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¡Madre!

6,3
23.009
votos
Sinopsis
A una mujer (Jennifer Lawrence) le pilla por sorpresa que su marido (Javier Bardem), un escritor en pleno bloqueo creativo, deje entrar en casa a unas personas a las que no había invitado. Poco a poco el comportamiento de su marido va siendo más extraño, y ella empieza a estresarse y a intentar echar a todo el mundo. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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24 de septiembre de 2017
348 de 412 usuarios han encontrado esta crítica útil
Enfrentarse a madre! supone un reto al espectador.
Aronofsky nos ofrece una película críptica, difícil, incómoda y anticomercial, hay que reconocerle los huevos que le ha echado y, claro, como cuesta cierto dinero se intenta vender para que el público acuda de forma masiva al estreno, pues después de los comentarios huirá masivamente.

Técnicamente impecable, especialmente en el aspecto sonoro, una maravilla esos sonidos que ofrece la casa. La cámara situada constantemente muy cerca de la cara de Jennifer Lawrence resulta incómoda, remarca el carácter de la obra, la personalidad de ella. Impecable en el apartado artístico, con grandes momentos, como la recreación visual de un poema no leído. Una estupenda dirección hace el resto.... El problema está en el relato ¿qué quiere contarnos mother!?

El espectador pasa por diversas fases, creer que se trata de un thriller de terror, pensar que se trata de un film surrealista en el que todo puede ocurrir (quizás el resultado de una pesadilla, onírico y terrorífico), para al fin comprender que en realidad es una alegoría. Y como alegoría no es fina, todo lo contrario, es muy burda, no ofrece la posibilidad de comprender el relato principal como tal a la vez que se refiere a algo más grande, el relato principal queda secuestrado, destruido por la alegoría, lo que ocurre no importa porque no resulta creíble y es el mayor pero de la película, el espectador se distancia de lo que ve, no tiene sentido no es un relato cercano, creíble o con posibilidad de resultar creíble, la alegoría destroza el relato. Pese a ello se puede aún así disfrutar estando dispuesto a ver lo que se está viendo, a jugar al juego que quiere el director, pero muchos espectadores no lo lograrán, o no les interesará, se verán expulsados del relato y verán una serie de imágenes que no les importarán lo más mínimo, es muy fácil detestar esta película y así será por la mayor parte del público, no es película para el espectador que espere algo normal, así que me parece que debe realizarse dicha advertencia.

Finalmente, como no dada la personalidad que tiene o que al menos trasmite por sus films Aronofsky, el tema tratado por la película es de una pretenciosidad total, quizás excesiva queriendo abarcar demasiado. Como lo es su duración, se hace algo cansina, dubitativa en su inicio (estupendo si hubiese querido desarrollarlo, no se entiende con esa continuación tan salvaje y diferente) excesivamente larga para una película excesiva en todos los aspectos.

Paradójicamente, desde mi punto de vista, es que uno de sus logros sea que se venda a un público mayoritario, especialmente por la popularidad de su actriz principal, enfrentará al público a un cine al que no está acostumbrado y dará que hablar. Eso cuando menos es loable, si bien a muchos les parecerá una tomadura de pelo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Meinster
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22 de septiembre de 2017
454 de 640 usuarios han encontrado esta crítica útil
Si te das un paseo por la calle de Alcalá y observas la estatua de Espartero detenidamente, comprobarás que el equino al que está subido el General tiene unos testículos diminutos en comparación con los del cineasta Darren Aronofsky.

Siendo uno de los directores con más talento de las últimas décadas, esta arriesgadísima cinta no tiene mucho que enviarle a sus anteriores hazañas. Estoy seguro de que Aronofsky sabía que le lloverían las críticas más descarnadas, que le insultarían, que lo tildarían de pretencioso, pedante, que abuchearían su violencia a priori gratuita, su falta de verosimilitud, las extrañas y aparentemente incoherentes interpretaciones de los actores. Sin embargo hizo la película que quería hacer, sin concesiones a nadie, sin paños calientes.

Resulta difícil trazar una línea entre lo que es spoiler y lo que no. A pesar de que no mencionaré ni una sola palabra de la trama, prosigo en el apartado de spoiler por si acaso el lector quiere llegar completamente virgen al visionado de la película, algo que en cualquier caso parece impensable en los tiempos que vivimos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
Javier Dampierre
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2 de octubre de 2017
326 de 477 usuarios han encontrado esta crítica útil
Quien revise mi historial de votaciones, comprobará que no soy en absoluto un detractor de Aronofsky, más bien al contrario. Hubo un tiempo en el que vivía el estreno de sus películas como un acontecimiento, habiendo cantado alabanzas a sus obras, tanto cuando el entusiasmo era compartido (Réquiem por un sueño) como cuando mis loas parecían alzarse solitarias en el desierto (La fuente de la vida). Si bien es cierto que mi adhesión a su cine fue perdiendo vigor a partir de El cisne negro, y que no encontré en Noé nada de lo que me había hecho caer prendido de su filmografía, seguía siguiendo su carrera con interés. Hasta ahora. Porque madre! ha hecho que pierda, puede que definitivamente, todo el respeto que tenía por este autor.

"Autor" Palabra clave cuando tratamos de desgranar los impulsos creativos de Aronofsky. Y es que no puede negarse que el cineasta de Brooklyn sea el paradigma de lo que encumbraban los críticos del Cahiers, aquellos que exportaron al mundo el vocablo "auteur", convirtiéndolo en la mayor expresión de virtud con la que se podía definir a un cineasta. Su teoría sobre el cine no carecía de fundamento, pero convertirla en dogma grabado en piedra fue un error que a punto estuvo de arruinar el ejercicio de la crítica cinematográfica si no hubiera sido por algunas voces lúcidas que entendieron que la autoría no es, nunca fue, un valor en sí mismo.

La obra de Aronofsky, desde sus inicios, tuvo una gran vocación autoral, pero, quizás porque no había alcanzado la seguridad, el ego, del que hace gala hoy en día, esta ambición quedaba equilibrada por un gran oficio y dominio de la narrativa y los mecanismos emocionales. Y es que, desde que el cine es cine, su objetivo universal no ha sido otro que emocionar ("cinema" viene de "kinema", movimiento en griego; y no se refiere simplemente a las imágenes en movimiento que conforman una obra cinematográfica, porque... ¿qué es la emoción sino un movimiento interno que nos lleva de un estado a otro?), y sus primeras películas cumplían con creces con ese propósito (¿A quién no le ha embargado una profunda congoja al contemplar la última secuencia de Réquiem por un sueño?). Hay quien dirá incluso que pecaban de manipuladoras, haciendo especial incapié en los subrayados musicales a cargo del Kronos Quartet. Pero, a medida que Aronofsky se iba emborrachando con la adoración de su audiencia (cosa de la que es perfectamente consciente, como puede verse en su alter ego, interpretado por Bardem en la película que nos ocupa), la autoría iba consumiendo su obra, lastrándola con cada vez más carga alegórica - no deja de ser paradójico que sus películas más simbólicas y discursivas hayan sido precedidas por sus películas con mayor aceptación de crítica y público (Réquiem llevó a La fuente y Cisne negro a Noé)- hasta que ha sucedido lo inevitable; un filme que únicamente cobra sentido como alegoría.

No soy contrario, ni mucho menos, y mis gustos cinematográficos así lo corroboran, a las películas en las que la simbología ejerce un papel fundamental. De hecho opino que gran parte de lo que separa el arte del objeto de consumo es su valor como alegoría. Pero nunca hay que olvidar que el cine, desde sus orígenes de vodevil, se debe a su público. No es una herramienta onanista para disfrute únicamente de sus creadores y cierta élite intelectual, o aún peor, pretendidamente intelectual. Y para que una obra tenga valor, la alegoría debe ir tejida entre la urdimbre de una historia, unos personajes con motivaciones, al servicio de una trama que sigue una lógica interna y para nada caprichosa. En definitiva; una narración. Aronofsky ha demostrado tener talento de sobra, y su dominio de los resortes de la narrativa es incontestable, pero con su última película parece decirnos que él está por encima de todo esto. El gran creador se aburre en su torre de marfil, y está harto de complacer las demandas mundanas de su público.

Pero Aronofsky parece haber olvidado un principio básico de la física; cuanto más alto esté el pedestal del que caes, más traumático será el momento en que te encuentres con el suelo. Y esta vez el batacazo ha sido terrible.

madre! es, desde la exclamación de su título y la negación de la mayúscula inicial, una obra cargada de pretenciosidad. Infumable hasta el extremo, pero no tanto irritante -eso sería claudicar ante su creador y admitir que ha tenido algún efecto en este espectador- Quiere ser provocadora, pero tras esa ambición transgresora sólo existe vacuidad y, personalmente, sólo me provocó hastío. En el lugar donde debería haber personajes, sólo existen símbolos. En lugar de historia, sólo hay parábola. Hace gala de un vergonzoso didactismo panfletario, de un discurso agresivo a la par que inmaduro, bobo, y se envuelve en él para ocultar su desnudez, igual que el emperador del cuento.

Hace un tiempo que vengo utilizando una metáfora de mi invención para definir a cierta corriente de la crítica actual, hiperreflexiva y ultradiscursiva que suele coincidir con aquellos que utilizan el análisis cinematográfico como arma ideológica, no son capaces de ver otra cosa que subtexto, equiparan arte y activismo y niegan cualquier influencia de la intuición, la casualidad o el simple instinto, sobre la creación. Me gusta compararles con alumnos de biología, abriendo el vientre de las obras que analizan sobre sus mesas de disección para desentrañar sus misterios. Y sí, pueden llegar a comprender cómo funciona un organismo analizando la disposición y objeto de sus distintos órganos, pero el misterio... eso es otra historia. En el misterio está la belleza, la poesía, el aliento vital. Y sólo alcanzaremos a estar cerca de ese misterio cuando observamos la obra en movimiento, respirando, viva. Para diseccionarla, primero hay que matarla. Y eso es lo que pasa con esta película; que sólo tiene sentido en cuanto a objeto destinado a la disección, ya que ha nacido muerta.

Diseccionémosla entonces:
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badseed
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1 de octubre de 2017
149 de 207 usuarios han encontrado esta crítica útil
He leído varias críticas tachándola de sinsentido, de superficial, de absurda... ¿En serio hemos visto la misma película? Tacharla de vacía es lo último que se me ocurriría hacer después de terminar de visionar sus dos horas de duración. No voy a poder comentarla sin hacer spoiler, y me parece que hay que ir a verla sabiendo lo menos posible, así que comentaré en la sección correspondiente para que otros que ya la hayan visto puedan leer otros puntos de vista.

A los que entraron aquí para saber si verla o no les diría convencido que la vieran, puede que no les guste nada, pero ya sólo por tener la posibilidad de conectar con ella vale la pena arriesgarse, no habrá peli igual en mucho tiempo. Aparte de que estas apuestan que hacen las productoras por películas tan poco convencionales/genéricas hay que agradecerlo y apoyarlo.

Una vez dicho esto, pasaré a comentar mis impresiones (por falta de espacio me veo obligado a empezar en esta sección, no sigáis leyendo si no queréis sufrir riesgo de SPOILER):

La película es una potente alegoría sobre el maltrato a la naturaleza, la superpoblación, los excesos de una sociedad enferma y los sacrificios de la colectividad. Después de reflexionar un rato sobre lo visto, he llegado a una explicación bastante completa y coherente, aquí va:

1. La casa simboliza nuestro planeta. Una casa en pleno proceso de construcción a la que los nuevos habitantes no le prestan ninguna atención, siendo ésta objeto de destrozos y maltratos constantes. De hecho, con cada oleada de personas, el corazón de la casa se resiente en varias escenas como la de la grieta sangrienta del suelo de madera, que desaparece cuando desalojan la casa y se intensifica cuantos más inquilinos se ve obligada a hospedar.
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sam
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25 de septiembre de 2017
118 de 156 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ninguno de los personajes de esta película tiene nombres. Javier Bardem es el poeta; Jennifer Lawrence, es la Madre, su inspiración; Kristen Wiig es su editor; Ed Harris es el invitado; Michelle Pfeiffer es la esposa del huésped; Domhnall Gleeson y Brian Gleeson son los hijos del maduro matrimonio. Sin embargo, los personajes de esta película, como veremos, más que figuras, son símbolos; más aún, representan sentimientos, emociones y sensaciones.

Los invitados encarnan las inseguridades y los temores de Madre. Se enfrentan a ella por no tener hijos, cuestionan la fuerza de su relación con su marido, y ponen a prueba sus aptitudes en todos los aspectos. Están allí para robar a su pareja y hacerla sentir incapaz e impotente. Se ofrecen como voluntarios para pintar las paredes y acabar el trabajo que ella no terminó. A medida que se presentan mas y mas visitas, Madre reexamina todo lo que sabe sobre el amor, la devoción y el sacrificio.

Al poeta, la llegada de invitados le aportan ideas y nuevas historias que le devuelven la inspiración para publicar un libro con el que volverá a tener mucho éxito. El mundo entero parece reconocerle su valía, es idolatrado y lo siguen en procesión para venerarlo hasta su casa. A partir de ahora aparece un enfoque religioso, el poeta se convierte en algo parecido a la figura de un Mesías. Sin embargo, sus seguidores son destructivos, egocéntricos e irrespetuosos, mientras que a él le encanta ser el centro de atención, pero en realidad por un motivo de auto-glorificación y de presuntuosidad, no para mejorar. Con todo esto se puede sacar la conclusión que Darren Aronofsky tiene una visión seriamente decepcionante y negativa de la raza humana.

La dirección de Darren Aronofsky nos lleva a detenernos casi por completo en la cara de Jennifer Lawrence, ya que pasa la mayor parte de la película en primer plano reflejando su angustia. Observamos cada uno de sus movimientos de cerca, seguimos siempre su punto de vista y de esta manera, nos vemos obligados a concentrarnos en sus emociones, y así, inevitablemente a empatizar con ella. Al mismo tiempo, intensifica la sensación de desorientación, ya que no siempre tenemos una visión de lo que está sucediendo alrededor de nuestra protagonista. En Madre! existe un retrato tan íntimo de su protagonista femenina como, por ejemplo, en Cisne Negro, y quizás un poco más personal. Los autoinvitados en la casa hacen su vida insoportable, realizando lo que quieren e ignorando su presencia y, como si eso no fuera suficiente, el poeta actúa de forma tan irrazonable e irritante que es casi imposible no despreciarlo.

En un principio la película se nos puede presentar como un completo jaleo. Tras llevar un buen rato de visión es fácil pensar que se trata de una paranoia o delirio de su director, sin embargo, una vez que uno acepta que todo lo que se ve en la película es simbólico puedes empezar a atar cabos y darle un sentido a las cosas. Aunque en general, Madre! es muy extraña, es una experiencia alegórica extrema con multitud de interpretaciones. La fábula retorcida de Darren Aronofsky ofrece mucho más que abstracción surrealista y para algunos puede tratarse de una parábola bíblica moderna. La perspectiva cíclica de Aronofsky de la realidad es completamente simétrica.

Madre! es el retrato más sórdido de la putrefacción del egocentrismo que consume gran parte de la humanidad. Aronofsky parece canalizar sus sentimientos y experiencias en la película, al tiempo que usa cantidad de referencias bíblicas y ofrece comentarios sobre el lado oscuro de la naturaleza humana. Asimismo, hay mucho simbolismo cristiano sobre la creación, la destrucción y el renacimiento. También hay algún sentido solapado sobre la violencia de la creación, sobre los creadores que entregan sus almas a las masas hambrientas, sólo para verlas como se destruyen y devoran.

Darren Aronofsky rellena la trama con innumerables metáforas que muestran su descontento con la actual sociedad, su pesimismo en relación a los rumbos que el mundo viene tomando abocado a un colapso social, financiero y ambiental. De esta forma, dentro de este contexto, comprenderemos más fácilmente lo que la esposa representa en la historia, y el porqué ella es quien más sufre las consecuencias de los actos del marido, ni siquiera percibidas por él. Como poeta que es, su ingenua creencia y optimismo por el ser humano le impiden ver el daño que causa a la propia mujer. Los fanatismos políticos y religiosos, la búsqueda de ídolos salvadores, el culto a las celebridades, la tiranía social, y otras muchas maldades que contribuyen a desolar y atormentar a la humanidad están, de una manera o de otra, reflejadas en Madre! de manera cautivadora y deslumbrante.

La utilización del surrealismo por parte de Aronofsky es una constante a lo largo de su carrera y muy evidente aquí. No todo lo que sucede debe ser interpretado exactamente de la forma en que se presenta, pues, de lo contrario, no encontraremos mucho sentido a lo visto. Madre! es una catarsis agonizante y un descenso inquebrantable hacia la desesperación, la locura y el terror, una experiencia tremendamente intensa desde su inicio, y sólo se vuelve más esquizofrénico, y cada vez más impredecible a medida que avanza. Para aquellos que puedan superar las escenas impactantes y disfrutar con buscar un sentido a lo absurdo y surrealista, entonces con Madre! se encontrarán ante una interesante película.

https://cinemagavia.es/pelicula-critica-madre/
Eduargil
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