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España España · Valencia
Críticas de Talladal
Ordenadas por:
134 críticas
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5
21 de septiembre de 2009
41 de 52 usuarios han encontrado esta crítica útil
Arreglar cuentas con el pasado adverso es una de las funciones del arte. Ya Ramsés II nos refirió en Abu Simbel su victoria en Qadesh ante los hitita, cuando parece que lo que ocurrió realmente fue todo lo contrario. Quentin Tarantino se ensaña con unos seres humanos a los que el discurso políticamente correcto vigente considera como males absolutos, escoria, seres dañinos, basura eliminable, nazis, violadores, maltratadores de animales y de mujeres, en definitiva, categorías antisociales que han perdido el estatus humano y que, como alimañas, deben, a poder ser, morir sufriendo por sus pecados inexpiables. Contemos, pues, con el maniqueísmo como postulado argumental. Y es que se hace necesario tal simplismo moral, ya que Quentin Tarantino es un director abocado a suscitarnos emociones plenificadoras, no por ello edificantes, y en esta pelicúla le toca el turno a la venganza. Una venganza retrospectiva que salda las cuentas con el pasado en una trama de historia-ficción en donde todo es al revés de cómo nos lo han contado: Los judíos son los que se ensañan con los nazis, Hitler no se suicida, el Holocausto no se producirá jamás.
Para contar esta antihistoria que eclosiona en su media hora final Tarantino necesita dos horas y media de metraje. Para rellenar el muñeco antes del final fallero se nos cuentan algunas historias para no dormir, al estilo tarantino algunas, definitivamente redundantes las demás. Entre las primeras, y repitiéndose varias veces en varias circunstancias, el tarantinesco diálogo de turno en una situación a vida o muerte donde la ejecución/asesinato es también un acto estético, y entre las segundas, una historia de amor truncada que sale de la nada y que va a ninguna parte entre un nazi asesino-sensible y una víctima judía cinéfila-vengativa, enamorada ésta de un negro para que no se diga. Al menos nos proporciona ese precioso zoom de una melancólica Mélanie Laurent vestida de rojo junto a la claraboya, con un Tarantino que siempre ha tenido gusto para la banda sonora.
Se capta la ironía de que el arte -el cine- es el único medio de acabar con la Maldad, se apela, una vez más, al asesinato como una de las bellas artes, el domesticado espectador de nuestros tiempos posmodernos puede jugar en el cine a la venganza servida como espectáculo, el collage pop incluye a Churchill, Hitler, Göbbles, Göring y a Brad Pitt en su doble dimensión de pesonaje duro de cómic y estrella de la star-system, hay guiños cinéfilos para los cinéfalos, pero al final la película es una más de hipertrofia de la violencia y nihilismo, con el añadido de una pretenciosidad que al menos "Cobra" no tenía.
Talladal
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8
20 de abril de 2009
24 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las motivaciones del asesinato, así como este mismo, son un clásico de la temática cinematográfica. De esta, destacaremos el crimen dostoievskiano de “Crimen y castigo”, el delito perpetrado por la creencia en un orden moral alternativo, que naturalmente legitima al asesino a acabar con la vida de la víctima, débil cordero en manos del fuerte verdugo, adalid de la nueva moral. Esta vía intelectual del crimen siempre resulta fascinante para el arte. Nos presenta a personajes pintorescos, recalentados en la alquimia de cierta interpretación espuria de Nietzsche y el subidón de la sangre, sujetos racionalistas en estado de ebullición. Pero que aquí no esperen los espectadores a Rodion Romanovich, ya que deberemos conformarnos con unos inflados universitarios chapuceros de fraternity, niños jugando a ser taimados hombres malos. A esto hay que añadirle la influencia de un psicoanálisis de andar por casa–“Compulsion” se llama la película en los EEUU-, y el contraste ñoño de la moral de los 50 a la denostada justificación del homicidio. Por ello, la primera parte de la película tiene un cierto sabor teenager que disgusta un tanto, si bien el ritmo rápido en la sucesión de los acontecimientos neutraliza estas deficiencias argumentísticas. Se agradece la interesante parte del proceso de descubrimiento de los autores del crimen. La película comienza aquí a hacerse grande. La metáfora de las gafas delatoras recuerdan al famoso cuento de Poe. El sagaz fiscal es el perro viejo que échabamos en falta. La investigación, con su oposición de falsas coartadas y tentativas de acusaciones, conseguido juego de espejos, engancha como esos adictivos puzzles sobre la Justicia que deseamos resolver. Y para rematar, un juicio barroco con un magnético Orson Welles haciendo de abogado de vuelta de todo, cansado paladín de la justicia, defensor del sinsentido de la pena de muerte. Finalmente, se debe encomiar la economía temporal en la exposición de la clásica estructura de “contravención”-“esfuerzo por que se haga justicia”-“orden restaurado y castigo de los culpables”, por lo que en poco más de una hora y media salimos reforzados en nuestra creencia en el “Fiat iustitia, pereat mundus”. Y luego dicen que el arte es inútil. Aunque es ineludible omitir que la película remite a “La soga”, luminosa antecesora, “Impulso criminal” vale por sus propios méritos.
Talladal
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7
5 de abril de 2009
22 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al principio unos dirían que era una película edificante, otros que adoctrinadora, estos que era una historia con moraleja, aquellos que la moraleja era más bien moralina. Yo prefiero hablar de una película de tesis, donde la trama pretende principalmente persuadir al espectador de que asuma ciertos valores morales. La justificación de este género es enseñar entreteniendo y de esta manera uno sale del cine más contento porque se lo ha pasado bien a la vez que ha aprendido cómo ser mejor persona. Así pues, la historia está al servicio de la idea, aquella es adjetiva de esta: se dramatiza para convencer. Pero como es antigua (1955), y las costumbres que retrata son más bien material para la Historia, la película ya no convence a casi nadie. ¿Por qué perder entonces hora y media en la representación de un antigualla moral? Porque el espectador moderno valora precisamente lo contrario que su homólogo de los cincuenta y antepone la historia a la tesis, que contiene temas completamente modernos y universales que salen a la luz con la lectura actual: El absurdo de las convenciones sociales no asumidas íntimamente, el infinito tedio del tiempo libre con el que no se sabe qué hacer, el inacabable y siempre redivivo tópico del “amor omnia vincit”, el intenso rechazo social que provoca el incumplimiento de las expectativas asociadas a un determinado rol social, el resentimiento que tal incumplimiento genera en aquel que se considera a sí mismo un inadaptado, el siempre agobiante terror que suscita la soledad no elegida o el temor a la vejez, solo por citar, a bote pronto, algunos ejemplos. El éxito en abordar con acierto tales temas hace de esta película un clásico, y por lo tanto, muy recomendable.
Talladal
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6
28 de julio de 2009
20 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay algunos elementos en esta película que apuntan a otros géneros como el drama, el thriller o el mismo terror, géneros, que, como es obvio, desbordan o, en ocasiones, resultan antagónicos a la comedia. Esta es la razón, a mi modo de ver, de que ésta no despegue. Citemos algunos de ellos referidos a los personajes:

-El personaje que interpreta Dean Martin, aparte de que éste no esté nada gracioso en la película, se muestra como un cumpulsivo vividor. El estancamiento del personaje lo convierte en una figura canallesca. Cuando va a la caravana, muy avanzada la noche, borracho y buscando carne fresca, se me hace muy difícil creer que pudiera aceptar una negativa a sus pretensiones.

-El marido es un celoso patológico. A veces se muestra violento. Si no se detiene al personaje con una trama con final feliz, tragoediam habemus.

-La mujer es una amante mujercita de su casa pese a los edulcorados problemas de pareja que le acarrean los celos de su marido. Está buena y se sabe buenorra. Se desquita de la infidelidad de éste emborrachándose en el puticlub del pueblo. Faltan los muchachos de “Acusados” y ya tenemos un problema.

-El mecánico es un egoísta con alegría, dispuesto a que la vida matrimonial, y con ello la felicidad de su "amigo" se vaya al garete con tal de alcanzar sus descarcharrantes objetivos. ¿Acaso no adelanta al funesto mecánico de "Giro al infierno"?

-Kim Novak está muy guapa y su personaje es el más humano de todos. Sin embargo, es una figura en verdad triste, baqueteada por la vida y resignada a cumplir obedientemente su trabajo, sin rechistar y sin mala cara, y que, no obstante, sueña con ser la mujercita perfecta: La puta buena, “La dama de las camelias”, melodrama puro.

¡A reírse todo el mundo!
Talladal
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8
1 de agosto de 2010
12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amores enfermizos y malsanas pasiones homicidas se entremezclan para crear una gran thriller, extrañamente muy desconocido a pesar de sus muchas virtudes. La brumosa Londres, sufridos policías de Scotland Yard, amas de llaves advenedizas y malvados gentlemen, y la clasista y reprimida edad victoriana nos envuelven en una atmósfera opresiva de maldad donde dos grandes interpretaciones -Stewart Granger y Jean Simmons- nos incitan continuamente a inquietarnos. Envenenamientos reincidentes, asesinatos violentos, disimulos dolosos, premeditados crímenes, amores suicidas, mentiras criminales y hasta un jucio fallido, justicia de los hombres, como anticipo a la justa retribución poética que merecen los pecados capitales que ingenian los artistas. Un gato negro escapado de un cuento de Poe homenajea el milagro. Para no perdérsela.
Talladal
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