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Route Irish

6,2
1.376
votos
Año
2010
País
Reino Unido
Director
Reparto
Género
Drama. Thriller | Guerra de Iraq
Sinopsis
"Route Irish" es el nombre de la peligrosa carretera que une el aeropuerto de Bagdad con la zona internacional de la ciudad. Se trata de un análisis de las secuelas de la guerra en dos soldados británicos que se enamoran de la misma mujer y se desplazan a Irak para trabajar como contratistas privados. Cuando uno de ellos (Mark Womack) regresa a su país, experimentará profundos sentimientos de tristeza y amargura, agravados por la muerte de un amigo. (FILMAFFINITY) [+]
Críticas ordenadas por:
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26 de diciembre de 2011
17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con Loach sucede que cierto sector de la crítica suele ser adverso a los planteamientos de sus películas, a veces con justicia por los sesgos que se aprecian en los mensajes de ciertos trabajos, pero sobre todo por su perfil netamente crítico y claramente próximo a un tipo de izquierda tan escasa como incómoda. De aquí que se trate de la película que se trate, surge siempre una tentativa de menoscabar sus logros, de ignorar su relevancia entre los estrenos semanales y de buscar cómo cuestionarla, ni que sea recurriendo a argumentos banales.

Bien, pues mi consejo es que el público ignore a los críticos profesionales y se acerque con interés a esta obra, pues se trata de un muy buen trabajo cinematográfico, aunque ciertamente desolador. De manera muy descarnada, el cine de Loach no transporta esta vez a los transfondos de la ocupación iraquí; no acerca a los ridículamente denominados "daños colaterales", y nos muestra a las claras la conducta criminal con que ciertos sectores de los países desarrollados se comportan en ese conflicto. Al mismo tiempo, Loach nos habla del precio que deben pagar aquellos que se ven inmersos en la violencia iraquí, que tanto se cobra en secuelas físicas, como psíquicas o vidas perdidas.

Con Loach prosigue el crudo relato de nuestro tiempo, un tiempo de oscuridad que poco tiene que envidiar al recientemente superado siglo XX y en el que a medida que avanzamos, no sólo desaparece el optimismo hacia lo que podemos llegar a ser, sino que comprendemos que las cosas van a ponerse peor. Sólo si sabemos donde estamos exactamente tendremos la oportunidad de romper esa tendencia. Y algunos como Loach nos ayudan mucho a conseguirlo.
branhunter
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26 de julio de 2013
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Frankie era un soldado fuera de lo común. Era firme y justo. Odiaba las corbatas porque de seguro también sabía que son el símbolo de la hipocresía. Y estaba peleando en Irak, porque a veces estamos “en el lugar equivocado en el momento equivocado”. En la Ruta Irish (carretera que une al aeropuerto de Bagdad con la llamada Zona verde), considerada entonces por muchos como la más peligrosa del mundo, Frankie es asesinado junto a tres soldados colombianos que le acompañaban. Su gran amigo, Fergus Malone, ex-compañero de estudio, de luchas y de juergas, se duele en el alma con lo sucedido y ahora quiere saber la verdad a cualquier precio, cuéstele lo que le cueste.

Un fuerte y esclarecedor guión de Paul Laverty, que nos permitirá ver desde adentro algunos de los sucios manejos que se produjeron en la inventada guerra contra Irak, sirve de nuevo al director ken Loach para poder confirmar que toda guerra es sucia.

Infamias, manipulaciones, complicidades, intereses mezquinos e individualistas, atropellos contra la sociedad civil, abusos de autoridad, prepotencia y salvajismo… son algunos ingredientes que aquí están muy bien mezclados y mejor servidos (incluso con ayudas documentales), para corroborar que toda guerra es asquerosa. Con razón, tantísimos soldados luego de cada guerra se vuelven esquizofrénicos, depresivos y/o suicidas. Y es que haber visto lo que se ha visto y tener que callarlo, o haber hecho lo que se ha hecho y tener que recordarlo, puede volver loco a cualquiera.

Con estupendas actuaciones de Mark Womack (Fergus), el ex-combatiente herido en el alma, dispuesto a esclarecer la muerte de su mejor amigo a costa de la propia vida si es necesario; y de Andrea Lowe (Rachel), la mujer que también busca la verdad, mientras su corazón comienza a sentir que también puede amar lo que mucho apreciaba su fallecido compañero, Loach se adentra en los asuntos de la guerra, prefiriendo los intríngulis internos que nos permiten comprender que, los intereses de quienes incitan a la guerra, no se parecen en nada a los que trasmiten a los soldados para que por ellos maten o se hagan matar.

Con maestría y sobriedad, con objetividad y espíritu confiable, Ken Loach demuestra una vez más, lo mal que estamos manejando este planeta que nos han dado a cargo. Y si a mí me preguntaran: ¿cuál es la carretera más peligrosa del mundo? Diría que es cualquiera que lleve a un hombre con el firme deseo de eliminar a otro hombre, porque es indefectible, que al único que puedes hacerle daño es a ti mismo… y un día llegará en que podrás corroborarlo.

Título para Latinoamérica: “LA VERDAD A CUALQUIER PRECIO”
Luis Guillermo Cardona
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24 de diciembre de 2011
8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Por ''Route Irish'' se conoce a la carretera que va del aeropuerto de Bagdad a la llamada Zona Verde de la capital iraquí. Conecta las que en teoría son las áreas más seguras de toda la nación, aquellas en las cuales se orquesta la reconstrucción de un país sumido en el caos. Mientras se esté en una de ellas, supuestamente no hay que temer por nada. Sin embargo, y precisamente por esto, el trayecto de una a la otra es un auténtico infierno. Un caramelo al que los terroristas acuden en masa y con las peores intenciones. Por algo es oficialmente, la carretera más peligrosa de todo el mundo. El terreno ideal para, o bien frivolizar un poco y recibir un buen chute de adrenalina, o bien ponerse serio y documentar una realidad aterradora.

¿Adivina alguien qué ruta ha elegido Ken Loach para su nueva película? Efectivamente, la segunda; la única que conoce, o al menos aquella en la que se siente más a gusto. Hora pues para adoptar un posado serio, dejar las risas para otro rato y afilar el dedo acusador, que en esta ocasión hace una finta antes de apuntar a su verdadero objetivo. A saber, el detonante de la historia de 'Route Irish' es un accidente que tiene lugar en Irak, pero la fuente del mal está, cómo no, en occidente, que por decirlo claro, acaba comiéndose lo que ha estado cocinando a lo largo de estos últimos años de infames políticas imperialistas: un plato indigesto y de horrible sabor, cuya ingesta no desearíamos ni a nuestro peor enemigo.

Ken Loach sin embargo lo saca del recetario de los horrores, lo cocina a fuego lento y nos lo estampa en la cara, como a él le gusta hacer. Para que el que esté delante de la pantalla pase un mal rato, para crear conciencia... la respuesta queda en manos del espectador. Lo que no admite discusión es que, para bien o para mal, 'Route Irish' es la enésima evidencia de que el veterano Mr. Loach tieme tiene una fe inquebrantable hacia su manera de entender el cine. Deudor de la vieja, viejísima tradición documentalista británica, su ojo huye siempre de cualquier adorno o filigrana técnica para intentar mostrar la realidad tal como es, si es que esto es posible en el cine, incluso en cualquier tipo de arte.

De este modo, palabras como ''diversión'' y ''espectáculo'' quedan debajo de todo en el ranking de prioridades de dicho cineasta, que por convicción, lo empeña todo al poder de una historia, a ser posible con connotaciones de drama social, y que debe valerse por sí misma. En esta ocasión Loach ofrece no obstante algún que otro detalle a destacar, como la fijación en seguir parte de la historia a través de la omnipresente red de redes (ya es innegable, la revolución 2.0 ha pasado a jugar a todos los niveles un papel fundamental en nuestras vidas), o el poco miedo a introducir breves pero intensas escenas de acción, filmadas sin excesivas pretensiones, como era de esperar, pero con buen resultado.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
reporter
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22 de diciembre de 2011
6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta "Ruta irlandesa" surge de otro guión más de los que tiene ya costumbre escribir Paul Laverty para Ken Loach. La muerte de un soldado en la guerra de Irak dará pie a que su mejor amigo y su novia no se resignen con la versión oficial e indaguen en lo sucedido. A partir de ahí, drama y thriller se entremezclan con irregular resultado.

Si bien el componente dramático en las relaciones entre los protagonistas y en su sentimiento hacia el fallecido se desarrolla de modo natural, llevando hasta un lógico clímax donde el tormento interior y la sed de venganza se anteponen al amor o la amistad, no sucede lo mismo con la parte que se supone de intriga y tensión según evolucionan las investigaciones. Dicha evolución aparece bastante descafeinada entre farragosas y vertiginosas revelaciones carentes de emoción y sumamente previsibles, hasta tal punto que se termina por transmitir al espectador cierta frialdad que a su vez acaba empañando a los personajes y afectando a la propia visión del drama que finalmente crea más indiferencia por el destino de los personajes que inquietud.

Realización, interpretaciones, fotografía, música..., todo correcto, demasiado correcto, tan correcto que carece de alma propia, sirviendo así a ahondar ese sentimiento de frialdad. La película se deja ver, pero no revuelve las entrañas como debiera lo que se supone que nos cuenta sobre la brutalidad de la guerra y la corrupción de quienes en ella se implican. Simplemente el espectador se deja llevar para ver en qué acaba todo esto, y aunque el desenlace sube algunos enteros, no termina de compensar más de anodina hora y media.

Mientras la veía me venía a la memoria "Missing" de Costa-Gavras, seguramente porque es un buen ejemplo de una temática similar pero en la que guión y dirección saben reunirse para que drama e investigación se complementen llegando a absorber al espectador e introducirle de lleno en la odisea de los protagonistas que igualmente luchan por desentrañar la verdad que se esconde tras una versión oficial en un conflicto. No, definitivamente el incidente en la ruta que une el aeropuerto de Bagdag con la zona verde iraquí no causa en este caso la misma desazón y angustia que aquel periodista desaparecido durante el golpe de Estado de Pinochet en Chile.
Pedro
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31 de agosto de 2012
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
A sus 75 años, Ken Loach es el director europeo de cine social más reconocido en España. Sus, hasta el momento, veintiún largos de ficción y su treintena de telefilms serán tesoros en manos de aquellos estudiosos de generaciones futuras que deseen profundizar en la realidad actual más allá de la verdad oficial.

Sistemática y paradójicamente, sus cintas reciben la crítica de adoptar una posición maniquea. Sin embargo, en la última, «Route Irish», el personaje principal, bajo cuyo punto de vista se desarrolla la trama, es un malo auténtico a quien difícilmente se justifica. A quien, sin embargo, se comprende.

El objetivo del film es la denuncia de los desmanes de la guerra, en la que los indeseables y los perversos no se encuentran sometidos a otra ley que la de la fuerza, la debilidad del ciudadano de base ante los juegos de poder que deciden la deriva de los hechos.

La guerra de Irak, como la construcción de obra civil en España, ha enriquecido tanto a siniestros personajes como expoliado las arcas comunes. En el centro del bocadillo quedan la población del país asiático y aquellos soldados occidentales y de otros continentes atraídos por salarios nunca alcanzables en su entorno habitual. El pan lo forman contratistas globales de una guerra privatizada en la que se mueven grandes cifras para la seguridad y la reconstrucción del orden en urbes previamente devastadas a conciencia.

A la trama se incorpora un relato de amistad que constituye una de las líneas del guión más interesantes por lo inhabitual en el cine actual. Un argumento que fue profusamente tratado en tiempos, por ejemplo de Paul Newman y Robert Redford.

El film está bien interpretado, transcurre a ritmo muy atractivo, transmite sentimientos y mantiene la llama de la denuncia. Sólo se ve lastrado por un final absolutamente inverosímil. Hasta llegar a este último punto, todo fue tremendamente creíble, horriblemente cierto.
Inaki Lancelot
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