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Mona Lisa

6,7
1.611
votos
Sinopsis
George, además de ser el chófer de Simone, una elegante prostituta negra cuyos clientes son hombres de negocios y árabes millonarios, está locamente enamorado de ella, Por eso, acepta el encargo de buscar a una vieja amiga de Simone que se ha metido en un lío, aunque tenga que enfrentarse a un chulo mafioso y a un obseso rey del porno. Pero pronto descubrirá algo que podría destruir su propia vida. (FILMAFFINITY)
Críticas ordenadas por:
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13 de julio de 2005
24 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
La película toma el título del cuadro de Leonardo da Vinci, porque para el protagonista George, la prostituta a la que sirve como chófer es hermosa, enigmática, intocable e inalcalzable. La relación entre George y Simone se desarrolla en un doble plano: por un lado George se va enamorando de Simone, mientras ésta le utiliza para la obtención de sus fines. La película ofrece una descripción detallada y bien matizada de la personalidad de George, un expresidiario recién salido de la cárcel, rechazado por su mujer, buena persona, honesto a carta cabal, que encuentra un trabajo de chófer de la mano de un antiguo colega, por cuenta del que ha pagado una pena de prisión que no le correspondía. La ingenuidad de George y la fascinación que siente por Simone le llevan a recorrer la ciudad en busca de Kate, una joven compañera de Simone, perdida en el submundo londinense. George realiza su cometido con limpieza, con dignidad y sin prestar atención a las fáciles y atractivas oportunidades que el mundo de la delincuencia le ofrece. Tras jugarse la vida para satisfacer los deseos de su Mona Lisa, llega la sorpresa de una verdad inesperada, que le hará tomar una decisión coherente y liberadora. La canción "Mona Lisa", dedicada a la figura seductora y enigmática de la protagonista del cuadro, acompaña el inicio de la obra a modo de apunte explicativo para el espectador. La excelente interpretación de Bob Hoskins en el papel principal le valió una nominación al Oscar al mejor actor.
Miquel
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26 de enero de 2007
16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cuando tipos como Bo Hoskins monopolizan con su actuación magistral nuestro interés y cuando no es necesario ser un guaperas tipo Di Caprio, Brad Pitt ó George Clooney para ser el "galán" ó actor principal de una película, es cuando siento que me reencuentro con el cine. Y de alguna manera eso es lo que sucede en Mona Lisa, con un don nadie al que una serie de contrarias circunstancias convierten en maleante, detective y proxeneta. Pero ¿Como puede ser eso? nos preguntamos, si rezuma honradez y bondad por los cuatro costados.

Nos identificamos con él hasta el punto de sentirnos estafados cuando a él le estafan, de sentirnos heridos cuando a él le hieren, de sentir que nos hubiesemos enamorado en sus mismas circunstancias. Él, es un poco nosotros mismos, con las circunstancias en contra.

La película tiene muchos detalles reseñables:

"¿Papá porqué te fuiste?... "Porque no era un hombre bueno"
" ¿Y ahora, eres bueno...?"...

Ó cuando, empezando a enamorarse, retoca el maquillaje de la prostituta, antes de su "actuación"

"Tienes que estar guapa"...

Nos identificamos con él y por eso nos duele lo que le pasa. Y eso lo consigue Neil Jordan con su trabajo de dirección, pero sobre todo Bo Hoskins con su genial actuación.

Tal vez la película hubiese resultado igualmente genial con Sean Conery en el papel de George como en un principio estaba previsto, pero en mi modesta opinión, Bo Hoskins nos "hermana" de alguna manera con el personaje, lo hace verosimil, creible. Y para mi, este es el verdadero valor de esta obra. La credibilidad.
FATHER CAPRIO
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9 de diciembre de 2014
8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
No exagero si digo que Neil Jordan me parece uno de los cineastas activos más interesantes del mundo. Ya sea con vertientes oscuras de cuentos populares (En compañía de lobos), con las crónicas de un vampiro que come ratas (Entrevista con el vampiro) o con su introspección del travestismo (Desayuno en Plutón), siempre demuestra riqueza y heterodoxia en el tratamiento de los temas. No se conforma con que esos temas sean potentes de por sí. Cierto es que un par de excursiones americanas le han salido rana (Dentro de mis sueños, La extraña que hay en ti), pero tenía más que ver con los flojos libretos de los que partía que con su realización. El peculiar modo de desarrollar los temas que maneja, combinando libertina despreocupación por dar respuestas y serio compromiso para con sus personajes, abre siempre puertas. Nunca las cierra.

Mona Lisa cuenta las desventuras de George (Bob Hoskins), un hombre que acaba de salir de la cárcel y encuentra trabajo como chófer de Simone, una prostituta. Más tarde, se verá inmerso en la búsqueda de una amiga de Simone, una chica de edad similar a la de su hija. Una hija a la que apenas ve. Si bien esta historia en manos de otro podría convertirse en una Paseando a Miss Daisy de baratillo, Neil Jordan nos ofrece un refrescante cóctel en el que caben drama, thriller, cine negro y un gran estudio de personajes. La perfecta armonía de estos hace que sea prácticamente imposible aburrirse viéndola.

Hay también, en su segunda mitad, cierto parecido con Hardcore de Paul Schrader, en cuanto a la búsqueda dolorosa de una inocencia corrompida. La diferencia es que en Hardcore, George C. Scott emprende la búsqueda de la chica por el lazo familiar, y en Mona Lisa es tan sólo por altruismo, lo cual la hace más conmovedora. Además, la película que nos ocupa destaca más en lo visual. Paul Schrader es un estupendo guionista pero Neil Jordan nació director. Eso se nota en el dinamismo que le da a las imágenes, la segura mano con la que trenza un ritmo progresivamente opresivo y turbio y el modo en el que cuenta una historia aprovechando el medio cinematográfico, narrando más a través de miradas y silencios que mediante rutinarios diálogos.

Bob Hoskins tiene gran parte del mérito de que la película funcione tan bien. No puedo pensar en una elección más adecuada para el papel y que transmita tanta credibilidad y calidez en cada gesto. Pertenece a esa no muy abundante raza de actores que prefieren no fingir ser alguien, sino serlo por un lapso de tiempo. El papel de hombre corriente y vulgar pero con un corazón de oro le sienta como anillo al dedo y no hay rastro de impostura en sus ademanes. Sus continuos encontronazos con Simone no hacen más que aumentar nuestra simpatía por él, ya que su bondad oculta frustración. No encuentra hueco donde depositar su bondad (la madre de su hija no le deja verla, la prostituta se muestra fría y distante al principio), pero cuando finalmente ve la posibilidad de ayudar en algo no parará hasta conseguirlo.

Cabe destacar una característica común en algunas películas de Neil Jordan: la fascinación por una mujer de incierta sexualidad que proviene de un entorno hostil. En Juego de lágrimas y Desayuno en Plutón eran transexuales, pero mujeres en espíritu al fin y al cabo. Aquí es una mujer, pero con rasgos bastante masculinos. Son la herramienta de la que Jordan se vale para ahondar en el mundo interior de alguien evitando clichés; parece decirnos que en nuestro verdadero yo hay corrientes masculinas y femeninas que se cruzan y colapsan, quedando en pie más de unas que de otras. Pero que nadie es todo o nada, blanco o negro, y que sólo tenemos de guía una pulsión que a veces no entiende de géneros. A Jordan también le gusta contraponer esta contundente visión de la personalidad a una más conservadora y tradicional. Si en Juego de Lágrimas era Stephen Rea quien se replanteaba sus principios e inclinaciones, aquí ese papel se reserva a Bob Hoskins.

Mona Lisa es una película que habla de dos mundos y del choque de estos. El mundo del glamour, con su manto de elegancia tras el que se ocultan fiestas sadomasoquistas, chocando contra el mundo normal. Es la triste historia de dos mundos que se desean el uno al otro pero que están destinados a vivir separados. A la prostituta le molesta ver en Bob Hoskins una honestidad que no creía posible en un hombre, y a Bob Hoskins le duele que ella ponga precio a su belleza. Pero ambas son personas rotas en busca de alguien a quien amar. Lo que les une es más importante que lo que les separa, aunque al final tampoco eso sea suficiente. Hay una escena muy paradigmática un poco antes del desenlace, en el muelle. Hoskins comprende la inclinación sexual de la prostituta y empieza a bailar con ella, a fingir los clichés de todas las relaciones de manera bufa. Hasta que con unas ridículas gafas estrelladas en sus ojos, se da cuenta de que eso no es para él. De que nunca podrá vivir una vida normal con una persona tan compleja y difícil. Con alguien que proviene de otro mundo.
Cinematic
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15 de diciembre de 2005
7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Eso es lo que parece el bueno de George (Bob Hoskins) desde que una prostituta negra, alta y enigmática (tal vez por esta última cualidad le venga el título a la película, además de por la canción homónima que se deja oir) le contrata como taxista, acompañante y protector, porque eso le obliga a trabajar sobre la cuerda floja por enfrentarse a algunos miserables macarras (entre ellos, un tal Mortwell, encarado por un Michael Caine que zurce aquí un papel antipático y poco relevante). Lo mejor de todo, la magistral interpretación de Bob Hoskins, que demuestra que no hay que ser un tipo atlético ni atractivo para encarar un difícil papel de protagonista masculino. Bien asimismo Cathy Tyson como mujer araña, que atrae a los hombres como moscas. La historia no tiene excesiva altura, pero resulta interesante y se comprende no solo la nominación de Hoskins para el Oscar, sino también los varios premios internacionales que alcanzó la película.
ANTOINE
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15 de mayo de 2011
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
George, el protagonista de la cinta, es un tipo al que las cosas no le van bien: acaba de salir de la cárcel y ni su mujer ni su hija quieren verle. Se encuentra sin trabajo y se vé obligado a aceptar hacer de chofer de una scort de lujo.

Con tan simple argumento el siempre interesante Jordan compone una cinta cautivadora por su sencillez y por la dureza de la temática que aborda. El tipo protagonista en un buen hombre sin suerte, con ganas de ayudar a los demás que siempre termina dañándose a si mismo. Se ha visto abocado siempre a vivir en un mundo turbio y sin salida. Cree encontar su redención a través de una mujer etérea y fascinante, una prostituta de lujo con la que entabla una peculiar relación entre dos seres completamente opuestos.

El castizo Hoskins acapara la película con una memorable actuación que le supuso el premio de interpretación en Cannes y una nominación al Oscar. Su dureza y hasta zafiedad resulta extrañamente vulnerable, sutilmente adornada con detalles de un corazón herido revestido de brusquedad. El no menos expléndido Michael Caine nos vuelve a ofrecer un recital, en esta ocasión como secundario de apariciones muy impactantes.

Y la música de Nat King Cole pone un trasfondo elegante y hasta romántico de en una historia que aborda , al contrario , muchos de los aspectos más sórdidos de la condición humana.

Notable Jordan, curioso Caine y excelente Hoskins
ALVARO
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