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España España · Complutum
Críticas de Pableras
Ordenadas por:
201 críticas
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3
1 de agosto de 2007
79 de 119 usuarios han encontrado esta crítica útil
¿A ésto le llaman clásico? Siento discrepar (bueno, en realidad no lo siento). Me pareció sosa y aburrida. Claro, Vangelis es la hostia y ahí queda la memorable música, pero, aún ahí, debo matizar: ¿le dieron un Oscar a la banda sonora o al tema principal? Porque, rayos y centellas, sólo es la misma musiquita repetida una y otra vez.

No es (ni será) la primera película mediocre que la Academia premia. Pero ahí lo tenían todo: superación personal, épica deportiva (a mi modo de ver, insípida), historia de amor (nada atractiva, he de decir)... Esos elementos que ciegan a los académicos (y a mucha gente).

No niego ni que esté maravillosamente ambientada (que lo está, por supuesto) ni la (estupenda) calidad de sus interpretaciones, pero ni me enganchó ni me emocionó ni me pareció bien dirigida. Le falta alma, una chispa que nunca prende, pura y simplemente vida. Así sale la cosa, muy aburrida y convencional. En el fondo, todo es muy esquemático. Juega con una simplicidad a la que adorna para ocultarla. Pero a mí no me la cuela el tal Hudson.

En definitiva, un ¿clásico? que urge desmitificar.


Lo mejor: la música de Vangelis y la ambientación.

Lo peor: la narración.

> 3 <
Pableras
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6
29 de mayo de 2015
44 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hace años, cuando 'Tomorrowland' no era más que un boceto, una idea, se publicitó como la primera película no animada del célebre estudio Pixar. Al final, dicho sueño se dispersó hasta desaparecer, pero Disney siguió al pie del cañón. De aquello, una cosa sí estuvo clara desde un principio, y es que Brad Bird, director estrella de la compañía ('Los increíbles', 'Ratatouille'), sería el encargado de llevar aquel mundo imaginario a un proyecto real. Él es, o al menos era, la esperanza fundamental a la que cualquier espectador mínimamente informado se había encomendado para disfrutar de una gran obra. Sus antecedentes al margen de Pixar ('El gigante de hierro', el nuevo resurgir de la saga 'Misión Imposible' con 'Protocolo fantasma') también daban margen para la agradable sorpresa. Por contra, entre los tres guionistas del film se encuentra Damon Lindelof, y eso, a más de uno, le dará un lógico pavor. Para quienes no sepan quién es, o simplemente por hacer memoria, es preciso recordar que Lindelof era uno de los guionistas estrella de 'Perdidos' (2004-2010) y quien tomó el mando de la nave 'abramsiana' cuando empezó, en la más extendida opinión, a irse a pique. Por si fuera poco, también se encargó, "ayudado" por otros lumbreras del gremio, de hinchar de contraproducente y ridícula seriedad la muy decepcionante 'Cowboys & Aliens' (Jon Favreau, 2011), aunque tocó fondo con aquel despropósito torpe, antipático y, para más inri, infiel al universo alien que fue su aportación a 'Prometheus' (Ridley Scott, 2012). En definitiva, dos puntos de partida, más opuestos imposible, que desequilibraban, hasta casi hasta anular, toda expectativa generada en torno a la película que nos ocupa. Ahora, una vez visionada 'Tomorrowland: El mundo del mañana' (2015), que ha sido víctima de esa absurda costumbre 'made in Spain' de subtitular el nombre las películas con la traducción literal del título original (¿alguien me lo explica?), cabe decir que ni Bird ha brillado demasiado ni Lindelof ha destrozado la idea primigenia. Los prejuicios (tanto positivos como negativos) no han acertado y el resultado final es, precisamente, eso: un término medio que ni emociona ni ofende, una película agradable aunque desaprovechada que no aspira a mucho más que a ser el primer blockbuster de la época (casi) veraniega, aunque con fundamento.

La primera media hora genera unas esperanzas inesperadas y muy gozosas, pues la fantasía incesante y el protagonismo de la aventura infantil y/o adolescente le hacen a uno retrotraerse a la década mágica de los años 80, a ese cine de sello spielberiano, de marca Amblin, que tantas alegrías dio (y sigue dando) a todo buen cinéfilo. Ese ambiente impregna la apertura de la película y extiende su influencia durante un rato vibrante y delicioso dominado por el descubrimiento constante y el sentido de la maravilla. Lamentablemente, ese fulgor cándido termina por extinguirse más pronto que tarde ante el devenir de una aventura fantástica (con auténtico espíritu de sci-fi) más convencional de lo deseado y poco arriesgada que, según pasan los minutos, va estancándose sin apenas darse cuenta, desviándose puntualmente de ese esquematismo narrativo con eventuales fogonazos de humor o de chispa visual (esa Torre Eiffel como lanzadera espacial) merecedores de una sincera carcajada o de un repentino signo de exclamación. Pero a una premisa (y a una historia) con tanto juego y tantas posibilidades (la existencia de un mundo en otra dimensión donde todo es posible y los mejores y más capaces de la Tierra tratan de encontrar solución a los terribles problemas que nos aquejan) cabe exigirle(s) más, mucho más. Hay muchas más competencia que brillo (el cual se reduce a la futurista visualización de Tomorrowland) y Brad Bird permanece más invisible que nunca, con la excepción de algún sensacional plano secuencia en ese mundo del mañana, imágenes grabadas, como curiosidad, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia y, visto el resultado, siendo todo un acierto. A colación de esto, mencionar que es de agradecer, como hace poco ocurría (aunque de manera más palpable y meritoria) con la brutal 'Mad Max: Furia en la carretera' (George Miller, 2015), que no haya un abuso de efectos especiales, salvo en momentos donde resultan imprescindibles, algo que ocurre en consonancia con el hecho de que gran parte del metraje suceda en nuestro planeta y no en el que da nombre a la película.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Pableras
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2
9 de junio de 2008
43 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aeon Flux es tu nueva heroína. Está buena, es joven y atlética, da hostias como panes y, básicamente, se los folla a todos con la mirada.

He aquí una muestra de la nueva ciencia ficción superheroica (que marcaría el estilo para dejar paso a otros subproductos como 'Ultravioleta'), la cual se ahoga en su propia pretenciosidad con ínfulas de ser algo importante y novedoso y que, en realidad, no se sobrepone a su simplicidad y a su soberana tontería.

La receta de la película es bien sencilla: tiros y más tiros adornando (es un decir) una trama chorra nula en capacidad de sorpresa. Las piruetas, efectos y demás flipadas dejan con la boca abierta, sí, pero del sopor e incredulidad que provoca su visionado.

La película es pesada, muy pesada, y básicamente se reduce a su figura (y qué figura) protagonista: una guapísima Charlize Theron en horas bajas haciendo lo que puede, que se revela como mero títere comercial que anda escaso, ay, de sensualidad y energía. No vale con el físico, bonita.

Una cosa es ser poco exigente y otra muy distinta es ser imbécil. Y la peliculita de marras nos toma por imbéciles. Craso error.

Aeon Bluff debió ser su título, y es el que se quedará en el imaginario colectivo. No lo duden.

La oveja Dolly debe estar revolviéndose en su tumba.
Pableras
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10
31 de julio de 2009
37 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desde sus comienzos, Pixar siempre ha demostrado poseer una sensibilidad sincera y muy adulta, desligándose de la (en ocasiones) algo rancia moralina de Disney. A la excelencia técnica de la casa habría que sumarle unos guiones divertidos e inteligentes y una galería hilarante, tierna e inolvidable de personajes. A lo largo de los años, Pixar ha llegado muy alto. Y cuando para muchos parecía que no podrían superarse...

... llega 'Up', la décima película de esta fábrica de sueños. Y resulta ser un viaje que hará a muchos tocar, literalmente, el cielo. Porque 'Up' tiene de todo: para los que echaban de menos más risas en los últimos films de Pixar, la película de Pete Docter y Bob Peterson tiene para dar y tomar (con ideas tan descacharrantes como los perros parlanchines), y sin perder un ápice de sentimiento. Es más, yo aún diría todo lo contrario: 'Up' es la película más conmovedora que ha hecho esta compañía (especial atención a los 5 minutos iniciales, una sencilla y preciosa maravilla que sintetiza una historia de amor que hará llorar a cualquiera que no tenga horchata en las venas).

Una extraordinaria aventura sobre los sueños, las promesas, el amor, el cariño, la soledad, la compañía y todas esas pequeñas grandes cosas que mueven este puto mundo. Sobre cómo la vida brinda mucho más que dolor y siempre deja paso a un nuevo amanecer. Sobre cómo vivir la más grande de las aventuras gracias a la fuerza del amor, y emprender un viaje (que no es otro que la vida, y Ellie bien lo sabía) con el corazón en un puño. Y, claro, sobre cómo escapar de este (a veces) gris mundo amarrado a miles de hipnóticos globos de colores para encontrar la felicidad.

Con la infalible fórmula de diversión, emoción y sentimiento a toda máquina, 'Up' se revela como una (y cuánto hacía que no decía ésto, qué feliz soy) obra maestra. Ríes, lloras, vuelves a reír y vuelves a llorar. Y sales del cine con un brillo de esperanza en la mirada, con la mejor de las sonrisas y con un extraño cosquilleo que te recorre todo el cuerpo. Como si el aire que respiraras fuera más puro, como si amaras un poco más la vida que tantas veces te rompe el corazón.

Es, para mí, una de las mejores películas de la década, y una cumbre indiscutible de Pixar. Cuánto hacía que no lloraba en el cine (creo que siempre...). Cuánto hacía que no aplaudía roto por la emoción al acabar de ver una película. Cuánto hacía que no tocaba el cielo con la punta de los dedos. Y eso, sinceramente, es un regalo muy hermoso.




"Gracias por esta gran aventura" (Ellie)
Pableras
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6
8 de diciembre de 2006
36 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
"No es una historia americana; es una historia irlandesa". Así dice Brad Pitt, en un intento de metaforizar la película de Alan J. Pakula. Dicha metáfora no es muy pertinente con dicho film, ya que es un producto americano en prácticamente su totalidad, con dos estrellas (más o menos bien aprovechadas) al servicio de una correcta y entretenida película, con sus puntuales dosis de tensión, pero que de emociones escasea bastante.

El principio promete un producto potente pero, finalmente, el resto fluye bajo los cánones de la correción y jamás llega a apasionar. La (escasa) música irlandesa de la película es muy bonita (claro está), pero todo se encuentra acechado por Hollywood, y el discurso moral o político es más bien simple.

Lo que nos queda es un digno entretenimiento en el que la frase que mencioné al principio de mi crítica cierra, con cierta elegancia, la película.
Pableras
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