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Western

Drama Una cuadrilla de obreros alemanes sienta campamento en un pueblo búlgaro para levantar una central hidráulica. Molesta el descaro zafio de su despliegue, ofende la saña eficiente con que desarraigan el paisaje, y agravian con sus sudores masculinos de beberse la paga y silbar agudo al paso de las chicas. Va a estallar el conflicto...
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Críticas 19
Críticas ordenadas por utilidad
20 de enero de 2018
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un historia muy bien contada, con un ritmo que te va envolviendo y que te lleva hasta el final.
Tanto que acabas con ganas de ver un poco más y saber cómo continua la historia (buen signo éste ¿no?).
Plantea diferentes temas de discusión muy interesantes: como la prepotencia alemana, la mentalidad pueblerina, el valor de la amistad, o el machismo rancio.
manolodecompeti
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18 de marzo de 2020
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Además de una historia fronteriza y de vaqueros sin vacas, Valeska Grisebach, ha creado un relato que transita durante 100 minutos un campo plagado de minas, donde las amenazas circulan invisibles en el aire insano que respiran paisanos búlgaros y obreros alemanes; cabeza de puente, estos últimos, de empresas colonizadoras.

Los pueblos de la Europa de los capitales siguen estando tan lejos como lo estaban cuando había dos bloques. El no disponer de un idioma común sigue siendo un hándicap pero, como nos demuestra la película, no es el mayor de los problemas. Las diferentes velocidades que catalogan a las naciones como ricas o pobres, en función de su renta per cápita, en lugar de por su bagaje humano o cultural y el empeño en basar las relaciones en los intercambios comerciales, dejando de lado el aspecto cordial e incluso sentimental de la confraternización entre las gentes, nos está llevando a una unión sin alma donde el único vínculo identitario es el €uro.

La intranquilidad y el desasosiego, azuzados por actitudes arrogantes y machistas, son el resultado lógico; el mar de la desconfianza en que desembocarán los desencuentros entre los que se consideran invadidos y quienes parecen presumir por ser los invasores. Solo el hombre de pocas palabras, el más extraño de la cuadrilla de operarios, el prudente y misterioso, de nombre Meinhard, es capaz de conectar con los aldeanos y también con sus mujeres.

El lenguaje de la realizadora teutona, está despojado de alharacas, por lo que su obra puede resultar áspera, sin elementos opiáceos que distorsionen una triste realidad, a pesar de utilizar como curioso vehículo un género (western) que ha dado pie a románticas fantasías de héroes solitarios, en las que el bien, la amistad y los valores resultaban triunfantes.
Sinhué
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23 de agosto de 2018
2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Western" es el tercer largometraje de la directora alemana Valeska Grisebach, gracias al cual el año pasado obtuvo premios destacados como Un Certain Regard en Cannes, el Premio Especial del Jurado en el Festival de Sevilla y el Premio a Mejor Director en el Festival de Mar del Plata. Grisebach además de dirigir dicha cinta, estuvo a cargo del guión.

La historia de "Western" trata sobre un grupo de obreros alemanes que deciden ir a trabajar a una central hidráulica establecida en un pequeño pueblo de Bulgaria. El personaje perteneciente de esta cuadrilla en el que se enfoca Grisebach es Meihnard (interpretado por Meinhard Neumann), un hombre de unos 50 años, de apariencia tranquila y pocas palabras. Una vez establecidos en tierra búlgara, el choque contracultural con la gente del pueblo no tardará en manifestarse, siendo el eje de esto tanto la historia heredada entre ambos países, como la diferencia palpable de algunas costumbres. No obstante, mediante la aparición de un caballo perdido, Meinhard progresivamente se aproximará a los pueblerinos, y pese a las dificultades de comunicación a causa de la incomprensión entre idiomas, se intentará comunicar con ellos, logrando así una aproximación, y posteriormente cierto vínculo próximo a la amistad. Esto no caerá en gracia al supuesto jefe de la cuadrilla, que por el contrario chocará en reiteradas veces con la gente del pueblo, quienes tampoco tienen una buena imagen de él, sosteniendo de esta forma la brecha inicial.

Sin duda la historia que nos trae Valeska Grisebach en "Western" tiene una clara validez, presentado otro relato más de choques culturales, confrontaciones, y la posibilidad de generar un vínculo amistoso frente a las múltiples barreras que pueden aparecer. Los escenarios y fotografía cooperan en poner en sintonía al espectador, con una fuerte carga de escenarios naturales y paisajes amenos, que por momentos rememoran a algunas cintas de Werner Herzog. Grisebach se toma su tiempo a la hora de narrar las diferentes situaciones y de presentar en su totalidad a los personajes que conforman su relato. Sin embargo, como claro contrapunto, la duración del filme termina siendo demasiado extensa e innecesaria, dando la sensación de que la película por momentos está dilatada, generando baches y tornándose densa en algunos pasajes. Hay escenas que carecen de sentido, que dan la idea de estar de relleno, ya que su presencia no coopera a reforzar el entramado de la historia, sino que por el contrario provocan aburrimiento y la natural dispersión del espectador. Esto acorta la posibilidad de sentir empatía tanto con la narración, como con los protagonistas, pese a que la actuación de Neumann está a tono, siendo de lo más rescatable de esta cinta, que a fin de cuentas solo queda en buenas intenciones. Una verdadera lástima.
Manuel Esteban
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16 de febrero de 2019
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interesante propuesta de esta directora alemana prácticamente desconocida por nuestros lares, en su tercer largometraje. Declara Grisebach (Bremen / 1968) que el guión que también firma no se ciñe a una historia determinada sino a una idea inicial que va desarrollándose a la par que su ejecución. Influida por los westerns que veía en su infancia en la televisión y que despertaron su vocación por el cine la directora compone una visión del arquetípico héroe solitario, libre de toda atadura que camina lejos de un hogar y un pasado que arrastra y guarda celoso, en una constante búsqueda de su lugar en el mundo, de encontrar esa tierra, esa mirada, ese amigo, esa compañera..., que consigan que broten raíces donde pueda arraigarse. Un viaje constante lleno de violencia y peligros, machista, de hombres de corazas exteriores duras, de máscaras que ocultan sus sentimientos. Grisebach siendo mujer o quizás por ello captura estos sentimientos y arranca poesía en un frió tono documental, en un realismo (los actores no son profesionales, hablan diferentes idiomas...) extremo.

Traslada la acción a nuestros días con una Alemania como la potencia colonizadora en la propia Europa y el Oeste se convierte en el Este y Bulgaria son las tierras fronterizas donde chocan los prejuicios y las culturas donde el encuentro y el desencuentro provocan los terremotos, grandes y pequeños, sociales y particulares. Se sirve Grisebach de todos los estereotipos del género del western como puntos referenciales, desde los caballos, el paisaje, la partida de poker, los rostros duros y herméticos... y las miradas, sobre todo las miradas que expresan lo que no pueden hacer las palabras. En una acertada labor de casting los actores reflejan con acierto todo ese universo, donde Grisebach encuentra hueco para poder reflexionar sobre la Europa actual cargada de xenofobia.

Cuesta sin embargo entrar en esta propuesta, sobre todo en su primera hora, el ritmo es más que moroso, lo errático de las situaciones y la tensión acaban por hacer mella en un espectador que necesita esforzarse por entrar en las claves de la propuesta. Hay grandes momentos que se alternan con una languidez desmitificadora de la aventura constante de los patrones en que se inspira. Western puede llegar a ser aburrida por momentos. Cuando todo llega a su fin, es cuando el forastero solitario, recoje sus bártulos y se pierde en el horizonte en busca de un nuevo comienzo. So long.

cineziete
ELZIETE
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23 de junio de 2018
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
De muy bajo presupuesto, se trata de otra película más de ensayo, que no de arte, preñada de honores de segundo nivel y que la crítica eleva a un inexistente altar desde el cual cae desplomada. Cuatro gatos en el cine y algunos de ellos se marcharon apenas 20 minutos después del inicio.

Se trata, pues, de una pseudo historia -“Nunca tengo una historia en la cabeza cuando arranco una película” [ver entrevistas, ut supra]- esbozada en torno a un grupo de alemanes que llegan a un rural pueblo búlgaro [Petrelik] para realizar una obra hidráulica menor y viven el conocido proceso de adaptación temporal entre el forastero y el natural. Punto.

Y contrariamente a lo que subraya la sinopsis de Filmafinity, todo lo que allí ocurre no tiene nada de extraordinario: no hay despliegue zafio, no hay saña ambiental, no hay agravios notables ni machismo exacerbado. Ni tampoco ningún conflicto, más allá de los choques habituales en estos casos. Todos los que, procedentes de la ciudad, han ido a veranear al pueblo saben, en cierta medida, de qué estamos hablando.

De modo que aunque la directora alemana, Valeska Grisebach, subraye su interés por resaltar el conocido supremacismo racista del alemán -experiencia que yo he vivido, por ejemplo, en Canarias o en la antigua Yugoeslavia- el film se pasea entre unos forasteros y gente del pueblo que tratan de llevarse bien aunque, inevitablemente, surjan los roces. Es decir, los búlgaros se comportan como unos perfectos caballeros si tenemos en cuenta que fueron dominados por los alemanes hace no demasiado [la última vez, durante la II Guerra Mundial, con notable resistencia pro rusa del país]

Por lo demás, la película la salva el protagonista, Meinhard Neumann, que, como el resto de buenos actores, no es profesional del cine. De modo que, eso sí, chapeau para el responsable del casting.

Porque todo lo demás, según confesión de la propia Valeska, es pura espontaneidad naturalista, sin apena guión para que el ingenio fluya por si mismo: los actores y yo “descubrimos juntos de qué trata la película“. Alega que para esta película se ha inspirado en Michelangelo Antonioni pero yo prefiero no glosar tal convencimiento.

Con un planteamiento de documental, como captando la rutinaria vida cotidiana y tratando de que le influya lo inesperado; cámara contemplativa tipo reportero, casi al hombro; ritmo intencionadamente lento y cansino; con eternos silencios y sin más banda sonora que unas cuantas composiciones incorporadas, de corte folclórico; una puesta en escena pobre y con escenarios nada sugerentes; un montaje de Bettina Böhler intencionadamente cortante, descohesionado, a modo de eficientes retazos impresionistas de un realismo pretendidamente poético; y una fotografía de Bernhard Keller, descuidada -salvo en los planos/contraplanos- que tan pronto deslumbra por el exceso de luz como te inunda de total obscuridad, impidiendo ver qué está ocurriendo.

En resumen: un malogrado intento del que, además de la ya mencionada interpretación, puede salvarse ese cierto sabor poético de realista de western rural a la europea; con un gran Meinhard Neumann que se come la pantalla con su imagen melancólica, escéptica, solitaria, de inadaptado, casi autista, tratando de olvidar su pasado y de sobrevivir entre los dos mundos que circunstancialmente se encuentran en el pueblo.

De conformidad con la moda feminista imperante, Valeska cuenta que ha disfrutado filmando los suaves duelos, enfrentamientos, entre los ‘machos‘, pero hace desaparecer, como por encanto, la eterna rivalidad entre féminas, seguramente porque ‘no tocaba’. Y mira que en los pueblos donde acuden forasteros…, hay de eso.

Asé que, háganme caso y elijan entre otras opciones. Esta obra, a no tardar, podrá verse tranquilamente en la 2.

Lento e inconsistente film con hechuras de documental y pretensiones de ‘western’ [5 sobre 10]

El quicio de la mancebía [EQM]
https://elquiciodelamancebia.wordpress.com/2018/06/23/western-alemania-2017-de-valeska-grisebach/
elquicio
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