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Críticas de Antonio Morales
Ordenadas por:
1.537 críticas
2
30 de enero de 2014
331 de 527 usuarios han encontrado esta crítica útil
Espero que nadie se dé por aludido en mi comentario si tiene la amabilidad de leerlo, pues mi intención es sólo la de exponer mis argumentos desde el prisma de un amante del cine.

Salí del cine profundamente decepcionado…, qué pena que el público y los amigos de F. A. se conforme con tan poco, (¡tiene un promedio casi de ocho!), me pregunto a los que la califican con un 8, 9, o un 10, ¿Qué entienden ellos por cine? Si para ellos un “Peliculón” como suelen decir… es una catarata de gratuitas palabras soeces, chistes de brocha gorda, sexo explicito y zafio, gags vulgares prolongados hasta la extenuación, imágenes efectistas y patéticas, personajes esperpénticos y disparatados en el peor sentido de la palabra, buscando la risa fácil, eso en mi opinión no es cine ni comedia ni nada, es menospreciar la inteligencia del espectador.

La película se alarga innecesariamente (quizá para justificar el presupuesto) para repetirse constantemente, en las soflamas histriónicas populacheras y casposas de un grotesco, sobreactuado y mal dirigido Leonardo Di Caprio, que me recordaba al peor Jim Carrey de “Mentiroso compulsivo”. Scorsese se empecina en repetir el mismo mensaje, como si el espectador fuera tan estúpido que no lo capta a la primera, con lo que después de la primera hora comienza el sopor, el aburrimiento, porque la historia no avanza, se repiten constantemente las gamberradas absurdas y delirantes en la oficina, donde los “brokers” son una panda de energúmenos que se dedican a competir ante el impresentable Jordan Belfort, a ver quien hace la gamberrada más abominable.

Scorsese se sirve de la biografía de este indecente personaje, que es Jordan, y creo que pretende parodiar al capitalismo voraz, cosa muy loable si lo hiciera abordando la cuestión con un mínimo de rigor. Pero los personajes son planos, sin consistencia psicológica, son como marionetas estereotipadas y previsibles, cuesta mucho la empatía con ellos, todo el tiempo ebrios, haciendo orgías, tomando drogas de todo tipo y rodeados de prostitutas de todo pelaje, yo no veo en los personajes una evolución moral creíble, todo está llevado a un exceso que llega a fatigar y asquear.

Al igual que Jordan Belfort vende humo con sus bonos basura a sus clientes, mientras se queda grandes comisiones, creyéndose un tipo listo por embaucar a gente sencilla y poco preparada para los tiempos que corren, Scorsese nos vende este engendro, indigno de su status artístico, manufacturado al gusto del público actual que acude a las salas ávido en devorar imágenes impactantes y obscenas de personajes impúdicos, relatos abyectos que denigran la inteligencia del espectador y que con su complacencia propicia un futuro desolador. Llámenlo como quieran pero eso no es cine.
Antonio Morales
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7
28 de enero de 2014
58 de 86 usuarios han encontrado esta crítica útil
Escribir una crítica sobre una película que no te gusta, por el motivo que sea, me parece aceptable, siempre que sea con argumentos sólidos y razonables, también puedo aceptar adjetivos descalificatorios, siempre dentro del buen gusto y la educación. Lo que no me parece admisible es que desde el desconocimiento más atroz de lo que se juzga, con unos cuantos chistes fáciles y unas palabras supuestamente ingeniosas, se descalifique una película por ser modesta en su producción, no entender la propuesta del cineasta o simplemente se utilicen adjetivos peyorativos rozando la grosería, con el fin de saciar su ego, convenciendo a la “parroquia” y salir a hombros por la puerta grande, permítanme utilizar este símil taurino. Jamás leeré ese tipo de críticas porque no me parecen honestas.

Garci aborda el personaje de Holmes y Watson, desde su personal forma de hacer cine, pausado y reflexivo, una apuesta arriesgada y original. Puedo entender que para los no iniciados en el universo de Garci, pueda resultar extraño el tratamiento que de la pareja británica, alejada de los tópicos habituales que se han reflejado en el cine de gran presupuesto últimamente, además para ese tipo de cine, ya están los americanos... También es evidente en la película, que es una producción humilde, lo cual da al cineasta la libertad que precisa para llevar a cabo su propuesta. El buen cine no siempre va unido al gran presupuesto.

El cineasta apuesta por el pretexto de unos crímenes en el Madrid galdosiano, para recrear ese Madrid decimonónico, castizo al que llega la pareja británica siguiendo la pista de Jack el destripador. Garci nos presenta a un Holmes y un Watson más humanos y menos estereotipados, con una profundidad psicológica más compleja de lo habitual. Pero siendo fiel al espíritu de Conan Doyle en el fondo, el Holmes de Garci es atípico y heterodoxo, pero sigue siendo inteligente, misántropo, romántico y victoriano, le gustan las mujeres, pero valora más su independencia. Del mismo modo Watson es diferente del habitual, pues tampoco está escrito que tenga que ser gordito y con bigote. La ambientación y el vestuario son excelentes, teniendo en cuenta, que es una producción modesta.

En cuanto al idioma inglés que sólo aparece en un par de ocasiones, me parece que ahí se equivoca Garci, o hablan inglés todo el tiempo, o español, pues la mayoría del público ve las películas dobladas siempre, es más, apostaría a que la mayoría prefiere el doblaje. Lo del cocido y los churros que tanto agradan a Watson, no entiendo la crítica peyorativa de algunos, ¿no presumen ellos del té y el “roastbeef”?…, me parece absurdo. La novedosa propuesta de Garci amplia una nueva visión de uno de los más famosos personajes de la literatura universal, una mirada enriquecedora que podría llegar a convertirse en una película de culto.
Antonio Morales
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9
20 de febrero de 2013
29 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Después de leer bastantes opiniones de los usuarios de esta web sobre esta obra, me he sentido interesado en dar mi opinión de “Centauros del desierto” (extraordinario título que supera al original), sobre todo por ser un fiel seguidor de John Ford, y ayudar a enriquecer el debate. Pero antes de opinar, me gustaría hacer algunas precisiones, desde el más absoluto respeto por los usuarios que valoran negativamente el film o creen que está sobrevalorado.

Es curioso que a la hora de realizar listas, entre críticos de cine y profesionales del medio, siempre está entre las primeras. Paul Schrader dijo de ella: “Me aseguro de verla al menos una vez al año”. Scorsese dijo: “La veo una o dos veces al año, me influenció mucho cuando hice Taxi driver”. Y John Millius sin cortarse un pelo: “La he visto sesenta veces”. No es por casualidad que un hijo de Millius y otro de Wayne se llaman Ethan. Alguien dirá que están locos, pero cabe recordar que ciertas locuras procuran una enorme felicidad y responden al nombre de pasión. En este caso pasión por el cine, pues creo que lo realmente grave es haberla sólo visto una vez, o no haberla visto jamás.

Hay quien le encuentra defectos de geografía por el “Monument valley”, si no está en Texas, que es Arizona, si el río es de uno u otro color, si los indios no son creíbles, si Ethan (Wayne) es un racista, si la crítica la sobrevalora últimamente, o que hay gente que se deja influenciar por lo que lee u oye, otorgando puntuaciones sin criterio que lo avale, etc, etc, etc. Está claro que todo lo que nos rodea influye en nosotros de una forma u otra, pero convendrán conmigo, que no tiene el mismo valor, la opinión de un profesional del cine, a la de un aficionado con todo el respeto que merece. Otra cosa es que te guste más o menos que otras, por ejemplo: a mí me parece extraordinaria, pero no siento empatía con el protagonista, en cambio, “La diligencia” y “El hombre que mató a Liberty Valance”, me gustan más por ser muy emotivas, aún siendo las tres para mí, ¡obras maestras!. En esta película Ford alcanza la cúspide de su expresión, ahí donde la acción sin detenerse se convierte en reflexión, en un justo análisis sobre la mitología del Oeste y sus héroes, que prolongaría en westerns posteriores. Ford reflexiona sobre los seres humanos en situación conflictiva, sobre el honor, la moral tradicional y el amor.
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Antonio Morales
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10
15 de junio de 2013
25 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
En mi opinión, ésta es la mejor película de Alfred Hitchcock, la vi por primera vez cuando se reestrenó en los cines de España en 1984, después de muchos años retirada de los canales de distribución, la impresión que me causó fue enorme, al contemplar una obra tan deslumbrante, pues yo tan sólo conocía al maestro por sus películas de suspense en T.V., pero a partir de entonces comprendí que tras esa etiqueta superflua se hallaba un cineasta complejo que diseccionaba el alma humana, buscando respuestas, recreando sus fobias y sus filias bajo cualquier pretexto o “McGuffin”, como él solía llamarlo. Luego supe que los críticos de la revista “Cahiers du cinema” lo habían colocado en el lugar que merecía, entre los grandes del cine.

Basada en una flojita novela de Boileau-Narcejac “De entre los muertos”, Vértigo no es deudora de nadie más que de su director. Él diseñó el “look” de la imagen, él dio las directrices del guión, él creó de la nada a los personajes; en definitiva: él hizo una obra personal, única e irrepetible. ¿Por qué todas estas alabanzas, repetidas desde hace tantos años en libros y revistas, en críticas y ensayos? ¿Por qué esta película ha suscitado el interés de gentes tan aparentemente alejadas del cine como filósofos o pintores? Sencillamente porque en Vértigo se está hablando de algo muy profundo, de algo que permanece en el subconsciente de cada uno y cuando aflora en forma de obra de arte es reconocido de una forma instintiva.

Vértigo no trata sólo de la acrofobia, que desde las primeras imágenes padece Scottie, un magistral James Stewart, sino de un vértigo mucho más oculto y mental, el vértigo de la creación, mejor dicho, de la recreación. La verdadera historia de la película, la más importante empieza cuando el espectador no advertido cree que se ha terminado con la muerte de Madeleine. Hitchcock obeso y obseso habla de necrofilia, pero no es sólo necrofilia lo que mueve a Scottie, sino la melancolía de la ausencia, que le impide aceptar vivir sin Madelaine y por eso la busca en todas partes. Pero no la quiere muerta, la quiere viva; por eso, cuando encuentra a Judy piensa que la ha reencontrado.

Vértigo es como un sueño que nos arrastra en sus espirales desde los famosos títulos de crédito creados por Saul Bass, mientras suena la maravillosa música de Bernard Hermann inspirada en la obertura de la ópera “Tristan e Isolda” de Wagner, sus tiempos son más musicales que dramáticos y no tienen una relación con el tiempo real. Tanto la rubia y misteriosa Madeleine como la pelirroja y sensual Judy, una fascinante Kim Novak, no sólo engaña y enamora a Scottie, sino al espectador que la sigue fascinado y se desespera junto con él. Si el cine es el arte de lo imaginario, pocas veces sueño y realidad habían sido objeto de un tratamiento tan obsesivo como el que ofrece Hitchcock en Vértigo. Consiguió una obra maestra de irrefrenable belleza visual, pero también una película inquietante sobre el amor y la pasión.
Antonio Morales
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4
17 de enero de 2016
63 de 104 usuarios han encontrado esta crítica útil
Acabo de leer unos cuantos comentarios que me invitan a pensar, que yo he visto otra película, un alud de adjetivos elogiosos, generalmente poco reflexivos y muy pasionales de sus incondicionales, la mayoría se jactan sin demasiados argumentos, de admirar la maestría del cineasta pero no encuentro las razones, más allá de los tópicos y los eslóganes con que se le sublima y venera al autor. Y es que soy de los que piensa que Tarantino podría ser un “entertainer” o un prestidigitador, pero nunca un maestro, porque su a su cine, en mi opinión, le sobran formas y le faltan ideas. Vuelve con otro homenaje al “espagueti western” trasladado a la América profunda. Un western nevado, plomizo y truculento, de vacuo mensaje y absurda intriga. Un aquelarre sangriento con unos personajes enfáticos y que rozan la parodia, extendida y alargada a causa de una narración teatralizada hasta la exageración.

Varios cazarrecompensas, una prisionera, un presunto sheriff, un cowboy, un ex general confederado y el amigo de la dueña del local, donde todos se reúnen, dan forma a una puesta en escena de unos personajes durante el primer tramo del film, hasta que suena el primer disparo. Entonces pasamos de una mentira a otra, de una sospecha a otra y de una identidad falsa a otro, donde todo el mundo está enfrentado entre sí por reproches y causas absurdas, intereses contrapuestos y deseos infantiles, por los cuales se hipoteca la integridad y la justicia. Todo ello se podría entender como un conflicto de raza, religión y política, plagada de mentiras sobre cuyos cimientos se erigió los EEUU.

Tarantino narra todo muy explícitamente, es meticuloso en el detalle porque él no entiende de elipsis, de insertos ni de sobreentendidos, su público no se lo perdonaría, él conoce sobradamente a sus seguidores, es rehén de su público que le exige, película tras película, más de lo mismo: frases ocurrentes de un vocabulario soez, la ceremonia sangrienta, el sadismo desmedido, lo cutre y lo zafio mediante la concatenación de una serie de escenas de casquería a granel, una orgía de violencia explícita que enaltece ese clímax que el cineasta va retrasando a lo largo del metraje hasta detonarlo como una catarsis redentora.

En todo caso, no seré yo, el que pueda evitar el triunfo de Tarantino entre sus complacientes devotos, pues cumple sobradamente con lo que se espera de él, de su manera de entender el cine, que por su puesto, yo no comparto, su pretendida fuerza y “originalidad” le hacen inconfundible, puede que haya que juzgarlo más, como cineasta experimental que como cineasta narrador. Siempre lo he considerado un cineasta más de formas que de conceptos.
Antonio Morales
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