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El último Elvis

6,6
1.497
votos
Sinopsis
Carlos Gutiérrez, "Elvis", es un cantante separado que vive en un olvidado barrio de Buenos Aires y que tiene una pequeña hija llamada Lisa Marie, a la que no ve muy seguido. Siempre vivió su vida como si fuese la reencarnación de Elvis Presley, negándose a aceptar su realidad. Pero está a punto de cumplir los años que su ídolo tenía al morir y su futuro se muestra vacío. Una situación inesperada lo obliga a hacerse cargo de su hija. En ... [+]
Críticas ordenadas por:
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14 de mayo de 2012
35 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Habitar la piel de otro es una experiencia común para los artistas y particularmente para los imitadores, aunque en este último caso están más atados a un personaje que a veces puede devorarlos y alejarlos de su propia realidad. Esta situación, llevada al extremo, es la que plantea la historia de Carlos Gutiérrez, quien de día trabaja como obrero en una ruidosa fábrica de electrodomésticos y de noche imita a Elvis Presley en fiestas familiares, bares y bingos del conurbano porteño.
Entrado en años y peso, es una versión de la figura decadente del ídolo en su última etapa, pero la voz y la entrega física de cada interpretación son conmocionantes.
En el plano familiar es un solitario, con la madre en un geriátrico, una ex mujer y una pequeña hija distantes. Salvo por su arte, este Carlos es un hombre ausente que vive fuera del tiempo y de sí mismo. Porque para él la musica es no un paliativo, sino la única forma posible de felicidad y realización. Creerse Elvis es una obsesión que lleva adelante con convicción: solamente escucha o mira conciertos del inmortal monarca roquero, su hija se llama Lisa Marie y a su ex mujer la llama Priscilla.

"El ultimo Elvis” es una película con muchos atractivos donde brilla cada detalle. Se advierte un estilo en la excelente fotografía, la iluminación y sus matices, el diseño de vestuario, el sonido, el clima logrado con decorados, atmósferas visuales y auditivas.
Es notable el registro de una ciudad que -como su personaje- parece atemporal. Salvo el protagonismo del celular podría decirse que la película sucede en torno a los años setenta.
En la primera parte, la historia se asoma al mundo de los que no son ellos sino por otros. Se introduce en el universo de los imitadores musicales y recorre con solapado humor ese mundo bizarro de imitadores donde rondan, como filtradas por un espejo deformante, imágenes de estrellas musicales.
El director recurre muy poco a los diálogos, prefiriendo la fuerza de sus imágenes. Privilegia la intensidad del relato antes que un montaje vertiginoso, buscando planos-secuencia como el de apertura, donde se presenta al personaje.
La madurez de la película es sorprendente para tratarse de una ópera prima: contada con maestría, despliega un infrecuente lujo narrativo como soporte de una historia al mismo tiempo sencilla y compleja, simple pero enorme, que transita entre lo excelente y lo patético hasta afirmarse en un terreno más humano que manipulador.
“El último Elvis” -como sólo se da en pocos casos- también permite involucrar a distintos tipos de público, frívolo o intelectual; puede verse en Buenos Aires o en cualquier parte del mundo sin perder interés. Nadie queda afuera de este viaje interno y externo de un hombre gris con un don excepcional: este último Elvis, olvidado y postergado que alcanza una dimensión heroica con su costado quijotesco que arremete contra la chatura del mundo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Adela Hache
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21 de julio de 2012
13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
No hay lugar para la ampulosidad en El último Elvis; ni para la joda ni para la caricaturización. Sobria como pocas, justamente por tratar de un tema como el que trata, lo que sorprende es la seriedad de la propuesta y el como desarrollarla apenas teniendo en cuenta el devenir psicológico del personaje principal. Pero no estamos ni por lejos ante un caso clínico; podría haberse encarado el asunto desde allí, pero no. La peli inicia con un travelling lento: un ascenso por unas escaleras para llegar hasta donde el ídolo está teniendo lugar. Parece que la premisa fuera "véanlo, allí está. Ese es nuestro hombre". La obra se toma en serio a ese imitador porque él se toma en serio a sí mismo. No es el tratado de un loco rematado en donde todo complota contra su versión de esa realidad inventada; es más bien la mirada convencida mediante un voto de fé de un personaje que, lejos de estar alienado, está hundido en sus sueños con los ojos abiertos. Por eso no hay choques entre la verdad y lo percibido. Apenas un contraste entre esa solemnidad que lo caracteriza y esas imágenes del contexto que lo rodea. El brilla en medio de un entorno gris, corroído. Ya sea su casa, la fábrica donde trabaja o esa familia a la que se apega a su manera.

El persigue un destino bastante escrito, y lo hace en silencio. La cámara acompaña, la luz y la música son cómplices tácitos. El último Elvis es el ocaso de un ídolo que nunca dejó de serlo. El resto son meras complementaciones.
Juan Rúas
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2 de mayo de 2012
15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
El último Elvis logra llevar en andas al ángel de los perdedores, ese qué viene de los callejones, donde solo campeonan los peores; esos callejones donde nuestros sueños son solo nuestros y las luces de un escenario (sin espectadores) iluminan solo nuestras sombras.
Armando Bo (nieto) logra qué el film se nos haga piel, logra entregar un producto sólido y sin fisuras, su lente firme nos entrega una óptica documental, unos planos bien construidos y un alma imposible de no abrazar, no bosqueja el film (ni al personaje) desde el ridículo ni la parodia sino lo hace hombro a hombro, sin juzgar (sin prejuzgar) montado en un personaje mínimo, casi sin identidad y qué logra, gracias al “mundo” qué se construyó (fabricó), ser algo, ser alguien…ser.
Durante todo el metraje acompañamos (participamos) del trip de Carlos en busca de un anhelo, en busca de lograr su (gran) sueño, pero las “bondades” de la vida (y el tiempo) siempre tienen prepara alguna voltereta, alguna escala qué no estaba en nuestro itinerario y es en esos lugares (comunes) donde nuestros sueños se diferencian, donde cambian de categoría donde logran ser tangibles o solo morir en sus ilusión y es ahí donde somos uno más o somos nuestro propio héroe en este lío.
La parte técnica esta correcta, el film cuenta con un buen soundtrack, buena fotografía, quizás la edición podría haber estado un poco más “afinada” y evitar algunos saltos de escenas (los cuales quedan algo brusco por decirlo de algún modo), El casting es impecable, John Mc Inerny es el alma, Griselda Siciliani, casi irreconocible, justa y efectiva y Margarita López, todo un logro, su cara inocente y angelical (aunque con bronca, con dolor) y sus gestos, sus silencios logran decir más qué las palabras (qué en cuenta gotas) salen de su boca.
Acercarse a las salas a ver este film es un regocijo al alma, una historia, qué sin caer en lugares comunes ni tornarse sensiblera logra arrancarte unos cuantos sentimientos (y lagrimas también, porque no) acercarse es involucrarnos en esta historia contada algo oscura (y con densidad si se quiere también) es acompañar (ser cómplices) a Carlos en esta historia para conseguir ser historia acercarse es ser parte de lo qué vengo sosteniendo (hasta el hartazgo) de la mejor época del cine argentino (sin temor a equivocarme ni a exagerar) donde miradas renovadas y jóvenes hacen y harán, al menos por algún tiempo, qué nuestro cine goce de buena salud.
El último Elvis sorprende, gusta y se nos hace piel….
Y como reza el Elvis de Bo: Si tenes un sueño perseguilo hasta el final… (Sólo los tontos no lo hacen)
vcleblanc
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16 de agosto de 2012
11 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Historia pausada, intimista, con una camara omnipresente que sigue a nuestro ¿ídolo? en cada momento vital.

La historia de un hombre que se transforma en el único y ¿legítimo? continuador de Elvis Presley...o así lo entiende él. Por lo que escuchamos, éste hombre siente que la voz del difunto artista norteamericano no se perdió con su muerte sino que cambió de cuerpo, siendo él su dichoso beneficiario.

Si bien la trama podría haber apuntado a una comedia bizarra, el director optó por darle seriedad y credibilidad, saliendo airoso en el intento.

Vemos el drama del hombre/artista, vemos su vida plagada de problemas, de incomodidades, pero también vemos su transformación cada vez que sube al escenario, su posesión absoluta.
Es feliz viviendo la vida del otro.

Destacable film de Armando Bo (nieto) que consigue como máximo logro, convencernos a la par del protagonista que estamos viendo a la reencarnación de Elvis, de manera gradual a medida que corre la cinta, hasta el punto en que no tenemos dudas.

Mérito también para John McInerny, de gran papel y excelente personificación (sin ser parecidos físicamente) del ídolo de la música.

El final es para seguir pensando.
Recomendada.
Serginhio
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13 de marzo de 2014
9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Carlos Gutiérrez se hace llamar Elvis. Durante el día trabaja en una fábrica, y por las noches actúa en locales vistiéndose de Elvis Presley y cantando sus canciones. No solo es una impostura, Carlos se siente como si fuera Elvis. Escucha su música, ve sus películas, hace todo lo posible por ser Elvis. Su coche, sus gafas, sus pantalones, todo recuerda a Elvis. Salvo él. Físicamente no se le parece en absoluto. Está a punto de cumplir 42 años, justo la edad que tenía Elvis cuando murió.

Es un hombre solitario, descuidado, abandonado por su mujer y con una hija que no le hace mucho caso. Está planeando dar el show definitivo, que le haga famoso. Pero de repente su mujer y su hija sufren un accidente de coche. A partir de entonces tiene que afrontar su papel de padre, y tendrá que decidir si cambia su destino por su familia. Si será capaz de convertirse en Carlos o prefiere ser Elvis hasta el final.

Opera prima de Armando Bo, la película es lúgubre y con grandes dosis de realismo, incluso diría que con un cierto aire de documental que cautiva al espectador desde el principio. Muy pocos diálogos, grandes silencios, mucha música (de Elvis), obliga a que el espectador ponga también de su parte para que la historia funcione. Es un drama con momentos cómicos, de aquellos que hacen reir por absurdos dentro de la dramática realidad de los personajes.

Producida entre otros por Alejandro González Iñarritu, la película es francamente original. Aparecen un montón de dobles, de imitadores de famosos músicos. Así que recuerde: Charly García, John Lennon, Mick Jagger, Freddie Mercury, y sobre todo un Iggy Pop a la argentina tremendo. Como digo, todos son clavados, menos el protagonista, que no tiene el más mínimo parecido físico con el rey del rock.

Las actuaciones son muy buenas. El protagonista canta muy bien las canciones de Elvis, y consigue que una boda parezca un teatro, y un bingo de Avellaneda se convierte en un casino de Las Vegas. Su entrega es total en las actuaciones. Si ya es Elvis en su vida cotidiana, lo es aún mucho más cuando actúa, tanto da que sea para una gran audiencia como si simplemente canta “You are always on my mind” para las viejecitas de un geriátrico, o si le canta una canción a su hija antes de dormir. Es Elvis también cuando cena un sandwich de crema de cacahuete y plátano, todas las noches. Sólo hay algunos momentos de disturbio en su realidad cuando alguien le recuerda que también es Carlos. Especialmente, su exmujer y su hija, que son las dos que más intención ponen en que Elvis no se olvide de que es Carlos.

Sigo en el spoiler.

http://keizzine.wordpress.com/
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
keizz
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