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España España · Granada
Críticas de Kikivall
Ordenadas por:
1.222 críticas
7
14 de junio de 2015
27 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
Película con una buena dirección de Thomas Vinterberg, dentro de los cánones de una cinta clásica. Tiene un guión trabado, salvando algún pequeño desliz, y escrito con solvencia por David Nicholls, adaptación dela novela de Thomas Hardy (1840-1928), Far from the Madding Crowd (1874), donde escribe sobre los detalles de la vida rural inglesa que el escritor tanto apreciaba. La música de Craig Armstrong es bastante buena como banda de la obra que goza además de una preciosista fotografía de Charlotte Bruus Christensen, que retrata tanto los primerísimos planos como pinta los hermosos paisajes ingleses.

El reparto es sobre todo Carey Mulligan, que hace un trabajo antológico e incluso salvaje, sosteniendo ella misma a la tozuda y libre heroína adelanta a su tiempo Bathsheba Everdene, con grandes dotes expresivas y de sintonía con el público, que sabe como nadie aguantar los primeros planos; además, y además es una mujer muy bonita y de original físico, desde mi modo de ver. Le acompañan con actuaciones bastante buenas del actor belga Matthias Schoenaerts, tal vez un tanto inexpresivo, pero en realidad ese es su papel y lo hace bien; Tom Sturridge hace muy bien su rol de soldado seductor, jugador y buscavidas; Michael Sheen interpreta al tercer pretendiente en ciernes de la chica, un hombre metido en años pero que ansía con ilusión infantil ser aceptado por Bathsheba y eso lo hace muy bien. Acompañan actores y actrices muy buenos como Juno Temple, Jessica Barden, Hilton McRae o Richard Dixon por mencionar algunos.

El film es un auténtico y fascinante drama, y la película hace honor a los temas básicos de la misma obra que lo inspira, con una producción sólida y brillante. Esto es tanto más evidente como película de época que es, lo cual a Vinterberg le sale muy bien. Tiene además un ritmo ágil y el tono pesimista que caracteriza la obra de Hardy.

Pero no es oro todo lo que reluce. Yo, tras salir de ver esta película y transcurridos dos días, me doy cuenta de que el film tiene sus lagunas importantes. Sobre todo, no aporta nada nuevo, es pura ortodoxia técnica e incluso en esto comete algunos errores, pues en ocasiones te puedes perder y en otros momentos da una impresión de falta de emotividad, de grandeza pasional. Al l final, lo que debería ser una gran historia de amor, deviene en un retrato frío con bonitos atardeceres.

Por supuesto mi consejo es que la vean, es un film notable, lo que ocurre es que la historia es tan intensa y ya conocida en el cine (hay cuatro versiones al menos: 10145, 1967, 1998 y la de ahora, 2015), que yo habría querido que Vinterberg hubiera dado el salto hacia la calificación de sobresaliente.
Kikivall
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7
7 de octubre de 2018
17 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta cinta es interesante y muestra cómo debió ser la decadente ‘guerra fría’ en Estados tan castigados como la invadida Polonia por los nazis en el inicio de la II Guerra Mundial, y su posterior colonización por el imperio URSS tras los acuerdos de Yalta. Además, “Cold War” presenta una apasionada historia de amor entre personas con maneras de ser y de pensar distintas a los que cierto ‘sino’, los aboca a un destino común.

Tras leer tanta buena crítica sobre esta película, he salido del cine no entendiendo bien la cosa. Detrás del film hay una gran dirección clasicista de Pawel Pawlikowski (mejor director en Cannes, 2018) y un guión bueno pero sobredimensionado del propio Pawlikowski junto a Janusz Glowacki. Lo que se dice de esta película es lo mejor y sin tacha. A mí, confieso que emocionalmente apenas me ha rozado (salvando la reflexión de la terrible época y lugar: la Polonia de postguerra y sometida) y el final me ha parecido misterioso. Quizá los padres del director, a quien dedica la obra, entiendan mejor la cosa. Yo sólo podría entenderlo por toda la basura que fue esa región del mundo que Pawlikowski recorre desde 1945 hasta los años cincuenta y tantos. Ahí sí puedo entender mejor, pero el film quiere ser ante todo una obra de amor imposible con funestas consecuencias.

Es excelente la fotografía en B&N de Lukasz Zal, que con su grisura, textura y profundidad de campo captar el clima de tan penosa etapa histórica en la Europa del Este. A lo que colabora poner la pantalla en una forma de cuadrado, formato 4x3, como para que veamos el espacio que ronda por encima de la cabeza de los personajes.

En el reparto sobresalen una genial, bonita y gran actriz Joanna Kulig y un eficiente y dramático Tomasz Kot, con enorme química entre ellos.

Gran puesta en escena en la que nada sobra ni falta para arropar una triste historia de amor. Y música diversa y evocadora de un tiempo asfixiante.

La película es ciertamente el relato de un amor pasional con tintes de tragedia y que en ocasiones traslada el mensaje de la “atracción fatal”, más que esa hipótesis de “un destino que los condena a estar juntos”. Cuando se escribe así, pienso que quien lo hace no ha visto la película pues lo que hay es un amor de alto voltaje por el cual, él más que ella, se ve atraído hasta el punto de abandonar su libertad y un buen futuro en París, para volver al presidio bolchevique con la única intención de reencontrarse con una mujer desquiciada y paradójica. No sólo en el terreno sentimental sino incluso en el plano de las ideas. Ella se muestra como atraída por el comunismo estalinista, a la vez que se manifiesta profundamente católica, como buena polaca. Increíble, salvo para alguien que no está en su sano juicio. Él al menos se define deliberadamente anti-soviético y anti-estalinista. Pero su pasión por la chica le hace volver al presidio tras el ‘telón de acero’.

Claro, aquel tiempo histórico da para retratar la desesperanza o la angustia, el erial creativo y el adoctrinamiento. Y todo ello queda muy bien reflejado en la cinta: la tensa pugna que dibujó en buena medida la segunda mitad del siglo XX, cuando todavía ninguno de los bloques en los que se había dividido el mundo en ese entonces, era capaz de ganar la batalla. De ahí, a ese intento de trasladar esta panorámica al terreno sentimental, Pawlikowski no ha sabido cumplir.

También tiene la película apuntes muy logrados de cine musical. Es la parte de danza y coros polacos, que incluye también el jazz parisino en otros pasajes. Esta faceta está impecablemente rodada y merece una alta consideración.

En fin, película con una fuerte carga de desolación, imágenes tremendas y universales, recreación de ambientes diversos, también el mundo de las miradas y los gestos casi imperceptibles, pasión y tristeza. Es todo eso pero no es para tanta gloria cinematográfica como nos pretenden dar a entender. Al menos esta es mi opinión.
Kikivall
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4
8 de agosto de 2013
12 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Annabella Sciorra hace el papel de una psiquiatra que está tratando con psicoterapia a una mujer con una particular vida sexual con su amante. Casualmente, la doctora conoce a un hombre con el que tiene una breve relación amorosa. Al poco descubre que es el amante de su paciente. A partir de aquí los crímenes y la intriga se precipitan.

La he visto en TV y me ha parecido un Thriller psicológico con su carga de suspense, intriga y sexo, pero falto del vigor y la coherencia suficiente en el guión del también director de la cinta Christopher Crowe. Así, lo que se puede decir es que es una cinta medio entretenida, con interpretaciones correctas, fotografía y músicas decentes, pero bastante precipitada y con soluciones poco resueltas a partir de la segunda parte del metraje. En fin, aceptable para ver en una noche de veranito después de cenar. Pero nada más.
Kikivall
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8
24 de junio de 2018
16 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una historia que gira sobre una mujer a punto de parir su tercer hijo, Marlo (Charlize Theron), una mujer desbaratada físicamente y mentalmente por la responsabilidad de su multimaternidad, por el abatimiento que le provocan responsabilidades múltiples que incluyen un hijo discapacitado que roza el autismo, un infinito cansancio y la tristeza que se cierne sobre ella en una depresión postparto. Marlon piensa el giro que en todo sentido ha experimentado su vida entre un antes y un después de ser madre. Ama a su gris esposo Drew (Ron Livingston), un hombre bueno que también la ama y que tiene que viajar constantemente por asuntos de trabajo. En una reunión con su generoso y bien posicionado hermano (Mark Duplass), éste le ofrece obsequiarle con una niñera que la ayude por la noche. Lo que parece una extravagancia acaba siendo una revelación sin par cuando aparece Tully (Mackenzie Davis), una niñera joven, mona, animosa e increíble, una figura élfica, un ser luminoso que además de ocuparse del bebé friega la casa y hasta hace ricas magdalenas sin alterar los ritmos familiares; esta niñera viene a ser la alegoría de esa mujer que las madres pierden temporalmente de vista cuando se convierten en mamás. En este punto comienzan a ocurrir acontecimientos extraordinarios y optimistas, tanto para la exhausta madre, como para el espectador que los presencia desde la butaca. Entre ambas mujeres se forja una relación única que deviene enigma.

El director Jason Reitman y la guionista Diablo Cody apuestan (de nuevo), por construir la semblanza poliédrica de un personaje femenino muy particular que lucha contra todo y contra todos, a la par que echa sobre sus hombros una carga de enormes dimensiones como madre responsable y abnegada. No sabría decir si estamos ante una comedia incisiva y con mordiente o un melodrama con tintes sociales y reivindicativos que destila feminismo y crucifica a un marido mediocre y torpe que por las noches sólo hace que jugar a la video-consola. De lo que no cabe duda es que la narración da un vuelco definitivo en el tercer tiempo del film que yo no voy a desvelar, pero que a muchos deja pensando o como mínimo sorprendidos.

Pero la que sin duda mantiene en gran medida el film es una Charlize Theron inconmensurable que ha tenido que mutar su físico bonito a uno deslucido y ajado, y añadir veinte kilos a su insigne cuerpo más maquillaje y vestuario, para parecer una especie de foca con el rostro deformado. Mas nada de eso quita para que la Theron sea esa actriz genial que fascina y aporta absoluta credibilidad a su personaje, que comunica con su mirada, con sus gestos sobrios y matizados, con su voz. Acompañándola una Mackenzie Davis convincente capaz de dar la réplica a la Theron. Mark Duplass bien como el hermano ricachón y bueno. Ron Livingston, correcto como marido pánfilo y lerdo. Y acompañando mejor que bien Emily Haine correcta, Elaine Tan, Maddie Dixon-Poirier y Lia Frankland, como digo, todos en buen nivel.

En esta cinta Cody y Reitman se han inclinado por colocarnos delante de la pantalla a una madre con tres hijos, una esposa modélica y un alma sufriente tras su tercer parto. Esta no es una historia idílica de nenitos rubios correteando por un hermoso jardín de blanca verja donde la familia ríe alegre y feliz como en los cuentos. Esta no es una familia de cuento, es más bien de anti-cuento. El film da un repaso despiadado a esos momentos penosos que la maternidad tiene en un diversas secuencias de montaje crudas: llantos nocturnos, sacaleches para guardar, teta que va y viene, pizza congelada para todos en la cena y el pobre y obtuso padre jugando a la Play en la cama. Entre otras, Marlo, que hace lo imposible por ser la mejor madre y la esposa dulce y abnegada, se ha olvidado de sí misma. Esa es la cuestión. Un mensaje que puede no resultar trascendente para algún espectador o crítico que, empero, alguien tenía que denunciar. Y a fe que el canadiense Jason Reitman y la norteamericana Brook Busey-Hunt, más conocida por el seudónimo «Diablo Cody», lo consiguen, incluida su carga de misterio.

En resumen, una fábula terrible y demoledora sobre la maternidad desde una perspectiva hiperrealista y nada delicada cuando aborda asuntos que en muchos casos se silencian (la depresión, la pérdida de identidad como mujer, la añoranza de lo que fue, etc.). La narración es sutil e inteligente y hace una declarada denuncia a eso que solemos denominar ‘guardar las apariencias’. Un film que pone en evidencia que en tantas ocasiones, la maternidad, la familia y todo eso, es en cierto modo una ensoñación, el espejismo de que todo está de maravilla, cuando la realidad demuestra, que lo aparente es, frecuentemente, un gran engaño.
Kikivall
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8
14 de febrero de 2018
11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
El visionado de esta cinta hará que sonrías o sencillamente rías a carcajada limpia con las extravagantes idas y venidas, ocurrencias y acciones de una familia singular, la del propio director del film Gustavo Salmerón, que pone en el foco de esta comedia-documento a su madre, una octogenaria Julia Salmerón que tiene el don de ¡caer en gracia’! y de sintonizar con la cámara con desparpajo, de manera natural. Lo que para sí quisieran muchas actrices.

La película viene a narra plan seguimiento (Gustavo Salmerón lleva 14 años grabando a su madre y lo que le ocurre a su padre y a sus cinco hermanos), el recorrido de una familia matriarcal al mando de Julita, una madre que ha ido cumpliendo sus sueños de tener una familia numerosa con seis hijos, con el tiempo un mono que resultó ser peligroso y que ha llegado a ser propietaria de su ansiado castillo, merced a una herencia que vino como llovida para una familia de clase media que tenía que hacer números para salir adelante. Pero tras la crisis económica en 2007, la familia se va quedando sin dinero para sostener el majestuoso inmueble, lo cual obliga a tomar la iniciativa de parte de la familia al conjunto de desalojar el castillazo, evitando que la familia no se hunda.

El director Gustavo Salmerón ha tenido una brillante idea que se ha hecho viral en cines y festivales, habiendo conseguido la fama contando de boca de su madre los avatares de una familia más que estrambótica, con muchos tics surrealistas y berlanguianos que ameniza los 90 minutos de rodaje-montaje en un torbellino de vida, emociones y diálogos aparentemente improvisados que mantiene al espectador pegado a su butaca.

El guion del mismo Salmerón junto a Raúl de Torres y Beatriz Montáñez no puede ser más redondo dentro de su cuadratura, o al revés. La cosa es nada sobra ni falta, todo encaja en un también excelente montaje que incluye una parte de filmaciones antiguas de la familia, cuando los hijos eran niños y los padres jóvenes. Magnífica la música de Nacho Mastretta y la inclusión final de Alberto Cortez y su canción “Castillos en el aire”. Buena la fotografía de Gustavo Salmerón y todo está rodado a la primera, sin repeticiones.

El reparto es el propio director Gustavo Salmerón junto a su súper madre Julia Salmerón que resulta un personaje insólito, entrañable, surrealista y gracioso; todo lo cual ha sabido sacar de ella su hijo Gustavo quien, por cierto, también produce el film.

Así es este documental, comedia o como se quiera llamar, una obra con un dislate tras otro que, empero encierra un poso de tristeza, que también muestra contradicciones y quiere combinar la parte luminosa con la más oscura de una Julia, mujer insatisfecha y a la vez disfrutona.

Creo que la clave principal de éxito de este film es su sinceridad, su limpieza y su encanto y por supuesto su tratamiento de comedia disparatada y absurda, todo ello junto a la capacidad escénica de Julia, amén de la habilidad de su hijo para extraer lo mejor de ella. Una película para verla, yo la recomiendo.
Kikivall
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