Críticas ordenadas por utilidad
Movie added to list
Movie removed from list
An error occurred
8
12 de marzo de 2014
12 de marzo de 2014
21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Con el sello inconfundible del cine indie, alejado de las pautas de Hollywood, este drama romántico es una bofetada porque retrata estupendamente una relación en crisis. La magia se ha perdido y Cindy ya no soporta a Dean. Con el paso de los años, no demasiados, apenas unos siete, la rutina ha acabado con las cosquillas del estómago y con la dulce condescendencia que lo mostraban a sus ojos como su príncipe azul. Ahora sólo ve a un extraño que fuma sin parar, bebe algo más de lo que debería, está perdiendo el pelo y por lo que sea ya no le gusta que la toque. Ya no le apetece reírse con sus bromas, no tiene paciencia con aquellas pequeñas cosas que antes la hacían sonreír embobada. Le provoca tedio encontrárselo en casa al volver del trabajo y lo único que desea es enfrascarse en cualquier tarea y ocuparse de su encantadora hija, Frankie, para esquivarlo a él.
No sabe a ciencia cierta a qué se debe el cambio, como no sea el desgaste diario. Dean sigue siendo divertido, tierno, cariñoso y es un padre devoto. Tal vez haya sido que ella ha envejecido por dentro mientras que él en muchos aspectos sigue comportándose como un adolescente. Tal vez en parte que a Cindy la ha vencido el estrés de compaginar casa y trabajo, que ya la vida no es hacer el tonto y ponerse a cantar bobadas y a bailar en medio de la calle como antes.
No sabe a ciencia cierta a qué se debe el cambio, como no sea el desgaste diario. Dean sigue siendo divertido, tierno, cariñoso y es un padre devoto. Tal vez haya sido que ella ha envejecido por dentro mientras que él en muchos aspectos sigue comportándose como un adolescente. Tal vez en parte que a Cindy la ha vencido el estrés de compaginar casa y trabajo, que ya la vida no es hacer el tonto y ponerse a cantar bobadas y a bailar en medio de la calle como antes.

Michelle Williams & Ryan Gosling
Intercalando imágenes del presente con secuencias del pasado, se advierte la diferencia, tanto física como en actitud, de la pareja. La chica que llevaba el pelo suelto y se ponía ropa de muchacha ahora se recoge el cabello y cuando no lleva el uniforme de enfermera lleva la ropa corriente de una adulta joven pero que ya piensa más en la comodidad que en la coquetería. El chico presumido que se peinaba el rubio cabello y vestía con el estilo tirando a rebelde típico de los muchachos, en la actualidad tiene grandes entradas en la frente y casi siempre va en camiseta interior. Pero es sobre todo significativa la diferencia de actitud a la que aludí anteriormente, mucho más evidente en ella que en él. Dean comenta con sus compañeros de trabajo que "los hombres somos más románticos, porque cuando nos fijamos en una mujer no nos importa nada más, en qué trabaja, qué sueldo gana, cómo se viste o todos esos detalles en los que las mujeres sí se fijan. A la hora de escoger, tienen muy en cuenta si el hombre puede proveer y proteger a su familia." Vamos, que ellas son más prácticas. Y sí, creo que Dean tiene bastante razón, pienso que al menos en un buen porcentaje de los casos es así. Y aquí creo que hay un punto clave del desamor de esta pareja: Dean está más tiempo parado que trabajando, no se cuida y, la verdad sea dicha, conoció a Cindy en unas circunstancias duras, y puede que ella se agarrara a él como una tabla de salvación en una etapa crítica. Una vez pasada esa etapa, el amor de él sigue igual, mientras que el de ella ha sufrido un batacazo drástico.

Michelle Williams & Ryan Gosling
También hay que tener en cuenta que como las mujeres suelen sentir mucho más sobre sí la carga de todo lo que hay que llevar adelante en una familia y una casa (digo que suelen, no que siempre sea así), eso es probablemente lo que a muchas las hace madurar o evolucionar de un modo en que muchos de ellos no lo hacen o lo hacen menos. Y así, los que antes caminaban juntos y en sintonía ahora emiten en frecuencias de onda distintas y han dejado de entenderse.
Michelle Williams se mete de tal modo en el papel que parece que han pasado un millón de años entre la ilusionada etapa de noviazgo de Cindy con Dean y el agobiante momento actual, en el que se palpa la asfixia de sentirse atrapada en una relación que se ha vuelto vacía.
Ryan Gosling es el otro extraordinario polo de este imán roto, que no concibe la ruptura y esforzándose en hacer algo que haga que ella dé marcha atrás. Lo que pasa es que Cindy se ha blindado contra sus salidas ingeniosas y su sentido del humor, y Dean lo va a tener realmente difícil.
Ni las relaciones más bonitas tienen nada asegurado.
El "sí quiero" pronunciado aquel día lejano con lágrimas en los ojos puede llegar a pesar después como una piedra.
Michelle Williams se mete de tal modo en el papel que parece que han pasado un millón de años entre la ilusionada etapa de noviazgo de Cindy con Dean y el agobiante momento actual, en el que se palpa la asfixia de sentirse atrapada en una relación que se ha vuelto vacía.
Ryan Gosling es el otro extraordinario polo de este imán roto, que no concibe la ruptura y esforzándose en hacer algo que haga que ella dé marcha atrás. Lo que pasa es que Cindy se ha blindado contra sus salidas ingeniosas y su sentido del humor, y Dean lo va a tener realmente difícil.
Ni las relaciones más bonitas tienen nada asegurado.
El "sí quiero" pronunciado aquel día lejano con lágrimas en los ojos puede llegar a pesar después como una piedra.
19 de mayo de 2011
19 de mayo de 2011
21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
El empleo del Technicolor es francamente genial en esta comedia romántica que tiene la friolera de sesenta y ocho años. Acostumbrada a que la gran mayoría de las producciones de los cuarenta fuesen en blanco y negro, no aguardaba en ésta una excepción, y más teniendo en cuenta que no tiene la menor pinta de ser una superproducción del tipo “Lo que el viento se llevó” o similares.
La imagen se mantiene tan fresca e inalterada, con esa gama cromática tan agradable, la fotografía de planos fijos de interiores que hacen alusión a la obra de teatro original, y la puesta en escena tan mimada, que es sumamente placentero para la vista seguir la autobiografía de Henry Van Cleve.
Es obvio que el blanco y negro no hacía justicia a la inagotable belleza de Gene Tierney, como sí se lo hace esta cámara que, como los ojos de un amante, registró en su esplendor a una de las actrices más hermosas de todos los tiempos. Tierney sigue deslumbrando sin desteñirse un ápice gracias a las artes del celuloide, que conserva incorrupto el recuerdo de esta mujer que no tuvo una vida de cuento de hadas, pero que podría haber rendido a magnates y reyes, a medio mundo o más, por haber nacido con un rostro y una figura que, si no eran perfectos, porque nada humano lo es, casi lo eran. Con eso tenía de sobra para que las puertas de la fama se le abrieran. Y desmiente el tópico de que las mujeres guapas sólo alcanzan el estrellato por su palmito, porque Gene era además una buena intérprete. Ya lo demostraría también en “El fantasma y la señora Muir”, entre otras de sus apariciones.
La imagen se mantiene tan fresca e inalterada, con esa gama cromática tan agradable, la fotografía de planos fijos de interiores que hacen alusión a la obra de teatro original, y la puesta en escena tan mimada, que es sumamente placentero para la vista seguir la autobiografía de Henry Van Cleve.
Es obvio que el blanco y negro no hacía justicia a la inagotable belleza de Gene Tierney, como sí se lo hace esta cámara que, como los ojos de un amante, registró en su esplendor a una de las actrices más hermosas de todos los tiempos. Tierney sigue deslumbrando sin desteñirse un ápice gracias a las artes del celuloide, que conserva incorrupto el recuerdo de esta mujer que no tuvo una vida de cuento de hadas, pero que podría haber rendido a magnates y reyes, a medio mundo o más, por haber nacido con un rostro y una figura que, si no eran perfectos, porque nada humano lo es, casi lo eran. Con eso tenía de sobra para que las puertas de la fama se le abrieran. Y desmiente el tópico de que las mujeres guapas sólo alcanzan el estrellato por su palmito, porque Gene era además una buena intérprete. Ya lo demostraría también en “El fantasma y la señora Muir”, entre otras de sus apariciones.

Gene Tierney
Así que contamos con una mezcla explosiva, Technicolor y Tierney. Sin olvidarnos de las dotes humorísticas del guión teatral, incluyendo cómicas escenas cargadas de ironía. El espontáneo abuelo es realmente divertido, esa alta sociedad ligeramente satirizada encuentra su más rechinante exponente en el estirado primo Albert, los padres de Henry (sus casi únicas frases son “¿A quién habrá salido Henry?”, de la madre, y “Debemos afrontar la adversidad”, de él), el matrimonio Strabel que sólo se dirige la palabra a través de su pícaro mayordomo, y el resto ridiculizado en esa velada de ópera en la que una señora canta como una gallina y los estornudos de Martha interrumpen el cacareo.
Si fuese pecado mortal enamorarse para toda la vida, entonces bienvenido sea el infierno.
Y el cielo puede esperar.
Si fuese pecado mortal enamorarse para toda la vida, entonces bienvenido sea el infierno.
Y el cielo puede esperar.
8 de junio de 2010
8 de junio de 2010
21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Es difícil digerir la abundancia de sensaciones que quedan tras terminar esta película. Pero si hay una que se puede catalogar con claridad, es el desasosiego.
Tenemos delante una de las rutas más suicidas planteadas en el séptimo arte. Y tiene todas las trazas de ser una crudísima ruta hasta el centro mismo del alma. Metro a metro, bache tras bache, peligro tras peligro, se desnuda el ser en su amplitud, tanto en lo bueno como en lo malo. Se destapan las verdades de lo que cada uno es. No hay nada como estar continuamente al borde de la muerte como para sacar fuera virtudes y lacras.
Y teniendo presente en todo momento que, para el sol que sale, para la carretera que discurre bajo los pies, para el paisaje que observa indiferente, y para el resto del mundo que va a lo suyo, ninguno de nosotros es nada, o muy poco. Una mota que no va a modificar el devenir del Universo si desaparece.
Cuatro hombres arriesgando el pellejo por… ¿mil, dos mil dólares? Para ellos es la línea divisoria entre quedarse atrapados como ratas, o perseguir sus aspiraciones ya demasiado postergadas. Tal vez la desesperación sea capaz de obrar semejante obstinación en la que se apuesta a una jugada con dos alternativas: la más improbable de las dos, la libertad; la más probable, la muerte.
Tenemos delante una de las rutas más suicidas planteadas en el séptimo arte. Y tiene todas las trazas de ser una crudísima ruta hasta el centro mismo del alma. Metro a metro, bache tras bache, peligro tras peligro, se desnuda el ser en su amplitud, tanto en lo bueno como en lo malo. Se destapan las verdades de lo que cada uno es. No hay nada como estar continuamente al borde de la muerte como para sacar fuera virtudes y lacras.
Y teniendo presente en todo momento que, para el sol que sale, para la carretera que discurre bajo los pies, para el paisaje que observa indiferente, y para el resto del mundo que va a lo suyo, ninguno de nosotros es nada, o muy poco. Una mota que no va a modificar el devenir del Universo si desaparece.
Cuatro hombres arriesgando el pellejo por… ¿mil, dos mil dólares? Para ellos es la línea divisoria entre quedarse atrapados como ratas, o perseguir sus aspiraciones ya demasiado postergadas. Tal vez la desesperación sea capaz de obrar semejante obstinación en la que se apuesta a una jugada con dos alternativas: la más improbable de las dos, la libertad; la más probable, la muerte.

Folco Lulli & Peter van Eyck
Ante la visión de la posibilidad de fuga y evasión, no es sólo obstinación y temeridad lo que sale del interior. Demasiado arraigados tenemos los principios de la feroz competitividad; no detenerse en remilgos si hay que eliminar a los adversarios por cualquier medio, para alcanzar los fines. En esa coyuntura, no cabe la amistad, ni el más mínimo sentimiento de compasión. Lo rastrero muestra los colmillos y, mientras lucha despiadadamente por el objetivo, no tiene miramientos, ni un atisbo de sentimiento aparte de la tenacidad para seguir, pasando por encima de los obstáculos, aunque esos obstáculos sean de carne y hueso.
Y a eso nos reducimos si hay una opción entre un millón para escapar de la ratonera.
Pero… ¿hay algo que valga más que la propia vida, que la tranquilidad de la conciencia, que los escrúpulos, que el corazón? La respuesta a esa pregunta es lo que uno va descubriendo por la ruta suicida.
Potente drama social de severa denuncia, tragedia personal de todos los encarcelados en la pobreza sin salida y que buscan algo mejor, y un recorrido cargado de tensión a veces inaguantable. Esa nitroglicerina a punto de explotar nos da una excelente referencia de la codicia universal, de la falta de humanidad, del instinto destructivo y, sobre todo, de la insignificancia de la vida y de las cosas buenas y bellas con las que creemos convivir.
Y a eso nos reducimos si hay una opción entre un millón para escapar de la ratonera.
Pero… ¿hay algo que valga más que la propia vida, que la tranquilidad de la conciencia, que los escrúpulos, que el corazón? La respuesta a esa pregunta es lo que uno va descubriendo por la ruta suicida.
Potente drama social de severa denuncia, tragedia personal de todos los encarcelados en la pobreza sin salida y que buscan algo mejor, y un recorrido cargado de tensión a veces inaguantable. Esa nitroglicerina a punto de explotar nos da una excelente referencia de la codicia universal, de la falta de humanidad, del instinto destructivo y, sobre todo, de la insignificancia de la vida y de las cosas buenas y bellas con las que creemos convivir.
Se pueden hacer polvo en un chasquear de dedos.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Esa carga explosiva hará surgir las mejores y las peores cualidades. Pero no hay garantías de que lo que se haga sirva para algo al final. Dejarse el espíritu y la conciencia, o no… El azar sin sentido ni porqué es el que tomará la última palabra.
Como siempre.
Hay cosas que no se pueden pagar con ningún salario.
Como siempre.
Hay cosas que no se pueden pagar con ningún salario.
19 de julio de 2007
19 de julio de 2007
21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
La historia de Beverly Donofrio es relatada en la película en flashback.
Ella era una jovencita con un futuro prometedor como escritora, y soñaba con marcharse a la Gran Manzana y llegar a serlo. Pero a menudo los sueños son muy esquivos mientras la vida nos juega duros reveses, nos hace morder el polvo y pagar con creces las consecuencias de nuestros actos.
Basada en la novela de la propia protagonista, "Riding in cars with boys", se nos narra la lucha de una mujer por arrostrar las dificultades y dedicarse a su gran vocación relegada.
Buena y convincente interpretación de Drew Barrymore, haciendo crecer esta película que podía haberse quedado en una mediocre propuesta, pero que está dotada de un toque especial.
Ella era una jovencita con un futuro prometedor como escritora, y soñaba con marcharse a la Gran Manzana y llegar a serlo. Pero a menudo los sueños son muy esquivos mientras la vida nos juega duros reveses, nos hace morder el polvo y pagar con creces las consecuencias de nuestros actos.
Basada en la novela de la propia protagonista, "Riding in cars with boys", se nos narra la lucha de una mujer por arrostrar las dificultades y dedicarse a su gran vocación relegada.
Buena y convincente interpretación de Drew Barrymore, haciendo crecer esta película que podía haberse quedado en una mediocre propuesta, pero que está dotada de un toque especial.
8
20 de febrero de 2010
20 de febrero de 2010
20 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
...y las malas a todas partes.
Buñuel asestó un zarpazo a toda pretensión de moralidad y caridad cristiana en un ácido retrato de la bajeza encubierta bajo untuosa y rastrera hipocresía. La caridad no suele recibir grandes muestras de gratitud, aunque no las pida. Y ni siquiera todas las formas de caridad son genuinas. La hay que tiene algo de interesado, como cuando el que la ejerce lo hace como mero trámite para salvar su alma pecadora y ganarse un puesto en el cielo, o para echarse flores, o para oír los halagos de los agraciados por su mano bienhechora, o para darse tono y que los demás vean cuán generoso es. La verdadera caridad, la verdadera entrega al prójimo, es viable en muy contadas personas, y es discreta y no alardea.
Pero este mundo es muy poco agradecido. Echar margaritas a los cerdos es un desperdicio, porque no sabrán apreciarlas.
La virtud es improbable y hasta ridícula cuando ponerla en práctica no sirve para nada. Viridiana es temerosa de Dios, y desea hacer el bien. Su devoción tiene ese matiz empalagoso de la bonachonería que cae en saco roto y de la que hacen burla a sus espaldas. Tiene que aprender a través de palos que la naturaleza humana está compuesta en gran medida por negligencia y mezquindad, que olfatea la fragilidad ajena como un depredador y se aprovecha de ella. Inclinándose con patética obsequiosidad ante la mano que da el sustento, pero por detrás haciendo desprecio de la misma mano. Viridiana, pese a sus buenas intenciones y su loable esfuerzo (aunque también podría tener una pizca de esa fría y metódica compasión rutinaria de quienes se han impuesto una labor que tienen que cumplir), queda como una tonta beata que ha metido en su casa a una panda de indeseables. Ni los beneficiarios de sus inútiles acciones compasivas son capaces de mirarla con auténtico respeto, porque hasta ellos la tachan de un poco ida de la azotea. ¿Quién con dos dedos de frente metería en su casa a una pandilla de desconocidos que no parecen tener muy buena catadura? Hasta ellos lo advierten.
Buñuel asestó un zarpazo a toda pretensión de moralidad y caridad cristiana en un ácido retrato de la bajeza encubierta bajo untuosa y rastrera hipocresía. La caridad no suele recibir grandes muestras de gratitud, aunque no las pida. Y ni siquiera todas las formas de caridad son genuinas. La hay que tiene algo de interesado, como cuando el que la ejerce lo hace como mero trámite para salvar su alma pecadora y ganarse un puesto en el cielo, o para echarse flores, o para oír los halagos de los agraciados por su mano bienhechora, o para darse tono y que los demás vean cuán generoso es. La verdadera caridad, la verdadera entrega al prójimo, es viable en muy contadas personas, y es discreta y no alardea.
Pero este mundo es muy poco agradecido. Echar margaritas a los cerdos es un desperdicio, porque no sabrán apreciarlas.
La virtud es improbable y hasta ridícula cuando ponerla en práctica no sirve para nada. Viridiana es temerosa de Dios, y desea hacer el bien. Su devoción tiene ese matiz empalagoso de la bonachonería que cae en saco roto y de la que hacen burla a sus espaldas. Tiene que aprender a través de palos que la naturaleza humana está compuesta en gran medida por negligencia y mezquindad, que olfatea la fragilidad ajena como un depredador y se aprovecha de ella. Inclinándose con patética obsequiosidad ante la mano que da el sustento, pero por detrás haciendo desprecio de la misma mano. Viridiana, pese a sus buenas intenciones y su loable esfuerzo (aunque también podría tener una pizca de esa fría y metódica compasión rutinaria de quienes se han impuesto una labor que tienen que cumplir), queda como una tonta beata que ha metido en su casa a una panda de indeseables. Ni los beneficiarios de sus inútiles acciones compasivas son capaces de mirarla con auténtico respeto, porque hasta ellos la tachan de un poco ida de la azotea. ¿Quién con dos dedos de frente metería en su casa a una pandilla de desconocidos que no parecen tener muy buena catadura? Hasta ellos lo advierten.

José Calvo, Joaquín Roa, José Manuel Martín, Juan García Tienda, Sergio Mendizábal, María Isbert & Luis Heredia
Pasiones enfermizas de un hombre traumatizado, el sarcástico inicio en la cruel realidad de una joven que se presta como un corderito a los lobos, el libertinaje y el relajo moral (muy escandalosos para la época) que pululan por una casa donde ni los vivos ni los muertos descansan en paz, a despecho de la disciplina y de la oficiosidad de Viridiana. Al otro extremo de su empeño infructuoso y de su ascetismo recatado, se halla el ritmo prosaico de la vulgaridad, así como los temores y las tentaciones que ella trata de alejar y reprimir. Su tío obsesivo, y Jorge, el atractivo y varonil influjo.
SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama. Ver todo
spoiler:
Música sacra de fondo como una carcajada de la ironía más biliosa, "El mesías" de Haendel sonando con machaconería fuera de lugar, su belleza diluida en el esperpento creciente con forma de orgía de vilezas cada vez más repugnantes. Individuos grotescos, representativos de todos los pecados capitales (gula, soberbia, ira, envidia, lujuria, avaricia y pereza), semejantes a esa multitud informe en "El aquelarre" de Goya.
Fotografía llena de símbolos que convierten lo sagrado en pagano, que desmontan mitos y rituales para insinuar lo vacíos que son cuando no se realizan con autenticidad, cuando no se cree en ellos ni se practican con sinceridad sus preceptos.
Explosiones del subconsciente individual y colectivo que suelen desembocar en los instintos más bajos cuando se les suelta el freno. Ruptura con ciertas convenciones sociales.
Múltiples capas de interpretación y lectura, y todas caben en el espacio de una mansión de escalofrío.
Fotografía llena de símbolos que convierten lo sagrado en pagano, que desmontan mitos y rituales para insinuar lo vacíos que son cuando no se realizan con autenticidad, cuando no se cree en ellos ni se practican con sinceridad sus preceptos.
Explosiones del subconsciente individual y colectivo que suelen desembocar en los instintos más bajos cuando se les suelta el freno. Ruptura con ciertas convenciones sociales.
Múltiples capas de interpretación y lectura, y todas caben en el espacio de una mansión de escalofrío.
Más sobre Vivoleyendo
Cancelar
Limpiar
Aplicar
Filters & Sorts
You can change filter options and sorts from here
US
Canadá
México
España
UK
Irlanda
Australia
Argentina
Chile
Colombia
Uruguay
Paraguay
Perú
Ecuador
Venezuela
Costa Rica
Honduras
Guatemala
Bolivia
Rep. Dominicana

