Desde una patética secuencial inicial con un niño insoportable, idiota y gritón, la película muestra sus cartas de secuela: sigue la historia de la primera parte y sitúa la acción en el día 23 de actividad monstruosa-de-la-muerte.
Contradictoriamente con el cliché del género no repite heroína. ¿Para qué? Si hay otro cliché que le va como anillo al dedo al engendro: un autobús con un equipo de instituto y animadoras buenorras incluidas. Sumémosle que el padre del mocoso insoportable se ha visto todas las temporadas de “El equipo A” y reclama venganza. Y terminemos por darle algún poder paranormal a una de las sexy-animadoras. Bien, ya tenemos secuela para arrasar en taquilla.
Obviamente la famosa e incoherente “fragoneta” de la primera parte desaparece misteriosamente. ¿Habrá llegado el carné por puntos al condado de Poho? ¿Tendrá el bicho miedo de acabar como Farruquito? ¿Se habrá dado cuenta el guionista de la bochornosa tomadura de pelo?
En fin, que el bicho-alado-ex–esnifador-de-coca-y-asesino-envidioso que se fabrica esta vez shurikens en sus ratos libres, vuelve a hacer de las suyas para desgracia del personal, y encima ya puestos es indestructible. ¡Vivan las secuelas y los guionistas sin moral!
spoiler:
Pues bueno, tenemos bicho indestructible, pero también a una panda de retrasados mentales. ¿No era más fácil trocearle en la minipimer y quemarlo en un horno una vez derrotado? ¿Para qué? ¡Le dejaremos colgado durante otros 23 años en un pajar y sacaremos unos dólares enseñando a los turistas la criatura! ¿? ¡Gran idea!
Además, ¿estamos en el 2024? ¿Tan poco han cambiado las cosas en la América profunda? ¿Tan poco? ¡¿TAN POCO?!