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España España · Shangri-la. Andalucía
Críticas de Maggie Smee
Ordenadas por:
272 críticas
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7
12 de abril de 2017
32 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Muy buena ha tenido que ser la cosecha este año en el cine francés, o muy mal debe andar la retentiva de los votantes, para haber relegado injustamente “El hijo de Jean” a tan solo dos nominaciones en los Césars: mejor actor principal (Pierre Deladonchamps) y mejor actor de reparto (Gabriel Arcand). Puede que el cupo de coproducción con Canadá ya fuera cubierto con “Sólo el fin del mundo”, de Xavier Dolan y vieran excesivo nominar a otra película más, teniendo títulos propios de sobra. A saber.

El caso es que “El hijo de Jean”, dirigida con acierto por Philippe Lioret y, cuya adaptación al guión corre bajo su responsabilidad junto a Natalie Carter, es un ejemplo de cine bien estructurado. Tanto su ritmo como sus diálogos son creíbles, evitan situaciones melodramáticas subidas de tono y su interés no decae en ningún momento. Es la base necesaria para que un film funcione y “El hijo de Jean” la tiene.

No sé si habrá muchos espectadores a los que la película les deje huella, pero sin duda, cuanto menos, es un cine de indudable calidad, un cine que hace falta que prodigue más títulos como este y que parece que pasará desapercibido por la cartelera, aún a pesar de contar con buenas referencias. Es la “típica” película buena que si se visiona deja buen sabor de boca, aunque hayan muchos a los que ni les suene o no les atraiga, corriendo el riesgo de dejarla escapar.

La labor de montaje, sonido o sobre todo la de Flemming Nordkrog a la banda sonora está más conseguida que el trabajo de Philippe Guilbert a la fotografía, que no es que falle, en absoluto, pero su iluminación en los exteriores nocturnos en el campo, a veces, deja que desear, cosa que no le ocurre en los exteriores urbanos. Eso si nos ponemos muy puntillosos para señalar algún punto negativo, pero insistimos, que técnicamente o en su faceta artística no hay ningún borrón.

El apartado de los actores también es reseñable. Hasta los niños pequeños que aparecen o los que tienen papeles fugaces, como los dependientes, hacen un buen trabajo. Nada chirría, quizás no ya por una buena elección en el casting sino por una buena dirección.

Así da gusto ir al cine. Y no debe ser una apreciación subjetiva. Hacía tiempo que al finalizar la proyección, y eso que había casi media sala llena, los espectadores, aunque no prestaban atención a los créditos finales, ninguno se levantó, y comentaban los hechos que habían presenciado, compartiendo la conclusión con el que el film había cerrado.

Quizás lo que más me ha gustado de “El hijo de Jean” es su naturalidad. Los acontecimientos se van sucediendo sin la necesidad de intentar sorprender al espectador, pero con la ventaja de interesarle. No hay “suspense”, pero sí curiosidad por saber cómo se va a desarrollar, tanto lo que se nos propone como la reacción de sus personajes con lo que es fácil identificarse y cuyas reacciones son lógicas y humanas en todo momento. Todo ello hace, al menos para mí, que estemos ante un film apreciable y por supuesto muy digno.
Maggie Smee
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5
1 de octubre de 2016
39 de 47 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una vez más, y es algo que ya voy a dejar de repetir, me alegro de no haber visto ningún programa de cine, de no haber leído ningún artículo de esos que cuelgan en las redes los días del estreno y que se copian, en su mayoría, de otros, de no haber visto ningún trailer o de no haber leído ninguna crítica, ya que la mayoría, como si de un complot se tratara, tienen la estúpida tendencia de reventar la película. Esto ocurre incluso presentando una película que seguidamente emitirán en la 2 de TVE española, donde son incapaces de analizar una película creando expectación y sin caer en el más vulgar “spoiler”. No sé si el espectador actual es idiota o si es que todos “ellos” así lo consideran, pero en algunos casos, como en el presente y a mi parecer, no solo me hubieran destripado “Elle”, si no que además me hubieran confundido vendiéndome algo que en absoluto era. Viendo la reacción del público asistente, algunos de ellos previamente “informados”, salían entre irritados y estupefactos.
Pero yendo al meollo en cuestión empecemos diciendo que “Elle”, aunque vaya a representar a Francia en los futuros Oscars, no es una película para el gran público. Incluso yo pensaba que había llegado el momento, al fin, de la nominación al Oscar como mejor actriz que ya le toca a Isabelle Huppert, tras décadas de grandes y comprometidos trabajos, además de haber trabajado con Cimino y Hanson, desaparecidos este año. Pero tras su visión lo veo complicado, aunque no imposible. Y no es porque lo haga mal, rara vez Huppert no convence. Está fabulosa, es el motor de la película y sin ella, se hubiera ido al traste desde su comienzo, sobre todo porque nadie como ella, que además tiene un máster en meterse en la piel de personajes tan tormentosos y con tanta oscuridad, y que guarda ciertos paralelismos con el personaje de “La pianista” que hizo para Haneke. Y ese es el hándicap: está arrolladora pero su personaje es áspero y amoral. Quizás por ello Marion Cotillard, Nicole Kidman o Diane Lane, entre otras, rechazaron inicialmente el proyecto, hasta que al trasladarlo definitivamente a Francia, recayó con acierto en la mejor propuesta, la Huppert.
Siguiendo con los aciertos de la película, aunque sean impedimentos para ciertos sectores, casi todo el reparto funciona y gira en torno a su protagonista, como la historia requería, pero a mí me falla Laurent Lafitte en el papel de Patrick, que me resulta demasiado blando, o desaprovechan el personaje de Ralf que encarna Lenglet, aunque afortunadamente a su pareja en la ficción, Judith Magre como Irene, le dan cancha. Y Verhoeven hace un buen trabajo en la dirección, quizás es su trabajo más gélido pero era necesario ese tono. Nada que ver con maneras o convicciones que en antaño le han proporcionado grandes éxitos comerciales. Aquí no hay trucos, si no un autor que desnuda a su protagonista, en todos los sentidos, adentrándose conscientemente en un cine underground que no proporciona taquilla.
Todo eso está bien, pero su guión, desgraciadamente, es el que tuerce este arriesgado ejercicio viscoso de equilibrismo. No es por la traducción al francés de Harold Manning (el daño lo provoca más su pésimo doblaje al español), si no que a David Birke le ha faltado marcar intenciones de sus personajes y cerrar cabos sueltos que Phillipe Djian dejaba en su obra. La película, en sus más de dos horas, podía haber sido más contundente y el haber optado por dejar tanto fleco suelto lo veo más como una cómoda labor de sugerencia que roza la cobardía y que desentona con el valor que le han echado el resto del equipo. No dudo que vaya a tener sus defensores, e incluso tiene todos los ingredientes en convertirse en film de culto, pero a mí me ha sabido a poco, ya que encuentro descompensaciones entre la mitad del film y la segunda parte, entre los interesantes temas que van poniendo sobre el tapete y lo que al final queda.
Mientras que hay factores que meramente cumplen, como su fotografía, encuentro más interesante su aportación musical o su vestuario.
Su sentido del humor, muy corrosivo, casi dañino, queda muy atrás, no lo percibo ni en un segundo plano y puede que sea por el veneno desmedido que constantemente impregna el personaje de Michèle (Huppert). Lástima que no me haya dejado poso ni me haya marcado como se pretendía. Recuerdo que en ese sentido, por ejemplo, “El cuarto hombre”, de Verhoeven, que lleva rodada décadas, no dejaba tantos huecos y era incluso más cañera que esta propuesta. Cuestión no ya de gustos si no de sensibilidades.
Maggie Smee
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3
9 de septiembre de 2017
70 de 111 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estamos ante uno de los fenómenos taquilleros del año. Tras adaptar la novela “It” para una miniserie en 1990, cayó en el olvido y todo parecía indicar que ya se había “cumplido” con su adaptación. Pero como últimamente está ocurriendo con otros films y con novelas de Stephen King, y ante la falta de creatividad de las “majors” (que no de ideas), ha sido de nuevo utilizada, en esta ocasión para el cine. Y es que antes de contratar a alguien capaz de generar nuevos proyectos cuyo control se les escape de las manos a los ejecutivos, amos y señores que dirigen los estudios, se vuelve a freír el mismo plato, habitualmente para peor, porque deducen que, como ya le suena al público, pues tienen parte de la promoción ganada. Solamente les interesa sacar dinero. Que sea mediocre se la sudan y, además, para encubrir su incultura no tienen que depender de ningún artista que les pueda dar las vueltas o dejarles en evidencia, simplemente ellos deciden quien dirige su proyecto, sin depender de ninguna condición artística, como en el presente caso, en el que se crea una “nueva” franquicia de la que saldrán secuelas a porrillos, todas las que el público esté dispuesto a engullir.

No se puede generalizar, pero si el perfil de los “fans” que serán seguidores de la saga coincide con el público asistente a la sesión que acudí, válgame Dios, estaremos apañados, no porque coincida con ellos en el cine, yo no pagaré por ver ninguna secuela, si no que estos serán el futuro público que condicione el futuro del cine: una horda de niñatos parlanchines, maleducados y sin una gota de cinefilia, aunque sí de consumismo, que se comportarán como si estuvieran en el salón de su casa, comentando lo que les saldrá del potorro, atentos solamente a los momentos de posibles sobresaltos o chistes que se tercien, pero no a la trama, que por cierto, en esta versión de “It” el guión lo firman tres, nada más y nada menos, y emplean dos horas y cuarto que se hacen muy largas.

Está dirigida por Andy Muschietti, el cual presta más atención a la estética, como si fuera un publicista con movimientos de cámara a lo Spielberg, aunque sin su dominio ni talento, con el agravante de tener el mismo sentido del morbo que Eloy de la Iglesia pero sin su gracia. Baste la escena en que se bañan en paños menores en el que sobran los planos de “paquetes” o los pechos sin pezón de Jeremy Ray Taylor. Algo innecesario.
La música es otro pegote que emula al mundo de John Williams aunque cumple con lo que se pretendía, que tampoco era mucho. Más “glamour” desprende Chung- hoon- Cheng a la fotografía, así como su maquillaje o efectos digitales, sobre todo eso se nota en su dirección artística.

Pero “It” carece de clima de terror, ni siquiera tiene una atmósfera inquietante, lo cual es una paradoja para un producto, en teoría, de terror, aunque está destinada descaradamente a un público casi infantil y eso parece no importarle a la joven audiencia. Y eso es lo que más me llama la atención, que esta versión que parece aunar a la pandilla de “Los Goonies” con la agresividad de “The Warriors” es, gratuitamente, una de las películas más sanguinolentas y violentas que hemos visto. Además entre sus ingredientes se toca el maltrato o la pederastia, pero no se ahonda en ellos, es más, parece algo que ni preocupa ni traumatiza. Los pocos personajes adultos son seres idiotas o inmundos violadores y poco importan a lo que se nos cuentan. Por cierto, ¿dónde está el resto de los progenitores de esta “chupi- pandillita”? Tampoco importan. Y aunque realmente no se puede hacer un estudio serio sobre su guión, porque está pensado para un público que no se plantee nada, sí se podría otro sobre su sintomático tratamiento sobre la violencia: adolescentes que sufren “bullying” y que responden con mayor violencia a la que otros emplean contra ellos, mientras otros, como espectadores, lo asimilan con normalidad e incluso jalean a la pantalla pidiendo más sangre o mamporros.

Lo que sí hay es una “nueva” cantera de rostros que empezarán a resultar familiares como Jaeden Lieberher o Sophia Lillis entre otros muchos. Un ejemplo más que de buen casting se trata de cómo renovar rostros para una industria consumista pero a los que le queda madurar como actores. A saber quiénes son los agentes que los representan y cómo habrán organizado el "cotarro" con el director de casting. Pone la piel de gallina más que la película.

Quizás la puntilla de toda esta "infantilización" es descubrir entre sus créditos se dan las gracias a la tienda del gran desaparecido Jim Henson por la creación de la criatura. Ninguna factoría más apropiada y entrañable que la que había participado en “Barrio sésamo” o “Los teleñecos”, por ejemplo, y a falta de que Carlo Rimbladi dispusiera de otra fábrica, de alguien que podía crear “monstruos” tan dispares como “E.T” o el espeluznante bicho de “La posesión” de Zulawski.
Maggie Smee
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3
21 de octubre de 2017
40 de 51 usuarios han encontrado esta crítica útil
Antes de nada he de aclarar que, aunque soy fan del cine de catástrofes, no me terminan de gustar las actuales, si no las de antaño, como “San Francisco”, o “La calle del delfín verde”, por poner algunos ejemplos. Incluso mi debilidad alcanza a los años setenta, que es cuando este género alcanza su esplendor, con, entre otras, “La aventura del Poseidón”, “Terremoto” o “El coloso en llamas”, película que desde algún tiempo creía que iba a tener su “remake” y que fue uno de los títulos emblemáticos del género. Las actuales producciones, sean para cine o televisión, están repletas de efectos digitales, confeccionadas sin la más mínima gracia, con pésimos guiones y sin ni siquiera un buen artesano tras la cámara, creando en consecuencia productos impersonales, sin ningún encanto y olvidables, por lo que muchas producciones se encaminan al cutrerío con descaro para, al menos, provocar la carcajada, evocando al cine nipón, como pudieran ser “Megatiburón contra pulpo gigante” o “Megatiburón contra crocosaurio”. “Geostorm” escapa a ese barniz basura, pero no a su aire televisivo, más cuidada que otras aberraciones, eso es verdad, pero sin llegar a parecer cine. Tiene cierto aire a “Independence Day”, de la que su vulgar director fue el productor del film de Emmerich, mezclándolo con dosis de “Armageddon”, “Deep Impact”, algo de “Gravity” y el catastrofismo de “2012” pero sin tanto lucimiento de efectos. Es decir, nada nuevo. Yo tampoco buscaba innovación, ni por supuesto cine de autor, solamente un cine de evasión, pero lo básico ni siquiera está cuidado.

Me ha llamado la atención, que el público, cada vez más borrego, no haya respondido a la llamada de “Geostorm” como tenía pensado su productora, la Warner, y me alegro por ello. Ya está bien de llenarles a los de siempre las arcas a la primera de cambio, porque aunque sea cine puramente comercial, hay que exigir un mínimo de calidad. Al menos en mi caso, que iba con la mayor predisposición de pasarlo bien y punto, me ha resultado decepcionante.

Verla en pantalla grande, al menos ciertas secuencias, resulta más espectacular que en cualquier pantalla casera, pero hasta ahí su ventaja. Hay mucho despliegue de efectos tanto visuales como sonoros, pero sin igualar lo ya conocido. El resto del equipo queda muy atrás, ya que “Geostorm” era una excusa para lucir tales efectos.

El reparto da un mediocre resultado: Gerard Butler va de machote testosterónico, muy en la línea de Stallone, tanto que hay momentos en que parezca que simule una parálisis facial para transmitir de la manera más rústica su virilidad. Jim Sturgess, como Max, su hermano, está más perdido, intenta componer un personaje que sirva de antítesis pero le hubiera ido mejor más edad. Su acompañante, Abbie Cornish, se nos ofrece como una sustituta de Chalize Theron para nuevas generaciones, pero se queda en eso, en sucedáneo, a la que quedan años para adquirir “cuerpo”. Alexandra Maria Lara, tras una larga carrera en Alemania y a la que todavía recordamos en su notable “El hundimiento”, aprovecha para meter cabeza en Hollywood pero sin posibilidad de hacer un personaje serio, como Amr Waked como Ray, personaje de una sola cara y evidente. Peor es para el resto del elenco en el que figuran, desde actores más jóvenes, como Zazie Beetz a actores con más “prestigio”, como Mare Winningham, que aparece poco y mal, Ed Harris, el cual parece que ya se presta a cualquier producción con el único fin de lucrarse más, otra razón no le veo, o Andy García, que se quejó durante mucho tiempo que solamente le llamaban para hacer de cubano o italiano (no sé qué quiere con el físico que tiene, si hacer de vikingo o yanqui de la América profunda) aquí se quita la espinita haciendo de presidente de Estados Unidos. Puede que eso le haya colmado de orgullo, pero tampoco su labor pasará a la historia.

El guión, que parece inspirarse en ciertos momentos en “Estación polar Cebra” pretende abarcar demasiadas cosas y ser un film de aventuras, denuncia, thriller, catástrofes y con misivas ecológicas, todo muy “Benetton”, igualando a ser posible el número de hombres y mujeres y por supuesto contando con muchas razas, aunque obviando a los de siempre sean albinos, amazónicos o esquimales, porque ya puestos, les podrían haber hecho un hueco.

Y no hay mucho más que señalar. La maquinaría técnica cuida sin alardes el producto, que cuenta con algunas escenas de sentimentalismo barato imperdonables, así como un falso patriotismo, que en esta ocasión, al llevarla a cabo mejicanos, podrán molestar a Trump y eso nos divierte, pero que a fin de cuentas tales ingredientes desfasados la devalúan aún más. Más que cine palomitero es cine de plástico, que se olvida tan pronto como se engulle. Quizás en un futuro, y en buenas manos, sepan crear un producto comercial que luzca un gran presupuesto, que sirva como cine de evasión y que su calidad no provoque sonrojo, pero para eso hay que currárselo, aunque sea un poco, pero hay que trabajarlo.
Maggie Smee
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6
18 de febrero de 2017
36 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
En un coloquio sobre la película “Ordet”, publicado en 1997 por la revista especializada Nikel Odeon, concretamente en su número ocho, Juan Miguel Lamet afirmaba: “Si los cineastas fueran menos cinéfilos y más artistas, la capacidad del cine como vehículo de expresión y comunicación sería inimaginable; verdaderamente un séptimo arte”. Creo, por supuesto cabrían algunas matizaciones, que lleva mucha razón. En la actualidad, muchos autores en el cine siguen haciendo homenajes, en otros casos hasta continúan plagiando, pero lo que es innegable es que también el cine sigue teniendo gran poder de concienciar y de denunciar, donde se consigue más resonancia que en ningún otro medio artístico.

En el presente caso, con “Lion”, (que ya se podría haber traducido su título al español, “León”), se cumple sin duda el tema de concienciar al público más despistado, y de denunciar ciertas circunstancias injustas aunque algo obvias, pero su primerizo director, Garth Davis, que debuta con su primer largometraje tras varios trabajos en series, cortos y documentales, ha olvidado quizás lo esencial a la hora de ponerse tras la cámara, lo que debe ser un cineasta. Davis es un prestigioso director de anuncios y eso se nota en la factura de la película, que cuenta con una notable fotografía y una buena banda sonora, una música apropiada en todo momento y que, en su tono, nos recuerda al arranque de, por ejemplo, el tema de U2 “Where The Streets Have no Name” antes de la entrada de guitarras, un estilo musical nada nuevo pero que el cine parecía haber olvidado hasta hace relativamente muy poco. La inclusión de la canción de Sia en los créditos finales rompe la línea empleada, pero sin duda es un intento de comercializar más aún su banda sonora.

Pero la buena formación de Davis dentro del mundo publicitario ha dejado entrever que eso, para dominar el lenguaje cinematográfico, no es suficiente. Esto no significa que le haya salido mal, pero su sentido del ritmo se le va en ocasiones y, a pesar de que su historia es tremendamente conmovedora, al espectador no termina por atraparle, poniendo el interés los asistentes a la proyección, ya que como director no nos ha enganchando, porque, repito, su historia nos debería haber mantenido con el corazón en un puño.

Puede que la novela sea otro cantar, pero su guión posee ciertas lagunas y sus personajes, sobre todo el central, Saroo Brierley, le seguimos en sus vicisitudes pero no termina por erigirse como el héroe que debiera haber sido.

“Lion” ha sido nominada para seis Oscars. Creo que exceptuando su música y fotografía, el resto de sus nominaciones es algo exagerado, sobre todo en el caso de mejor película. El hecho de nominar a Nicole Kidman o Dev Patel como secundarios responde a razones de marketing, sobre todo porque Dev Patel es el protagonista y cambiarlo de categoría se debe a que cuenta con más posibilidades de llevarse premio que si optara como actor principal. Todos hacen una buena labor, pero tampoco era como para tanto ensalzamiento.

Para concluir debemos aclarar que los verdaderos responsables de que “Lion” sea un llamativo éxito comercial han sido una vez más Harvey y Bob Weinstein, unos productores con gran poder y buen olfato, capaces de venderles hielo a los esquimales. Con un bajo presupuesto están logrando, por ahora, multiplicar por diez sus ingresos. Pero “Lion” no pasa de ser un correcto film, necesario para varios sectores, que revindica el amor aunque sea superficialmente, que afortunadamente no escarba en lo morboso, pero que ha perdido la oportunidad de agarrarnos por las vísceras y de convertirse en lo que han pretendido vendernos. Y es una pena que se haya quedado a medias, porque ingredientes y medios han tenido para ello. Puede que en un futuro Davis haya aprendido lo esencial y nos traiga obras más maduradas y, en consecuencia, más conseguidas.
Maggie Smee
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