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La Cenicienta

5,6
12.383
votos
Sinopsis
Cuenta las andanzas de la Ella (Lily James), una joven cuyo padre, un comerciante, vuelve a casarse tras enviudar. Para agradar a su padre, acoge con cariño a su madrastra (Cate Blanchett) y a sus hijas (Holliday Grainger y Sophie McShera) en la casa familiar. Pero, cuando su padre muere inesperadamente, la joven queda a merced de unas mujeres celosas y malvadas que la convierten en sirvienta y la relegan a la cocina. Pero, a pesar de ... [+]
Críticas ordenadas por:
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21 de marzo de 2015
46 de 68 usuarios han encontrado esta crítica útil
No cabe la menor duda de que Disney vive uno de sus momentos más dulces en años.
Después de pasar por una severa crisis a principios de siglo con todas sus producciones animadas pinchando y confiando casi exclusivamente en Jack Sparrow y sus piratas del Caribe para salvar la papeleta de la casa de Mickey Mouse, las tornas parecen haber cambiado drásticamente para la más querida de las productoras. Los éxitos de Tiana y el sapo y Enredados en 2009 y 2010 (moderado en el caso de la primera, más rotundo en el de la segunda), allanaron el camino para el mastodóntico, incontestable e indudablemente extraordinario fenómeno de Frozen en 2014, quizás la primera película animada de la casa capaz de competir en fama y cariño popular con los grandes clásicos de los 90 o incluso de décadas pasadas de la casa del tío Walt. Con Maléfica la cosa también salió maravillosamente, al menos en lo económico. Ahora, nadando en dinero gracias a Marvel Films y sus superhéroes y a la espera de ver si Pixar se apunta a la fiesta con la recuperación de su mejor versión comercial y artística (cosa que (en lo artístico ya es más discutible) perfectamente podría suceder vista la espléndida pinta de Inside Out y las ganas que hay de The Good Dinosaur), todo son buenas noticias en Disney y se ve que quieren celebrarlo acercando de nuevo al público lo que más le gusta: los cuentos clásicos de siempre.
Cenicienta, para que se entienda rápidamente, es prácticamente un remake de la versión animada de 1950, la que enamoró y sigue entusiasmando a todas las generaciones que la ve. Eso es lo que es y no hay que esperar otra cosa. No hay que pedirle peras al olmo ni tiene sentido quejarse por su falta de originalidad, porque no pretende en ningún momento nada más que rendir homenaje a todos los tópicos del género y homenajear las historias de magia y princesas de toda la vida. Olvídense de la parodia mezclada con homenaje de Mirror Mirror (T. Singh, 2012), de las ínfulas guerreras de Blancanieves y la leyenda del Cazador (R. Sanders, 2012), de la desvergonzada y deliberada cutrez de Hansel y Gretel (T. Wirkola, 2013) o de la adolescente revisión de Caperucita Roja (C. Hardwicke, 2011). Esta Cenicienta es puro clásico, puro cuento y pura magia, y lo cierto es que el resultado, para quien le guste ese estilo, es una gozada.
Contando con un trabajo técnico verdaderamente espectacular (la recreación del reino es espectacular, y el vestuario y la dirección artística son magistrales), Kenneth Branagh se marca una de las películas más encantadoras vistas en mucho tiempo, emotiva, sentimental, llena de buenos valores y mejores intenciones, pero sin renunciar al sentido del humor (las carcajadas del público son constantes) ni por supuesto al romanticismo. Se permite además Branagh planos de gran belleza formal (ver los picados de Ella con la rama y de Kit abrazando al rey o las transformaciones de la calabaza y Ella para el baile) y filma una película que es un festival de luz y color, alegra el corazón del público con su buen rollo y además entretiene con un metraje que ni se pasa ni se queda corto. Secuencias como la del famoso baile, la magia del Hada Madrina, el primer encuentro en el bosque entre la pareja protagonista o el enfrentamiento entre Ella y Lady Tremaine, sin olvidar el final, son dignas de recordarse y resultan verdaderamente emocionantes de contemplar en la pantalla.
Entre los actores, hay que alabar la infinita dulzura e ingenuidad de Lily James, perfecta para el personaje principal y muy bien acompañada por un Richard Madden que compone un príncipe galante pero con un punto juguetón. Helena Bonham Carter no tiene que esforzarse nada para estar memorable como el Hada Madrina porque es un registro que la actriz inglesa domina hasta con los ojos cerrados. Cate Blanchett se lo pasa bomba y resulta deliciosamente maliciosa, aunque sus mejores escenas son aquellas más "dramáticas", por así decirlo (ver cuando cuenta su cuento a Ella o todo el final) y en las cómicas a veces resulta un poco histriónica, algo nada habitual en ella. Así, son unas soberbias Sophie McShera y Holliday Grainger quienes mejor llevan el peso cómico como las dos ridículas hermanastras, sin duda los personajes que más risas provocan.
No se lleva la máxima nota porque tiene un gran fallo, que es la voz en off. Aunque queda justificada en los últimos segundos y a pesar de su conveniencia en los primeros compases de la cinta, después se convierte en un lastre innecesario que entorpece la cámara de Branagh y no aporta realmente nada más que irritación en el espectador. Se le puede perdonar porque el resto tiene un nivel superlativo, pero es una pena que nadie se diera cuenta de lo molesto que resulta ver la película con esa voz subrayándolo todo.
En definitiva, una película sobresaliente para aquellos que amen los cuentos clásicos pasados por el tamiz de Disney y que debería serlo también para cualquier aficionado a las cosas bien hechas en el cine.

Lo mejor: Prácticamente todo y muy especialmente su enorme encanto y lo entretenida que es
Lo peor: La voz en off es enormemente cansina y subraya innecesariamente las imágenes
Sibila de Delfos
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16 de marzo de 2015
24 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Blancanieves y el Cazador me pareció muy, muy mala. Alicia en el País de las Maravillas, también; y aunque todos se derritieron a los pies de Maléfica, por alguna razón (Tal vez porque quería una ver una película sobre una VILLANA) no pude soportar el metraje. Entonces, dado que soy un ser amargado y lleno de bilis, obviamente Cenicienta me pareció una soberana porquería ¿Cierto? ¡¿CIERTO?! Pues que se habrán los cielos y que lluevan ranas, porque Cenicienta es increíblemente buena. Lily James es encantadora por las dos horas que dura esta adaptación, le da vida y carisma a un personaje que en el cuento (e inclusive en la cinta animada) es extremadamente estilizado. Una vez que te acostumbras a verlo sin barba (Para los que ven Juego de Tronos) Richard Madden es perfecto como el príncipe, coqueto pero lo suficientemente maduro como para que te "tragues" todo este asunto del "amor a primera vista". El resto del reparto funciona muy bien, aunque sigo teniendo problemas con Elena Bonham Carter como el Hada Madrina, ya que su apariencia parece sacada de una cinta de Tim Burton, y en cierta manera, rompe con el tono que la película había mantenido hasta ese momento. Gracias a dios no tiene tanto tiempo en pantalla como podrías imaginar. La actriz que se lleva las palmas (como siempre) es Cate Blanchett (La madrastra), quien le pone los pies en la tierra a una villana que pudo ser un chiste en interpretación, pero consigue salir a flote como una mujer realmente despreciable y bien ejecutada (No por nada esta mujer tiene dos Óscar en casa). Hablando particularmente de la historia, lo que las otras adaptaciones han intentado, es querer ser demasiado realistas, demasiado fantásticas, o bien han querido cambiar toda la historia para terminar con algo original. Cenicienta es encantadora en la medida correcta, es realista en la medida correcta, es divertida en la medida correcta, y es -sorpresivamente- dramática en la medida correcta. Te pone a pensar sobre los horribles hechos que narra esta historia, y que pasamos por alto porque ya conocemos la trama al derecho y al revés ¿Una huérfana forzada a ser una criada para su madrastra? ¡Es horrible! y aun hay mas. El amor a primera vista se siente real, todos los aspectos técnicos son correctos, y (esto varía de persona a persona) agradezco que no se tratará de un musical. Eso si, no esperes algún giro novedoso, o algún aporte especial a la trama original. Esto es básicamente la historia que todo el mundo conoce, sin mayores sorpresas, PERO está tan bien narrada, que vale la pena.

Más en: http://elultimoframe98.blogspot.com/2015/03/mix-criticas-chappie-zapatero-su-zapato.html
Victor Vera
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29 de marzo de 2015
15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
'Cenicienta', versión 2015, no es tu típico cuento.
Allá donde otros prefieren triunfar con reformulaciones, cambios de protagonista o enfoque, la nueva fábula de Disney se permite el lujo, raro y extraordinario, de triunfar en sus propios términos y morales. No pervierte el cuento ni lo cambia, y desde luego no le inyecta oscuridad creyendo que eso le dará validez.
Exhibe un corazón descaradamente romántico e idealista, y, perfectamente consciente de ello, lo elige como su arma para luchar en estos tiempos oscuros. Pero cree que existe la bondad aún en ellos y, por extensión, en el interior de su posible cínico espectador.

¿Los cambios al cuento son mínimos?
Sí y no. Kenneth Branagh, un narrador extraordinario, es consciente de que parte con desventaja: hemos crecido y no hay bondad posible en este mundo acomodaticio y dolido, tan dolido que insconscientemente contagia su dolor a otros.
No había necesidad de cambiar nada, la historia sobre una chica sencilla y generosa sigue teniendo toda la fuerza de antaño, porque no hay flor más bella que la que crece contra la adversidad.

Somos testigos de cómo Ella soporta estoicamente humillaciones de su madrastra y cómo, más allá de ser estúpida y dejarse hacer, aguanta por determinación, porque la enseñanza de su madre ("tu generosidad te llevará lejos") no dejó su huella en vano en ella.
Odiar, albergar rencor... sería ponerse al nivel de su nueva familia, y por eso no lo hace, porque cree en algo mejor, en lo bueno del mundo que más de una vez se esconde ante la presencia de todos nosotros, en su capacidad para salir adelante pese a todo lo malo que pueda pasar.
Esta es, con probabilidad, la mejor (re)construcción de una heroína: la que triunfa por convicción, la que soporta por coraje y la que actua por decisión. Qué lamentable poner armaduras y espadas a las princesas modernas cuando se olvidan de lo más importante: una fortaleza interior insuperable.

Todo lo mágico que puede haber viene por añadidura: cuando Ella se derrumba ante una realidad injusta, ese mundo mágico que solo ella lograba ver (no consigo distinguir si los ratones hablan... pero no cabe duda de que dicen algo) viene en su rescate, no para solucionarla la vida ojo, sino para concederla la justa recompensa contra su situación.
Podemos ver que ella va a bailar con el príncipe, pero no, va a bailar con el chico que conoció una vez (que resulta ser un príncipe). No es tanto el oro y el lujo como las conversaciones al anochecer: lo menos importante de ambos es cómo van vestidos o a dónde pertenecen. Cómo ha cambiado el cuento.

Merece especial atención una Lady Tremaine que Cate Blanchett podría haber optado por tomarse a broma, pero como la gran actriz que es elige justo lo contrario, tomársela muy en serio.
No cuesta mucho imaginarla como una Cenicienta de otra época, generosa y felizmente enamorada, hasta que este mundo consiguió convertirla en lo contrario. No seré yo quien la culpe de amores no correspondidos, porque en un fantástico giro final descubro que ella soy yo. Y ese. Y aquel. Y tú.

Hemos dejado de creer en los cuentos, nos hemos convertido en villanos que inconscientemente queremos sabotearlos, porque ya hemos crecido y nos demostraron que mentían.
Y sin embargo, esta Cenicienta cuidadosamente construida se convierte en un cuento que yo querría oír, porque cree en lo bueno, pero no deja de lado que más de una vez sea imposible de conseguir. Aunque si lo intentamos... ¿no son los sueños lo que merece la pena perseguir?
Charles
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14 de febrero de 2015
14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sigue funcionando la máxima de que “nada debe ser tocado, para que todo cambie”. CENICIENTA, de Kenneth Branagh, se postula con entusiasmo a convertirse en un lucidor ejemplo de ello. Orquestada bajo el implacable control de la factoría Disney, evidentemente, la tentación de una relectura contemporánea que combatiese con voracidad contra el legendario clásico de 1950 era harto improbable. De ahí que, en un principio, la noticia de que un realizador en horas muy desorientadas, como es el caso de Kenneth Branagh, se hiciese cargo de este encargo hacía prever un producto facturado a mayor gloria del mero rescate comercial, cómodo, obediente y listo para mundial consumo.

Sin embargo, la sorpresa de esta resurrección en carne y hueso de uno de los hitos más incuestionables de la historia del cine de animación viene dada por partida doble: primero, por cuanto la película ofrece, como no podía ser de otra forma, lo que la productora exige y de ella cabría esperar (esto es, un respeto máximo y disciplinado para con el original recuperado), pero permitiendo que la operación contemporaneizadora logre introducir una serie de sugestivos arreglos dramáticos mediante los cuales el producto final disponga tanto de una sutil autonomía con respecto al clásico, como de una mínima pertinencia moderna. Y, segundo, por cuanto felizmente la película logra que nos reencontremos con unos animosos modos, que nos permiten recuperar al mejor Branagh de mucho, mucho tiempo.

Con tan solo un par de meses de diferencia, van a coincidir en nuestra cartelera el estreno de CENICIENTA con la exhibición de INTO THE WOODS, de Rob Marshall. La comparativa entre ambas resulta un planteamiento de análisis muy válido para hacer resaltar las virtudes de la primera. La película de Marshall era un fracaso casi absoluto, por cuanto resultaba bastante evidente que el autor de CHICAGO no había tenido la capacidad realizadora de estar a la altura de un material escrito (un libreto de un magnífico musical escrito por Stephen Sondheim), en el que, justamente, la idea central era la de cuestionar a los personajes de los cuentos infantiles, de humanizarlos, de tolerar que se revelaran contra un futuro ya escrito, en el que, además, deben afrontar las decisiones tomadas fruto de ese quiebro al destino. La inapropiada caligrafía acartonada, gélida y pobretona con la que esta fascinante idea de partida estaba resuelta condenaba a INTO THE WOODS a quedar condenada a imperdonable oportunidad perdida para un musical de primera línea.

Por fortuna, CENICIENTA dispone un planteamiento y un resultado diametralmente opuestos. Branagh parte de un texto que, en esencia, repite impecablemente la estructura de su punto de partida, esto es, el summum del género de cuento de hadas “disneyano”. La trama de acontecimientos dispuestos para esta nueva cita con la desgraciada hijastra de una perversa mujer empeñada en que sean sus hijas las que se casen con el príncipe del reino es la misma conocida hasta la saciedad por el gran público. Sin embargo, el “remake” de este 2015 procura una serie de aportaciones mediante las cuales el film adquiere una acometedora ligereza y una ajustada elegancia del todo estimulantes.

Por un lado, cabe destacar, el soberbio diseño de producción dispuesto para que Branagh pudiera estar a la altura de la fascinación disneyana fraguada hace casi siete décadas. La fotografía, los decorados, un impresionante vestuario y unos efectos especiales magistralmente amarrados por Branagh para que su visión del clásico remita a la época cinematográfica en la que la primera CENICIENTA fue creada (esto es los años 50, la apoteosis del color) pertrechan a su película de una factura realmente fastuosa. La traslación a actores de carne y hueso logra preservar el encanto cromático, fantasioso, almibarado y elemental de la primera. Destacan sobremanera los momentos más espectaculares de aquella. No desmerecen sino que vuelven a arrollar, por tanto, la recreación de escenas como la de la transformación de Ella a cargo del hada madrina (divertidísima Helena Bonham Carter) para asistir al baile (incluidas, por supuesto, la transformación de la calabaza en carroza, de los ratones en caballos, de las lagartijas en mozos de carruaje y del ganso en conductor del mismo), y, sobre todo, la espectacular escena de la huida del palacio hasta que Ella se queda sin hechizo tras haber sonado las campanadas avisadoras.

Con todo, el mayor acierto del autor de LOS AMIGOS DE PETER es el de que todo ese grandioso dispositivo técnico se someta a una dramaturgia en la que brilla un cuidado muy esforzado por los diálogos de todos los personajes y, sobre todo, dirime la oportunidad de que aquel se apropie de ese texto con el mismo enardecimiento con el que consiguió sus mejores adaptaciones de Shakespeare: digámoslo rápidamente, Branagh plantea hurgar en LA CENICIENTA con la misma fogosa solidez y el mismo frenesí controlador que deparó para, por ejemplo, su deliciosa MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES. El pasado como trasladador cinematográfico del genio de la literatura inglesa se evidencia como jugosamente positivo por la preponderancia que se le da, por ejemplo, al peso del legado familiar tanto en Cenicienta como en el príncipe, a las vicisitudes conspiratorias en palacio a cargo del personaje incorporado por Stellan Skarsgärd y a la magnífica estilización perversa y manipuladora con la que está afilado el personaje de la madrastra (impagable Cate Blanchet: su plano en la escalera de la casa está a la altura de la Bette Davis de LA LOBA, de William Wyler).

En definitiva, romanticona, ñoña y meliflua como no podía dejar de serlo, concebida para que no moleste a los añoradores del referente y a los adictos a este tipo de engolado material, sí, para qué negarlo pero, por fortuna, muchísimo más defendible de lo esperado.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Musiczine
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15 de marzo de 2015
13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
En 1950, Disney realizó para el cine su primera versión del cuento de Cenicienta. La hizo con dibujos animados. Dicho filme se asemeja más al cuento del francés Charles Perrault que a la versión alemana de los hermanos Grimm. Ahora, con el desarrollo tecnológico, Disney se atreve a lanzar de nuevo esa historia dela muchacha llena de ceniza luego de dormir junto al fuego, degradada por culpa de su madrastra y hermanastras. La película nos llega con el nombre de La cenicienta (2015) y se basa en el guion de la película de 1950, solo que los dibujos animados han sido sustituidos por actores reales y por animales logrados a pura computadora. Es versión pensada para nuevas generaciones, sin desestimar a las anteriores, en manos de un buen director, el irlandés Kenneth Branagh, quien le da un bien renovado acento dramático a una historia harto conocida. De esa manera, lo escénico es fundamental para esta película, no solo con criterio teatral, sino también por la colorida y rica ambientación de estilo operático. Por supuesto que la maña de dicho director por algún lado cede al estilo de Disney y persisten escenas lacrimógenas con soluciones visuales cursis, agravadas por las actuaciones no tan convincentes de Lily James (Cenicienta) y de Richard Madden (como el príncipe). Para salvar lo actoral, está Cate Blanchett, como una madrastra singularmente cruel desde un potenciado glamour. Es versión neobarroca.
http://lahuelladelojo.blogspot.com
wílliam venegas
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