mayoría de los aborígenes tienen dificultades con sus amos.

La caridad y fraternidad de Fred conlleva prestar a Sam y Lizzie a su nuevo vecino, Harry March (Ewen Leslie), un militar recién llegado del frente que desea la ayuda de Sam para arreglar su valla. Una decisión equivocada que dará lugar a unos trágicos acontecimientos. Harry es una bomba siempre a punto de explotar, un hombre amargado y violento que trata a los aborígenes con desprecio. Este hecho provocará situaciones conflictivas y tensas, fuera de control, que terminarán con la muerte de March por Sam en defensa propia. El matrimonio se ve obligado a huir al desierto. Un grupo dirigido por el sargento Fletcher (Bryan Brown) comienza una persecución contra Sam y Lizzie.

Tiene todos los elementos propios de un western clásico: vaqueros, disparos, paisajes polvorientos, personajes taciturnos, bebidas, los sombreros característicos, la frontera……..Sweet Country bajo la envoltura de un western narra una historia sobre racismo, y el sometimiento de todo un pueblo.

En el western clásico, los blancos son los “buenos” y los indios los “malos”, sin embargo, Sweet Country se desvía de esa idea, y aparentemente en un inicio concebimos a los aborígenes como héroes sobreviviendo ante la explotación del hombre blanco. Digo aparentemente, porque al finalizar la película te das cuenta que, no todos son tan buenos en un bando ni tan malos en el otro. Todos intentan sobrevivir a su manera en un mundo duro y despiadado.

Warwick Thornton deliberadamente no utiliza música en su película, a excepción de “Peace in the Valley” de Johnny Cash bajo los créditos, de esta manera los sonidos ambientales adquieren un papel relevante y exigen nuestra atención. La hábil forma de utilizar y jugar con el sonido ambiente contribuye a intensificar situaciones inquietantes y turbadoras.

A través de fragmentos de flashbacks y forwards, Thornton revela lo que sucedió o está a punto de suceder. Estamos ante una película amarga, con una puesta en escena sencilla y austera, desprovista de adornos, y con un reparto muy justo sin apenas extras.

El paisaje es otro elemento inconfundible y característico de la película. Al igual que el Gran Cañón está interconectado con el Oeste de Estados Unidos, Outback, región interior de Australia, impregna de carácter a Sweet Country. Los alrededores de Alice Springs, la única gran ciudad del interior y lugar de nacimiento del director, son hermosos e impresionantes, y están bellamente filmados por Thornton y su hijo Dylan River.

La naturaleza salvaje de la zona con las áridas praderas adornadas de elementos rocosos, los charcos de agua en medio de desiertos de sal, sirven de hermoso telón de fondo para reflejar la dura realidad a la que se tiene que enfrentar y adaptar el hombre y el ganado para sobrevivir. La muerte parece estar siempre al acecho en este paisaje.

Las dilatadas imágenes de la superficie de la tierra adquieren con frecuencia una belleza adicional debido a que van acompañadas de peculiares fuentes de luz, como la luna llena o el amanecer, filmadas con mucha sensibilidad y cuidado por Warwick Thornton.

Sweet Country con la utilización de un ritmo comedido, escasos diálogos y el apoyo de la impresionante belleza del interior de Australia, parece que Warwick Thornton intenta transmitir al espectador un mensaje donde deja entrever que realmente se ha avanzado bien poco desde 1929 hasta nuestros días en cuanto al trato y reconocimiento de su pueblo.

https://cinemagavia.es/sweet-country-pelicula-critica/
Eduargil
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30 de octubre de 2017
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Inspirada en una historia real sucedida e Australia e 1929, este western con el tema del racismo por medio, utiliza el paisaje como un actor más y consigue transmitir, al menos por momentos, con fuerza el dramatismo de las situaciones.
Sin embargo no acaba de cuajar del todo, ya que las situaciones son predecibles.
El colonialismo y el poder son los dos grandes temas del film.
El titulo obedece tanto al asombro del personaje ante la belleza del paisaje, como al lamento final de otro: “¿Qué será de este país?”.
floro
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30 de octubre de 2017
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Western australiano que transcurre por los territorios del verismo, enmarcado en una fotografía espectacular y unos paisajes agrestes o acogedores según quien los transite.
Hace cerca de un siglo la mayoría de los granjeros blancos de nuestras antípodas, al igual que los americanos, poseían caballos, vacas y negros sin deferenciar demasiado su valor. Con el agravante además de que los tipos "civilizados" habían sometido, esquilmado y esclavizado las tierras de Oceanía y a sus nativos. Ni siquiera se tuvieron que molestar en comprarlos o en ir a cazarlos a África. En este deshumanizado panorama transcurre la odisea de Sam Kelly, un sensato e íntegro aborígen que se ve obligado a defenderse de un colono borracho y desalmado.
La jauría de los racistas y los funcionarios corruptos abogan por su muerte inmediata, pero un jurista defensor de los derechos de los individuos consigue llevarle a juicio para que argumente en su defensa.

Warwick Thornton, nacido en Alice Springs (Australia) hace 47 años, es un defensor de la cultura de sus ancestros y aunque ama a su tierra de ahí el título (Sweet Country) no duda de que el mayor peligro vendrá de algunos de sus habitadores, de ahí el lamento del predicador: ¿Que será de este país?
Aunque lo que se cuenta tuvo lugar en el primer tercio del siglo XX, los comportamientos de unos y otros son extrapolables a nuestros días. Y es que la pobreza, ignorancia, abuso, injusticia y falta de escrúpulos siguen dañando la convivencia de los seres humanos. Y el esclavismo, que escondía algunas raicillas, ha rebrotado de forma violenta disfrazado con fórmulas que huelen a vaselina y neologismos hipnotizadores.
Sinhué
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18 de mayo de 2018
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La película se proyectó en el Festival de Cine de Venecia en 2017 donde ganó el Premio Especial del Jurado, ocho años después de que Warwick Thornton su director fuera galardonado con la prestigiosa Camera d'Or en el Festival de Cannes por  Sanson y Dalila en 2009.

Warwick Thornton toma una historia verdadera ocurrida a principios del siglo pasado para mostrarnos un western en unos parajes australianos preciosos donde el racismo de los colonos ingleses  hacia los aborígenes era brutal. Toda una época oscura donde el sistema judicial empezaba a tomar forma gracias al avance de la civilización pero que para muchos habitantes era un "atraso" acatar ciertas leyes.

Sam Neill interpreta a un predicador que convive con el aborigen Sam (Hamilton Morris) y su esposa, cuando una disputa con el vecino del rancho de al lado acaba con la muerte del hombre blanco en defensa propia por parte de Sam,  da lugar a una persecución y a un largo juicio. También aparece Bryan Brown (F/X) en el reparto como un soldado fronterizo.

Muy bien filmada con una excelente fotografía y muy buenos diálogos, pero con un ritmo algo lento a la hora de contar esta historia que resulta también bastante predecible. Pero en resumidas cuentas es una buena película que nos muestra bastante bien una época colonialista de los británicos con el inicio de la independencia de un nuevo país, así como el racismo hacia los nativos australianos por parte de los nuevos invasores.
Destino Arrakis.com
videorecord
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