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Polonia Polonia · Terrassa
Críticas de Taylor
Ordenadas por:
701 críticas
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9
1 de febrero de 2009
76 de 80 usuarios han encontrado esta crítica útil
Films como “La hija de Ryan” constatan porque David Lean es uno de los mejores directores de la historia del cine. Un cineasta que supo narrar como pocos y que nos dejó como testamento cinematográfico una peli soberbia. Una obra maestra que permanece fiel a su libreto de estilo original y que, lamentablemente, suscribe el ocaso expresivo de aquello que conocemos como concepción ‘clásica’ del cine.

Rodada en impresionantes escenarios naturales de la costa occidental irlandesa, “La hija de Ryan” reproduce a la perfección ese terrible estigma que se cierne sobre unos personajes sometidos a la tiranía de un entorno natural y de unas circunstancias hostiles. Así pues (recogiendo el testigo de Lawrence, Yuri o Larissa) Rose también pugnará por escapar de su propio destino. Todo ello, claro está, en el marco de una historia de amor y lujuria desatada. Una historia en la que Lean corrobora, una vez más, su vertiente romántica más exacerbada.

Y es que, por desgracia, ya no se hacen pelis como ésta. Pelis que generaban pasta y oscars a mansalva. Pelis que venían enriquecidas con lecturas a diferentes niveles para que cada espectador disfrutara del espectáculo según sus propias exigencias. Pelis que contribuyeron, en definitiva, a hacer del cine un objeto artístico tan entretenido y popular como rebosante de calidad por los cuatro costados.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Taylor
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1
15 de marzo de 2008
76 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una peli mala de cojones suele suscitar reacciones negativas de diversa índole. Te puede aburrir, te puede adormilar, te puede indignar, te puede repugnar e incluso -algo peor todavía-te puede apremiar a pulsar el STOP de tu mando a distancia antes de tiempo.

Eso mismo me ocurrió ayer noche con “Tirante el Blanco”. Pese que a los cinco minutos corroboré que me estaba tragando un truño infumable, decidí ser condescendiente y, conociendo la fama de erotómano del Sr. Aranda, me propuse aguardar hasta el primer polvo. La espera se me hizo exasperante. Hasta ese momento tuve que soportar estoicamente una puesta en escena tan pretenciosa como postiza, una narración tediosa e inoperante y unas interpretaciones absolutamente nauseabundas (nadie se salva, pero contratar a Rafael Amargo sin que baile resulta tan patético como ficharme a mi para meter goles en el Barça de Eto’o y Messi). Sin embargo, todavía más denigrante y execrable resultó contemplar impotentemente como el Sr. Aranda trituraba la obra de Joanot Martorell con una desfachatez y una procacidad sin precedentes. Del personaje de Tirant prefiero no hacer comentarios. Solo se me ocurre que si al Sr. Aranda se le ocurre hacer algo parecido con William Wallace, Juana de Arco o Al-Mansur, hoy mismo estaría probablemente en las turbulentas aguas de algún lago con los pies hundidos en un bloque de cemento.

Faltaba por ver como se desenvolvía este director utilizando sus bazas más poderosas: el erotismo, la sensualidad, la carnalidad desatada... Otro fiasco muchachos. Gatillazo de tomo y lomo. Sus frases y secuencias pretendidamente fogosas resultan tan esperpénticas y carentes de expresión que tan sólo denotan mentalidad de viejo verde, tomadura de pelo y decadencia cinematográfica.

Jubílese, Sr. Aranda. Hágame caso. Con “Tirante el Blanco” ha cavado inexorablemente su propia fosa. Su cine no alcanza ni para una nueva versión de “Las pícaras”. Los de mi edad sabrán a qué me refiero.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Taylor
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8
9 de octubre de 2009
146 de 222 usuarios han encontrado esta crítica útil
Decididamente, FA ya no es lo que era.

Cuando aterricé en FA por primera vez, hace poco más de dos años y medio, en esta página se hablaba de cine. Pero también se hablaba -de forma más o menos explícita- de todo cuanto acontecía en ella. Obviamente, a través de críticas. O mejor dicho, metacríticas.

Actualmente, esa vieja fórmula mágica (un poco de cine y un poco de marujeo) que tan buenos resultados obtuvo y que a tantos usuarios logró captar, ha caído en desuso. La aparición de diferentes foros y el buzón han dejado obsoleto ese canal metacrítico que tanto bien (y tanto mal) le hizo a la página. Hoy en día quizás FA sea una página más seria pero, admitámoslo, ha perdido la chispa de antaño. No solo porque aquellos antiguos rifirrafes y panegíricos han dejado de emitirse en abierto, sino porque muchos de aquellos primeros espadas de la web han desertado o escriben de uvas a peras. Y eso, qué queréis que os diga, me entristece. Supongo porque, en el fondo, soy un sentimental.

Sé perfectamente que esos viejos tiempos no volverán, pero permitidme deciros algo: FA es una página de cine, de acuerdo, pero no olvidemos que esto no es un periódico digital ni una revista especializada. Escribimos aquí por amor al arte (por amor al cine, en concreto), sin cobrar un puto duro, y me parece hasta cierto punto ridículo y patético que nos autoimpongamos un nivel de exigencia y responsabilidad tan elevado. Señores, ni somos críticos profesionales ni esto es “Cahiers du cinema” (¿verdad G.?;). Y aunque yo soy el primero en seguir a ‘críticos’ de irreprochable talante sesudo y formal, también necesito, de vez en cuando, un poco de diversión. La verdulera que llevo dentro necesita saber qué se cuece en FA y por dónde van los tiros. Pero no a través de secretitos ni interminables y bizantinas tertulias foreras. A mi lo que me va es el campo abierto. Porque más allá de cofrade o amigo de fulano o mengano, soy filmaffinitero.

Así pues, con objeto de expresar mi nostálgica reivindicación, he decidido escoger una peli paradigmática: “La comunidad”. Una peli que constata, a través del espíritu gamberrete de De la Iglesia, que una comunidad con miembros tan distintos entre sí es, en el fondo, una comunidad. Un conjunto de personas que, al margen de su porcentaje de afinidad, necesita interactuar entre sí (aunque sea en el rellano o en vestíbulo del edificio) para solventar sus problemas o para, sencillamente, exponer su opinión a cara descubierta.

Fdo: un filmaffinitero.
Taylor
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9
6 de abril de 2010
76 de 82 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Cualquier semejanza entre los personajes y los hechos acontecidos en esta película y la realidad es pura coincidencia”. ¿Os suena esta coletilla? Sí, ¿no? A mi también. Mucho. Probablemente la habremos leído o escuchado un mogollón de veces al principio de una peli. Decenas o centenares, tal vez. En “Roma, ciudad abierta”, sin embargo, esta consabida y rutinaria advertencia adquiere una dimensión mucho mayor. Una dimensión más grave. Más trascendental. Más significativa. Nos hallamos, no en vano, ante la primera manifestación artística del neorrealismo italiano. Uno de los movimientos fundamentales -sino el que más- de la historia del cine.

¿Hasta qué punto, entonces, es realidad o ficción lo que nos cuenta Rossellini? Por mi parte, lo tengo claro. Clarísimo. Lo que me cuenta Rossellini es verdad. Y es verdad porque, al margen de su formato semidocumental y de estar o no estar parcialmente inspirada en hechos reales, la historia de unos romanos que se niegan a quedarse de brazos cruzados ante la consentida ocupación alemana es creíble. Creíble, verosímil y, sobre todo, honesta. En mayúsculas. “La peli más honesta de la historia del cine” me comentaba hace poco Talibán. Un tipo que sabe un huevo de cine. ¡Y cuánta razón tenía!

La honestidad es, por consiguiente, un factor determinante. Determinante, a mi juicio, para no limitarte a ver una peli desde fuera y poder creértela, desde dentro, a pies juntillas. Determinante para que te llegue, para que te afecte y para que te emocione. Para que puedas empatizar con unos personajes y repudiar a otros. Desde la volcánica y racial Pina hasta el pérfido y amanerado Bergmann. Sin olvidarnos, claro está, del comprometido Don Pietro, el incorruptible Giorgio, la voluble Marina y tantos otros personajes que hacen de esta peli un monumental manifiesto contra el nazismo, el fascismo y cualquier ideología que intente atentar contra la libertad y los derechos humanos. Un manifiesto que asienta sus cimientos en la ética y que no necesita ningún tipo de armazón propagandístico o maniqueo para dejar bien clara su postura.

No debería extrañarnos, pues, que el contundente y desacomplejado mensaje de “Roma, ciudad abierta” tuviera que litigar durante muchos años en toda Europa con la intransigencia de aquellos que la vieron como una proclama subversiva y/o escandalosa. No tan sólo por la dureza de algunas imágenes (la muerte de Pina, la tortura de Giorgio) sino también por atreverse Rossellini a tocar temas considerados tabú (la drogadicción y la homosexualidad de Marina, por ejemplo) en una época en la que el cine clásico (americano) iba, obviamente, por otros derroteros.
Taylor
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9
8 de abril de 2009
87 de 105 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hubo un tiempo que los niños fuimos tratados como lo que éramos, niños. No como idiotas en fase de crecimiento.

Hubo un tiempo que los niños sentíamos admiración por héroes inverosímiles a los que, paradójicamente, veíamos de carne y hueso. Como Buffalo Bill, Judá Ben-Hur, Ned Land, Luke Skywalker... Como Manuel Fidello. Hoy ese trono lo ocupan Harry Potter, Eragon, Jack Sparrow, Troy Bolton y compañía.

Hubo un tiempo que los niños comíamos acelgas sí o sí. Nos gustaran, o no. Hubo un tiempo que resultaba extraño ver a un niño sin costras de sangre y mercromina en las rodillas. Hubo un tiempo que los niños no pisábamos urgencias al primer golpe de tos. Nos embadurnaban el pecho con vicks vaporub y a correr. Hubo un tiempo que los niños jugábamos en la calle. No necesitábamos tecnología punta ni grandes parques temáticos para divertirnos.

Hubo un tiempo que niños repelentes, déspotas y consentidos como Harvey Cheyne (Freddie Bartholomew) podían encauzarse.

Hoy, no.
Taylor
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