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España España · bilbao
Críticas de ernesto
Ordenadas por:
1.037 críticas
10
8 de octubre de 2007
230 de 260 usuarios han encontrado esta crítica útil
No tiene el apoyo unánime de los críticos. Tampoco tiene el apoyo incondicional del público. Y en cambio no deja de ser de ser la película más mítica de la historia del cine.
Lo que el viento se llevo es una película intensa y desproporcionada, arrebatada y arrebatadora, deslumbrante y emotiva, triste y cruel. Cuenta una historia compleja, en la que todo encaja con una precisión milimétrica, pero en cambio nada parece fruto del cálculo, sino de la pasión de sus creadores.
La película se beneficia de la presencia del personaje femenino más memorable de la historia del cine, Escarlata O'Hara. Seductora, caprichosa, cruel, atractiva, manipuladora, irresistible, apasionada, carnal, descarada. Estos y otros adjetivos se le pueden aplicar a una mujer que nos lleva en un viaje lleno de encontronazos desde su adolescencia hasta una madurez que es como un nuevo renacer. En este viaje conocemos desde las fascinantes tierras de Tara hasta la bulliciosa Atlanta, desde la bucólica vida de los hacendados sureños hasta la más cruel y dolorosa visión de la guerra. Un viaje en el que nos encontramos con personajes memorables, aunque ninguno supera en fuerza a la protagonista. Solo el descaro y la ironía del gran Reth Buttler es capaz de poner en su sitio la egoísta desesperación de Escarlata.
Lo que el viento se llevo cuenta con un reparto memorable. Vivien Leigh esta insuperable como Escarlata O'Hara. Hace creíble a la más vulnerable y llorosa Escarlata como a la más cruel de las víboras. Junto a ella el genial Clark Gable, resulta el contrapunto perfecto a esa fuerza de la naturaleza que es Vivien Leigh. Solo alguien con su carisma y personalidad podía hacer frente a la protagonista de la historia. Ellos cargan con el peso de la historia, pero están secundados por la ternura y bondad de Olivia De Havilland, y por el extraordinario desparpajo de la maravillosa Hattie McDaniel. Solo Leslie Howard se queda corto interpretando a Ashley Wilkes, viéndole no se entiende la pasión que Escarlata siente por él.
Lo que el viento se llevó esta dirigida de forma deslumbrante por Victor Fleming. Desde las luminosas primeras secuencias, hasta ese extraordinario final en la escalera, la película impresiona con una puesta en escena compleja y espectacular de una belleza insuperable en muchos momentos. Y todo ello hecho sin ordenadores ni efectos especiales. Vi la película en la versión restaurada y la calidad de la imagen es incluso superior a la de muchas películas actuales.
Para el recuerdo quedan secuencias históricas que incluso quienes no han visto la película sabrían reconocer. Escarlata poniendo a Dios por testigo, Reth Buttler diciendo eso de francamente querida eso ya no me importa, o el memorable mañana será otro día. Y siempre acompañado todo ello por la banda sonora por excelencia. Una música de Max Steiner que es ya un clásico que te transporta a otra época. Una música a la altura del mito que a estas alturas representa Lo que el viento se llevó.
ernesto
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9
22 de septiembre de 2011
189 de 211 usuarios han encontrado esta crítica útil
En la primera película de Steve McQueen, Hunger, el cuerpo del actor Michael Fassbender se convertía en estremecedor protagonista de una historia que golpeaba sobre la conciencia del espectador de manera brutal. En la segunda película del director, Shame, vuelve a ser el cuerpo del mismo actor el que se adueña de la pantalla, de forma completamente distinta que en la anterior ocasión, pero con efectos igualemente devastadores sobre unos espectadores que tal vez puedan encontrar algún matiz en el personaje en el que reflejarse de forma profundamente desasosegante.
El protagonista de Shame es Brandon, aparentemente un triunfador absoluto. Treintañero, con una presencia física imponente, un trabajo de éxito, un lujoso apartamento en Nueva York, y una vida sexual incesante. Al principio el personaje deslumbra, pero pronto veremos como detrás de esa fachada lo único que hay es un profundo vacío. El sexo en la vida de Brandon es una válvula de escape, una forma de camuflar la imposibilidad de entablar una sola relación con un mínimo de profundidad. En cambio todo parece funcionar para él. Todo cambia el día en que su hermana aparece en su vida de nuevo. Inestable, confundida y muy sola, la presencia Sissy perturba a su hermano hasta el punto de hacerle sentir incómodo con su vida. A partir de ese momento su obsesión compulsiva por el sexo en todas sus formas, se convierte para él en algo que tiene que ocultar, algo que a los ojos de los demás le provoca verguenza. Cuando, en un momento de la historia, ve que es incapaz de dar el siguiente paso con una chica que le gusta pero que le éxige algo más, su caida en picado resulta ya inevitable.
Steve McQueen, además de excelente director tambíen notable guionista, se acerca a la descorazonadora historia de forma envolvente, mágnetica y más que sugerente. Sus potentes y cuidadas imágenes atrapan al espectador de tal forma que resulta imposible salirse de la historia por más que nos gustaría hacerlo en más de una ocasión ante la incomodidad provocada por la crudeza de lo que se está viendo. McQueen juega con el montaje en varias secuencias de forma absolutamente brillante consiguiendo momentos de cine prodigiosos poco habituales en una película de estas características, más preocupadas por el fondo que por la forma. Y aunque aquí la forma es poderosa, lo que verdaderamente da consistencia a Shame es el fondo.
(sigue sin spoiler)
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
ernesto
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7
30 de septiembre de 2008
57 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película ha sido una de las que más ha gustado a la crítica en el Festival de San Sebastián. El hecho de beber de las fuentes del cine de Ozu me imagino que habrá tenido su peso en este éxito.
El muy sensible director Hirokazu Koreeda cuenta una historia muy parecida a la de la clásica Cuentos de Tokio. En este caso son los hijos los que vuelven a pasar un día a casa de los padres ya ancianos. Pero como en aquella, los reproches más o menos manifiestos están a la orden del día, siempre bajo una capa de corrección nipona que evita que la tensión se apodere del relato. La imborrable presencia de un hijo muerto quince años atrás es el eje entorno al cual gira la reunión familiar, para desgracia del hermano pequeño que es constantemente comparado con el fallecido.
El director hace una película pausada y elegante, en la que la acción la marca el ritmo de los diálogos. Unos diálogos donde cada frase lleva implícito un reproche, siempre expresado con la mayor suavidad. En ese sentido es brillante el personaje de la anciana madre que no deja títere con cabeza sin perder en ningún momento la encantadora sonrisa de su rostro. Solo en una ocasión su expresión se vuelve dolorosa e incluso cruel ante la presencia de un personaje ajeno al entorno familiar, pero cuya vida ha marcado a la familia.
Una duración inferior a las dos horas, y un ritmo más acorde con los tiempos que corren hacen de Still Walking una película más fácil para el espectador que su modelo, Cuentos de Tokio. Pero donde Koreeda sale perdiendo es en la obviedad de todas las situaciones que se muestran. Lejos de la extrema sutileza y contenida emoción de Ozu, esta película resulta bastante más previsible en los sentimientos y comportamientos de sus personajes. Para muestra la tópica secuencia final años después.
Still Walking acaba resultando una buena película, a la que quizás se le nota mucho su deuda con la más triste y compleja Cuentos de Tokio.
ernesto
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8
30 de septiembre de 2013
67 de 80 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lleva más de diez años haciendo cine el director francés Abdellatif Kechiche, y aunque regularmente ha ido presentando sus películas en diferentes festivales de cine, nunca hasta ahora había tenido la ocasión de ver una de sus películas. Y ha sido precisamente en el Festival de San Sebastian, donde La vida de Adele se ha proyectado con motivo del premio Fipresci a la mejor película del año, concedido por esta asociación de críticos, donde he tenido ocasión de verla, ante una expectación máxima. Y es que pocas películas en los últimos años han llegado a los cines (su estreno será dentro de un mes) con una colección de elogios tan unánime como la que acompaña a La vida de Adele desde que se proyecto por primera vez en Cannes, festival que la coronó como una de las Palmas de Oro más indiscutibles de los últimos años.
Con lo cual cualquier espectador que se acerque a La vida de Adele conociendo previamente los referentes que la acompañan, solo tiene dos opciones, o disfrutar de la mejor película del año, o sentirse decepcionado, tal vez, superado por las (excesivas) expectativas.
Yo no hablaría en ningún caso de decepción, ya que La vida de Adele es como un huracán que te remueve por completo, pero sí es verdad que se le pueden poner varias pegas, achacables a su director, que restan una parte del entusiasmo final. De lo que no cabe duda es que La vida de Adele nos descubre una de las presencias más deslumbrantes que se hayan visto en una pantalla de cine en mucho tiempo, la fascinante Adele Exarchopoulos, una actriz que se entrega a su personaje como pocas actrices lo han hecho con anterioridad. Ella, y en menor medida su compañera Lea Seydoux, es la principal responsable de las grandes virtudes que hacen de La vida de Adele una película diferente y única.
La vida de Adele es la historia de un amor, el que viven la joven Adele, y la más experimentada Emma. Una historia de amor que nos lleva desde la primera mirada, hasta un final que no es un final, ya que acaba la película, pero la historia continua, sin duda.
Adele es una chica de quince años, con una vida típica de adolescente, instituto, amigos, relaciones, sexuales y de las otras, familia y, sobre todo, dudas, muchas dudas sobre lo que tiene que sentir y lo que en realidad siente. Y es que Adele siente que le gustan las chicas, y Adele cree que eso no está bien, y sufre por ello.
Todo cambia el día en que su mirada se cruza con la de Emma en un semaforo. Emma lleva el pelo azul, y será la responsable de que la vida de Adele de un vuelco definitivo. Ahí da comienzo lo que se acabará convirtiendo en una relación pasional y compleja, donde la intensidad del amor llega a desgarrar la pantalla.
Abdelatif Kechiche se acerca a esta historia colocando la cámara en los rostros de sus protagonistas y dejando que sean ellas las que vivan su historia. Cada momento de sus vidas es un trozo de verdad, de naturalidad, bien sea en la risa o en el llanto, en el sexo o en el sufrimiento, lo que Adele y Emma viven llega al espectador tal cual, sin filtros que adulteren la más auténtica de las realidades.
También es cierto que en los largos 175 minutos que dura la película Kechiche se recrea en escenas y momentos que pueden parecer redundantes y que solo sirven para alargar innecesariamente una historia a la que, tal vez, le pueda sobrar cierta parte de palabrería culturalista.
En cualquier caso el esfuerzo del director se quedaría en agua de borrjas si no tuviera a sus dos actrices protagonistas. La debutante Adele Exarchopoulos es una auténtica fuerza de la naturaleza, sensual, un punto vulgar, cercana, vulnerable, apasionada, apasionante en definitiva. Cuando Adele come, rie, llora, baila, ama, folla, sufre o grita, lo hace de tal forma que llega al corazón del espectador. Sencillamente sublime. A su lado la gran Lea Seydoux consigue no parecer ella misma, en un trabajo maduro y completamente entregado que complementa a la perfección al volcán Adele. Juntas consiguen dos momentos memorables, a la altura de los mejores nunca vistos. Una escena de sexo que dice más de ellas que el mejor de los diálogos, y una escena de enfrentamiento y reproches que pone los pelos de punta, y por la que ambas actrices merecerían todos los premios del año.
Me quedo al final con la sensación de haber visto una película que, lejos de la perfección, consigue traspasar al espectador, y lo hace gracias al talento y a la fuerza de su protagonista a la que le otorgo el 80% de la Palma de Oro conseguida en Cannes.
ernesto
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8
7 de diciembre de 2007
54 de 62 usuarios han encontrado esta crítica útil
Leyendo alguna crítica publicada en esta misma página, me da un poco de vergüenza decir que me lo pasé como un enano romanticón viendo esta película. Seguro que tenía el día tonto, y que si la vuelvo a ver me parecerá una cursilería de campeonato, pero mientras eso no pase sigo con la sonrisa tontorrona en mi cara.
En un viejo bloque de apartamentos dos chicos comparten casa. Uno es cocinero, guapo y atractivo, pero incapaz de disfrutar de una vida absorbida por el trabajo y el cuidado de su abuela enferma. El otro es un ser excéntrico, optimista, risueño y tartamudo, que solo ve el lado bueno de las personas y se entrega a ellas. Un día entra en su vida una encantadora y desvalida vecina que trastocará definitivamente su futuro. Evidentemente surge el amor entre el cocinero y la vecina. Pero no todo será un camino de rosas.
La historia, previsible si se quiere, transcurre de forma tranquila, dulzona y definitivamente encantadora. No nos tenemos que preocupar por personajes incómodos o negativos, na hay situaciones desagradables. Todo es ligero y entrañable. Se ve con una agradecible sonrisa permanente.
Claude Berri rueda con estilo y elegancia y los actores resultan adorables. Mención especial para el estupendo Laurent Stocker como el tartamudo excéntrico, que dota a su personaje de un encanto especial.
Puede que me haya vuelto un blandengue, o que realmente sea una deliciosa película romántica, no se. Lo único que se es que pasé un rato realmente agradable.
ernesto
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