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Verano del 85

Drama. Romance ¿Con qué sueñas cuando tienes 16 años y viven en un pequeño pueblo de la costa de Normandía en los años 80? ¿Con tener un mejor amigo? ¿Con hacer un pacto de amistad que dure para siempre? ¿Con correr mil aventuras en barco y en moto? O quizás sueñas con la muerte... Las vacaciones de verano acaban de comenzar y esta historia cuenta cómo Alexis empieza a crecer. (FILMAFFINITY)
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8
7 de marzo de 2021 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Été 85 es poderosa. La nostalgia es poderosa.

Película número 19 en la filmografía del director François Ozon donde hace una libre interpretación de la novela Dance on my grave (1982) del británico Aidan Chambers. Ozon nos suele plantear historias retorcidas, con un punto malsano y en esta ocasión repite con sus temas habituales: Juegos temporales, homosexualidad, la muerte, lo efímero del amor. La puesta en escena juega con saltos temporales para dotar de estructura de thriller a una trama que combina subjetividad y realismo, hechos sucedidos vs hechos recordados.

Ubicar un coming of age adolescente en un verano de los años 80 es lo que dota al film de una aureola de nostalgia (con muchos elementos autobiográficos según reconoce el propio Ozon) que hace al film muy poderoso. Paleta de colores y granulado ochentero, rituales veraniegos, la adolescencia como momento de inicio de decisiones vitales, imágenes icónicas y temas musicales pop míticos dotan al film de una fuerza visual y dramática muy potente.
Félix Lefebvre
Été 85 no es redonda, es anárquica, libre. Apela a emociones primarias: el enamoramiento como atisbo de inmortalidad, el sentido de posesión en las relaciones, el sexo como creador de identidad. Eros y Thanatos juntos en un romance de verano irrepetible, arrebatador. Maravilla!
8
23 de junio de 2021 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una vez más el Sr. Ozon nos deleita con su buen estilo de hacer cine.

Sabe donde poner la cámara y hacernos disfrutar con bellas imágenes, esta vez en el mar, la playa, atardeceres,
y actores en moto.

Una interesante historia que saca a relucir un aspecto de las relaciones amorosas, los enamoramientos y su problemática.
Muy bien interpretado por dos actores desconocidos que hacen creíbles sus papeles, con buena fotografía, paisajes y música, siempre al nivel del buen gusto de este director, tan francés también en esta película.

Recomendable para los amantes del cine galo, que con su particular toque, nos seduce a tantos.
5
21 de julio de 2021 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
François Ozon es uno de los directores franceses a los que más atención se le presta entre crítica y grandes festivales. Sin duda, ha firmado algunas obras maestras (entre las que destaca para mí “En la casa”) pero también sufre de cierta tendencia a dejarse ir lánguidamente por los caminos fáciles de la comercialidad y lo vanal que garantiza que a nadie moleste. Por desgracia, “Verano del 85” es un ejemplo de esto último a la hora de tirar de ciertos elementos autobiográficos por parte del cineasta galo.

Sobre el papel, la historia iniciática de un primer amor de verano entre dos chicos adolescentes que descubren su homosexualidad en un pequeño pueblo de la costa francesa promete mucho, pero la opción de Ozon es seguir todos los caminos trillados del subgénero y no afrontar ninguna novedad con alguna dosis de valentía, totalmente inexistente en este caso, donde todo es previsible y además viene anunciado por la voz en off que todo lo narra.
Félix Lefebvre & Philippine Velge
Demasiado complaciente, demasiado plácida, demasiado edulcorada, demasiado buenista, demasiado superficial, el drama nunca encoge el alma y su parte desenfadada tampoco cala en el espectador. Es facilona y epidérmica y no profundiza en ninguna encrucijada personal entre todas las que apunta a lo largo de su ajustado metraje para sus dos desorientados protagonistas.

Sin duda, una buena ambientación ochentera es el punto fuerte de esta cinta destinada a pasar el rato sin marcar la vida de nadie. Sus dos protagonistas masculinos están correctos sin más y trasciende a nivel interpretativo tan sólo la efímera aparición de la infalible Valeria Bruni Tedeschi, pareciere que especializada en personajes al límite de su salud mental que aquí encarna a la madre viuda con ciertas tendencias pederastas de uno de los dos protagonistas y que logra hacer mínimamente creíble un personaje caricaturizado y estereotipado.

Dividida en dos momentos temporales diferentes que se van complementando en el íter narrativo, la línea del presente juega al thriller con el espectador (resulta inevitable en estos tiempos y en Ozon) mientras que se sumerge en el drama romántico la parte del pasado (la mejor sin lugar a dudas). En ese juego temporal es en el que la película gana enteros a pesar de ser demasiado rutinaria. También resulta interesante ir descubriendo la obsesión de su protagonista por la muerte, pero más allá de todo ello, el film no da más de sí.
Eso sí, fiel a sí mismo, François Ozon nos lega otra película donde el poder de la escritura sostiene todo el peso narrativo de esta historia iniciática sobre el amor y la muerte.
6
10 de mayo de 2021 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película interesante, donde nada más empezar, ya gusta el detalle que ha tenido el director de que la calidad de imagen sea parecida a lo de los años 80, con ese granulado.

Hay misterio, del porque está encerrado el chico... esto se añade a una historia de amor entre dos chicos, que lo intenta normalizar al máximo.

Lo esplendoroso que fue los años 80, aquí se ve reflejada, aunque sea en Francia. Esa libertad, esos momentos de vivir en un pueblo pequeño donde puedes hacer e ir a donde sea, sólo está en el límite de las personas.

Historia, que si la transportas a una pareja heterosexual no tiene mucho aliciente, pero llevada a estos personajes, le da un punto, aún más enriquecedor por los años 80 y por el matiz.
5
1 de mayo de 2022 2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una película artificial, falsa, que juega malamente con los sentimientos.
Pero lo peor es que cuando faltan más de 40 minutos ha pasado todo lo que tenía que pasar y el resto es dar vueltas a lo mismo.
Detallitos pseudo culturales, como jugar con lo de Eros Tánatos o traer a colación a Verlaine y Rimbaud. Todo muy impostado, una mezcla de tragedia gay y mal romanticismo.
Ya va siendo mayorcito Ozon y debería haber aprendido a rodar películas con algo más de profundidad humana y menos cursilería.
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