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México México · Puebla
Críticas de wraparty
Ordenadas por:
207 críticas
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10
7 de diciembre de 2017
21 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
El ingenio de los directores Dorota Lobiela y Hugh Welchman se unió al talento de 125 dibujantes para dar forma a una de las películas más artísticas del año. La cinta se promueve a sí misma como la primera realizada completamente a base de pinturas a mano, ya que cada uno de los 63,000 cuadros que la componen fue pintado al óleo imitando el estilo de Van Gogh. Así, el resultado de seis años de arduo trabajo solo puede ser calificado con una palabra: impresionante.

Con una animación 100% a base de pinturas en óleo, la cinta cuenta la historia de Armand Roulin, el hijo de un cartero que llegó a ser amigo íntimo de Vincent van Gogh y quien, un año después de la muerte del pintor, ha recibido de su padre el encargo de entregar la última carta que el artista escribió a Theo, su querido hermano. La travesía de Armand lo llevará a descubrir lugares y gente que fueron claves en la vida del holandés, revelando misterios acerca de su atormentada vida y planteando incógnitas acerca de su misterioso suicidio.

Con una narrativa bastante parecida a la utilizada en Citizen Kane, el público acompañará a Armand en sus investigaciones acerca de la vida y muerte del mítico pintor, los cuales si bien en un principio le eran bastante indiferentes, al final terminarán haciendo que tanto el protagonista como el espectador que lo acompañó durante 94 minutos de magia artística terminen fascinados con la vida y obra del holandés. De esta forma, más que una película animada, Loving Vincent es un tributo a un artista de quien, aunque sus cuadros son conocidos por todos, solo unos cuantos saben acerca de su historia.

Entre los actores que prestaron sus rostros y voces para dar vida a los óleos que conforman la película se encuentran Douglas Booth (Noah, Jupiter Ascending), Saoirse Ronan (Atonement, Brooklyn), Jerome Flynn (de la serie Game of Thrones) y Eleanor Tomlinson (The Illusionist, Alice in Wonderland) quienes encarnan a Armand Roulin, Marguerite Gachet, Paul Gachet y Louise Chevalier personajes que, junto con el resto que aparecen en la cinta, fueron alguna vez retratados por el artista. Mientras tanto, un desconocido Robert Gulaczyk es quien da vida a un Vincent van Gogh que aparece siempre en flashbacks a blanco y negro, como un recuerdo, como un fantasma cuya presencia se siente durante todo el filme.

Es así como, a pesar de pudieran encontrarse algunos fallos en el argumento policíaco de la cinta, la realidad es que el espectador quedará fascinado al ver una auténtica obra de arte en movimiento, con pinturas que serán suficientes para involucrarlo en la historia y dejarle un excelente sabor de boca. Sin lugar a dudas, trabajos atrevidos e innovadores como el de la polaca y el británico se agradecen por ofrecer una apuesta distinta para el público cinéfilo ávido de nuevas propuestas de calidad, sobre todo cuando los resultados son tan brillantes. Sin lugar a dudas, es una película que nadie se puede perder.

Calificación: TÚ DECIDES.
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wraparty
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8
11 de mayo de 2017
16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Acostumbrado a llevar acontecimientos reales a la gran pantalla, el director Peter Berg (Lone Survivor, Deepwater Horizon) rinde un brillante homenaje a las víctimas de los atentados perpetrados el 15 de abril de 2013 durante la maratón de Boston. Con una narrativa muy característica de las películas de este género, el cineasta inicia con un mosaico que incluye a víctimas, agresores, héroes y demás involucrados en el incidente, dando una pequeña muestra de las vidas de cada uno. Como eje principal de la historia, Berg crea a Tommy Saunders, un personaje película ficticio que se presenta como un policía encargado de la vigilancia del maratón, y quien posteriormente se convertirá en una pieza fundamental para capturar a los criminales.

Posteriormente se muestra el atentado, para después dedicar la mayor parte del largometraje en la búsqueda y captura de los perpetradores. Al final se incluye un mini-documental con testimonios reales que sin duda conmoverán a más de uno. De esta forma, se trata de una película redonda en cuanto a su estructura. Asimismo, la cinta cuenta con el gran mérito de conjugar de forma excepcional el drama con las escenas de acción, contando con dos escenas cuya cinematografía es de un excelente nivel: la del momento del atentado y la del primer encuentro entre policías y terroristas, en las cuales el director hace gala del sello característico plasmado en sus anteriores trabajos.

Por otra parte, el desarrollo de los personajes es adecuado, logrando ser emotivo pero sin caer en sentimentalismo excesivo. En este punto, no existía un actor mejor que Mark Whalberg, bostoniano por excelencia desde The Departed hasta Ted, para interpretar a Tommy Saunders, una encarnación del inquebrantable espíritu de la ciudad para afrontar la tragedia. Asimismo, el elenco incluye a actores de la talla de Kevin Bacon (Apollo 13, Mystic River), J.K. Simmons (Whiplash, La La Land) y John Goodman (Argo, 10 Cloverfield Lane), entre otros, todos cumpliendo con un buen trabajo en los papeles secundarios.

Así, se trata de una cinta inspiradora y a la vez bastante entretenida que se presenta como un testimonio ejemplar para rendir tributo a las víctimas del terrible suceso. Sin lugar a dudas, el director estadounidense ha sabido consolidarse en el género de drama y acción basado en historias reales con un filme bastante recomendable, en el cual se cuidó tanto la cinematografía como el desarrollo de los personajes.

Calificación: TÚ DECIDES.

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wraparty
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10
5 de octubre de 2016
17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
La música es vida y no se podría imaginar la existencia del ser humano sin ella, aunque cada momento es único, bien podría tratarse de una historia que ya alguna vez ha sido contada por una canción. ¿Cuántas veces no suena en nuestra mente un soundtrack propio para acompañarnos en ciertos momentos? ¿Cuántos no nos hemos sentido acompañados tan sólo con un playlist mientras conducimos un automóvil? No obstante, pocas veces uno piensa cómo surgieron estos héroes musicales, o en donde encontraron la inspiración para seguir sus propios sueños, superando adversidades e ignorando a todos aquellos quienes se burlaron o intentaron impedir que lograran lo que tanto añoraban.

Afortunadamente, el irlandés John Carney (Once, Begin Again) se ha empeñado en recordarnos cómo surgen estos artistas, alcanzando sin duda su punto más alto como director y escritor en este año al entregar una cinta inspiradora, nostálgica y divertida. Ubicada en la década de los ochenta y en el marco de la ultraconservadora sociedad irlandesa, un adolescente encuentra en la música el refugio perfecto para superar sus problemas familiares, siendo una chica mayor su “musa inspiradora”. En contra de un sistema educativo represor, de las burlas de sus compañeros y de la incredulidad de sus familiares, decide formar una banda con el objetivo de impresionar a una chica, sin pensar que durante el viaje encontraría su verdadera vocación.

Es así como en un año escolar, el filme transporta al espectador a un viaje musical por la década de los ochenta, con referencias marcadas a los grupos como Duran Duran, A-Ha, The Cure, The Clash, Hall & Oates, Spandau Ballet y The Jam. Peinados exóticos, vestidos extravagantes y maquillaje masculino aparecen indistintamente para recordar una época que marcó la vida de muchos que han dejado la adolescencia hace bastantes años. No se trata de un musical propiamente hablando, sino de una cinta que gira en torno de la música, tampoco es la típica película de adolescentes, sino un reflejo de la sociedad y cultura de los ochenta.

En cuanto a las actuaciones, Ferdia Walsh-Peelo realiza un magnífico trabajo en el papel de Conor, un adolescente que se vale de la música no sólo como un medio para enamorar a una chica que parece inalcanzable, sino para encontrar valor para enfrentarse a sus compañeros bravucones y maestros autoritarios, así como para superar las crisis familiares; así, la evolución del personaje durante toda la película es llevada de forma excelente. Por otra parte, Lucy Boynton interpreta de manera brillante a la enigmática Raphina, una joven aparentemente fuerte que poco a poco va descubriendo su lado más sensible, formando junto con Walsh-Peelo una de las parejas más carismáticas del cine en los últimos tiempos. El resto del reparto está conformado por una serie de jóvenes que despliegan su carisma en cada una de sus intervenciones, destacando Jack Reynor (Glassland, Macbeth) como Brendan, el aparentemente sínico y antipático hermano mayor de Conor que poco a poco se convertirá en su guía durante su incursión en el mundo de la música.

Con un soundtrack impresionante que incluye clásicos y temas inéditos, la cinta se convierte en todo un agasajo musical y cinematográfico. Música, juventud, nostalgia, pasión y rebeldía se mezclan de manera perfecta en dos horas cargadas de emociones y sentimientos encontrados, culminando con un magnífico final. Sin duda, se trata de una cinta que disfrutarán no sólo aquellos de la denominada “Generación X”, sino los Millenials que crecieron escuchando los casetes de sus hermanos mayores, o que incluso han escuchado un sinnúmero de veces en las estaciones “clásicas” de radio aquellas melodías que todo el mundo ha escuchado aún sin saber el nombre o quién es el intérprete.

Sing Street no sólo es un tributo a quienes se atrevieron a ser diferentes, es un llamado para que los demás recordemos que estamos hechos para soñar y que el mundo está allá afuera para ser descubierto. Cualquier motivo es válido: una chica, una desilusión, el deseo de libertad…lo importante es seguir el llamado y buscar lo que realmente te mueve. La película termina pero la música y la inspiración permanecerán en la mente del espectador durante mucho tiempo, sin lugar a dudas, es una cinta que nadie se puede perder.

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5
4 de noviembre de 2016
14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Como parte de la repentina “invasión francesa” que ha llegado a las carteleras nacionales, llega una comedia romántica dirigida por Laurent Tirard y estelarizada por el ganador del Oscar Jean Dujardin (The Artist) y Virginie Efira, quien se ha convertido en algo así como la Meg Ryan actual del cine francés, ya que se le puede ver en muchas de las cintas del género que han salido últimamente en dicho país.

Con una narrativa digna de cualquier chick flick hollywoodense “Un hombre a la altura” cuenta la historia de Diane, una abogada en plena separación con su marido y socio que por azares del destino conoce a Alexandre, un exitoso arquitecto que con su carisma será capaz de llamar la atención de la atractiva mujer. No obstante, y como todo en la vida, la perfección se interrumpe de manera constante debido al metro y treinta seis centímetros de altura del galán. Así, Diane tendrá que lidiar con las miradas, comentarios incisivos y burlas de familiares y amigos (además de su ex), los cuales la llevarán a plantearse si en realidad la elección del pequeño Casanova es la correcta.

Sin perder nunca su sentido cómico, la cinta trata abordar un problema que en más de una ocasión ha causado (y causará) controversia en el ámbito de las relaciones de pareja: la aceptación de una deficiencia o incapacidad física en la otra persona. Así, intenta (sin éxito) despertar la reflexión acerca de qué tan importante es el físico cuando se ha encontrado a la pareja ideal. Los parámetros están perfectamente marcados en la cinta: mientras que Alexandre cuenta con todas las características de un “hombre ideal” (buen padre, amable, divertido, exitoso), el ex esposo Bruno es el opuesto total (ambicioso, arrogante, mujeriego). Sin embargo, Diane en su momento eligió a Bruno para después darse cuenta de que había sido un grave error, mientras que durante toda la película se cuestiona su relación con Alexandre únicamente por su peculiar tamaño.

Se trata así de una comedia bastante predecible y simplona que pasará como cualquier otra, con personajes sencillos y secuencias ya vistas demasiadas veces en cualquier otra película del género. De esta forma, aunque la película se puede ver e incluso llegar a disfrutar para pasar una tarde de cine, la realidad es que no aporta nada más que un par de carcajadas, lo cual hay que reconocer que no es algo necesariamente malo. No obstante, es importante puntualizar que la cinta falla en su intento de despertar la reflexión en el espectador acerca de la discriminación por defectos físicos, ya que aporta muy pocos argumentos para ahondar en el debate, cayendo inclusive en una especie de doble moral por la elección de un Jean Dujardin “digitalizado” para interpretar a Alexandre o ¿Acaso no había actores de corta estatura disponibles para interpretar el papel?

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7
21 de diciembre de 2016
13 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
En ciertas ocasiones uno admira (e incluso envidia) a aquellas personas que parecen tenerlo todo: dinero, posición social, carisma, una familia perfecta e incluso belleza física. Así, en el día a día se presentan personajes cuya aparente perfección hacen que uno se pregunte cómo es posible que la vida entregue tanto a una sola persona, mientras que otros tienen que vivir con su propia y menos favorecida realidad. No obstante, las cosas no siempre son lo que parecen y si uno observa más a fondo se dará cuenta de que nadie está exento de vivir experiencias que amenazan con irrumpir en la supuesta perfección.

Esto es lo que ocurre en American Pastoral, película basada en el libro homónimo de Philip Roth y que tiene como personaje principal a Seymur “Swede” Levov. “El sueco” es el sueño americano en persona: un hombre de origen judío que durante sus años escolares fue la estrella en tres deportes diferentes, héroe de guerra, dueño de una de las empresas más prósperas de Newark, New Jersey, y quien por si fuera poco logró conquistar a Dawn Dwyer, una de las mujeres más bellas de todo el estado. No obstante, la perfección de Swede se ve amenazada por su hija Merry, quien desde pequeña sufre de una tartamudez cuyo origen no queda claro para muchos, puesto que algunos piensan que se trata de un acto voluntario.

Conforme pasan los años y en plena efervescencia de los movimientos sociales en los Estados Unidos de la década de los sesenta, Merry se convierte en una adolescente radical, cuestionando el estilo de vida de su propia familia y cuyos ímpetus la convierten en la principal sospechosa de plantar una bomba en la oficina de correos de su localidad. Con una hija desaparecida, una esposa trastornada y siendo señalado por la sociedad por la presunta implicación de su familia en un ataque de tal envergadura, la vida de Swede dará un giro radical, quien no descansará hasta encontrar a su hija y aclarar cuál fue su participación en el lamentable atentado: es el fin del sueño americano.

Es así como Ewan McGregor debuta como director asumiendo el reto de adaptar una de las obras más significativas de la literatura estadounidense en la pantalla grande. Desde el punto de vista de alguien que no ha leído el libro (el cual es el caso de quien escribe estas líneas), da la sensación de que éste incluye demasiados temas que deben tratarse de forma más amplia para dar consistencia a la historia, por lo que al parecer su adaptación a la pantalla grande era muy difícil. Así, a pesar de que la cinta cuenta con algunos momentos en los cuales es capaz de sacudir al público, ésta es incapaz de engancharlo del todo, puesto que no desarrolla adecuadamente a los personajes principales. De esta forma, el no conocer a fondo la frivolidad de Dawn ni el origen del radicalismo de Merry, hacen difícil que el público quede convencido acerca de las motivaciones de sus acciones, mientras que la superficialidad con la que se trata el entorno social de los Estados Unidos en esa época no ayuda para siquiera realizar conclusiones propias.

En cuanto al reparto, a Ewan McGregor (Big Fish, Moulin Rouge!) no le sienta bien el papel de Swede, ya que es difícil considerar al británico como la personificación del sueño americano, por lo que sus esfuerzos por presentarse como tal no rinden el fruto esperado. Por otra parte Jennifer Conelly (A Beautiful Mind, Blood Diamond) es víctima del poco desarrollo que se le dio al personaje de Dawn, cumpliendo con una función casi ornamental como una esposa ideal de belleza envidiable, sin profundizar en la esencia de la otrora reina de belleza. En cuanto al papel de Merry, la elegida fue Dakota Fanning (I am Sam, Man on Fire) quien realiza un trabajo bastante convincente como la tartamuda y radical adolescente que decide quebrar la perfección del mundo que le rodea, demostrando que su carrera no terminó cuando alcanzó la mayoría de edad. Por último, vale la pena mencionar a Valorie Curry (Blair Witch) quien destaca en el papel de Rita Cohen, una supuesta amiga de Merry que se pone en contacto con Swede para informar sobre el paradero de su hija y quien sin lugar a dudas protagoniza una de las mejores escenas del largometraje.

En conclusión, se trata de una película que va perdiendo el ritmo en la medida en que se desarrolla su trama, haciendo que los eventos no lleguen a causar el impacto que uno hubiera deseado y que no logra conjuntar todos sus elementos para presentar una historia que tenga más sentido. Así, el espectador sabe que hay algo más, algo oculto, el problema es que el director no fue capaz de aclararlo y deja varias dudas sin resolver, aportando simples indicios. ¿Por qué quería Merry romper con “El Sueño Americano”? ¿Se trataba solo de rebeldía inspirada por el radicalismo de los sesenta? ¿Era en realidad Lyndon Johnson el objeto del odio de la adolescente? La cinta deja ver que existía algo más en la relación padre e hija que la motivó para seguir ese camino, pero todo queda en el aire. No obstante, se trata de una cinta interesante e incluso recomendable, teniendo como su mayor virtud el despertar la curiosidad acerca del trabajo literario de Roth.

Calificación: TÚ DECIDES.
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