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Irlanda Irlanda · Gijon
Críticas de pipona
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Críticas 95
Críticas ordenadas por utilidad
10
26 de noviembre de 2007
18 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nostalgia (definición de Wikipedia): "describe un anhelo del pasado, a menudo idealizado y poco realista.
La nostalgia es referida comúnmente no como una enfermedad ni un campo del estudio, sino como un sentimiento que cualquier persona normal puede tener. La nostalgia se puede asociar a menudo con una memoria cariñosa de niñez, una persona, un cierto juego o un objeto personal estimado."


Esta película tendrían que exigirla en la asignatura de educación para la ciudadanía, en ética, en religión, incluso en clase de matemáticas. Deberían ponerla en los recreos, en las iglesias, en los descansos de los partidos de fútbol, en los parques, a la hora del bocata en el curro, en el metro…
Debería existir un canal monotemático, tigretones con cromos de Toto y Alfredo y pizzas Giancaldo…

Impresionante.
Un maravilloso viaje a la infancia, a los recuerdos más entrañables, a la verdadera amistad, al primer amor…a la vida. El conmovido homenaje a una época dura y cruel, llena de dificultades, pero repleta de esperanza.
Las interpretaciones,(sobre todo Noriet), la dirección, y la banda sonora de Morricone son sencillamente antológicas. El magnífico desarrollo de la historia y sus personajes, esas inolvidables secuencias de la iglesia donde se proyectaban aquellas películas “sin besos” y el hermosísimo final, homenaje al cine y su maravillosa historia, sitúan con merecimiento a Cinema Paradiso en lo más alto del olimpo cinematográfico.
pipona
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10
23 de noviembre de 2007
16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay directores que se pasan una vida intentando realizar una obra maestra.
Por un lado están los cineastas mediocres que llegado el caso, dado su grado de ineptitud, dejan pasar ante sus propias narices la única oportunidad que se les presenta. De este tipo hay algunos.
Después están los supuestamente consagrados realizadores a los que la oportunidad les llega más a menudo. Son los que tienen la suerte de contar con más posibilidades económicas y mejores medios en general, logros supuestamente conseguidos a base de meterse al público en el bolsillo. Estos normalmente suelen tirar por el retrete todas sus oportunidades llevados por su excesivo ego, o por su falta de recursos llegado el momento de la verdad. De este tipo hay muchos, demasiados.
Por último están los genios, tipos que saben que su oportunidad tiene que llegar. Son aquellos que nacieron para hacer algo grande. Que vinieron a este mundo con una idea preconcebida, con un sueño, y que ni locos la dejarán escapar. De estos hay pocos, muy pocos.
Sergio Leone era uno de ellos. Tenía su sueño, su idea, solo tenía que esperar el momento, su oportunidad. Quería plasmar en una sola película, en una sucesión de imágenes ininterrumpidas una historia que solamente él veía en su imaginación.
Esa oportunidad llegó, y él la aprovecho como solo los más grandes saben hacerlo.

Y lo hizo filmando una película única, mágica. Un descomunal canto al amor y a la amistad imperecedera, una historia irrepetible.

Y lo hizo por encima de todas las reglas establecidas en el cine: excesivo metraje, ritmo narrativo lento, enormes saltos temporales…, siguió a lo suyo, se lo pasó todo por el forro, hizo oídos sordos y se dispuso a realizar su sueño.

Y lo hizo sabiendo que algún día el tiempo le daría la razón, que las generaciones venideras sabrían reconocer en esta inconmensurable epopeya su inigualable talento y su inmenso amor por el cine.

Y lo hizo...
Gracias por hacerlo, Maestro.
pipona
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1
2 de abril de 2008
13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una de las mayores diarreas fílmicas de la historia. Impresionante: De mala que es da risa..., o pena.... o las dos cosas.
La vi como solo se pueden ver estas mierdas: Tirado en el sofá, con una resaca tan atroz que no tenía ni ganas de apretar otro número en el mando a distancia. Por eso y por el par de buenas razones de la tal Jenya Lano.

Tres completos anormales (lo del Baldwin es literal) se juntan para secuestrar a un pibón del 15 y forzarla a rodar una película porno. Lo de forzarla es un decir, porque a la tía le acaba gustando más que a un tonto un lápiz.

No se quien es este tal Mark L.Lester pero él, sus guionistas y los "visionarios" productores, pueden meterse este descomunal bodrio por el ojete.com.
pipona
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10
19 de noviembre de 2010
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si uno desea reírse con ganas, no tiene más que poner en su DVD películas hilarantes como "La vida de Brian", "El jovencito Frankenstein", o "El guateque". Películas con las que es fácil acabar con dolor de barriga y la mandíbula desencajada.

Si lo que se desea es un humor negro, crítico y mordaz, lo idóneo es buscar una comedia de costumbres. Se introduce en el aparato algo de Allen o los hermanos Coen y la tarde está resuelta.

Si lo que alguien busca es una comedia desenfrenada y delirante, repleta de personajes absurdos y exagerados, que le haga un guiño a la censura de la época, y que la caricaturice de manera sutil, no tiene falta de ir muy lejos.

Luis García Berlanga era un puto genio. Uno de esos elegidos para la gloria cinematográfica. Alguien capaz de soltarte a la cara un plano secuencia de 20 minutos en una casa atestada de gente rara, sirviéndose únicamente de sus dotes cinéfilas y de unos diálogos absurdos e hilarantes.

"- Yo soy dentista, no puedo firmar una defunción
- ¿Si alguien se muere en su consulta, que es lo que hace?
- Llamo al forense"

El mismo que es capaz de convertir un desfile de pascua en un descojone padre, con mil y un personajes inolvidables y extrañamente familiares.

"- Pero señores, estamos pasando ante un sepelio y no han parado de tocar la música.!!
- Señor, les hemos hecho el saludo militar
- Ah, vale!, si han hecho el saludo militar... Vamos, vamos, sigan tocando. Alegría!!

Berlanga pertenece a esa generación de realizadores inmortales, temibles con la cámara, pero que te mataban si los leías entre líneas. Aquellos que convertían una historia cruel en un cuento de hadas.
"Plácido" es una cinta repleta de tristeza, de desmoralización, y de personajes que rozan el esperpento.
Hipocresía, doble moral, desfachatez supina. Un puñado de personajes miserables en el incomparable marco de la postguerra española.
Todo ello aderezado con un guión antológico, sucesión incansable de situaciones inverosímiles. Una historia de infelicidad, bañada con la más grande de las sonrisas.
Todo en "Plácido" es muy grande, pero el final roza la perfección absoluta. Casi hora y media con la mandíbula hecha trizas, para soltarte un directo al estómago, ese sitio que los boxeadores buscan para dejar sin aliento al rival, y que Berlanga consigue en forma de villancico demoledor, una guinda maravillosa, y que recuerda al espectador, por si se le había olvidado, en que época y situación está rodada esta obra maestra.

“En este mundo no hay caridad, ni nunca la ha habido, ni nunca la habrá”

De haber nacido en Italia, se hubiera codeado con los grandes realizadores neorrealistas. De haberlo hecho en Norte América, estaría sentado en la misma mesa que los Billy Wilder, Capra y compañía.

Pero Berlanga es español, nuestro, único e irrepetible.
pipona
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9
22 de diciembre de 2008
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Adentrarse en una sala de cine a ver una película de Clint Eastwood es un valor seguro. Cada céntimo que cuesta la entrada sale rentable.
Eastwood no cuenta historias, las disecciona línea a línea, plano a plano.
Eastwood no profundiza en los personajes, te los muestra tal cual son.
Eastwood no recrea una determinada época o situación, se dedica a transportar al espectador, cual máquina del tiempo, a donde le salga de las narices. Sin trucos de artificio, sin extras. Un par de Lincoln tipo L, unos cuantos uniformes de policía olvidados, sombrero por aquí, vestido de época por allá, y ya estás en Los Ángeles de finales de los años 20.
Eastwood no es un director clásico, es el Howard Hawks del siglo XXI.

Sus películas pueden gustar mucho, o poco, pueden dejar al espectador más o menos satisfecho, pero todas y cada una de ellas están rodeadas de una atmósfera que huele a cine puro por los cuatro costados. Con sus virtudes y sus defectos, sentarse en la butaca a ver una película suya es un placer para todos aquellos que amamos el séptimo arte.

El Intercambio no solo es la mejor película que se ha estrenado en el 2008, es también una de las mejores de su impresionante filmografía. Eastwood vuelve a convertir un guión del montón en una obra maestra. Es único en la dirección de actores, saca de ellos todo lo que le interesa para que la historia siga su curso. No pierde el tiempo en minucias ni cosas banales. Coge un poco de uno, un poco de otro y te lanza a la cara una historia, y de paso aprovecha la situación para cagarse en todo aquello que le saca de quicio. ( Otra vez dramas infantiles, otra vez periodistas manipulados, otra vez policía y sistema corruptos.)
Centrando la narración en el personaje de una fantástica Angelina Jolie, (me gustaría que se dejaran las manías y prejuicios que se tienen hacia su persona en la taquilla del cine), a la que yo si creí, desde la primera hasta la última escena, Eastwood crea una película brutal, terrorífica y en muchos momentos insoportable. Es capaz de dejar en evidencia a los más respetados realizadores del cine de terror con una sola secuencia, con un antológico flasback que pasará a los anales del cine.

Interpretaciones, banda sonora, puesta en escena, ritmo narrativo,… Es tan inconfundible su sello, que si mediada la película, alguien se sienta a verla sin saber nada de ella, con ver 10 minutos de cualquier escena, sabrá de inmediato quién está detrás de la cámara.
Una cinta desgarradora y emotiva, que te deja pegado al asiento sin pestañear y que hace, que salgas de la sala con la sensación de haber asistido a algo realmente grande.

Algo a lo que afortunadamente, Clint Eastwood, nos tiene cada vez más acostumbrados.
pipona
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