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De canción en canción

5,5
1.302
votos
Año
2017
País
Estados Unidos
Director
Reparto
Género
Drama. Romance | Música
Sinopsis
Dos triángulos amorosos interrelacionados, la de las parejas formadas por los compositores Faye (Rooney Mara) y BV (Ryan Gosling), y la del productor musical Cook (Michael Fassbender) y su novia camarera (Natalie Portman), persiguiendo todos el éxito mientras tropiezan con la obsesión y la traición en el mundo de la escena musical de Austin, Texas (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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18 de junio de 2017
35 de 41 usuarios han encontrado esta crítica útil
A día de hoy, sigo creyendo que todo espectador tiene su propio misterio personal con Terrence Malick, cuando ve alguna de sus películas.
Sin embargo, los misterios tienen una particularidad: hay que querer resolverlos, o no.
De ahí supongo que vienen las brutales críticas y las encendidas alabanzas a un director que, pese a todo, no cambia por nada ni por nadie.

Menos mal, porque sus películas no son sólo historias audiovisuales, sino testimonios, emociones, impresiones...
Me resisto a creer que "Malick no cuenta nada" cuando en un par de planos es capaz de conectar con mi subconsciente y hacerme recordar experiencias de mi propia vida, parecidas a las que él a menudo retrata.

'Song to Song' se podría definir, de manera simple, como la historia de un triángulo amoroso, y de las personas que viven atadas a él.
Están el ingenuo e idealista BV, la etérea Faye y el intimidante Cook. Los dos primeros, cantantes de la escena musical de Texas, y el último productor deseoso de aprovechar sus florecientes talentos.
A medida que vemos estrecharse su amistad también nos damos cuenta de la asimetría de su relación, del inocente romance entre Faye y BV, y de la voraz sexualidad existente entre Cook y la propia Faye; ambos hombres están enganchados a una mujer que prefiere sentirlo todo, vivir o sufrir cada experiencia, antes que darse cuenta algún día de que no ha vivido nada.

Faye recopila sus confusos sentimientos, intenta que encajen, habla de vivir "canción a canción", sin plantearse nada más que lo puramente inmediato... cómo negarse, cuando vemos que entre los tres existe una química sencilla y natural, donde cada uno se siente parte de algo más grande, una sensación indescriptible desgranada entre atardeceres y charlas de madrugada difusa.

Cook ya sabe de los sentimientos entre Faye y BV, y los respeta, sin echarse atrás, de la única manera que entiende: viviendo como un bestia, devorando experiencias y atenciones, lidiando consigo mismo sin dejar de vivir por los demás... "no puedo tomar la vida tal cual es" pronuncia en un momento de la cinta, quizás su único momento de claridad entre desvanecimientos etílicos.
También le dice a BV: "todo esto... las fiestas, los acuerdos, la fama... es solo un escenario tío, solo eso".
Quizá por eso órbita alrededor de los dos amantes cantantes, exigiendo su parte de esa belleza que comparten cuando están juntos, esa belleza única que le hace a él sentirse horrendo y monstruoso.

Malick opta por casi silenciar lo superfluo, las conversaciones banales, los ruidos de fondo, y te sumerge en un estado de ensoñación marcado por pensamientos y canciones, como piezas de un puzzle que nunca logra acabarse.
"Quisiera que todo este dolor sirviera de algo" dice un desengañado BV, el único que todavía piensa en el punzante amor como cemento de pasiones y melodías, no como la hambrienta soledad que han cultivado Faye y Cook.
El amor es dolor, establece Malick. Quizá no sólo dolor, sino también renuncia de otros amantes, otros hechizos que dejamos pasar, y a la vez aceptación de la incertidumbre que supone buscar una luz de guía, que muchas veces nos dirige por el camino equivocado.

"No puedes tenerlo todo" susurra una sorprendente Lykke Li como amor pasado y sabio, asemejándose más que nunca a esa guía que creíamos perdida.
Pero el caso es que queremos todo, queremos una buena vida, queremos todas las pasiones que entraron y se quedaron (una magnífica Cate Blanchett, una sensual y cálida Bérénice Marlohe), queremos no darnos cuenta de que hemos gastado amor cuando ya es imposible recuperarlo.
Queremos levantarnos de la cama y que el tacto del lecho no nos devuelva algún eco del pasado, acariciando nuestro corazón no amado.

En última instancia, Malick exhibe cómo necesitamos el amor para comenzar de nuevo, para despellejar nuestra piel y renacer como el fénix que a todos nos toca ser en algún momento.
Hasta que lleguemos a redescubrir deseo en el simple acto de desabotonar nuestra camisa, porque ella o él pasará su mano por debajo, hasta que podamos prescindir de ese escenario en el que nos movemos aparentando ser lo que no queremos.
Y si se te ocurre vender una ilusión de amor... cuida de no venderte tú a la ilusión, como la pobre Rhonda que encarna Natalie Portman, mujer de inocencia sencilla y maneras de lolita, que teme lo que su amor exige de ella, y se desespera porque las chicas de abdominales perfectos y belleza exuberante no sienten miedo alguno.

¿Qué emoción tan ingrata es la misma que cambia de piel según lo que pidas de ella?
La misma que te permite volver a empezar, por mucho que la hayas apaleado y la consideres muerta dentro de ti.
Al final, todo vuelve a su sitio, en un atardecer que sabe a fin de búsqueda, y en un lugar que huele a felicidad reverdecida.
"Esto. Solo algo como esto"

Vivamos de canción en canción, sí.
Quizá la única pena es que muchas no las queramos oír hasta más tarde (o nunca) y otras tantas no suenen cuando las necesitamos.
Pero nadie es dueño de su propio álbum.
Charles
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18 de junio de 2017
23 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Para no hacer perder tiempo a nadie hablaré claramente: si te gustaron las dos primeras obras de este señor pero las demás te han empezado a caer gordas, no veas Song to song. No entiendo que sigan soltándole la pasta a este hombre para hacer lo de siempre: lens flares entre plantas, planos contrapicados con objetivos angulares, voces en off........Y así hasta que llega la siesta.
MartinScocerse
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20 de junio de 2017
5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nueva película de Malick donde una vez más vemos los mismos personajes existenciales, mismos conflictos internos, misma estructura, mismas voces en off (que funcionarían de igual forma en sus dos anteriores películas), misma fotografía (la más floja a mi gusto de todas sus películas) y mismas bellezas femeninas. Lo único que cambia es el entorno en donde se mueven estos desvalidos personajes, en una eterna búsqueda de su yo fragmentado en medio de un País ideal, donde nada los satisface.

Desde ese punto de vista, creo que esta película tiene logra hace un esfuerzo inhumano y logra el cierre más satisfactorio de la tres. Que a diferencia de "To the Wonder y Knight of Cups, en ellas daba la sensación que podrían estirarse eternamente (lamentablemente sin aburrirme). Pero quería tocar un punto, que no sé si es porque uno ya se ha acostumbrado e interiorizado la propuesta de Malick, pero en Song to Song me dio la sensación que en Rooney Mara se hace (por momentos) totalmente explícita la "vanguardista" dirección de Malick. Simplemente la mayoría del tiempo no logré conectar con su personaje, daba la impresión que ni siquiera ella sabía lo que estaba haciendo, incluso en ocaciones miraba a la cámara y sonría fuera de su personaje.

Comparto el análisis de un crítico donde comenta la ausencia de Malick en el set (debido a su manera de dirigir casi fantasmal a través de una radio) y siento que esto influye completamente en el corazón de algunas escenas que prácticamente no expresan nada, están Vacías.

Por último recalcar algo que también me llamó la atención y es que la fotografía en esta película bajó considerablemente su nivel. No se a que se haya debido (¿pereza de Malick?) pero los encuadres y el aumento del gran angular muchas veces hacían ver la película con una calidad de GoPro utilizada por un estudiante de Cine.

Sin más, decir que lamentablemente Malick me sigue gustando, y pese a todo disfruto sus películas como muy pocas en la actualidad. Su puesta en escena logra muchas veces sensaciones que me sumergen de lleno en esa espiritualidad etérea que no logra cualquiera. La naturaleza como eje principal del desarrollo de sus películas, sigue estando presente. Los personajes pasan a un segundo plano y solo queda dejarse llevar por el sonido del viento, susurros y pasos fantasmales, que pese a no conducir a ningún lugar, te sientes parte del mundo infinito donde transitan.

Espero que Malick intente un cambio narrativo en su próxima película, si no, a esperarla de igual forma.
Chapsuc
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18 de enero de 2018
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La capacidad de un cineasta no reside sólo en su mirada, sino en la experiencia global provocada en el espectador. Cuando asisto a los territorios de Terrence Malick, siento que mis sentidos se agudizan: necesito más tiempo para observar cada plano, necesito más tiempo para comprender sus palabras; para compartir sus diálogos, y fundirme con sus canciones. El tiempo se dilata y dejo de percibirlo tal y cómo es, si es que realmente existe un durante.

Me siento mecido en lugares de ensueño que parecen mucho más extensos, mientras me pierdo en mis propias experiencias vitales, sin dejar en ningún momento de sentirme hechizado, por las hiperrealistas situaciones que viven sus intérpretes. A veces puede ser un lugar, otras una mirada o un gesto; acompañadas por sentimientos y actitudes, que no pueden ser otra cosa que La Vida. La Vida, ese estado permanente de consciencia, que se adereza con la compañía de otras personas. Con el rozar de otra piel. Sintiendo que te deslizas, en una espiral de amores y desamores, casualidades y traiciones. Encuentros, desencuentros y muerte.

Malick nunca ha dirigido estrictamente a sus actores. Prefiere inocular estados de ánimo, y a partir de breves indicaciones dejar que el torrente de emociones empiece a fluir. No permite permeabilidad, y prefiere que las situaciones crucen cauces con distintos grados de profundidad. Y en esta ocasión más que nunca, decide arrullar yendo de canción en canción, mientras nos esboza con pinceladas largas el ascenso y la caída dentro de la industria musical. Una muy poco banal excusa, para seguir desnudando almas solitarias, en un permanente estado de soledad habitada. En el que conocer a alguien, lleva a otra persona, mientras que sin darte cuenta estás conociendo a la siguiente. En un juego de decisiones, que parecen seguir un extraño hilo invisible con destinos, muchas veces inexorables.

Un demiurgo que juega a su antojo con sus criaturas, permitiendo en ocasiones que escuchemos sus pensamientos. A veces lejanos, otras cercanos. Con abundancia de planos largos, minuciosamente planificados; cuidados hasta el último detalle. Cámara que parece captar lo más íntimo, y que provoca cierto reparo a mirar, por miedo a que podamos interferir dentro del relato. Todo en un mundo de incesantes cambios. Repleto de picos y miserias, en el que la sensación de espejo es inevitable. Malick no nos deja ver, nos exige Mirar. Más que nunca quiere que escuchemos y dejemos de oír. De productor a compositor, de cantante a oyente. Susurrando. Viajando de un escenario a otro, de concierto en concierto; boca con boca y a corazón abierto. Mimetizándome con canciones que palpitan, mientras acaricio tus mejillas.

Más allá del mundo entero, más allá del universo. Pasó una noche, pasó una mañana; la siguiente pista del reproductor había comenzado. Madre, Vida, Pareja y Caballero. Y bajo su sombrero tejano, parecía oírse sólo un “te quiero”.
Roy
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24 de junio de 2017
9 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Conozco pocas películas de Malick pero considero por ejemplo que Malas Tierras es una de las mejores obras del séptimo arte. Como bien decía, conozco poco a este director pero dado el nivelazo de los actores que tiene en esta película y el toque mágico de Malas Tierras me esperaba mucho mas de lo que me he encontrado.
Le doy un cuatro y considero que viendo la bazofia que ha resultado soy demasiado generosa.
Y es que se pueden hacer cosas muy grandes sin usar a los actores de moda de hollywood y crear momentos de videoclip y anuncios recargados de preciosismo cada media hora.
Y la culpa no es de los actores. Todos hacen un trabajo extraordinario, dan su mejor esfuerzo. Intentan transmitirnos ese cóctel molotov de sentimientos que nos quiere hacer sentir Malick. Pero a pesar de sus esfuerzos no lo consiguen.
Y es que se intenta hablar de muchas cosas.
Amor, odio, rabia, ira, poder, resentimiento, celos, autodestrucción, bondad, maldad y ternura.
Se intenta hablar de todo eso pero la historia no se sostiene por si misma.
Malick intenta hacer un muestrario de sentimientos y examinarlos con la lupa de un cirujano pero no logra penetrar debajo de la piel con su bisturí.
Vemos a los personajes abalanzarse hacia el vació, rozar los limites del éxtasis y la decadencia.
Pero nos falta un porque y un como. No sabemos exactamente porque sienten lo que sienten, porque son lo que son.
Y al final la película acaba por ser un producto meramente artificial. Como una de esas rosas de plástico que parecen desprender un perfume embriagador pero que una vez que te has acercado a ellas revelan su verdadera identidad.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Nadja
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