Seguramente La brújula dorada sea el gran fiasco del año en lo referente a recaudación. La que pretendía la gran película de las Navidades ha pasado por la cartelera de forma más bien discreta y con críticas pobres. Yo no he leído la novela en la que se basa la historia así que solo valoraré la película por lo que es.
El principal problema que tiene esta película, y por lo que probablemente ha fracasado, es que antes que ella hemos podido ver a Harry Potter, a Narnia, a los anillos y alguna más que ahora me olvido. Y no supera, ni se acerca, a ninguna de ellas.
La presentación de la historia resulta compleja y aparentemente apasionante, pero desgraciadamente según va avanzando la película la acción se empieza a dispersar, y en lugar de funcionar como un conjunto coherente, parece la unión más o menos brillante de espectaculares secuencias no muy bien hilvanadas. Por ejemplo, la batalla de los osos es muy llamativa, pero para entonces ya uno no sabe ni lo que pintan los osos en la historia.
Tan claro tenían sus creadores el éxito de la película, que el final de la historia es un anticlímax total, en la línea de El señor de los anillos, solo que mucho más anodino y soso.
Así que, ¿que es lo que queda para llegar al 6? Queda un envoltorio visual de primer orden, quedan algunas secuencias que funcionan de forma brillante, queda Nicole Kidman, y queda también la niña protagonista, casi casi una Nicole Kidman en miniatura.
Lejos de ella es el debut de la peculiar y atractiva actriz Sarah Polley en la dirección. Y para ello ha adaptado una historia en la que la enfermedad del Alzheimer es la gran protagonista. Algo arriesgado, ya que este tipo de películas suelen moverse en un terreno bastante resbaladizo si no se llevan con tacto. Pero de tacto Sarah Polley va sobrada, quizás no tanto de empaque y solidez tras la cámara.
Lejos de ella nos muestra el lento deterioro al que se ve sometida una mujer, en la plenitud de su madurez, y como esto afecta a su comprensivo marido. El guión fluye con delicadeza a través de diferentes tiempos para darnos las claves de como la enfermedad afecta a la pareja protagonista. Se centra más en ver como ellos reaccionan ante la enfermedad , que en el propio desarrollo de la misma. En este aspecto es donde luce toda la sensibilidad de la directora y guionista, Sarah Polley. Esto, apoyado en el gran trabajo de los actores, es lo mejor de Lejos de ella. Julie Christie, que ha alcanzado una fascinante madurez, hace un trabajo muy preciso y calculado, aunque sin dejar de transmitir en ningún momento una emoción contenida y dolorosa. Junto a ella el desconocido Gordon Pinset da una lección de sobriedad y sensibilidad.
Desgraciadamente la inexperiencia de Sarah Polley se hace notar en una puesta en escena más propia de un telefilm que del auténtico cine. Además tampoco ayuda a redondear la historia algún giro de guión un tanto innecesario, como la relación que se establece entre Gordon Pinset y la siempre convincente Olimpia Dukakis.
En cualquier caso Lejos de ella es un debut sereno, emotivo y más que digno, y Sarah Polley una directora a la que habrá que seguir la pista.
Creo que hay que decirlo claramente. Ang Lee es uno de los grandes directores en activo. Dejando a un lado a los maestros, Eastwood, Scorsese y compañía, Ang Lee se puede decir que está en el pelotón de cabeza de los directores que no fallan nunca. Puede hacer una obra maestra, o solo una gran película, pero siempre está muy por encima de la media.
Con Deseo, Peligro no ha hecho una maestra. Pero si le ha salido una gran película, compleja, cautivadora, fascinante en muchos momentos y sobre todo intensa. Y pese a los fallos que pueda tener, una película que admite cuatro calificativos así es una gran película.
Con esta película el director vuelve a hacer cine en su tierra, pero aun así nos habla de una época y unas circunstancias totalmente ajenas a él, como ha hecho en casi todo su cine.
Estamos en Hong Kong, durante la invasión japonesa de China. Allí un grupo de jóvenes de la resistencia china deciden infiltrarse en la vida de un colaboracionista para así poder acabar con su vida. Eligen como cebo a una compañera que se encargara de que su presencia sea habitual en la vida de este hombre. Esta implicación alcanzará cotas que ni ella misma será capaz de controlar.
Ang Lee comienza su historia detallando de forma precisa la preparación del plan. Es probable que le dedique demasiado tiempo, pero la calidad de la puesta en escena te mantiene pegado a la butaca, con alguna secuencia de una violencia memorable. Después de esto se desata el engaño y la simulación primero para después llegar al deseo, a la sensualidad, al sexo apasionado, sin dejar de lado el riesgo, el peligro e incluso la muerte.
Ya he dicho que la historia puede resultar un poco lenta al principio, que hay demasiadas partidas al domino ese al que juegan las damas, pero el talento del director consigue mantener el nivel con unas imágenes sólidas y poderosas de comedida belleza. Ang Lee rueda las mejores escenas de sexo que se han visto en el cine en mucho tiempo. Y los dos actores protagonistas se entregan a ellas de forma memorable. Además hacen trabajos de interpretación soberbios. Tony Leung está contenido, misterioso, complejo e inquietante. La joven Tang Wei es un absoluto descubrimiento. Sensual, delicada y perturbadora. Una pareja para el recuerdo.
Si ha esto añadimos la envolvente y sensible música del gran Alexandre Desplat, un diseño de producción adecuado, y una fotografía notable, el resultado alcanza un gran nivel.
Con media hora menos posiblemente estaríamos hablando de una obra maestra, así como he dicho antes solo es una excelente película.
Seguramente Once sea una de las películas mas sencillas de este año. Por su discreto presupuesto, por sus modestas intenciones, por su liviano argumento. Pero probablemente también sea una de las mas emotivas y enamorables historias que hayamos visto durante este último año.
Once es un musical, pero es un musical muy original, en el que las canciones no son meros paréntesis en el argumento, tampoco es que hagan avanzar la acción (practicamente inexistente). Las canciones de Once expresan con emoción y ternura sentimientos tan diferentes como la soledad, el desamor y la esperanza.
Es la historia de un músico callejero que conoce en las bulliciosas calles de Dublín a una joven vendedora de flores, y entre ellos surge una amistad basada en la confianza y en la música que les une. Es la historia de un amor imposible, pero sin dramas, contada con una naturalidad pasmosa y una cercanía que toca el corazón. Cualquiera puede sentirse identificado con ese "pringao" que toca la guitarra y al que la vida parece que empieza a sonreirle. También con la joven inmigrante checa que parece ver un punto de luz en las gris vida que llevaba hasta entonces. Los interpretes, Glen Hansard y Marketa Irglova, se encargan de hacerlos cercanos y amigables.
Pese a que los pocos medios se notan mas de la cuenta, el director consigue momentos francamente logrados, algo a lo que no son ajenas las excelentes canciones compuestas para la película por la pareja protagonista. El tema principal, Falling slowly, es de lo mejor que he escuchado en mucho tiempo.
Quizás Once sea una película demasiado pequeña y discreta para perdurar en el tiempo, pero de momento se ha ganado mi corazón.
Podemos decir que la fotografía es preciosa, que la ambientación es notable, que hay varios planos de gran belleza, y muchos otros tópicos que utilizamos para hablar del cine asiático. Lo que nunca podremos decir es que sea una película arriesgada, original ni entretenida, cosa que si podemos decir de muchas otras películas asiáticas. El que se fuera seleccionada para competir en el festival de Cannes, y además ganara el premio a la mejor dirección, solo se entiende por su nacionalidad, Corea del Sur, ya que esto siempre queda muy llamativo en un certamen de este tipo.
Ebrio de mujeres y pintura es un título que resume bastante bien el argumento de la película. Es la historia de un conocido (en su país) pintor coreano, cuya pintura resultaba muy especial, y su carácter aun mas. Hombre excesivo y desequilibrado tuvo una vida difícil, tan difícil como él se la hacía a los demás. Su pasión era la pintura además del alcohol y las mujeres.
Esta vida aparentemente turbulenta esta narrada con un pulcro academicismo por el veterano director Im Kwon-taek, sin salirse ni un palmo de lo que cabe esperar de una biografía de este tipo. Si al aburrido estilo del director le sumamos la antipática personalidad del personaje protagonista estaremos ante una película tan correcta como fría, tan vistosa como desapasionada.
Mención aparte se merece el actor protagonista. No por su gran interpretación, sino porque en lugar de buscar actores adecuados a las diferentes edades del personaje, ya desde bastante joven lo interpreta el mismo actor, Min-sik Choi, que aunque por aquella época tenía cuarenta años aparentaba muchos más. Así que cuando le llaman chaval resulta un poco ridículo.