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Críticas 125
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
7
24 de noviembre de 2021
7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La conquista del Oeste (1962), título original en inglés: How the West Was Won, algo así como "Cómo se ganó el Oeste" Película pantagruélica, ambiciosa y cine-homenaje autocomplaciente para el espectador estadounidense. Hecha con cariño y pasión por lo propio, resulta inevitablemente lejana para los que no pertenecemos al público de ese país.

Podría hasta parecer, si se me permite el sarcasmo, una especie de clase de historia (la poca que tienen) para los ciudadanos del país de las barras y estrellas. Se habla en sus cuatro episodios individuales, dirigidos por tres grandes, Ford, Hathaway y Marshall, de prácticamente todos los elementos fundacionales mitificados y edulcorados de la colonización y desarrollo político embrionario. Tramperos, vaqueros, sheriffs, soldados federales y confederados, chicas alegres y no alegres, familias de colonos, irlandeses, Abraham Lincoln, Shermann, arribistas, el ferrocarril, el Ponny Express, etc, etc.

Y para que no falte de nada, un elenco de figuras del género que parece una enciclopedia viva del Western en cuanto a actores famosos. Asistimos al desfile de "galácticos" (termino futbolero): John Wayne, Henry Fonda, R. Widmark, Eli Wallach, Lee J. Cobb, James Stewart, Gregory Peck, George Peppard o el contrapunto femenino de Carroll Baker y Debbie Reynolds.
No quiero que parezca mi crítica una visión despectiva de La conquista del Oeste. Es una de las películas con arranque musical más brutal e impactante de la Historia gracias a la BSO legendaria, épica y motivadora de Alfred Newman. Seguramente la obra musical más emblemática del Western ¡Y ya es decir! A quien no le cautive, no sé qué hace viendo pelis de este género.

Fotografía de impacto, de belleza buscada, también homenaje a los mejores paisajes de un país tan grande, rodada en Cinerama (fue la primera) y narrada por otro grande, Spencer Tracy, algo así como el profesor de esta clase de Historia de los EE.UU.

Para los fans del Western, no es una película más. Es de las imprescindibles aunque seguramente casi todos tenemos en nuestro top ten de las mejores otros títulos más emocionales, los que nos robaron el corazón ya desde que las vimos siendo niños, esos clásicos de Raoul Walsh, Hawks, Ford y demás que defendemos como si fueran nuestros hijos pequeños, los más mimados, los intocables.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Argumentalmente, la película parece un homenaje al Western y a las raíces del país (termina con una visión actual de EE.UU. con sus rascacielos, carreteras de múltiples carriles, su industria, su condición de gran potencia mundial). Todo muy patriótico, muy sentido.

Aún así, recomendable.
3 de febrero de 2022
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Orville es una serie de televisión de ciencia ficción con toques de comedia estadounidense ideada por Seth MacFarlane en 2017.

Se trata de una agradable sorpresa televisiva con un planteamiento bastante simple: se toma la idea básica de la serie Star Trek, una nave que viaja por el espacio realizando diversas misiones en un futuro muy avanzado y ético comandada por una tripulación diversa en personajes, todos muy carismáticos, entre los que destaca el capitán de la nave, en este caso llamado Ed Marcer (el propio Seth MacFarlane) que tiene su propia posición de mando en el centro de control (con su correspondiente sillón), a su lado, el segundo al mando, en este caso su ex-esposa (le fue infiel) Kelly Grayson (Adrianne Palicki) y alrededor los típicos especialistas y técnicos que pertenecen a diversas razas alienígenas con mayoría de humanos, todos ellos con mucho protagonismo en la trama.

Todo está planteado mimetizando sin ningún pudor Star Trek pero con una novedad en el argumento muy peculiar: a las aventuras espaciales de turno se les unen pequeños toques de comedia, incluso planteamientos y lenguaje políticamente incorrectos (sin pasarse mucho, la serie es transgresora pero no excesivamente). Podemos escuchar alguna que otra palabrota o muletilla malsonante y en el argumento pequeños detalles de relaciones sexuales, diversas irreverencias (en uno de los episodios de la primera temporada, se habla de los Krill, una raza alienígena enemiga,de fanatismo religioso, intolerante y muy violenta), adulterios, bromas de mal gusto, etc.
Aqui no existe la "bienséance" de Star Trek, ese mundo casi perfecto de la Federación que siempre se rige por criterios morales exquisitos, rigurosa disciplina y buenas maneras. En Star Trek los protagonistas tienen siempre un comportamiento ejemplar, respetuoso, democrático, empático, usan un lenguaje escrupulosamente correcto, salvo que alguna circunstancia especial justifique un posible "desvarío". En The Orville, los personajes son mucho más humanos, más imperfectos, tienen tentaciones, cometen errores, pequeñas maldades...

Otro detalle que diferencia Star Trek con The Orville es que en la segunda aparecen sin ningún rubor de vez en cuando pequeños detalles anacrónicos o al menos "vintage" (el capitán tiene una rana Gustavo de peluche en su despacho, ven películas del siglo XX, usan vídeos de realities shows televisivos, la tecnología a veces parece anticuada, ni siquiera digital y mucho menos virtual).

Lo curioso es que esta mezcla de ciencia ficción clásica de naves y decorados hechos por ordenador (todo está nuevo, limpio y luminoso, no existe la roña ni el óxido, ni el deterioro por uso prolongado) junto a pequeños toques de humor y formas culturales de nuestra época actual puede verse igual que veríamos cualquier episodio de Star Trek, con sus aventuras, emoción, peligro, conflictos, batallitas de naves que se disparan, se camuflan, tienen escudos defensivos, etc sin que interfieran en la trama los momentos de comedia de sitcom clásica. Ambas cosas son compatibles.
The Orville está hecha con buen gusto. Es agradable de ver y nos identificamos con sus personajes. Es muy cercana. Aquí los personajes son entrañables, divertidos, cascarrabias, todos muy humanos, muy de verdad. No son héroes admirables sino personas creíbles, realistas, dentro de un orden.

Totalmente recomendable.
14 de mayo de 2021
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es bien sabido que las grandes películas necesitan, sí o sí, incluir pequeños detalles que se nos queden en la mente. El gran carnaval (Billy Wilder, 1951) es un manantial de pequeños detalles, de frases ingeniosas, de diálogos vitriólicos, de miradas y gestos impactantes, de buenos planos, de talento.

Un "periodista" llamado "Chuck" Tatum (Kirk Douglas) se queda en paro y encuentra (yo diría que exige) empleo en un rotativo de Nuevo Méjico. Allí extiende sus tentáculos y se apodera de mentes y almas con su descaro, su lengua bífida y su desmedida ambición, desde el director hasta los compañeros. Luego van cayendo todos los que pasan a su lado, políticos, policías, técnicos y por supuesto, el público, la masa estúpida y morbosa. Tatum atrae a la masa, la masa atrae a Tatum. Es la simbiosis necesaria, la base del amarillismo periodístico.
Ya desde el principio, en la redacción del periódico, Tatum enciende una cerilla con una máquina de escribir. Es mucho más que un pequeño detalle cinematográfico. Es una metáfora de toda la película: el codicioso arribista usa el periodismo (simbolizado en la máquina de escribir) para "encender" su cerilla (su ego, sutil símil fálico).
Wilder y Douglas. Nada podía salir mal. Es mucho talento junto.

Del maestro Wilder, poco que decir. Siempre recordamos sus comedias. Es nuestro subconsciente, nuestra necesidad de ser felices recordando risas y sonrisas. Pero el gran Billy hizo muchas películas de todo tipo, también amargas, duras, valientes, como "Ace in the hole", una descarnada visión crítica del peor periodismo, de lo peor de los seres humanos, tan real y habitual que la película hasta se queda corta, comparada con la vida real.

No hace falta mirar mucho los medios para saber que la tv nos escupe basura a la cara en cuanto damos al botón de encendido. Yo he dejado de verla hace tiempo. En este país todos (sí, todos) los medios de comunicación generalistas están pagados por los mismos dineros, sirven a los de siempre, estupidizan a las masas y las masas atraen e los Tatums españoles de turno. Todas las tertulias están repletas de ellos. Lacayos a sueldo de los patronos del Ibex que derriban o ningunean a políticos y personas honradas (las pocas que hay) con las "cloacas del Estado", con Indas y Ferreras, con Hormigueros y Rojos Vivos, con Vicentes Vallés y fascistas travestidos de periodistas.
Kirk Douglas
El Gran Carnaval es el pan y circo romano. El espectáculo que ciega a los mediocres como la luz a los insectos.

Maravillosa película. Otra obra maestra de Billy Wilder. Otra más.
Herramienta pedagógica para quien le quede aún un poco de conciencia y alguna neurona. ¡Despierta a los niños que tienen que ver esta película!
9 de enero de 2022 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra, When Dinosaurs Ruled the Earth es de esas película que se prestan para ser devoradas por críticos sedientos de sangre cinéfila por la tremenda obviedad de sus errores históricos (perdón, quise decir: prehistóricos), lo inverosímil de su argumento, los anacronismos y la falta general de calidad.

Sin embargo, muy en la línea de las series B, se trata de una película que hay que valorar con otro tipo de óptica. Es un tipo de cine que si no existiese habría que inventarlo porque, frecuentemente, olvidamos que el Cine es ficción, no un documental, ni siquiera tiene la obligación de ser transcendental. De lo que se trata es de buscar comunicación con el espectador y si se consigue intimidad y complicidad, mucho mejor. También es legítimo divertir.

El primer rasgo de interés es el mero hecho de hacer una película sobre la prehistoria, una época mítica, desconocida pero muy abierta a la especulación y la fantasía. Aún más importante es que se trata de un terreno cinematográfico muy virginal, muy poco usado. Del mismo modo que resulta cargante e indigesto la repetición argumental de historias redundantes, historias que hemos visto ya más veces de lo que podemos soportar (el poli duro que se salta la ley para ganar a los malos, la familia que es traicionada por su mejor amigo-a que luego resulta un-a psicópata pero lo derrotan con violencia, historias de mercenarios que triunfan en la vida, el chico que se enamora de la chica y triunfa el amor platónico, etc, etc) hay muy pocas películas ambientas en la Prehistoria. En sí es ya un aliciente por ser un tema tan infrecuente.

Otro rasgo que muchos no valorarán es el hecho de que esta película se puede ver perfectamente en versión original (en inglés) entre otras cosas porque solo escuchamos una voz en off al principio y tampoco aporta nada que no podamos presuponer. Es meritorio contar una historia perfectamente comprensible por todo tipo de públicos sin que se entienda una sola palabra,

En Cuando Los dinosaurios dominaban la Tierra las tribus están formadas claramente por actores anglosajones de la época (1970), son muy guapos, visten púdicas prendas, aparentemente pieles de animales, que muestran todos sus encantos pero tapan lo que hoy en día censuramos del cuerpo humano, gestualizan de modo poco convincente para una época en que presuponemos que los seres humanos tendrían un comportamiento y aspecto más animalizado que hoy en día, etc.

Pero todos estos errores tan obvios no rompen la diversión de una película de aventuras, de exotismo, de personajes carismáticos, una película para soñar y fomentar la imaginación. Pura evasión.
Sería muy fácil narrar exactamente lo mismo con mucho mayor rigor histórico, con estupendos efectos visuales, con CGI, con más precisión, con dinosaurios creíbles...pero no sería lo mismo. El Cine también es magia y es la libertad de elegir si cambiamos o no la realidad a nuestro antojo, de romper las reglas. De regalarnos el placer de no ser nosotros.

A veces expresa más, comunica más un dibujo animado, una maqueta simplona, lo imperfecto, lo mal hecho que la imagen hiperrealista, el efecto visual perfecto hecho por ordenador.
Ahí radica el encanto de esta curiosa película que muchos no querrán aceptar.
11 de diciembre de 2021 5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Raíces profundas es uno de los westerns clásicos más recordados de todos los tiempos. Originalmente titulado en inglés "Shane", el nombre del personaje principal, el pistolero "reconvertido" que interpreta con gran tino Alan Ladd, es una película de culto desde hace años.
El bonito título que eligieron para su exhibición en España ha adquirido una semántica inesperada pues para los que tenemos cierta edad y mucho visionado de cine clásico, la cinta genera metafóricamente precisamente eso: raíces profundas en nuestro recuerdo individual y colectivo. Es una película que llevamos en el corazón.

Curiosamente, los cinéfilos empedernidos han preferido casi siempre referirse a ella por el nombre original y rememorar así al personaje de Ladd, seguramente el mejor que jamás interpretó. Y es que Shane es todo un caramelo para cualquier actor, personaje clásico de western, épico y humano al mismo tiempo, muy bien trabajado por el habilidoso George Stevens, que cuenta con una larga y elogiable filmografía con bastantes títulos que rivalizan en calidad con Raíces profundas: Gigante, Un lugar en el Sol, La historia más grande jamás contada, Serenata nostálgica, etc.
Brandon De Wilde
Paradójicamente, también ha habido cierta inercia en muchos críticos y aficionados al Cine, en cuestionar la idoneidad de haber elegido a Alan Ladd para tan jugoso papel. Y es que se trata de un papel tan clásico que permite especular sobre cómo hubiera resultado si hubiera sido interpretado por otros grandes. Es un juego divertido que recomiendo ¿Cómo hubiera sido Shane interpretado por John Wayne? ¿Por Burt Lancaster? ¿Por Brando? Sin duda, todos hubieran imprimido su sello personal al personaje generando una bellísima policromía de interpretaciones potenciales del personaje.

El que es "inamovible" en Raíces profundas, de hecho lo es en todas sus películas, es Jack Palance, que aquí interpreta, cómo no, al pistolero a sueldo Jack Wilson, contratado por el abyecto cacique Rufus Ryker (Emile Meyer), mezquino, como necesariamente tiene que ser un villano y cobarde como para enfrentarse (aunque tenga su banda de acólitos matones, como ya suponíamos, mediocres) a Shane, que no solo es un eficaz y carismático tirador sino que posee la fuerza de la dignidad. Ryker no está a su altura en talento y mucho menos moralmente.
Van Heflin
La película plantea una vez más el duelo entre la moral y la inmoralidad, entre la valentía y la cobardía, entre el bien y el mal. Shane, llega a una granja donde vive la familia Starret cuyo padre de familia es el honrado y pacífico Joe Starrett (Van Heflin), su esposa Marian (Jean Arthur) y el niño, rubito y silencioso (Brandon de Wilde). El chiquillo tendrá un protagonismo absoluto en la cinta que habrá que detallar en el spoiler. Shane que llega a la granja buscando una nueva vida tras una violenta trayectoria, que solo insinúa el guion, se entromete en el chantaje y matonismo que Ryker ejerce sobre los Starrett, Simplemente, por una cuestión de conciencia, por el rechazo al abuso, a la injusticia.

Shane intenta resolver el conflicto como no la ha hecho nunca en su vida, con diálogo, con respeto, pacíficamente. Naturalmente las buenas acciones, las buenas palabras no suelen causar efecto en la gentuza, en los violentos. El pasado de Shane regresará como si existiera el fatum, el Destino inexorable que nos obliga a hacer siempre lo que nos ha tocado en la vida. Como si fuera una maldición.

La narración de Stevens no baja la tensión en ningún momento. El conflicto irá in crescendo a medida que Shane no cesa de inmiscuirse en los asuntos de los villanos de turno. Diálogos agresivos, con continuas provocaciones hacia Shane solo conseguirán que afiance sus dudas sobre seguir interviniendo o no en un asunto que no le concernía en lo personal y que podría dejar pasar sin mayores remordimientos.

Y tendrá que llegar Wilson, el matón profesional contratado por Ryker, un Jack Palance como siempre perfecto, con esa mirada tan propia y ese lenguaje gestual, lento, calculador, inquietante que solo él era capaz de imprimir a sus personajes. El Diablo hecho persona.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
El duelo Shane vs Wilson era inevitable y es uno de los más recordados de la Historia del Cine, también por su resolución. El niño tendrá un momento crucial que permitirá un final adecuado para que triunfe la decencia. Quizá en el cine actual hubiéramos tenido una conclusión más abierta o incluso incómoda para el espectador, pero esto es cine clásico. Estamos disfrutando de una película de 1953.

El otro gran dilema moral que hace dudar a Shane es la fascinación que involuntariamente genera sobre el niño que observa, desde su ingenuidad de chiquillo, cómo sus padres, personas de bien pero pacíficas, se ven impotentes para frenar el abuso y es Shane el único que puede poner orden. Es una pedagogía que Shane, dolorido por su azarosa vida anterior, no quiere inculcar en el niño. Está "educando" sin querer a un muchacho que de mayor será como él, un mercenario a sueldo, una persona sin raíces, sin familia, errante...

La redención, ni siquiera el éxito tras destrozar al pérfido Wilson y el miserable Ryker, justifican el efecto no deseado en lo que ha aprendido el pequeño Joey. Es el precio que hay que pagar por tener éxito.
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