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Joker

Thriller. Drama Arthur Fleck (Phoenix) vive en Gotham con su madre, y su única motivación en la vida es hacer reír a la gente. Actúa haciendo de payaso en pequeños trabajos, pero tiene problemas mentales que hacen que la gente le vea como un bicho raro. Su gran sueño es actuar como cómico delante del público, pero una serie de trágicos acontecimientos le hará ir incrementando su ira contra una sociedad que le ignora. (FILMAFFINITY)
Quien ríe primero, ríe mejor
La lucha por la hegemonía en la forma y el discurso de la superhero movie, se ha reducido, desde que éste es el subgénero de referencia en el cine-espectáculo, a una guerra librada prácticamente por dos bandos. De momento, y a juzgar por los resultados en taquilla, el partido lo va ganando, por goleada, la trinchera de la Disney/Marvel. De esa omnipotente factoría cuya meticulosidad en la planificación del calendario de producción, debería estudiarse, durante muchas décadas, en todas las escuelas de marketing del mundo. De esos genios en captar y alimentar el espíritu de nuestros tiempos; poseedores, por lo visto, de la fórmula infalible en la preparación de un blockbuster.

En el otro lado del cuadrilátero, tenemos la dupla compuesta por Warner Brothers y DC Comics, a la que los famosos “planes quinquenales” de la competencia acostumbran a pillar con la guardia baja. El momento de gloria de dicha sociedad cabría vincularlo a la trilogía que Christopher Nolan diseñó para el “hombre murciélago”, y la debacle, como decía, con la ruta hacia ‘La liga de la Justicia’. Es decir, con los patosos intentos por seguir la estela triunfal de Marvel Studios. De modo que el panorama nos deja, por una parte, la seguridad de una serie de películas que siempre cumplen, porque siempre saben a dónde van. Es el confort que solo puede ofrecer la rutina; la homogeneidad.



Por otra parte, está el rumbo errático de los responsables de desastres como ‘Batman V. Superman: El amanecer de la Justicia’, de Zack Snyder... pero también de la gloria disparatada de ‘Aquaman’, ese chapuzón a cargo de James Wan. En esta casa, salta a la vista que la estrategia a gran escala brilla por su ausencia, lo cual otorga a sus propuestas un carácter apriorístico de ruleta rusa. Ahora mismo, acercarse a un film del Universo extendido de DC es enfrentarse a lo desconocido... lo cual, todo sea dicho, no deja de recordarnos aquello que la superhero movie parece que quiera que olvidemos: el gozo de sorprenderse ante un descubrimiento.

O mejor aún, esa alegría más o menos malsana, que solo puede surgir de la alineación más improbable de astros. Supongamos, para hacernos a la idea, que a un insensato se le ocurre financiar a otro insensato... para que haga lo que tiene toda la pinta de ser una soberana insensatez. Supongamos que Todd Phillips propone adentrarse ahí donde los puristas opinan que nadie puede regresar con vida. Supongamos, por último, que el principal responsable detrás de ‘Resacón en La Vegas’ o ‘Aquellas juergas universitarias’ convence a Joquin Phoenix para rodar una historia sobre los orígenes del Joker, el que seguramente sea el villano más icónico del universo Batman.



Recordemos, a tales efectos, que en ‘El caballero oscuro’, Christopher Nolan (todo inteligencia y sentido común), entendió que debía esquivar esta materia en su retrato del némesis. El mito del génesis de ese mal supera su condición de tabú, y lo hace invirtiendo las tornas, los roles y las percepciones. Parece que es una tragedia, pero a lo mejor es una comedia: ‘Joker’, de Todd Phillips es el mundo al revés. En ella, el presunto malo se erige en protagonista indiscutible de la función, y los buenos, son en realidad los instrumentos opresores de un sistema que parece haber sido diseñado con el único propósito de aplastar a los más débiles. Es extraño, y como tenía que ser, ahí está el encanto.

De hecho, si nos ciñéramos solo a los elementos más superficiales del conjunto (como por ejemplo, la total ausencia de efectos visuales digitales) hasta podría entrarnos la tentación de sacarlo de los dominios de la superhero movie. Lo que pasa es que éste se empeña en adoptar, de forma muy socarrona, los mecanismos, tempos y metas de este tipo de películas. En este sentido, ahí va otro aspecto que podría parecer banal, pero que en realidad es fiel reflejo del espíritu del producto: al empezar la proyección, no queda ni rastro del logo de DC, solo vemos el de Warner Bros., cuyo diseño nos recuerda al que dicha firma usaba en la década de los setenta. Bingo.



Los tics “scorsesianos” con los que Todd Phillips levantó ‘Juego de armas’, su último trabajo hasta la fecha, se confirman ahora en una película que parece construida sobre el recuerdo del Nuevo Hollywood. Gotham, ciudad en la que literalmente se acumulan 10.000 toneladas de desechos a causa de una crisis en la gestión de residuos, es como un eco de aquella Nueva York en la que Travis Bickle sentía un profundo asco hacia toda la basura humana que, según él, le rodeaba. Pues bien, por esas infectas calles deambula un pobre diablo que cuando se ríe (y esto ocurre cada dos por tres) parece que esté vomitando todos los males que le corroen por dentro.

Joaquin Phoenix, escultura humanoide a punto de resquebrajarse, se deprime más y más, porque todo a su alrededor se viene abajo. Metros oxidados, luces de neón intermitentes, instituciones inoperantes... es el estremecedor alarido de un sistema público que está siendo engullido por una pesadilla neoliberal deshumanizadora. En algún callejón oscuro, Alan Moore asiente. Con un aire tan densamente contaminado, las carcajadas se convierten en tos nerviosa, y la sonrisa en el primer síntoma de una enfermedad que se extiende mucho más allá del cuerpo...



O esto es lo que las apariencias nos sugieren, porque ya desde las primeras escenas, Todd Phillips deja claro que está permitiendo que el aparato cinematográfico con el que está jugando, se contagie de las afecciones mentales de su protagonista. Como en ‘El rey de la comedia’, hay varios tramos de la acción que no queda claro si transcurren de verdad, o si por el contrario son solo el producto de una imaginación malsana. De modo que existe la constante amenaza de ilusión ante todo lo que estamos viendo. Una decisión que dota de una tremenda autonomía a la historia, liberándola de la carga de encajar con otras.

Phillips renuncia a la tentación del relato episódico, y con ello, se desentiende aún más de las teóricas exigencias híper-explotadoras de la industria. Lo mejor de ‘Joker’ es que no se cansa de demostrar que detrás esconde a un cineasta utilizando el universo prestado... y que nunca es la adaptación la que le está utilizando a él. Ésta es, al fin y al cabo, una película amoral, que al igual que los más memorables planes de tan siniestro bufón, parece concebida para sembrar el caos con total impunidad. Porque la anarquía tiene un componente humorístico irresistible, incluso liberador. Porque esto es lo que este mundo corrupto se merecer. Perderse para encontrase: gloria bendita.
Escrita por Víctor Esquirol (FilmAffinity)
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