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Críticas de fresenius
Ordenadas por:
206 críticas
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6
25 de diciembre de 2015
241 de 295 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta película bien montada podría haber resultado una obra maestra, pero se diluye en medio de la pretenciosidad de su director.
Una historia sencilla pero interesante filmada en espacios naturales impecablemente fotografiados por Emmanuel Lubezki y con una pareja protagonista que hace un gran papel (otra oportunidad de Di Caprio para conseguir el Óscar, ahora con una interpretación de pocas palabras, muy física –literal-). Es increíble lo cuidado que está todo y la crudeza real tanto de la naturaleza como de la violencia de las personas. Se puede entender la gran dificultad de rodar en espacios naturales bellísimos y duros. Es un film de gran presupuesto y con una buena cantidad de empresas de efectos especiales que deben haber trabajado a destajo para que toda la integración entre actores y espacios naturales haya quedado tan sumamente bien. Aunque algún CGI pueda resultar distinguible, hay un ataque de un oso tremendamente sobrecogedor de lo bien hecho que está (ocurre al principio de la película, viene en la sinopsis del film, no es spoiler).
Pero hay algunas objeciones. Como la de la música, que no es incidental y pretende (supongo) dar una sensación sombría y fría a las imágenes pero que pasa bastante desapercibida. Ahora bien, lo que en mi opinión hace descender esta película a simplemente interesante es el “estilo” del Sr. Iñárritu. Gente habrá que pueda contar el número de planos-secuencia de esta película. No digo que utilizar este recurso alguna vez no esté mal, como en alguna escena de batalla, pero utilizarlo de forma continuada hacen que la película torne a tediosa, y larga, muy larga. Lo peor de todo es que como parece que el plano-secuencia largo es una seña de identidad de este director, hay muchos momentos de la película en que te sales de ella, que te dedicas a ver en qué momento de la escena está el corte en lugar de entrar en lo que se está contando. Y lo peor, utilizar este tipo de recurso en escenas innecesarias, como para que el Sr. DiCaprio suba una cuesta desde un río hasta un promontorio, alargan la duración de la película y afectan perjudicialmente el ritmo de la misma, sobre todo en su tramo central. No ayudan tampoco las inentendibles escenas oníricas, aunque quizás sea culpa mía que soy corto de entendederas y no las puedo comprender. Lo cierto es que entre escenas ininteligibles y entre planos alargados y no montados, a la película le sobra más de media hora. O quizás no, quizás sea lo que el Sr. Iñárritu pretende hacernos ver pero que yo, común entre los mortales, no soy capaz de apreciar.


Recuerda, amigo lector, que esta reseña está basada única y exclusivamente en mi opinión y gusto personal que puede, o no, coincidir con la del resto de los mortales.
fresenius
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3
2 de julio de 2013
78 de 129 usuarios han encontrado esta crítica útil
J. J. Abrams ha consumado lo que ya se intuía en su anterior película: se ha cargado todo el sentido que tenía Star Trek a través de sus series, películas clásicas y películas de la Nueva Generación. Esto no es Star Trek, esto es aprovechar el nombre de la saga para hacer algo nuevo, adaptado a estos tiempos, un producto de consumo rápido y fácil para que el espectador no tenga que pensar mucho y a otra cosa que mañana se tragará la nueva de Transformers que, para el caso, es lo mismo.
“Estos son los viajes de la nave estelar Enterprise, en una misión que durará cinco años, dedicada a la exploración de mundos desconocidos” … dejando para el espectador sólidos guiones en muchos casos, ciencia ficción de la buena para descubrir un futuro imaginado y cómo podría ser el desarrollo de la exploración de los cuadrantes de la galaxia. Y ya de paso ver cómo los dilemas éticos se adaptan a esta visión del futuro, ver las relaciones personales dentro de la nave, los motivos que mueven a los protagonistas principales. Pero todo esto se ha perdido. Ni siquiera la nave es ya un protagonista más, hemos dejado de ver la sala-comedor, el camarote del capitán y los demás camarotes, la sala de tele-transportación, etc… todo esto ya no importa. Eso sí, vemos la sección de ingeniería, pero es un caos.
J. J. Abrams es listo y avispado porque intenta no perder al fan de las series. Para ello deja detallitos por aquí y por allá, con referencias claras a alguna película clásica con la que tiene, al final, un desarrollo cuasi-paralelo. Todo esto mantiene atento al trekkie, que conoce el material y que pasa parte del tiempo distraído con la comparación para así no aburrirse entre tanta carrera, salto y destrucción. Pero ya no cuela. El final de esta película me ha parecido simplemente un insulto a uno de los mitos de la franquicia.
Finalmente, como película tampoco se salva. El guion es flojo y predecible, cuando no simplemente malo (véase p. ej. Uhura en plan besitos y “a tí te pongo yo derecho”), los actores hablan a gritos todo el tiempo, aunque habría que salvar, quizás, a Benedict Cumberbatch. Además, cada vez tengo más claro que el CGI está haciendo mucho daño al cine de género. Acabo harto de ver lo bien que hacen aquello de destruir edificios, de plantear escenas de acción con persecuciones imposibles, de rodar con la cámara dentro de la acción y sin que ésta deje de moverse, del montaje frenético con planos que no llegan al segundo. Parece que es un verdadero problema no rodar estas escenas desde un plano medio. Será porque es la moda, la película-vídeo-juego en la que no me entero de casi nada de lo que pasa, pero es que me da igual, sólo espero a que la maravilla de escena que ha costado un pastón termine para para ver el resultado, muy predecible en cualquier caso.
Star Trek terminó con Némesis (que tampoco es que terminara bien), lo que ha hecho J. J. Abrams es otra cosa. Temo seriamente por la continuación de parte clásica de Star Wars.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
fresenius
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8
29 de abril de 2018
29 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hostiles (2017)
Dir.: Scott Cooper

Hay ocasiones en las que es difícil entender cuál ha sido la estragegia de publicación, distribución y comercialización de una película de alto nivel. "Hostiles" es un claro ejemplo, una película que todavía no se ha estrenado en España y que por el camino que lleva parece que lo hará directamente al "formato doméstico", por llamarlo de algún modo. Y si finalmente se estrena en cines, pues ya lo estará haciendo tarde y mal porque el acceso al cine tiene muchos caminos.

El caso es que el interés de ver esta la película ahora (cuando no hay publicidad alguna de la misma) require de la propia voluntad del espectador que busca y rebusca filmografías o películas de género y, de pronto, se encuentra con un western de interesante título en el que intervienen buenos actores. Scott Cooper es el director y es su cuarto largometraje. Anteriomente había dirigido, siempre en mi opinión, las pasables "Corazon rebelde" (2009) y "Black Mass" (2015) y la bastante buena "La ley del más fuerte" (2013) también con Christian Bale como actor principal.

Con "Hostiles" ha conseguido Scott Cooper su mejor trabajo, casi un peliculón, un western con muchas reminicencias clásicas que se apoya tanto en los actores como en lo fundamental de las grandes películas del oeste, los grandes espacios abiertos del oeste americano. Casi toda la película está rodada en exteriores de este largo viaje desde Nuevo Mexico hasta Montana y los paisajes y su fotografía son espetaculares. Y se preocupa mucho el director de plantarte unos encuadres y unas panorámicas con el grupo de personajes presente que fácilmente me retrotraen al western clásico. Pero no solo es eso, también las instalaciones militares, los fuertes del ejército en medio de la nada, la caballería, este tipo de temática hacía mucho que no se veía (al menos en mi caso) en una película del oeste y hay ocasiones en las que me acuerdo del cine de John Ford por la parte militar y las estancias en los fuertes, y por escena final y especialmente los últimos planos, y también del cine de Antonny Mann y el propio John Ford por los paisajes. Y la historia también es clásica, casacas azules, indios, odio y aceptación. Es la implicación de los actores (especialmente Christian Bale, pero también Rosamund Pike o Wes Studi y Ben Foster) la que consigue que te interese la "historia de siempre".

Se puede pensar, y es cierto, que la película adolece de un ritmo excesivamente pausado, sobre todo en su parte central. Particularmente no me molesta para nada si lo que veo está tan bien filmado y fotografiado, tanto la noche como el día. Quizás sí que se le pueda reprochar un acabado episódico dentro del viaje, dicho de otro modo, un ritmo como a trompicones dentro del viaje de este grupo de personas. La escena final es simplemente maravillosa, no por esperable, sino por su planteamiento.
fresenius
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El recuerdo de Marnie
7,1
4.025
Animación
8
25 de agosto de 2015
20 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
"Omoide no Mânî" (When Marnie Was There - 2014) es el segundo largometraje de Hiromasa Yonebayashi, un director asociado por ahora al estudio Ghibli en el que lleva trabajando como animador desde "Mononoke Hime" (1997). Desde esta mítica película, obra maestra de Hayao Miyazaki, Yonebayashi ha participado en los principales títulos del estudio, en muchos de ellos como "key animator" que va más lejos de un simple animador ya que asume toda la responsabilidad de las escenas que tiene asignadas.
En el año 2010 Yonebayashi asume la máxima responsabilidad e inicia, bajo el amparo del estudio, su carrera como director con "Karigurashi no Arietti" (Arrietty y el mundo de los diminutos). El resultado fue más que notable, una película muy estimable amparada en un trabajo técnico impecable que viene dado por el "sello Ghibli". Y hablar de Ghibli implica calidad. Cuatro años despues Yonebayashi se confirma, se supera, y nos regala "Omoide no Mânî". Una película que se separa del sentido aventurero de su primer film para adentrarse en la dificil tarea de narrar los sentimientos humanos a traves de la animación. Y el resultado es muy satisfactorio, notable, en la buena dirección para intentar acercarse a las obras maestras de los fundadores del estudio. Es muy difícil llegar al nivel de "Kaze tachinu" (El viento se levanta, 2013) el último film de Miyazaki o la obra maestra que es "Kaguya Hime" (2013) de Isao Takahata, pero es de esperar, más bien desear, que Toshio Suzuki continúe su labor en el estudio Ghibli para amparar nuevos trabajos. Curiosamente Yonegayashi con "Omoide no Mânî" y Goro Miyazaki con "Kokuriko-zaka kara" (La colina de las amapolas) han conseguido superarse respecto de sus primeras películas y nos han ofrecido productos que están muy por encima en su género que muchas producciones, y no me refiero solo al anime sino a productos norteamericanos (léase aquí Disney, y Pixar últimamente), llenos de convencionalismos infantiloides, tendenciosidad hacia el “buenismo”, guiños para mayores, prisas y demasiados gritos.
Centrándonos ya en "Omoide no Mânî" decir de entrada que es todo un placer disfrutar de una historia contada con pausa, con el ritmo necesario muy del gusto y del proceder japonés. Ciertamente suele ser este precisamente uno de los inconvenientes que muchos achacan a este cine, pero yo lo disfruto intensamente. Porque aunque la historia que se cuenta en la película sea en realidad muy sencilla y juvenil, no en vano está basada en una novela para adolescentes de 1967 escrita por Joan G. Robinson, el empaque de la misma llega mucho mucho más lejos, porque hay tiempo para contemplar las escenas, porque la calidad de los escenarios dibujados, naturales o de interiores, es simplemente espectacular, porque es fascinante cómo se retrata el mundo rural japonés. En este último sentido la película pisa sobre terreno muy firme, no en vano muchas películas del estudio Ghibli han pasado por aquí y es imposible, viendo esta película, no recordar la grandísima obra maestra de Takahata "Omohide Poro Poro" (Recuerdos del ayer, 1991).
En cualquier caso, la fascinación o la reverencia que tienen muchos creadores japoneses por el mundo rural japonés, el huir de la tecnología y los convecionalismos modernos para adentrarse en el último reducto de la tranquilidad, la tradición y del amor por la naturaleza es digno de reflexión. Sólamente dentro del anime, a bote pronto y de los últimos años, puedo citar con facilidad títulos importantes como "Momo e no Tegami" (Una carta para Momo, 2011) de Hiroyuki Okiura, o las dos últimas películas de Mamoru Hosoda, "Samâ Wôzu" (Summer Wars, 2009) y "Ôkami Kodomo no Ame to Yuki" (Los niños lobo, 2012).
Pero,.... algún pero debe haber. Y lo hay. El último tercio de la película me parece algo precipitado. Una película que te va envolviendo poco a poco en la historia de Anna, una niña muy introvertida que tiene que luchar contra ese deseo de encerrarse en sí misma, de vencer las dificultades que tiene de manifestarse espontáneamente, de comprender por qué es así, que viaja a una zona costera donde conoce a Marnie, otra chica con su propio secreto... y todo va bien contado, pero al final la narración de la relación con Marnie se torna algo precipitada. A la película le faltan 15 minutos que particularmente estaría encantado de ver. Por otra parte, aunque la música no está nada mal, tampoco es que se quede en la memoria. Particularmente me molesta que el tema principal que aparece en los créditos finales esté cantado en inglés, una nimiedad en cualquier caso.
Finalmente mencionar una curiosidad sobre la animación de los personajes. En general todos los movimientos de los personajes me resultan muy realistas (Anna tiene dos o tres caídas que casi me resultan dolorosas de ver), como no podía ser menos siendo una producción tan cuidada. Sin embargo, el sello del propio Yonebayashi se puede detectar respecto de otras animaciones del estudio pues Yonebayashi también ha trabajado como animador fuera de Ghibli. No me negarán, aunque sea vagamente, la sensación de déjà vu al contemplar el semblante y los gestos de los personajes con alguno de los personajes de "Jin-Rô" (Jin-Roh: The Wolf Brigade, 1998) de Hiroyuki Okiura donde Yonebayashi trabajó de animador. Y no me negarán, más claramente, la coincidencia del semblante y los gestos de Marnie y de los personajes que habitan la casa del pantano con algunos de los personajes de la serie "Monster" (2004) de Masayuki Kojima donde Yonebayashi también fue "key animator".

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Recuerda, amigo lector, que esta reseña está basada única y exclusivamente en mi opinión y gusto personal que puede, o no, coincidir con la del resto de los mortales.
fresenius
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8
27 de diciembre de 2013
22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
Esta reseña está referida a la primera temporada de la serie.

Psycho-Pass se puede considerar, al menos al principio, una serie de ciencia-ficción dura, de tono ciberpunk, ya que nos encontramos con un planteamiento realista en el ámbito de la ciencia y la tecnología, muy alejado de las fantasías inaceptables que nos tragamos en otros subgéneros de la ciencia-ficción. Es un futuro muy posible en muchos de sus aspectos.

La influencia de Ghost in the Shell (GITS) en Psycho-Pass es innegable, tanto a nivel del tipo de historia que se cuenta como en el diseño de fondos urbanos, paisajes, artilugios y personajes, habitantes de un universo situado en un futuro no muy lejano. A cambio de la Sección Policial de Seguridad Pública (Sección 9), aquí tenemos a la Sección de Crimen de Seguridad Pública (Unidad 1); al igual que en GITS, la sociedad japonesa está altamente informatizada, aunque aquí no hay una red que conecte cerebros alojados en cuerpos prostéticos, pero sí es posible medir en las personas su estado mental y su personalidad así como la probabilidad de que vayan a cometer delitos. Si en una persona se mide su coeficiente de criminalidad y es muy alto, puede ser detenida, reeducada o, incluso, eliminada.

Pero GITS no es la única idea que se puede apreciar en Psycho-Pass. Empezando por la más que evidente influencia del Gran Hermano de la novela 1984 de George Orwell y pasando por la existencia de unos ejecutores dentro de la Unidad 1 que me recuerdan mucho al Juez Dredd. Otros ejemplos: las decoraciones y entornos en los que se envuelven los personajes son debidos a una tecnología que no tiene nada que envidiar a la empleada en la sala holográfica del Enterprise, o también que en los primeros episodios se visualizan las interacciones sociales en la red de redes de una forma muy similar a la ya vista en la interesante Summer Wars (2009) de Mamoru Hosoda. Una última: el homenaje a Blade Runner es bastante evidente (o así me lo parece) con el diseño de la torre de la sede policial de la Unidad 1. En varias ocasiones la cámara hace un descenso sobre la parte superior de la torre idéntico al que se puede ver en la película de Ridley Scott cuando el vehículo autopropulsado va a aterrizar sobre su terraza.

Todo este compendio de ideas e influencias son llevadas de una manera, me parece, muy brillante en el primer tercio de la serie. Se hace muy interesante ver la forma de desenvolverse de los personajes en este futuro absorbente, sobre todo porque es en este primer tercio de serie la cuando se resuelven casos que no llevan más de un par de episodios. Las tramas están bien, no son tan complejas y difíciles de seguir como en GITS, quizás porque se centran en las investigaciones y no se meten en el universo socio-político en el que se desarrollan. Pero pronto vemos que las investigaciones se relacionan con un único caso, que será el que se desarrolle y resuelva en la segunda mitad de la serie. Y aunque la historia que se cuenta está bien, me parece demasiado recargada en el ámbito filosófico y la serie pronto se olvida de todo el universo tecnológico que se nos había presentado para centrarse en una, por momentos, convencional historia de unos protagonistas perseguidores y de una perseguida mente brillante, todo ello aderezado con historias de superación personal y romance por desarrollar (habrá una segunda temporada). En este aspecto GITS es muy superior. En GITS las historias que se cuentan están inmersas, son imposibles sin su contexto ultra-tecnificado. En Psycho-Pass ocurre lo mismo pero sólo al principio, porque pronto el escenario del futuro es una mera escusa que deja de ser protagonista para desarrollar una historia muy acostumbrada. Es la diferencia entre un sobresaliente y un notable.
fresenius
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