arrow

Dolor y gloria

Drama Narra una serie de reencuentros en la vida de Salvador Mallo, un director de cine en su ocaso. Algunos de ellos físicos, y otros recordados, como su infancia en los años 60, cuando emigró con sus padres a Paterna, un pueblo de Valencia, en busca de prosperidad, así como el primer deseo, su primer amor adulto ya en el Madrid de los 80, el dolor de la ruptura de este amor cuando todavía estaba vivo y palpitante, la escritura como única ... [+]
Críticas 293
Críticas ordenadas por utilidad
escribe tu crítica
2
2 de febrero de 2020 3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lo mismo, trasladado a un tercero, a personajes ajenos, podría pasar. Algún momento puntual —ya digo, en boca de otros personajes, en otra historia— podría ser incluso brillante. Pero dedicado todo a homenajearse a uno mismo de manera tan explícita (es terrible desperdiciar tanto talento para hacer imitaciones) es casi ridículo. Imposible no reír.
5
4 de octubre de 2021 3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Maricón. España. En la orilla.
En una película de Almodóvar una manzana nunca es una manzana y tampoco lo parece, ni falta que le hace, apostamos que piensa.
En una película de Almodóvar una manzana es la foto de la foto de una manzana que después ha sido coloreada, retocada, maqueada, filtrada y vuelta a empezar otra vez.
En una película de Almodóvar eso mismo pasa un poco con todo o el resto, ese juego de capas o espejos ciegos, esa fotocopia hasta el infinito de un reflejo, ese ensimismado ombligo vuelto hacia dentro, encapsulado vacío; te distancia tanto efecto, te cuesta mucho meterte dentro de ello, no te crees nada, suena a falso, forzado, hueco, el imitador que plagia al falsificador que se copia a sí mismo en un eterno bucle autocomplaciente y solipsista, onanismo, narciso mirándose arrobado en un sin agua río, frío, perfecto, maníaco, compulsivo, loco, enfermo, exquisito, pop, relamido, neurótico, clínico, médico, torturado, híbrido, ahíto, laberinto, pena, cuento, me repito.
Pedro Almodóvar, Julieta Serrano & Antonio Banderas
Estriptis. Roman à clef. Autoficción. Álter ego. Todo eso tan bueno.
Yo no soy yo, tampoco aquel. El otro es siempre mademoiselle, para servirle a usted.
Los fantasmas del pasado atacan al jefe de todo esto.
Almodóvar, que no Antonio, el que, por cierto, está estupendo, también casi todos los demás, Asier, por ejemplo, casi siempre ha sido obeso y un obseso, y muy seguramente sedentario, yo de aquí no me muevo, y controlador y peliagudo, muy preocupado y atorado, todo atado y bien atado, además de otras posibilidades placenteras que aquí ya no tocan y que también a veces merman, el cuerpo siempre muy lejos o como a rastras de la mente, un superdotado de la asimilación, chupa que te chupa, cultura, y la acumulación que nunca acaba de cuajar en él, no hace cuerpo, es solo decorado, se acaba imponiendo siempre su oceánico ego, aguado yo, tanta información que se queda en fetiche, fachada, autor de relumbrón que muere ahogado en su propio vómito satisfecho, que se ha dañado o pasado, o del problema de algunos listos que creen que pueden también domar su materia corruptible, hacer trampas al solitario, hacer con este cuerpecito mío que se ha convertido en río algo parecido a lo que tratan de hacer con el resto de la humanidad, dar gato por liebre, engañar a la muerte, trastear con la existencia entera como si fuera más o menos arte, carne.
Julieta Serrano
Relaja la raja.
Y si además entras de lleno en la vorágine médica, ese placebo infinito, estás definitivamente perdido, carne de cañón, sangre de medicamento, cobaya humana, de ahí no sales, millones de veces peor que el caballo más salvaje o todos los miles de millones de chinos que en el mundo han sido, que la mala cocaína, eso sí que da mono del bueno y crea yonquis sin remedio, los pobres, esclavitud moderna, de la de veras, o vete, por no hablar de otras cosas más bestias dentro de ese ámbito siniestro, cualquier día de la semana a una consulta de uno de cabecera, el mal a espuertas, tocando con los nudillos sangrantes la puerta.
Hasta la mitad le perdonamos la vida a Peeeeedro, tampoco seamos tan crueles, no lo merece, después cae, se hunde progresivamente, la obra de teatro, se cree Tennessee Williams, es un pestiño y el personaje del hermoso de Sbaraglia es un infierno, desastre completo, increíble, insufrible, ridículo muermo. La madre muerta vale, no nos entendemos, los hijos decepcionamos, las madres no son como nosotros, nos queremos mucho, pero tanto amor nunca es suficiente.
La mala educación 2. De hecho, es un tema, hasta cierto punto más o menos disimulado, recurrente en su obra, la mezcla de la autobiografía con el juego de la metaficción.
Es interesante, más contenida y austera y racional de lo habitual en él, pero me pierde para su causa con su loco control formal y con su yo hinchado como verdadera y realmente única preocupación, castillos en el aire, bagatelas, autopsia sin anestesia, carroña bella.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
La fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar.
La debilidad de la soledad de los ganadores.
Davalú o el dolor.
Rodar para estar. Vivir rodando.
Leer y apuntar. No hay más.
La niña santa. Marilyna y Natalia ya no nadan. Baladas italianas.
El dolor es la única prueba real de que vivimos; ay, luego existo.
Que poco me quejo para lo mucho que me cruje el hueso. Rosalía y la arcadia. Frida Kahlo.
Shakespeare, Chejov, Cocteau... Almodóvar... en riguroso orden de aparición en el mundo, los últimos y los primeros.
Envejecer es una gran putada, acaso no haya otra, lo demás, remedo. No hacerlo sea probablemente peor.
Me quedo como estoy, que me saquen con los pies por delante.
5
14 de enero de 2020 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me imagino que en las televisiones generalistas noruegas, escandinavas o alemanas les programarán después de la hora de comer (hora de la siesta española) películas españolas de todo pelaje. Me gusta imaginarlo como venganza a las que nos programan aquí de TVE (de unos años para acá) o Antena 3 (la inventora de esto), telefilms soporíferos de realización muy cuestionable que nos ayudan a conciliar el sueño.

Está claro que el nuevo film de Almodóvar está muy por encima de todos ellos, por estilo en algunas escenas, planificación, etc, pero el sustrato original es ese, plano y soporífero, muy alejado de sus mejores obras, y mucho más cerca de los peores momentos de estas.

En Hollywood será caviar, aquí en Europa, un buen somnífero.
6
26 de enero de 2020 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Almodóvar es un fenómeno más interesante desde el punto de vista sociológico que cinematográfico. Él ha sabido crear en torno suyo a toda una cohorte de actores y actorcillos, que le deber el ser y el haber, y no cesan de cantar sus glorias. Por otro lado, se ha ganado a un sector del público anti lo que sea, por su fama de "irreverente y progresista de izdas", gente a la que, en cualquier caso, ya le gustan sus pelis antes de verlas. Y por último, pero no menos importante, goza del caluroso apoyo de todo el colectivo LGTBI. Con todos esos avales, lo difícil es intentar juzgar sus películas del modo más objetivo posible. En este caso, Dolor y Gloria es un auto homenaje de Almodóvar a Almodóvar, que sólo a él se le perdona, porque a cualquier otro director le estarían poniendo a caldo por contarnos (otra vez y por partida doble), la historia de su madre (menuda madre debió ser esa mujer), de sus amigos gays (ya van no sé cuantos), y de su afición por las drogas (otro elemento recurrente). Antonio Banderas, encarna a la figura de Almodóvar en el film y su interpretación, sin ser mala, es bastante plana y carente de recursos. En definitiva: vayan a verla si les gusta Almodóvar...y el Banderas.
8
1 de abril de 2019 1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
De entre la plétora de realizadores españoles de las últimas décadas, hay un nombre que sale habitualmente mencionado no ya por medios y aficionados de este país, sino entre cinéfilos y expertos de todo el mundo, pues las inmensas virtudes de su cine traspasan fronteras. Este caso es del venerado director manchego Pedro Almodóvar, cuyo cupo de filmes excede la veintena. Tras unos años de inactividad y desencuentro, su nueva película viene acompañada de una expectación y consenso desorbitados. Se trata de Dolor y gloria, nuevo drama rodeado de veteranos de su cine y caras nuevas que es el estreno español del año, y por ahora el más aplaudido. El que estas líneas escribe ha disfrutado enormemente con obras magnas del realizador como Mujeres al borde de un ataque de nervios, Todo sobre mi madre o la excepcional Hable con ella, encontrando también muchas virtudes en las notable Átame o La piel que habito. No es óbice esto de que esté de acuerdo con la opinión de que llevaba tiempo sin hacer una película realmente buena. De ahí que reaccionase a esta oleada de entusiasmo con alegría, nervios y una nada desdeñable porción de escepticismo, pues bien podía ser una nueva decepción y es una anomalía preocupante poner a todos de acuerdo en estos tiempos que corren. Se me escaparon los pases de prensa, pero pude asistir al preestreno organizado en la Filmoteca por Días de Cine la noche anterior al estreno. Y anonadado saboreé cada nota de un peliculón absoluto, el mejor filme de 2019 por ahora. Un relato de reconciliación, dolor y memoria que no enriquece el imaginario ni arriesga en la construcción formal, pero que construye su relato desde la reserva y tranquilidad de un maestro.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Salvador Mallo (Antonio Banderas tan notable como nunca ha estado) es un prestigioso director de cine que se adentra en su sesentena, estancado en un estadio de depresión, dolores físicos y drogas y tras meses sin escribir ni rodar. Momento de soledad y huida de compromisos en los que su cotidianidad carece de sentido. En estas pausas y reencuentros, no puede evitar que su pasado vuelva a su cabeza a partir de detalles de su día, siendo su reconciliación con el pasado y superación de sus sombras más importantes de lo que él cree. Una película sincera íntima, una confesión audiovisual en la que Almodóvar echa la vista atrás a sus heridas del pasado y a su primer cine a través de ese sosias interpretado por Antonio Banderas. El reparto está extraordinario, con mención especial para Julieta Serrano. Hermosísima banda sonora de Alberto Iglesias y encomiable trabajo fotográfico de Alcaine, que se aprovecha de una exquisita dirección artístico que a través de escenarios cotidianos pregna el cromatismo y esencia de la estética Almodovariana. Pero todo se mantiene gracias a un gran guión de diálogos y encuentros, en un drama de extrema destilación, que se desnuda de exhibicionismos formales para abrumarnos del pausado narrar, de ruptura continua del pasado amargo dialogando con el presente, en una historia especular con la que Pedro se reconcilia con nosotros y cierra un capítulo que carga a su espalda con una de sus grandes películas, que apela a las más intensas emociones de amor, melancolía y esperanza.
El calado emocional de la película es intenso, pero bien es cierto que si no hay una familiaridad previa con el acervo e imaginario Almodovariano no produce el mismo efecto durante el visionado. Más allá de una recreación poderosa de momentos y encuentros, no encontramos un argumento que embriague o sorprenda, en un desarrollo de acontecimientos que se encuentra en territorios familiares dentro del género dramático, o ajenos a la sorpresa. Y ciertos críticos podrán argumentar que combinando tantos pasajes distintos del pasado y personalidad de Salvador no llega a profundizar en ninguno de ellos. El hecho de que sea una gran película no es equivalente a que sea la mejor del director, ni una obra maestra transformadora. Pero sí un largometraje exquisito que puede convencer a todo el mundo.

Depurada, emocionalmente intensa e introspectiva, Dolor y Gloria es un extraordinario punto y aparte que cautiva desde la moderación de la memoria.
Cancelar
Limpiar
Aplicar
  • Filters & Sorts
    You can change filter options and sorts from here
    arrow