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España España · Madrid
Críticas de Triplets
Ordenadas por:
6 críticas
1 2 >>
10
7 de septiembre de 2007
27 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡Qué difícil es tratar de expresar en palabras los sentimientos que brotan del corazón! ¡Qué difícil es tratar de comentar una película de Ford! Porque las películas del mítico director son tan sencillas y tan complejas a la vez como la vida misma. En esa aparente sencillez de su dirección se esconde la complejidad de la obra de un genio -el mayor, quizá- del séptimo arte.
Escribo estas líneas cuando hace más o menos un año que no veo "Qué verde era mi valle". Por eso, no recordando ya perfectamente todos los detalles, pero con la pátina de melancolía que produce el paso del tiempo, comentaré solamente una pequeña pincelada que quedó grabada en mi memoria para siempre.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Triplets
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10
21 de enero de 2007
42 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay ciertas películas que uno no sabe si votar atendiendo al corazón o a la cabeza. En este caso, si al final sólo hubiera atendido al análisis frío y calculador, mi nota hubiera sido un siete o un ocho. Pero mi conciencia me impedía no calificar con un diez este espectáculo tan maravilloso que puedo ver veces y más veces sin cansarme.
Seguramente, desde un punto de vista técnico, esta película no sea una obra maestra, pero, cuando los sentimientos cobran vida, es difícil hacer valoraciones abstractas y puramente racionales.
Muchos elementos hacen que esta cinta sea una de mis favoritas. En primer lugar, la conjunción de dos actores tan geniales como Audrey y Fred. Si ambos, por separado, son eternos, su unión representa una de las cimas del séptimo arte. Se tenía miedo de que la diferencia de edad entre ellos no hiciera creíble la historia de amor. Ese prejuicio sólo lo puede tener quien no conozca a Fred Astaire. Un hombre etéreo y ligero -como lo definió Vincente Minnelli-, que casi no es de este mundo, puede tener lo mismo veinte que cincuenta años, porque sus bailes lo elevan al cielo y lo alejan de lo terrenal y mundano.
En segundo lugar, ese carácter eterno de ambos actores, unido al perfil de sus personajes (Astaire como un pragmático norteamericano, Audrey como una joven intelectual que desprecia al principio los sentimientos y el amor) evitan que la película caiga en un tono almibarado y de romanticismo pedante.
En tercer lugar, nos encontramos con unas canciones inolvidables -"música de alas" ha escrito Cabrera Infante en “Cine o Sardina”- de George e Ira Gershwin , entre las que destacan "He loves, She loves", "Funny face", "Bonjour, París" o "´S wonderful", por ejemplo.
Y, cómo no, hay que citar al gran director que fue Stanley Donen, un genio del musical que tiene en su haber películas como "Cantando bajo la lluvia", "Un día en Nueva York" o "Siete novias para siete hermanos", entre otras. Un genio que cumplió su sueño de dirigir a Fred Astaire, al que había visto siendo un niño en "Volando hacia Río de Janeiro", dirigiéndolo en "Bodas Reales" y en la película que nos ocupa.
Para terminar, hay que decir que Fred y Audrey desearon enormemente trabajar juntos. Tambien ella, siendo niña, había soñado con bailar un día con Fred. Y éste sabía que Audrey era la mejor y no quería pasar la oportunidad de poder trabajar con ella.
Dijo Terenci Moix en su magnífico libro “Mis inmortales del cine. Años 30”, en el capítulo dedicado a Fred Astaire, que esta película era y sigue siendo maravillosa. Lo será siempre porque, como hemos dicho, en sus imágenes y en su música sigue rezumando esa sensación de eternidad que tan pocas veces se alcanza.
Triplets
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9
19 de enero de 2007
41 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
Veo que hay críticas contradictorias sobre "La legión invencible". Y no me extraña, porque la primera vez que vi esta película me pareció pesada e insufrible. Sin embargo, gracias a la lectura del libro de Scott Eyman “John Ford. Filmografía completa”, publicado por la Editorial Taschen, empecé a descubrir las virtudes de esta película y la forma en que había que verla.
Según Scott Eyman, "La legión invencible" es una acumulación de viñetas, algunas de ellas bellísimas. Y es una de las películas más coloristas de Ford, con lo que éste suple un guión poco cohesionado.
Cuando vi por segunda vez esta cinta, pensando que era básicamente una balada lírica -como dice Eyman-, empecé a disfrutar con la fotografía maravillosa de Winton Hoch, con escenas tan memorables y reconocidas como la de la tormenta o la del entierro con la bandera de la Confederación, y con esa narración sencilla que preside las películas de Ford.
Podríamos decir que esta película es poesía, y como tal hay que entenderla. Ha dicho Javier Coma, gran estudioso de la obra de Ford, en su libro “La gran caravana del western”, que esta cinta es el vértice artístico de la llamada Trilogía de la Caballería.
El objetivo de esta crítica era simplemente mostrar que se puede amar esta película, pero para ello hay que entender que no es un western de acción, sino un poema que muestra con melancolía los últimos días del capitán Nathan Brittles, fijándose con sencillez en la vida cotidiana del ejército.
Decía un amigo mío, gran entendido en estas artes cinematográficas, que "La legión invencible" es una película fordiana por excelencia. Los amantes de Ford estarán totalmente de acuerdo, y disfrutarán con esa forma de dirigir irrepetible que tenía el gran maestro.
Capítulo aparte merece la interpretación de John Wayne que, a mi entender, es una de las mejores de toda su carrera. No tiene sentido, por otro lado, discutir aquí si John Wayne fue o no un gran actor. Pero, en su defensa, diré que a mí me lo parece, y así lo entendieron grandísimos directores como Ford, Hawks, Walsh... Hasta el mismo James Stewart, al que algunos comparan con Wayne para rebajar a éste, dijo que creía que Wayne había sido un actor minusvalorado y que su interpretación de Ethan Edwards en "Centauros del desierto" había sido una de las más grandes de la historia.
Triplets
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10
2 de enero de 2007
33 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Me sería fácil empezar a cantar sin más las virtudes de "My fair lady", porque es una película que me encanta. Pero entiendo que lo más interesante de estas críticas es intentar dar razones para que los demás puedan disfrutar como nosotros con las películas que amamos. Y viendo que esta película tiene algunas críticas negativas, mayores motivos hay para defenderla.
El ingrediente fundamental de un musical son las canciones. Y, si en esto nos fijamos, "My fair lady" tiene, seguramente, el catálogo de melodías más inolvidable de todo el género. Citemos como ejemplos "Wouldn´t it be loverly?", "On the street where you live", "The rain in Spain" (candidata para la lista de las 100 mejores canciones del American Film Institute") o "I could have dance all night" (elegida como 17ª mejor canción por dicho Instituto).
Además, el número musical "The rain in Spain" es, para mí, una de las cumbres del musical, que entronca con otros números míticos como "That´s entertainment" (Melodías de Broadway 1955) o "La noche en que inventaron el champán" (Gigi), en cuanto supone el cambio de humor de algún personaje abatido, cansado o aburrido, que pasa, en breves momentos, a través de la música, a un estado de euforia y alegría contagiosa.
Por otro lado, una de las críticas más frecuentes de los detractores de "My fair lady" es que es un musical empalagoso. Yo, personalmente, no veo el empalago por ningún lado. Para mí empalagosa es una película con continuas escenas de los protagonistas haciéndose arrumacos y dándose besitos. Pero esa posibilidad se desvanece con un protagonista tan sobrio como Rex Harrison y con un personaje como el suyo, que no reconoce su amor sino a regañadientes.
Por tanto, "My fair lady" tiene, a mi entender, romanticismo del bueno, mostrado en pequeños detalles como el momento en que antes de salir para la fiesta, el profesor Higgins, que no había hecho caso a Eliza, la agarra finalmente del brazo, arrancando la felicidad de ésta.
Se podría hablar de muchas más cuestiones como la dirección magistral de George Cukor, el trabajo de Cecil Beaton, los estupendos secundarios encabezados por Stanley Holloway, pero simplemente pretendía defender una película como ésta, una película que, sin duda, está en la cima de aquel género maravilloso que fue el musical americano.
Triplets
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10
19 de diciembre de 2006
21 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Recuerdo que hace años me dedicaba a leer partidas de ajedrez comentadas por un gran crítico. En una de ellas, ante el maravilloso juego desplegado por José Raúl Capablanca, el comentarista exclamaba analizando la posición tras la apertura: "la sencillez de lo genial".
Y eso mismo me apetece a mí gritar siempre que veo -y ya van muchas veces- esta película eterna. Precisamente por eso, por su sencillez, esta película no envejecerá nunca. Mientras otras cintas muy valoradas en su época, van perdiendo frescura, "El hombre tranquilo" se alza majestuosa como una obra imperecedera.
No es fácil descubrir el secreto de esta genial sencillez, pues, si lo fuera, nosotros mismos nos pondríamos a rodar películas como hacía el viejo maestro Ford. Sólo nos queda, por tanto, comentar algunos detalles y seguir disfrutando de esta película sin buscar complejas explicaciones y teorías sobre su perfección, que, dada la naturalidad y sencillez de la cinta, serían seguramente inútiles.
En primer lugar, ésta es una de las películas más deseadas por Ford, que tardó quince años en conseguir rodarla. Ese amor y ese tiempo de espera culminan en la apoteosis que constituyó "The quiet man".
Película sencilla, también, porque fue rodada por un director con un grupo de amigos que se conocían a la perfección y transmiten al espectador una tranquila sensación de naturalidad y diversión.
Y película sencilla porque su director era contrario a toda complicación y pretenciosidad. Si alguien quiere conocer lo que es el verdadero realismo cinematográfico, no le recomendaríamos acudir a las películas de los neorrealistas, sino acercarse a algunas obras de Ford.
No hace falta decir que las interpretaciones de los actores, protagonistas y secundarios (si es que en esta película se puede hablar de personajes secundarios), es excepcional, porque es evidente. Ni tampoco hace falta recordar que la galería de personajes es tan rica y entrañable, que a todos nos gustaría vivir eternamente en Inisfree para conocer a Michaeleen, al padre Lonergan, a Will Danaher...
Y tampoco es necesario insistir en momentos tan maravillosos como la pelea final, la tormenta en el cementerio, la llegada en tren de Sean, por citar algunos, porque decir todos nos llevaría a agotar los ciento veintinueve minutos de la película.
¿Cuándo una película es eterna? Cuando la puedes ver mil veces sin cansarte. Puedo dar fe de que "El hombre tranquilo" lo logra de manera magistral.
Triplets
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