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Críticas de: Miquel
Miquel |
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(Palma de Mallorca, España)
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| 4181 | Películas valoradas |
| 1179 | Críticas |
| 175 | Listas |
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| Media de sus votaciones:
6,7
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| Críticas: 1179 |
Página: 80 |
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Viento en las velas (1965)
Alexander MacKendrick
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| 10 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Febrero de 2007 |
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Realización de Alexander MacKendrick ("Chantaje en Broadway", 1957). Se basa en la novela "A High Wind In Jamaica" (1929), de Richard Hugues. Se rodó en cinemascope y color en los Pinewood Studios (RU). Producida por John Croydon para la Fox, se estrenó en 1965 (RU).
La acción tiene lugar en torno a 1860 en Jamaica, aguas del Caribe y Tampico (puerto del Golfo de Méjico). Frederick y Alice Thornton, colonos ingleses con propiedades en Jamaica, deciden enviar a sus hijos a Inglaterra para que puedan ir al colegio. Embarcan en el velero Clonilda, que en alta mar es abordado y saqueado por unos piratas liderados por el capitán Chávez (Anthony Quinn) y su segundo, Zac (James Coburn). En los momentos de confusión y lucha a bordo, los niños se refugian en la nave pirata por razones de seguridad, donde quedan atrapados. Cuando son descubiertos, el capitán Chávez, Zac y la tripulación, no ocultan su contrariedad. Chávez, aguerrido, inteligente, cruel y autoritario, siente debilidad por los niños. Zac, de origen inglés, es frío, violento, no acepta riesgos innecesarios y se siente incómodo con los pequeños. La tripulación, de extracción hispana, es indisciplinada y levantisca. Emily Thornton (Deborah Baxter), de 12 años, es espabilada, desenvuelta y manipuladora.
La película desarrolla un relato de piratas y niños, en el que se invierten los roles. Los piratas se comportan como niños y los niños se convierten en una pesadilla insoportable para los piratas, que devienen víctimas de los pequeños. El film desmonta el mito de los piratas feroces, que son como niños grandes, manejados por Emily y sus hermanos. La vitalidad incontenible y la ingenuidad de los menores les llevan a realizar innumerables travesuras, que implican la ocupación de hecho de la nave y la pérdida de control de los piratas sobre la misma y sobre los riesgos que asumen. Entre niños y piratas se entabla una sorda lucha de poder, que propicia la captura de la embarcación por los ingleses y la liberación de los niños. Enfrentados al peso de la ley en Jamaica, los niños explican los hechos de los que han sido testigos con silencios y verdades a medias que provocan la desgracia de los piratas. Se plantean al espectador dos cuestiones principales: la ambigüedad de la inocencia de los niños y la alegoría del triunfo de la burguesía (comerciantes, armadores, industriales y productores agrícolas) sobre los piratas, que obstaculizan la adecuada progresión de la actividad económica.
La música, de Larry Adler, se inspira en melodías hispanas, a las que añade composiciones que realzan el clima de dislocación de relaciones que se respira en la nave pirata. La fotografía, de Douglas Slocombe, subraya la ferocidad infantil de Chávez y la exigente circunspección de Emily. Son escenas destacadas la del alboroto de los niños deslizándose sobre la cubierta, los cruces de miradas tiernas de Chávez y altivas de Emily y la intervención del eficaz Gert Frobe ("Goldfinger", 1964) como capitán holandés.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: En la escena de cierre Emily y sus hermanos aparecen entretenidos con un barco de juguete a orillas de un estanque. Las antiguas aventuras de los míticos piratas, corsarios y bucaneros, se han transformado, más allá de la memoria, en un juego de niños.
Miquel 
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Uno rojo, división de choque (1980)
Samuel Fuller
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| 10 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Enero de 2007 |
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Escrita y dirigida por Samuel Fuller ("Corredor sin retorno", 1963), se basa en la experiencia de su participación en la IIGM. Se rodó en 1978, en Israel, Big Bear (San Bernardino National Forest, CA, EEUU) y King John's Castle (Irlanda). Fue nominada a la Palma de oro de Cannes. El productor fue Gene Corman y el estreno se celebró el 18-VII-1980 (EEUU).
La acción tiene lugar en 7 escenarios de la IIGM, entre 1942 y 1945. Añade un prólogo situado en Normandía en noviembre de 1918. Narra la historia de "el sargento" (Lee Marvin), un veterano de la IGM, que conduce un grupo de jóvenes soldados.
La película presenta una narración dividida en episodios, dedicados a los escenarios más calientes del frente americano en África y Europa. La visión de los hechos corresponde al punto de vista americano, el vivido por Fuller. El proyecto se concibió en los primeros años 50, pero dificultades de financiación lo aplazaron hasta finales de los 70. La compañía productora (Lorimar) asignó a la obra un presupuesto propio de un film de serie B. Este hecho y el estilo del realizador, explican que la cinta no busque la perfección y asuma deficiencias varias. La obra incorpora un número inusualmente reducido de actores en relación con films similares. Con imaginación y habilidad narrativa, se suplen deficiencias presupuestarias. La cámara muestra la fatiga de los soldados, sus angustias, su pánico a las mutilaciones, la crueldad humana y la locura de la guerra. Hace uso de elipsis (reloj del caído en la playa), sobreentendidos (color del agua de la orilla), símbolos (caballo desbocado, manicomio) y metáforas (trastorno emocional de Griff). El guión aporta afirmaciones que se enganchan a la memoria: "Podemos matar a todos los cuerdos que queramos, pero matar a locos perjudicaría nuestra imagen", "Nos dieron medallas no por ayudar a nacer un niño, sino por matar a muchos". Son escenas memorables el parto en el tanque, el niño judío agonizante, el loco que dispara un fusil ametrallador diciendo: "¡Mirad, soy como vosotros!. ¡Estoy sano!". El film ha influido en obras posteriores como "Salvar al soldado Ryan" (1998), "La delgada linea roja" (1998) y otras.
La música ofrece un acompañamiento sobrio y eficaz, exento de referencias europeas. La fotografía, de Adam Greenberg ("Terminator", 1984), enriquece el relato con una espléndida estética realista. El guión incorpora un humor negro estremecedor y un cuidado sentido del absurdo. La interpretación de Lee Marvin es una de las más destacadas de su carrera. Stephan Audran tiene una intervención tan breve como grata. La dirección aporta un brioso ritmo narrativo.
Cine de nivel, que sabe hacer de la imperfección virtud.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Los escenarios de la guerra son: Kassarine (Túnez), Sicilia, Playa Omaha (Normandía, Francia), Francia, Bélgica, Alemania y el campo de exterminio de Falkenau (República Checa).
El grupo permanente de soldados está liderado por el rubio Johnson (Kelly Ward); Griff (Mark Hamill), tirador de élite con problemas de conciencia; el simpático italoamericano Vinci (Bobby DiCiccio) y Zab (Robert Carradine), escritor, fumador de puros e imagen trasunta de Fuller.
La versión extendida, que incorpora 47 minutos al montaje de 1980, resmasterizada y retaurada digitalmente, constituye una pieza de gran interés para cinéfilos.
La secuencia final retrotrae al pasado y, en un descorazonador sobreentendido, dice
que la guerra, pese a la victoria aliada, no ha terminado.
Miquel 
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Capitanes intrépidos (1937)
Victor Fleming
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| 10 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
27 de Mayo de 2006 |
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Basada en la novela "Captains Courageous" (1897), de Rudyard Kipling, fue dirigida por Victor Fleming. Se rodó en exteriores del Pacífico, NYC y los estudios de la Metro. Producida por Louis L. Lighton, obtuvo 4 nominaciones a los Oscar y ganó uno (actor).
La acción tiene lugar en NY, NYC, Atlántico N. y Gloucester (RU), en 1936/37, a lo largo de varios meses. Narra la historia de Harvey Cheyne (Freddie Bartholomew), de 10 años, hijo único de padre rico (Melvyn Douglas), que enviudó hace tiempo. Harvey es caprichoso, manipulador y presumido, quiere obtener todo lo que desea, aunque tenga que comprar voluntades o hacer trampas. El padre le tiene algo descuidado, porque los negocios le absorben. Durante una travesía en trasatlántico, después de tomar seis helados, cae accidentalmente al agua en alta mar, sin ser visto. Es recogido por un marinero, Manuel Fidello (Spencer Tracy), que lo lleva al barco bacaladero en el que trabaja.
El relato consigue crear un crescendo de emotividad, que lleva al espectador desde el rechazo inicial de Harvey, hasta el reconocimiento y afecto. El muchacho ha crecido en un ambiente de lujo, comodidad y atenciones, marcado por el doble error del padre de desatenderle y compensarle consintiendo sus caprichos y fomentando su conducta pretenciosa al darle más dinero de lo razonables. En el barco de pesca, Harvey se ve inmerso en una comunidad que trabaja con dureza, siente indiferencia por la posición acomodada del padre y responde a su falta de integración social con animadversión y rechazo. La actuación paternal de Manuel, comprensiva, afectuosa y protectora, hace posible que el chico vaya aceptando las normas del grupo y asumiendo las tareas que se le asignan. A lo largo del proceso, aprende a compartir, colaborar, ayudar y, sobre todo, a ser compañero de los iguales y amigo de los amigos. Ha de renunciar al orgullo, la presunción y los caprichos. Gracias a ello descubre la riqueza del espíritu humano, su generosidad y lealtad. Pasa de ser un niño inmaduro y mimado a ser un muchacho juicioso, razonable y respetado.
La música, de Waxman, sinfónica, ofrece una composición de tono heroico, que traspira grandeza y belleza. Entre las canciones de Manuel (se han de escuchar en VO) se incluye la melodía catalana "El noi de la mare". La fotografía, de Harold Rosson ("Cantando bajo la lluvia", 1952), usa planos cercanos y elabora un bonito relato de navegación a vela, con ayuda de acertados efectos especiales. La interpretación de Eddie Bartholomew ("El pequeño Lord", 1936) evoluciona desde la antipatía que suscita al principio hasta su irresistible atractivo hacia el final. Spencer Tracy obtuvo merecidamente su primer Oscar. La dirección alterna escenas de acción y aventuras, con otras de trabajo, lucha por la vida y amistad.
La película obtuvo un gran éxito de público y crítica. Fue el primer film de la Metro que se emitió por TV (1955). Exalta la amistad, el compañerismo y la lealtad.
Miquel 
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Gilda (1946)
Charles Vidor
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| 10 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
5 de Enero de 2006 |
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Dirigida por Charles Vidor, se rodó en los estudios Columbia de Hollywood.
La acción principal tiene lugar en Buenos Aires en 1945/46. Narra la tomentosa relación de amor entre Johnny Farrell (Glenn Ford) y Gilda (Rita Hayworth). Después de haber sido amantes, Johnny abandona a Gilda para seguir su vida de jugador tramposo en el submundo de Buenos Aires. Un extraño, turbio, acaudalado y ambiguo personaje, Ballin Mundson (George Macready), le salva la vida y le convierte en su brazo derecho. La relación entre los dos se ve alterada cuando Ballin, después de un breve viaje, regresa casado. La película narra las relaciones tempestuosas que se establecen entre Gilda y Johnny, a raiz de su imprevisto reencuentro. Éstas se enmarcan en un Casino ilegal de juegos, la llegada a Buenos Aires de criminales de guerra nazis, la participación de Ballin en negocios tenebrosos, la sucesión de asesinatos, suicidios, muertes y desapariciones. Sobresale la belleza de Rita Hayworth, que asocia hermosura y perfidia, elegancia y maldad, en un duelo de poder a poder con su antiguo amante. Gilda encarna la figura de la mujer que no se resigna: lucha con furor, rabia y fuerza, hasta la provocación y el escándalo, contra el hombre que la ha herido y quiere someterla. La batalla de géneros se erige en clave del relato y en la base de su interés y grandeza. El striptease que inicia quitándose sensualmente los guantes y arrancándose después el collar, no es un acto de sometimiento, sino un soberbio grito de guerra.
La música aporta dos versiones de una canción original "Put Blame On Mame" y una canción de la época ("Amado mío"). Inserta fragmentos orquestales de factura vanguardista. La fotografía, de Rudolph Maté, exalta la belleza de la protagonista con primerísimos planos e iluminación que recuerdan los que William H. Daniels dedicó a G. Garbo. Es magnífico el movimiento de la cámara, que hace uso de recursos novedosos y efectistas (encuadre desde el suelo en la escena inicial) y de una sobresaliente iluminación. El guión incluye diálogos breves y rápidos, llenos de ambigüedades, sugerencias y matices. Pese a que la filmación incluyó improvisaciones y algunos añadidos finales (la canción "Amado mío"), la hilación argumental es excelente. Cuando Gilda dice que si ella fuera un rancho, lo llamarían "Tierra de Nadie", el espectador se siente estremecido; cuando entiende que la afirmación no es una definición, sino una provocación, se le hiela el alma. La relación homosexual entre Ballin y Johnny se sugiere con extrema sutileza. La interpretación de los protagonistas y de los secundarios George Macready ("Senderos de gloria") y Steven Garay billan a gran altura. El vestuario de RH es excelente: el vestido de noche con guantes está inspirado en el retrato "Madame X", de John Singer Sargent. La dirección hace alarde de virtuosismo, habilidad y versatilidad.
Una de las obras míticas del cine más renombradas. Contiene imágenes arquetípicas. Imprescindible.
(El resto de la crítica puede contar partes de la película)
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spoiler: Pese a la destacada capacidad de entender las personas y las situaciones colectivas (como glosa el film), Johnny no alcanza a entender a Gilda. Ante su incomprensión manifiesta, el comisario Maurice Obregon (Joseph Calleia), se ve obligado a llamarle la atención.
Miquel 
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Recuerda (1945)
Alfred Hitchcock
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| 9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
26 de Noviembre de 2007 |
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Octava película de la etapa americana de Hitchcock. Escrita por Ben Hecht, se basa en la novela "The House Of Dr. Edwardes" (1927), de John Palmer y Hilary St. George Sanders. Se rueda, en B/N, en exteriores de Alta Lodge (Utah) y Cooper Ranch (LA) y en el plató de los Selznick Studios. Nomianda a 6 Oscar, gana uno (música, M. Rózsa). Producida por David O. Selznick, se estrena en "première" el 31-X-1945 (NYC).
La acción comienza y concluye en el sanatorio psiquiátrico de Green Manors (Rochester, EEUU). El psiquiatra Anthony Edwardes (Gregory Peck) se incorpora al cargo de director del sanatorio en sustitución del antiguo director, el Dr. Murchison (Leo G. Carroll). En el centro trabaja como psiquiatra la Dra. Constance Petersen (Ingrid Bergman).
La película es un thriller psicológico y de misterio, que se combina con un drama romántico. Atendiendo los requerimientos del productor, Hitchcock construye una obra sobre el psicoanálisis, sus efectos curativos y las necesidades que plantea de explorar traumas psicológicos, en especial los de la infancia, que se ocultan en el subconsciente. Selznick contrata a su psiquiatra como asesor técnico del film. No es la única vez que el realizador toca el tema, pero es la primera vez que lo hace de modo tan extenso e intenso. La relativa novedad e interés del tema se ven lastrados por su tratamiento superficial y artificioso ("psicoanálisis de salón"). Son muy notables las interpretaciones protagonistas (Bergman y Peck) y la de Michael Chekhov (Alex Brulov), nominado al Oscar al mejor secundario. El diseño de producción es excelente, sobre todo por lo que respecta a los decorados de las dos escenas del sueño de Edwardes, realizados por Salvador Dalí. La filmación de los mismos recoge 20 minutos de metraje, que Selznick reduce a 2. La atmósfera que respira la obra es densa y cautivadora. El realizador muestra sus preferencias por la confusión de identidades, el falso culpable, la mujer rubia, decidida y desenvuelta, las persecuciones policiales, etc. Deja testimonio de su afición a los trenes, las estaciones ferroviarias, las escaleras, etc. No faltan objetos a los que se asocian conceptos y sentimientos (navaja, vaso de leche). Ésta es la primera colaboración del realizador con Ingrid Bergman, a la que siguen otras dos ("Encadenados" y "Atormentada"). También es la primera colaboración con Peck, a la que sigue una segunda y última ("El caso Paradine", 1947).
La música, de Miklós Rózsa, aporta composiciones intensamente dramáticas y un tema de amor de gran lirismo. Éste alcanza su mayor expresión en el solo de violín ("Constance Meets Edwardes") que acompaña a Bergman cuando se encamina a la dependencias de Peck en el sanatorio. Otros cortes notables son "Sueño", "En la nieve" y "Final". La fotografía, de George Barnes ("Rebeca", 1940), ofrece imágenes de inspiración expresionista, enriquecidas con una esmerada iluminación, primeros planos psicológicos (fascinación de Peck) y encuadres inquietantes.
Miquel 
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