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Yo, Tonya

Drama Década de 1990. Tonya Harding es una prometedora patinadora sobre hielo estadounidense, una joven de clase obrera, siempre bajo la sombra de su implacable e insensible madre, pero con un talento innato capaz de hacer un triple axel en competición. En 1994, su principal rival para los Juegos Olímpicos de Invierno es su compatriota Nancy Kerrigan, a la que, poco antes de los Juegos, un matón a sueldo la golpea la rodilla con una barra de ... [+]
Críticas 154
Críticas ordenadas por utilidad
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7
26 de febrero de 2018
4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
-Una de las apuestas más osadas y refrescantes del 2017. Un inesperado triunfo.
-La interpretación de Margot Robbie cumple todos los requisitos para el Oscar, y además es magnífica.

Las carreras del director Craig Gillespie y el guionista Steven Rogers no me habían llamado apenas la atención hasta ahora. Pero este año se han sacado de la manga esta especie de furibundo biopic en el que se mezclan todo tipo de géneros y películas, desde la comedia criminal de los Coen y el melodrama familiar hasta una suerte de radiografía de dos américas. Juntos han conseguido una película tan chiflada y scorsesiana en el exterior como arriesgada e inaudita en el interior. Una comedia negra en la que cada golpe nos divierte y cada risa nos golpea, creando un hematoma de dolorosas reflexiones inteligentes pero no especialmente sutiles. La sutileza está para romperla a martillazos en la tragedia americana más graciosa del año.
Tengan claro que las normas del biopic al uso no se aplican aquí. Como película biográfica tan solo sería interesante por su increíble trama y la energía incendiaria con la que se hace avanzar. Sin embargo fascina por su forma de criticar sin concesiones la realidad de Harding, caricaturizando los elementos para lograr nuestra trivial carcajada sobre sucesos graves, una respuesta que activa asimismo un atrevido mecanismo de reflexión moral que da cabida a temas sobre la percepción, los medios de comunicación, la distancia de la empatía, la artificialidad del ideal y la maleabilidad de lo verídico; y que de paso nos demuestra el proceso sensacionalista, manipulador y maltratador del corrompido sueño americano. La mezcla de reconstrucción auténtica y exageración satírica de los hechos funciona perfectamente como sustituta de ese sobreutilizado eslogan de “a veces la realidad supera a la ficción”, que casi nunca tiene tanto sentido como en esta ocasión. Gillespie y Rogers, que emplean la caricatura y la contradicción de forma brillante y nada usual, libran a su película de ser lo mismo a lo que crítica no solo insultando al espectador por convertir a Harding en un chiste, sino logrando a través de la impecable interpretación de Margot Robbie que se pueda empatizar con la patinadora, especialmente en dos amargas escenas finales que definen al mismo tiempo al personaje y el mensaje de la película.
Resulta fundamental que el filme de Gillespie sea igual de embustero, contradictorio, inclasificable y triste que el personaje de Tonya Harding. Está editado con sentido del ritmo, su guion es muy agudo, tiene la potente interpretación de Robbie y a una insuperable Allison Janney que en diez minutos se hace con la función; incluso resulta indiferente el mediocre digital que canta en las escenas de patinaje. Puede que no sea un triple Axel, pero sí un admirable Lutz, con movimientos fluidos, un planteamiento creativo, una transición rápida y un perfecto aterrizaje.
6
30 de junio de 2018 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tonya Harding llegó a decir que fue la segunda persona más conocida del mundo tras Bill Clinton, y no se equivocaba.Margot Robbie nos brinda hasta la fecha su mejor interpretación, los secundarios están de lujo destacando sobretodo a Allison Janney quien se mete en la piel de la mezquina madre de la joven protagonista.La muy elaborada ambientación de la época de los años 80 y 90, que para mi es el otro gran punto de la película.Avasalladora visualmente, juega con movimientos de steady-cam, con un montaje ágil.Si te gustan los biopics deportivos este merece mínimo un visionado.
6
25 de mayo de 2020 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un cosa curiosa de EEUU es que tiene tantos habitantes y tantas ciudades importantes que se puede permitir tener trescientos deportes nacionales rentables - e incluso considerar deporte ciertas actividades que en España no pasan de ‘afición’, como el balón prisionero-. Por eso hay que entender que lo que para un español medio es la historia de una rivalidad criminal en un deporte menor, el patinaje artístico, que aquí no habría pasado de la prensa local o de alguna reseña nacional para rellenar – como esas imágenes de violencia en partidos infantiles que ocurren cada semana pero sólo son noticia cuando no hay otra cosa que contar – en EEUU se considerara un crimen de estado que acaparó portada una buena temporada.

El elemento central de “Yo, Tonja” es un suceso que aquí pasó desapercibido para el gran público pero que en USA tuvo al país en vilo varias semanas. Una estrella de su patinaje fue agredida antes de una competición y la subsiguiente investigación condujo a que el agresor había sido la pareja de su principal competidora, otra estrella nacional. La historia, peculiar de por sí, tiene además el aliciente de que la agredida era una ‘up-town girl’, la típica chica de clase alta, perfecta, guapa y de buena familia y la rival, la sospechosa de instigar el crimen, vendría a ser como la chica de Vallecas que trata de salir de su condición humilde con esfuerzo y sacrificio. Marxismo y lucha de clases sobre hielo. Curiosamente, creo que en España es la agresora la que hubiera aglutinado la simpatía del pueblo, tan amigos como somos de la posverdad y de juzgar las cosas por el contexto emocional y social, más que por los hechos.
Margot Robbie
“Yo, Tonja” es ágil, es vibrante y es divertida. Demasiado en mi opinión. El formato elegido, el de contar las cosas como si el guion lo hubieran escrito desde “El Mundo Today”, en plan cachondeo, ridiculizando la agresión, como obra de unos mendrugos disfuncionales, permite una narración amena y agradable al espectador, que se introduce en la historia con una sonrisa. Pero el precio es alto: la película pierde toda su credibilidad. Entre tanto jiji y jaja, De lo que se cuenta ¿Qué real? ¿Qué es licencia narrativa? ¿Qué es exageración para hacer las cosas más espectaculares? Quizá al principio, al contar los duros comienzos de Tonja en el patinaje y su merecido camino al estrellato, cuando la narración es más directa y contenida, todo sea verídico. Pero hacia el final, al entrar en el terreno del morbo, es imposible separar realidad de ficción entre tanto gag. Al final no se sabe si es una película o un especial de José Mota.

Se alabaron mucho las interpretaciones de Margot Robbie en lo que sería su bienvenida al club de las actrices serias y de la siempre en la sombra Allison Janney. Bueno, sí, no están mal, todo lo que se diga bueno es cierto, aunque pasan desapercibidas entre el tono distendido de la película. Probablemente la película ganaría si la emitieran conjuntamente con un documental serio sobre el suceso en cuestión y entre ambas compensen la superficialidad de una con la densidad del otro.
7
12 de julio de 2020 3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta biopic no te va a enseñar nada de la vida, ni tiene lecciones moralizantes, ni es sobre grandes personajes de la historia. Es la historia de una don nadie que pasó con más pena que gloria por el mundo del patinaje artístico, y cuyo mayor logro fue quedar octava en unas olimpiadas.

Los personajes son zafios y vulgares, y a alguno incluso le falta un hervor. La américa profunda perfectamente retratada, sin necesidad de recurrir a los tópicos sureños. Pero dentro de tanta disfuncionalidad, no deja de ser una película entretenida y a ratos divertida con la que echar la tarde.
7
23 de febrero de 2018 2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con la proximidad de Los Oscar, los cinéfilos experimentamos lo más parecido a un éxtasis emocional, que de un tiempo a esta parte, contempla la feliz inclusión del formato indie, como un obligado y recurrente universo de calidad fílmica que Hollywood no puede ignorar, ante un cada vez más globalizado y decibélico espectro comercial, que parece haber engullido, en gran parte y salvo algunas excepciones, el gusto por un producto más compensado en el territorio de los grandes presupuestos.

Como fruta madura de temporada, y recordando el reciente estreno de la brillante 'The Florida Project', son dos los títulos que se suman a esa particular carrera por la excelencia dentro del cine independiente norteamericano, con un enfoque diferente, pero algunos nexos en común que justifican el hecho de aparecer en el mismo plano.

Tanto 'Lady Bird' como 'Yo, Tonya', son películas que pueden presumir de una dupla de actrices de primer nivel, en ambos casos madre e hija en la ficción, y concretamente en la primera, incluso añade el hecho de tener a los mandos, como guionista y directora, a Greta Gerwig, lo cual intensifica el carácter femenino de una obra limpia y sincera, que versa sobre los problemas reales de una adolescente, en ese momento clave de introspección personal, en el que se toman grandes decisiones que pueden afectar al resto de la vida adulta.
Precisamente, como adulta, la veterana Laurie Metcalf comparte, con gran solvencia, su química con Saornise Ronan, una intérprete que hace tiempo que dejo de ser una simple promesa, para convertirse en toda una realidad del cine contemporáneo, juntas, con la complicidad evidente de la realizadora, y bien arropadas por jóvenes talentos como Lucas Hedges o Timotheé Chalamet, construyen un sólido relato generacional, que si bien no plantea un tema novedoso, se las arregla para resultar fresco y convincente, gracias a un buen guión, lleno de diálogos inteligentes por parte de Gerwig, y un montaje muy ágil, que apenas cede terreno y mantiene el interés del espectador en todo momento.

Curiosamente, uno de los puntos fuertes de 'Yo, Tonya' es la fuerza de un montaje arrollador y compensado, que recurre al formato documental en muchas fases de su metraje, reconstruyendo con gran fidelidad las entrevistas reales que componen el peculiar el universo de Tonya Harding, aquella patinadora sobre hielo norteamericana que a principios de los 90, alcanzó la gloria con una pirueta nunca ejecutada en competición por una mujer de su país, para ser acusada, no mucho tiempo después, de agredir y lesionar a una de sus rivales.
Margot Robbie
Una historia que algunos conocimos de pasada, gracias a ese capítulo especial de Halloween de Los Simpsons, en el que Homer y Bart acababan como tripulantes en el cohete de los más odiados de América, que lejos de dirigirse a un nuevo planeta, es enviado directamente al sol, y donde obviamente, Tonya se encuentra entre los pasajeros, bien ataviada con su correspondiente ropa de faena, mientras sacude una tubería entre sus manos de modo amenazante.

A partir del material que le brinda el guión de Steven Rogers, el realizador Craig Gillespie culmina, de forma virtuosa, un enérgico ejercicio de estilo, que aprovecha los detalles más escabrosos, para componer un poderoso retrato sobre la estupidez humana y el talento mal gestionado, en ese caldo de cultivo para perdedores que es la América profunda, el marco ideal para esa sorprendente galería de personajes de los que presume el film, y que recuerdan aquello que se suele decir en estos casos, cuando la realidad supera con creces cualquier ficción.

Al igual que en Lady Bird, las dos actrices principales elevan el tono de calidad de la propuesta, desde el puñetazo en la mesa de una Margot Robbie absolutamente entregada a un proyecto, del que no ha dudado incluso en ejercer labores como productora, para que dar vida a Tonya Harding fuese una realidad, a la verdadera reina de la función, directamente enviada desde el Ala Oeste de La Casa Blanca, una espectacular Allison Janney, componiendo uno de los mejores villanos que se hayan visto en mucho tiempo, y logrando la que, con toda seguridad, es la mejor interpretación que vamos a ver, independientemente de la categoría, en esa mencionada carrera por los premios en la que estamos sumidos actualmente.

Por ultimo, cabe recomendar ambos trabajos a todos aquellos que busquen una via de escape al convencionalismo cinematográfico, el viento suele soplar libre en la frontera del cine independiente, y su particular bandera, viene de perlas para ese eterno debate sobre la igualdad de género tan de moda en estos momentos, un terreno en el que tanto 'Yo, Tonya' como 'Lady Bird' tienen mucho que decir, gracias al perfil sólido y categórico del que hacen gala sus protagonistas.



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