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Háblame de ti

5,1
338
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Sinopsis
Alain es un respetado hombre de negocios y un brillante orador. En su vida, no hay lugar para el ocio o la familia. Un día, sufre un derrame cerebral que frena su brillante carrera profesional y le causa problemas profundos en el habla y la memoria. En su rehabilitación cuenta con el apoyo de Jeanne, una joven logopeda. A fuerza de trabajo y paciencia, Jeanne y Alain llegarán a conocerse y él intentará reconstruirse y empezar una nueva vida. [+]
La bondad está en el interior...
Fabrice Luchini, un comediante monumental, es la razón de ser de Háblame de ti. El actor fetiche nada menos que de Eric Rohmer impregna toda la película, engrandece sus mejores momentos y anima un tanto los peores, que son los más abundantes. En el fondo, esta comedia, tan entretenida como liviana, no pasa de ser una llamada a la bondad humana, esa que solo espera una oportunidad para manifestarse: la sombra de Intocable sigue cubriendo buena parte de las comedias francesas.



La cosa es que Luchini es un atareado y arrogante hombre de negocios, de esos tan retratados en el cine, que sufre un derrame cerebral y ha de rehacer su vida y reaprender a expresarse con el apoyo de una logopeda. ¿Alguien duda de que ello le llevará a dejar de lado su altivez y a reconciliarse con su desatendida familia? Incluso quizá, vaya sorpresa, se sienta atraído por la mujer que lo atiende… De este modo, entre bromas y buenos sentimientos, la trama se desarrolla con sencillez, lanza alguna leve puya a la sociedad capitalista, al arribismo y al afán por la riqueza y el status social, enlaza gags afortunados con otros de lo más pedestres y, como en tantas películas del cine comercial contemporáneo, se envuelve en una banda sonora tan pertinaz como abusiva que pretende aportar intensidad a unas imágenes de extrema ligereza.

De consumo rápido y olvido veloz, Háblame de ti abunda con ahínco en su moraleja de reencuentro personal y lanza con obstinación su dulzona llamada al renacer de la benevolencia, mientras muestra que está rodada con el piloto automático accionado. Entretanto, a lo largo de unos excesivos 100 minutos, Fabrice Luchini, auténtico núcleo del relato, anima un tanto al espectador: despliega su técnica actoral, se mueve ante la cámara con la presteza y la eficiencia de quien se sabe dominador de su oficio y, en ocasiones, incluso hace olvidar por unos minutos lo prefabricado de la desvaída función.
Escrita por Miguel Ángel Palomo (FilmAffinity)
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