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Cumbres borrascosas

Romance. Drama La intensa y romántica relación entre Heathcliff y Catherine Earnshaw en los páramos del condado inglés de Yorkshire. Tras ser criados juntos, su romance se ve pronto frustrado por las barreras sociales, y su pasión prohibida se transforma de romántica a intoxicante en una épica historia de lujuria, amor y locura. (FILMAFFINITY)
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2
13 de febrero de 2026
201 de 235 usuarios han encontrado esta crítica útil
Emerald Fennell se estrella estrepitosamente con esta propuesta. Su visión de Cumbres Borrascosas prometía ser una lectura ardiente y moderna, pero el resultado es un fiasco emocionalmente hueco, un trabajo asombrosamente vacuo que confunde la intensidad con el postureo. Todas sus ideas resultan ser malas: contraproducentes, enervantes y, en varios momentos clave, involuntariamente hilarantes. Estamos ante un producto visualmente vistoso por fuera, diseñado para ser consumido en clips de redes sociales, pero absolutamente falso y sintético por dentro.

Vaya por delante una aclaración necesaria: no he leído la novela de Emily Brontë. Mi crítica, por tanto, no nace de la indignación del purista literario que ve traicionado el texto original, sino de la perplejidad del espectador cinematográfico ante un producto que no se sostiene por sí mismo. Juzgando estrictamente lo que aparece en pantalla, la película es un despropósito narrativo incapaz de transmitir la tormenta de pasiones que promete su título. Si la obra original es la mitad de compleja de lo que dicen, desde luego esta cinta no hace nada por demostrarlo, quedándose en la superficie de un drama de época que parece más un editorial de moda largo y tedioso que una historia humana.
Jacob Elordi
El casting es el primer y más evidente clavo en el ataúd de la película. La elección de Jacob Elordi como Heathcliff es un error de base; se siente como un actor conspicuamente contemporáneo disfrazado bajo capas de mugre cosmética y vello facial de diseño, una "otredad" impostada que no cuela. A su lado, Margot Robbie lucha visiblemente por encajar en un registro y una edad que no le corresponden, con un acento forzado que distrae constantemente. Pero lo más alarmante no es la selección individual, sino la ausencia total de química entre sus estrellas. Se supone que su amor es una fuerza de la naturaleza capaz de destruir mundos, pero en pantalla solo vemos a dos modelos posando con gesto enfurruñado, incapaces de generar una sola chispa de electricidad real.

La película intenta abordar temas complejos (desigualdades, humillación, matrimonios de conveniencia), pero lo hace desde una superficie resbaladiza. Fennell parece haber concebido la historia como un archivo de "vibras" estéticas y sufrimiento comercializable. Las escenas sexuales reiteradas y los planos cargados de intención provocadora terminan generando una hipersexualización que, lejos de añadir profundidad, eclipsa cualquier matiz psicológico. La historia cae en un bucle tóxico que prioriza lo carnal sobre lo humano, mostrando lo más deplorable de la sexualidad sin entender la raíz del dolor ni construir un contexto emocional que justifique tal desesperación.
Margot Robbie
Es innegable que, en lo visual, la cinta es un espectáculo, aunque sea un artificio al servicio de la nada. El tratamiento del color es meticuloso, con una simbología obvia de rojos (para la herida), blancos (para la muerte) y negros (para la oscuridad del alma) que atraviesa el metraje. Hay planos intimistas y contemplativos que generan un gran impacto estético, pero esta belleza es estéril. Resulta tan entusiasta como autoindulgente; una colección de fondos de pantalla bonitos que intentan distraer de la vacuidad del guion.

El ritmo es otro enemigo, pues la película se siente excesivamente larga y atolondrada. Aunque ese amor pretenda ser abrasivo, el espectador no se siente contagiado ni quemado por lo que ve; todo resbala ligeramente porque no hay verdad en la propuesta. Fennell traiciona incluso a su público potencial entregando un producto que ni siquiera tiene la valentía de ser verdaderamente transgresor, quedándose en una pose de rebeldía adolescente que se agota a los veinte minutos.

Quizás esta versión encuentre su público entre adolescentes que desconozcan el material original y busquen estética por encima de narrativa, pero como producto cinematográfico es un fallo integral. Al no profundizar en los rasgos oscuros de los protagonistas ni en los personajes secundarios, gran parte del contenido emocional desaparece, dejando solo esqueletos guapos moviéndose en un escenario caro.

En definitiva, Cumbres Borrascosas es un ejercicio de estilo fallido. Una película que cree ser profunda por estar sucia y ser sexy por ser explícita, pero que en realidad es tan plana como la pantalla de un móvil. En suma, estamos ante un romance sin química, una adaptación sin alma y una tragedia que, lejos de devastar, solo provoca una inmensa indiferencia.
5
12 de febrero de 2026
91 de 110 usuarios han encontrado esta crítica útil
A finales del siglo XVIII, en los páramos de Yorkshire, Catherine Earnshaw vive en “Cumbres Borrascosas”, el hogar de su viudo y ludópata padre, un hombre exigente y sin escrúpulos que no muestra afecto alguno hacia su hija. Con ellos vive Nelly, hija bastarda y sirvienta, junto a los pocos criados que aún sostienen la casa. En un momento de compasión, el señor Earnshaw acoge a un muchacho de la edad de Cath, a quien ella da el nombre de Heathcliff, como el de su hermano fallecido. Juntos crecen y forjan un vínculo tan íntimo como pasional, marcado por una especial conexión, pero también herido por el maltrato del padre, responsable de ir deformando en ambos su manera de comprender el amor. Ella se tornará en una mujer orgullosa que, por supervivencia económica, se aleja de sus auténticos anhelos; él, humillado, se convertirá en un hombre obsesionado con poseerla y que se deja llevar por su lado más oscuro, aunque movido por amor.

La película aborda la complejidad de los grandes temas de Emily Brontë —las devastadoras consecuencias de no seguir el propio corazón, el matrimonio de conveniencia, las desigualdades de clase, el escaso margen de decisión de la mujer, la humillación social— y, sobre todo, el amor como fuerza de unión y alineación de almas. Asimismo, también lidia con su reverso oscuro: los celos, la pasión que ciega la razón o el amor que se vuelve obsesivo y destructivo.
Jacob Elordi & Margot Robbie
Aquí surge el primer gran pero: Emerald Fennell se distancia demasiado de la novela al insistir en un erotismo constante que llega a lo forzado. Las escenas sexuales reiteradas, los planos cargados de intención provocadora y ciertas secuencias explícitas terminan generando una hipersexualización que eclipsa los matices psicológicos del relato y reduce su profundidad narrativa. La historia cae así en un bucle tóxico que prioriza lo carnal sobre lo verdaderamente humano y muestra además lo más deplorable de la sexualidad humana.

Sin embargo, resulta innegable que "Cumbres borrascosas" es, en lo visual, un espectáculo. El tratamiento del color, la iluminación, la fotografía y los planos intimistas y contemplativos generan un gran impacto estético. Tres colores atraviesan el metraje con una simbología muy pensada: el rojo, como pasión y herida; el blanco, como frío, ausencia, muerte y anhelo de eternidad; el negro, como oscuridad del alma cuando el amor se vive desde el orgullo, la envidia y la revancha. La reflexión visual sobre la perversión del amor es coherente con los temas subyacentes. Y, en el centro, Margot Robbie y Jacob Elordi sostienen la intensidad del relato con interpretaciones audaces y apasionadas, que devienen el motor de la película.
El azul, presente como signo y en los diálogos entre Cath y Heathcliff, es el único atisbo de luz que deja entrever el filme. Con él, Fennell parece expresar lo radical, dramático y terrible que puede ser amar a alguien, incluso cuando el azul existe; es decir, cuando el anhelo verdadero sigue latiendo. En definitiva, "Cumbres borrascosas" emerge como un título poderoso en lo visual, pero tremendamente banalizado en el fondo.

www.contraste.info
3
14 de febrero de 2026
76 de 93 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿Es Crepúsculo? ¿Es 50 sombras de Grey? No. Se supone que esto es una adaptación de la joya de Cumbres Borrascosas. O eso dice el título, porque lo que yo he visto hoy en pantalla es un cebo para despistados (me incluyo) que no tiene ni pies ni cabeza.

El póster ya da pistas del desastre. Margot Robbie es guapísima, vale, pero tiene de la belleza salvaje y perturbadora de Catherine lo que yo de monje budista. Aquí está más para la foto que para otra cosa; mucha carita intensa y mucho plano estético, pero de alma, nada de nada.

Luego tenemos a Jacob Elordi, el "chico de moda", que se pasa mitad la película posando con cara de "soy un atormentado malote muy sexy", como un chulito de playa en versión gótica de Hacendado. Dan ganas de darle dos bofetones y decirle que se deje de gilipolleces y trabaje un poco el personaje.

Lo de Alison Oliver ya es de risa. Nos la quieren vender como "la fea" del grupo. ¿En serio? Es el típico casting de serie de adolescentes donde todos son modelos y a una le quitan el maquillaje y hale, ya tenemos a la fea.
Margot Robbie
La banda sonora es cursi cuando busca la lágrima y estridente cuando quiere hacerse la intensa, y sobre todo hortera y anacrónica en todo momento. No pega ni con cola y me saca muchísimo de la atmósfera, es más, hubo momentos en que me dio vergüencita.

Las transparencias y los brillos chonis del vestuario contrastan mucho con la mugre y la inmundicia del principio que tanto les gusta en este tipo de películas. O blanco o negro. Todo muy bonito, muy para Instagram, pero no me lo creo.

El problema real es que no empatizas ni con el apuntador. Se supone que es pasión y oscuridad, pero yo solo veo a una panda de tarados tomando decisiones egoístas y estúpidas. Me venden algo desgarrador y me dan un desfile de gente que no rige, no les riega la sangre al cerebro.

Las licencias "artísticas" son constantes y, sinceramente, no aportan nada. En fin, que la disfrute quien pueda. Yo me bajo aquí.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
- El único personaje normal es el jodido perro. El resto, a terapia.
- Margot Robbie puede llorar lo que quiera, me la suda. No es salvaje ni impulsiva; es una tonta, una egoísta y una psicópata de manual.
- ¿Qué hace una niña rica dejando su vida de lujos para que un chulo de barrio la maltrate psicológicamente en un antro?
- ¿La escena del collar de perro? No. Es que no.
- ¿Y lo de pegarle patadas al cadáver de tu padre recién muerto? ¿Pero qué les pasa en la cabeza?
- El padre, quiere pintar como un maltratador al tipo que recoge a un vagabundo de la calle de forma desinteresada. Claro que sí, guapi.
- El final de traca; el amante se planta en casa del marido viudo, le amenaza de muerte en su cara y el otro, en vez de meterle dos hostias y mandarlo a su casa, se preocupa por él y le da consejos. Basta.
7
12 de febrero de 2026
58 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil
Adaptar Cumbres borrascosas es enfrentarse a un texto indómito. La novela de Emily Bronte no es un romance al uso, sino una exploración feroz del deseo, el orgullo y la devastación moral. Cada versión cinematográfica ha intentado domesticar esa tormenta. Y al compararlas no solo observamos la evolución del cine, sino también cómo cambia nuestra mirada sobre el amor.

La nueva adaptación de Emerald Fennell apuesta por una lectura más psicológica y sensual del vínculo entre Catherine y Heathcliff. Desde el primer encuentro entre Jacob Elordi y Margot Robbie se percibe una química tangible, una tensión que oscila entre la fascinación y el desafío constante. No se trata de una pasión etérea, sino de una energía física, casi eléctrica, que atraviesa cada escena compartida.

Elordi compone un Heathcliff introspectivo, más herido que feroz. Su mirada contiene resentimiento y vulnerabilidad a partes iguales.

Robbie, por su parte, ofrece una Catherine luminosa pero inestable, consciente del deseo que la arrastra y del estatus social que la condiciona.
Hong Chau
Entre ambos se construye una relación marcada por el magnetismo y la autodestrucción. No idealizan el amor; lo encarnan como impulso y como herida.

Visualmente, la película es poderosa. La fotografía apuesta por una paleta de colores simbólicos: ocres y verdes intensos en la infancia compartida, tonos más fríos y desaturados cuando la separación impone distancia emocional. La luz no solo embellece; sugiere estados de ánimo. Hay una clara voluntad estética, quizá más estilizada que en versiones anteriores, pero coherente con la sensibilidad contemporánea.

La banda sonora —original y envolvente— actúa casi como comentario emocional de la pareja protagonista. No subraya de forma obvia, pero acompaña el latido de la relación, intensificando los momentos de deseo y los de ruptura con una cadencia casi hipnótica.

La versión de William Wyler (1939) convirtió la novela en un melodrama romántico de altísima factura. Laurence Olivier y Merle Oberon encarnaron una pasión elevada, casi lírica, envuelta en una fotografía inolvidable. Pero Wyler optó por narrar solo la primera mitad del libro, transformando la historia en una tragedia amorosa clásica. La violencia emocional de Brontë se suaviza; Heathcliff se ennoblece; Catherine se idealiza. Es una obra maestra del Hollywood clásico, sí, pero más bella que brutal.
Jacob Elordi & Margot Robbie
Esta decisión de omitir la segunda parte de la novela, que constituye el corpus final de la saga familiar, es un guiño que conecta con la tentación de Fennell de centrarse en la intensidad emocional del primer acto de la historia, dejando de lado la transmisión generacional del dolor.

La adaptación de Peter Kosminsky (1992), con Ralph Fiennes y Juliette Binoche, fue la primera gran versión que asumió la novela en su totalidad, incluyendo la segunda generación. Ahí reside su grandeza. Heathcliff vuelve a ser resentimiento y herida social; Catherine, contradicción y egoísmo. No hay glamour, hay barro. No hay lirismo, hay obsesión. La historia deja de ser un amor imposible para convertirse en una cadena de dolor heredado. Es, probablemente, la adaptación más fiel al espíritu áspero y oscuro de Brontë.

Las versiones televisivas —desde la de 1970 con Timothy Dalton hasta las de 1998 y 2009— exploraron con mayor detenimiento la complejidad narrativa del libro, beneficiándose del formato seriado para respetar su arquitectura.

Debo mencionar también la obra de Luis Buñuel, Abismos de pasión (1953), una adaptación meritoria que traduce la intensidad de Brontë a un lenguaje cinematográfico propio de Buñuel. Su aproximación mantiene la crudeza de la pasión y la obsesión, pero con un tratamiento más simbólico y poético que otras versiones. La película explora los límites de la moralidad y el deseo, revelando la dimensión universal y atemporal de la novela, y sirviendo como un puente estético entre las versiones clásicas de Hollywood y las reinterpretaciones contemporáneas.

Comparar las cuatro versiones descubre algo revelador: cada época proyecta en Heathcliff y Catherine sus propias obsesiones. En 1939 eran amantes trágicos; en 1953, fuerzas simbólicas de deseo y moralidad; en 1992, fuerzas destructivas marcadas por la pasión y el destino; en 2026, una relación marcada por la toxicidad y el poder. El texto de Brontë permanece siempre, pero el foco cambia en base a la perspectiva de cada adaptación.

Sin embargo, más allá de las diferencias de enfoque, hay un elemento que ninguna adaptación puede eludir: el paisaje. Los páramos de Yorkshire no son un simple escenario; son un personaje más. El viento constante, la amplitud inhóspita, la soledad abierta del horizonte funcionan como espejo del interior de Catherine y Heathcliff.

En esta versión, aunque estilizados, los páramos siguen siendo espacio de libertad y de condena. Allí nace su amor y allí se desfigura. El paisaje no acompaña la historia: la condiciona.

Quizá por eso Cumbres borrascosas sigue siendo vigente. No habla del amor que salva, sino del amor que arrasa. Y mientras el viento siga soplando sobre los páramos de Yorkshire, la tempestad emocional de Catherine y Heathcliff seguirá encontrando nuevas formas de manifestarse en la pantalla.
3
13 de febrero de 2026
46 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil
No sé si mis gustos han cambiado. No sé si soy más exigente. No sé si pido más de lo que hay, pero menudo añito de cine llevo. Lo cierto es que hacia ya mucho tiempo que no sentía tanto bochorno viendo una película como con estas Cumbres borrascosas, las cuales no sabía si tomar en serio o a cachondeo.

Y mira que me gusta Margot Robbie pero posiblemente sea su peor interpretación. Ni ella misma se cree la bazofia que está haciendo.

El Elordi sirve solo como sueño húmedo de la directora y niñatas que lo ven haciendo posturitas sin camiseta y echando miradas de supuesto seductor.

Los diálogos entre ambos son de vergüenza ajena. Diría digno de novelas tipo Harlequin o Corin Tellado pero sería faltarles al respeto a dichas novelas.

Y no es, como dicen por ahí, que la directora ha hecho su interpretación de la historia y que por eso no se puede criticar. Naturalmente, si ella quiere hacer su interpretación puede hacerla al igual que yo puedo decir que es una bazofia.
Margot Robbie
Voy a lo que salvo:
-Algunos temas musicales tipo folk irlandés, que no sé si le pegan mucho a la película, pero es música que me gusta. El resto de música me parece una aberración y de un anacronismo impresionante.
-Los paisajes que son impresionantes
-Y la parte final (sobre 20 minutos), cuando dejan los momentos cumbres follastosas y Los Bridgeton y alcanza si momento más trágico.
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