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15 de julio de 2009
15 de julio de 2009
16 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
La barbarie de los nazis contra los judíos ha sido tratada desde infinidad de puntos de vista en todos los formatos narrativos posibles.
En el caso de “La tienda de la Calle Mayor” estamos ante un mensaje de corte universal, pero sin dejar de lado las raíces regionales que favorecen y engrandecen a la filmografía checoslovaca.
El mensaje que se nos plantea es claro y rotundo: un hombre sumamente piadoso no sabe cómo enfrentarse a la espinosa situación de expropiar de su desvencijada tienda a una anciana por ser judía, y ésta no es capaz de comprender la circunstancia actual (bien por sorda o más bien por la incongruente situación).
Además, al visionar esta película me viene a la mente el famoso cuento “El niño con el pijama de rayas”, cuyo mensaje, también global, se asemeja bastante al de ésta, por lo que su autor seguramente haya bebido de éste imprescindible film a la hora de plasmar ese breve relato tan aclamado.
A lo largo de la película vemos cómo los nazis acechan a paso agigantado y no puede haber sospechas de un comportamiento compasivo hacia los judíos. De hecho, según dice Markus, el caudillo fascista local y cuñado del protagonista Anton Brtko: “...ayudar a un judío es peor que ser uno de ellos...”. Con ese percal cualquiera se pone en plan humanitario. Pero Anton es un tipo que no acaba de comprender muy bien del todo la situación que se barrunta y le va a resultar complicado llevar a cabo tan desdichada tarea.
Se trata de un film fundamental, además de por el contundente mensaje que posee y de que para vislumbrar las atrocidades del Holocausto ya está “Shoah”, porque se trata de una cinta repleta de recursos cinematográficos magistrales, como muestran algunos de sus planos, una acertada banda sonora y su prodigioso final.
En el caso de “La tienda de la Calle Mayor” estamos ante un mensaje de corte universal, pero sin dejar de lado las raíces regionales que favorecen y engrandecen a la filmografía checoslovaca.
El mensaje que se nos plantea es claro y rotundo: un hombre sumamente piadoso no sabe cómo enfrentarse a la espinosa situación de expropiar de su desvencijada tienda a una anciana por ser judía, y ésta no es capaz de comprender la circunstancia actual (bien por sorda o más bien por la incongruente situación).
Además, al visionar esta película me viene a la mente el famoso cuento “El niño con el pijama de rayas”, cuyo mensaje, también global, se asemeja bastante al de ésta, por lo que su autor seguramente haya bebido de éste imprescindible film a la hora de plasmar ese breve relato tan aclamado.
A lo largo de la película vemos cómo los nazis acechan a paso agigantado y no puede haber sospechas de un comportamiento compasivo hacia los judíos. De hecho, según dice Markus, el caudillo fascista local y cuñado del protagonista Anton Brtko: “...ayudar a un judío es peor que ser uno de ellos...”. Con ese percal cualquiera se pone en plan humanitario. Pero Anton es un tipo que no acaba de comprender muy bien del todo la situación que se barrunta y le va a resultar complicado llevar a cabo tan desdichada tarea.
Se trata de un film fundamental, además de por el contundente mensaje que posee y de que para vislumbrar las atrocidades del Holocausto ya está “Shoah”, porque se trata de una cinta repleta de recursos cinematográficos magistrales, como muestran algunos de sus planos, una acertada banda sonora y su prodigioso final.
26 de julio de 2009
26 de julio de 2009
15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ni con una ambientación más que satisfactoria, ni con unos actores reputados se consigue contemplar un homenaje a Chaplin en condiciones. Y el responsable no parece ser Richard Attenborough, sino el propio Charlie Chaplin, más bien porque si hacer un “biopic” es ya de por sí atrevido, en el caso de la recreación de una vida en la que se desencadenaron obras cinematográficas que han pasado a la historia como auténticos iconos, no sólo cinematográficos, sino del siglo XX, es todavía más complejo en cuanto a las expectativas que se despiertan.
Y es que la representación de los principales altibajos que surgieron en la vida de este irrepetible cómico sabe a poco. Seguramente porque uno espera reencontrarse con sus fabulosas obras, mientras que lo que realmente encontramos es una vertiginosa sucesión de acontecimientos que difícilmente llegan a ponerse a la altura de aquel hombre cuya fascinante silueta se ha paseado por todo el planeta prácticamente desde que se creó.
Y es que la representación de los principales altibajos que surgieron en la vida de este irrepetible cómico sabe a poco. Seguramente porque uno espera reencontrarse con sus fabulosas obras, mientras que lo que realmente encontramos es una vertiginosa sucesión de acontecimientos que difícilmente llegan a ponerse a la altura de aquel hombre cuya fascinante silueta se ha paseado por todo el planeta prácticamente desde que se creó.

Robert Downey Jr.
Por lo que tan solo nos queda pasar el rato con una, eso sí, rotunda declaración de buenas intenciones hacia la figura de Chaplin. Para deleitarnos de verdad ya tenemos sus películas, que son una joya imperecedera patrimonio de la humanidad.
10 de octubre de 2010
10 de octubre de 2010
16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Se ha hablado mucho de León de Aranoa en el cine español de los últimos años. Desde que debutara con 'Familia' en 1996, ha conseguido poner encima de la mesa un estilo bien definido. Sin llegar a establecer juicios de moral en las historias que cuenta, siempre ha sabido fijar su sello del compromiso social con ciertos límites. Lo que le ha permitido ganarse a la crítica y al público, pese a arrastrar en muchas ocasiones con la etiqueta de abanderado del - a veces denostado- cine social español.
En 'Amador' no hay nada que reprochar a su autor y director en cuanto a sus principios como cineasta. El principal problema que se le puede achacar se trata más bien del guión que plasma en pantalla. El planteamiento que nos ofrece es muy arriesgado respecto a los hechos que derivan de tan atrevida propuesta. Hace unas semanas ya comentaba a raíz del estreno de 'Todo lo que tú quieras' de Achero Mañas que una proposición tan osada no tenía las cartas a su favor para llegar a buen puerto. El caso de la cinta de Aranoa no es tan extremo como el de Mañas pero sí se puede decir que el director de 'Los lunes al sol' se mete en un berenjenal del que le es difícil escapar.
En 'Amador' no hay nada que reprochar a su autor y director en cuanto a sus principios como cineasta. El principal problema que se le puede achacar se trata más bien del guión que plasma en pantalla. El planteamiento que nos ofrece es muy arriesgado respecto a los hechos que derivan de tan atrevida propuesta. Hace unas semanas ya comentaba a raíz del estreno de 'Todo lo que tú quieras' de Achero Mañas que una proposición tan osada no tenía las cartas a su favor para llegar a buen puerto. El caso de la cinta de Aranoa no es tan extremo como el de Mañas pero sí se puede decir que el director de 'Los lunes al sol' se mete en un berenjenal del que le es difícil escapar.

Magaly Solier & Celso Bugallo
Magaly Solier, cuyas credenciales ya conocimos de sobra en 'La teta asustada', interpreta perfectamente a Marcela, una joven inmigrante que atraviesa momentos difíciles en España junto a su pareja. La muchacha encuentra trabajo cuidando del anciano Amador y la cinta va desarrollándose con soltura. Permanecen esos tintes de comedia siempre presentes en el cine de Aranoa, que permiten desahogar el clima dramático. Lo que ocurre es que hay un punto de inflexión en la trama, a partir de la terrible (y más que discutible) decisión que toma la protagonista. Esa invitación que se hace continuamente al espectador para identificarse con semejante conducta imprudente no es del todo efectiva.
A pesar de mantener las constantes del cine que le encumbró, la última película de Fernando León de Aranoa no queda nada bien resuelta. Deja la sensación de que se queda en idea. Una idea que no llega a cuajar. Especialmente, debido a su sorprendente y precipitado desenlace, más para salir del paso que con el ánimo de ofrecer una buena recompensa a todo el trabajo realizado hasta el momento. Casi mejor así que hacer realmente balance de la moraleja que se plantea. Bien es cierto que son tiempos de crisis y muchas personas están pasando por malos momentos. Pero de ahí a proponer tal insensata salida es, por lo pronto, descabellado.
A pesar de mantener las constantes del cine que le encumbró, la última película de Fernando León de Aranoa no queda nada bien resuelta. Deja la sensación de que se queda en idea. Una idea que no llega a cuajar. Especialmente, debido a su sorprendente y precipitado desenlace, más para salir del paso que con el ánimo de ofrecer una buena recompensa a todo el trabajo realizado hasta el momento. Casi mejor así que hacer realmente balance de la moraleja que se plantea. Bien es cierto que son tiempos de crisis y muchas personas están pasando por malos momentos. Pero de ahí a proponer tal insensata salida es, por lo pronto, descabellado.

Magaly Solier & Celso Bugallo
Por eso, uno empieza a plantearse ante estas películas que vienen de autores que firman ellos mismos sus guiones en solitario, si no será mejor buscar un trabajo en equipo a la hora de poner en marcha este tipo de proyectos. Se aferran a la autoría de sus obras, olvidando que corren el riesgo de que la avaricia rompa el saco.
28 de marzo de 2010
28 de marzo de 2010
16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
La comedia italiana en los 70’ ya había alcanzado una madurez importante gracias al aluvión de películas memorables y divertidas que nos han concedido autores como Fellini, Monicelli, Risi o el mismo Comencini. “Sembrando ilusiones” (vaya con las traducciones de los títulos), cuenta con un reparto excepcional e internacional, incluso se comenta que Joseph Cotten tuvo problemas con el director italiano por su “secundaria presencia” en pantalla. Además, encontramos un planteamiento cuanto menos pintoresco, con una Bette Davis haciendo de excéntrica ricachona, obsesionada con apostar a las cartas frente a un desdichado matrimonio, genialmente representado por Alberto Sordi y Silvia Mangano. En la cinta salen a relucir no sólo dos formas de vida contrapuestas, cuya sátira resalta con el enfrentamiento entre el estrambótico comportamiento del cuarteto principal. Sino que también se acompaña gratamente con unos secundarios muy bien expuestos, como es el revoltoso grupo de niños que destaca entre la multitud del pueblo que aguarda entusiasmada el resultado de las partidas de cartas más disparatadas que se recuerdan.
3 de diciembre de 2009
3 de diciembre de 2009
16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
En su ópera prima, Éric Rohmer nos muestra su faceta más visual al encontrarnos con una historia sobre la progresiva decadencia de un desheredado por las calles de París.
El aroma a “nouvelle vague” se respira en esos continuos paisajes urbanos filmados por una cámara con libertad de movimientos, mostrándonos la forma de vida de la capital francesa.
Es muy curioso que un director que se puede definir como “la prosa en imágenes” –por el protagonismo de las conversaciones en sus films– cuente en su primera película con que los diálogos brillan por su ausencia y lo que predominan sean las escenas de un hombre en soledad acompañadas de una música muy tolerable aunque un tanto agobiante.
El primer largometraje de Rohmer fue un fracaso. Seguramente su ritmo es algo complejo para un “novato” y el actor principal, Jess Hahn, no es francés y no deslumbra como sí hacían en aquel momento Jean-Paul Belmondo, Jean-Pierre Léaud o Jean-Claude Brialy.
Eso sí, con una carrera tan brillante como la de Rohmer, cualquiera firmaría un inicio desafortunado.
El aroma a “nouvelle vague” se respira en esos continuos paisajes urbanos filmados por una cámara con libertad de movimientos, mostrándonos la forma de vida de la capital francesa.
Es muy curioso que un director que se puede definir como “la prosa en imágenes” –por el protagonismo de las conversaciones en sus films– cuente en su primera película con que los diálogos brillan por su ausencia y lo que predominan sean las escenas de un hombre en soledad acompañadas de una música muy tolerable aunque un tanto agobiante.
El primer largometraje de Rohmer fue un fracaso. Seguramente su ritmo es algo complejo para un “novato” y el actor principal, Jess Hahn, no es francés y no deslumbra como sí hacían en aquel momento Jean-Paul Belmondo, Jean-Pierre Léaud o Jean-Claude Brialy.
Eso sí, con una carrera tan brillante como la de Rohmer, cualquiera firmaría un inicio desafortunado.
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