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One Hour with You

6,8
714
votos
Sinopsis
El doctor André Bertier y Colette, su esposa, viven felices hasta que Mitzi Olivier, una coqueta amiga del colegio de aquélla, les hace una visita. Mediante intrigas, Mitzi consigue quedarse a solas con André, fingiéndose enferma, e intenta seducirle, pero el marido de ella, el profesor Olivier, ha contratado a un detective para que recoja pruebas de las infidelidades de Mitzi. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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26 de febrero de 2007
28 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Realizada por Ernst Lubitsch con la colaboración de George Cukor, se basa en la obra de teatro en tres actos "Only A Dream" (1909), de Lothar Schmidt. Rodada en los Paramount Studios, fue nominada a un Oscar (película). Producida por Lubitsch, se estrenó el 22-III-1932 (EEUU).

La acción tiene lugar en París en 1930/31, a lo largo de dos días. André Bertier (Maurice Chevalier), médico de éxito, felizmente casado con Colette (Jeanette MacDonald), soporta en su consulta el acoso de numerosas mujeres jóvenes, solteras y casadas, que se sienten seducidas por su atractivo personal. Con determinación, resiste la situación, porque está profundamente enamorado de su esposa. Su numantinismo flaquea cuando conoce a Mitzi (Genevieve Tobin), amiga de Colette, casada con el aburrido profesor Olivier.

La película es una comedia de enredos, una historia de amor, un musical y un remake de la película muda "Los peligros del flirt" (Lubitsch, 1924). El estilo del realizador, que sugiere más cosas de las que muestra y explica, permite sortear los escollos de la censura y construir una narración dominada por la sensualidad, el erotismo, la pasión y el deseo. Los elementos de aventura sexual, infidelidad, adulterio y triángulo amoroso, son tratados con soberbia sutileza. Sobreentendidos, malentendidos y dobles sentidos, constituyen recursos expresivos que Lubitsch maneja con elegancia y delicadeza. La trama adicional presenta tres personajes que complican las cosas y enriquecen el relato. Olivier, profesor de historia antigua, presa de sospechas y celos, contrata los servicios del detective privado Dornier (Richard Carle) para que siga a su mujer y obtenga pruebas de su infidelidad. Adolph (Charles Ruggles), el mejor amigo de André, se siente fascinado por el atractivo de Colette, a la que desea ardientemente. Los tres personajes (Olivier, Dornier y Adolph) aportan elementos de intriga, tensión e incertidumbre, que elevan el interés del relato. Hacia la mitad de la cinta el film incorpora un sugerente juego de factores contrapuestos (amor e infidelidad, amistad y deslealtad, afecto y deseos de venganza, sinceridad y mentira, simulación de infidelidades propias para recuperar la fidelidad ajena), generadores de situaciones de perplejidad, tan bien tratada por el realizador como fuente de seducción del ánimo del público. No faltan escenas fuera de campo y elipsis, como el cierre de cortinas ante una cámara estática que aplaza el fundido o la entrada de un nuevo plano.

La música, de varios autores, incluye acompañamientos y un elenco de canciones de aires parisinos del momento, como "What Would You Do", "One Hour With You", "Three Times A Day", "But Spring Is Here". La fotografía, de Victor Milner, hace uso de largos travellings, primeros planos psicológicos, reflejos en espejos y notables escenas nocturnas propicias para la confusión y los malentenidos. Los diálogos, de Sam Raphaelson, chispeantes, ocurrentes y llenos de picardía, desbordan maestría.
Miquel
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8 de diciembre de 2008
20 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de intervenir en uno de los episodios de Si yo tuviera un millón y realizar una de sus obras precursora de la erótica más refinada: Una mujer para dos, el genial Lubitsch con la asistencia del maestro Cukor creará esta joya del cine (nominada al Oscar de Mejor Película) cuyos números musicales nos hacen verla como creada con el mismo cliché utilizado para las maravillosas obras de arte al estilo de las de Fred Astaire, pero que en vez de bailes inolvidables serán canciones con Maurice Chevalier, en solitario o acompañado.
Con un guión pausado, sin desperdicio alguno, nos cuenta la historia de un matrimonio a partir del momento en que ella (Colette) presenta al marido (André) a su mejor amiga (Mitzi, también casada) que coqueteará con él desde el primer momento. Repito, sin desperdicio.
El marido de Mitzi, que su matrimonio hace aguas, es el punto fuerte del argumento pues sus intervenciones logran llevar el guión a lo más alto de las ocurrencias dentro de la comedia.
Película que es un diamante en el oscuro cosmos y quien ignore su brillo nunca podrá conocer su inigualable pureza.
Algunos comentarios del marido de Mitzi, la mujer que coqueteará con André:

-Antes de casarme mi mujer era rubia. Siempre engañan.

-Te adoro, querido -le dice ella desde su cuarto.
-Otra mentira.

-Su esposa es muy simpática -le comenta un amigo al marido.
-Sí, eso dicen, y debe ser verdad.
floïd blue
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20 de noviembre de 2008
25 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
“Una hora contigo” es un Lubitsch aún sin refinar. Era la segunda colaboración con el actor francés Maurice Chevalier que por aquellos años, rozaba de gran popularidad por los musicales.

“Una hora contigo” es un “petit” musical donde a mí me sobran las cuatro o cinco canciones que no vienen a cuento pero que la época y las exigencias de los espectadores de entonces inundaron las películas de principios de los treinta con multitud de números musicales. Las canciones, que no aportan prácticamente nada rompen además el ritmo de la película.

Tampoco los diálogos son ácidos y traviesos, no al menos, como ese mismo año empezaría a hacer en una de sus obras más completas: “Un ladrón en la alcoba”.

Nos topamos, eso sí, con una hermosísima Jeanette MacDonald que realiza la mejor actuación de la película y que además, canta de maravilla. También quedan marcados los sobreentendidos y las situaciones comprometidas que dan algo de frescura a la historia, porque hasta el Lubitsch menos eficiente es ya un seguro.
Chagolate con churros
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1 de mayo de 2012
8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando Lubitsch recaló en Hollywood, le adjudicaron a Chevalier por la simple razón de que los dos eran europeos. Reconozco que no trago a Chevalier con su voz melosa y sus impostados movimientos de galán de vodevil. Si tuvo tanto éxito por algo seria. Dicen que Jeanette MacDonald fue su mejor pareja, quizás a lo mejor por eso tan poco es que me entusiasme.

De todos modos esta comedia "musical" picara y sofisticada de la que podría haber tomado nota nuestro genial Jardiel, en la que apreciamos en general más a Cukor, que ejerció de ayudante de dirección, que al propio Lubitsch, resulta hoy día tan antigua como es, a pesar de los brillantes diálogos y los enredos de la situación, a mi juicio todo ello lastrado por una inmensas pausas teatrales entre los mismos que telegrafían los gags restandoles eficacia, como si el espectador necesitara tiempo para darse cuenta de que lo que esta pasando es gracioso.

Todo ocurre en París donde la frivolidad y relajación de costumbres queda alejada del puritanismo norteamericano.

Algunas escenas son brillantes como el primer encuentro de Chevalier con Mitzi en el taxi o la charla del marido de esta, el magnifico Roland Young (uno de los primeros Dr. Watson), con el propio Chevalier. Diálogos en verso y canciones noñas propias de la época que empalagan aún más si cabe la acción. Fue nominada ese años como mejor película. Como diria Chevalier en el eterno papel en el que le encasillaron: !Viva La France!
ELZIETE
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30 de julio de 2010
7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es cierto que no es de las mejores cintas de Lubitsch... Pero no creo que la fecha tenga mucho que ver en ello. Antes había dirigido "Monte Carlo", que es, en mi opinión, magistral, y, desde luego, mucho mejor que "Una hora contigo".

Lo que le sucede a "Una hora contigo" es que el argumento no da más de sí. Es de tira cómica. Y las canciones son, en su mayoría, estáticas, mal incrustadas en la acción principal. Eso hace que los ochenta minutos puedan hacerse más largos de lo que son en realidad.

Ahora bien, con todo y con eso, sazonen el pastel con la maestría de Maurice Chevalier, la genialidad de Lubitsch, dos o tres diálogos francamente ingeniosos, y cuatro o cinco escenas cómicas realmente hilarantes, y el resultado es más que digno de verse. Lubitsch nunca defrauda.
jfreyba
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