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Críticas 453
Críticas ordenadas por utilidad
Críticas ordenadas por utilidad
7
6 de agosto de 2012
11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
A medio camino entre Woody Allen y Grounghog day, esta película ofrece algo verdaderamente difícil de contar y sin embargo lo hace de una manera inteligente, tierna y sencilla, lo suficiente para que parezca a simple vista que existe un pequeño bucle en el que se ha perdido la narración, pero realmente no es así.
Existe un momento en la película que da sentido a toda la narración porque argumenta lo que parece ser la línea maestra de la misma. Las cosas no ocurren por razones, por fuertes que estas parezcan, es el ser humano el que a base de indicios cree encontrar un sentido a todos esos pequeños hechos cotidianos insertándolos en nuestro todo con sentido. Tampoco es que esto sea demasiado original, Hume allá por el siglo XVIII ya expresaba sus dudas al principio de causalidad sospechando que nosotros rellenábamos la vida más de lo debido, al menos más de lo debido científicamente.
Lo meritorio de Hong Sang-soo es que ha sorteado la dificultad de narrar algo como eso de una forma sobresaliente. Las palabras son las que montan las imágenes de la narración, si alteramos alguna de ellas, alteraremos, por tanto, la narración. El poder del discurso también es una idea antigua, Nietzsche aseguraba con toda razón que ellas, las palabras, arman nuestra valores, inauguran nuestras formas de pensamiento, basta con modificarlas para que se altere por completo nuestra estructura mental y moral.
Y eso es, así de simple, lo que ofrece esta producción, una suerte de reflexión en torno a lo que las palabras son para el cine y para la vida.
Se hace con sumo cuidado, y con relucientes toques de un humor muy inteligente acompañado de un cuarteto de actores muy meritorio.
12 de febrero de 2009
11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
El Sam Mendes de Road to Perdition (Camino a la perdición) o American Beauty o incluso de Jarhead se ha perdido en esta película, conste que no sabemos si el problema no será de la novela de Richard Yates, pero lo que es cierto es que en esta ocasión el director ha perdido la perspicacia y la finura que demostró en algunas de sus películas anteriores.
Prentende la historia llevarnos a los mismos terrenos de American Beauty, la crítica a la sociedad norteamericana, al sueño norteamericano. En esta ocasión, por el devenir de una familia de clase media que sufre los problemas de la vida. Pero el gran fallo de la interesante apuesta es que no se entienden ni los problemas ni las reacciones de los personajes principales (excelente DiCaprio que mejora película a película, mal Kate Winslet a quien no le recordamos ni un solo papel a la altura de las circunstancias).
El marasmo de sentimientos que el día a día provoca en la vida familiar de esta pareja desata en un arrebato inexplicable de Kate Winslet que escena a escena va pasando por reacciones cada vez más abstrusas de entender. Suponemos que el argumento no nos quiere contar la historia de una pareja en la que uno de los lados necesita urgentemente una revisión psiquiátrica, y, si lo que quiere es hacernos reflexionar sobre la angustia que produce el ritmo de vida norteamericano, no se nos plantea bien cuando el personaje de Kate Winslet se limita a tener ataques de histeria incontrolada que le llevan de amar a odiar a su pareja escena sí, escena no.
Leonardo DiCaprio
Tan incomprensibles son las reacciones del papel femenino principal que se deben hacer piruetas con el guión y se sacan a los hijos de la pareja de delante durante todo el metraje. Esta solución que lanza focos sobre el matrimonio, sorprende sobre manera ya que no tenemos escenas de familia en la historia de una casa que se desmorona poco a poco.
Europa, en concreto París, es El Dorado que se parece elegir para salvar los muebles de una relación caótica y titánica, pero en ningún momento, los verdaderos demonios, los cotidianos, aparecen en primer plano.
Para cumplir lo que se nos promete o lo que parece prometernos, se debería haber pulido mucho más un guión que adolece de descansar en dos estrellas que tampoco justifican la película.
25 de septiembre de 2010
10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los beneficios de la vida en el campo ha sido una de las líneas literarias más fructíferas en el siglo XIX, Rousseau y Thoreau han sido dos de los más claros exponentes de la defensa de la vuelta del hombre a lo rural, abandonando las crecientes urbes.
La película que firma Arthur Hiller con guión del prolífico guionista y dramaturgo Neil Simon sigue esa línea de ensoñación de la vida fuera de la ciudad. Para conseguir sus objetivos el guión elige una disparatada sucesión de situaciones que consiguen desquiciar a la pareja protagonista.
El papel de Jack Lemmon tiene un algo de Martínez Soria, sobre todo en los primeros minutos, que nos lo acerca a nuestro inconsciente colectivo, esos tics pueblerinos y esa intransigencia con el vecino, incluido con su mujer, son cercanos. Por cierto que Sandy Dennis está muy acertada en su trabajo pese a que su carrera no encontraría sucesión de buenos títulos.
Uno de los intereses de la película son las localizaciones exteriores mostrando esquinas del Nueva York de los 70, interesantes los planos de la Estación Central o de rincones de un Central Park ya emblemático.
Además de eso, Jack Lemmon, por sí solo, merece ver la película con cierto interés. Las amenazas que va repartiendo por todos el personal de aeropuertos, hoteles y demás, son las mejores líneas del guión, es allí cuando la comedia alcanza sus mejores momentos porque también es donde Jack Lemmon se encuentra a gusto.
Quizás hay un tanto de exageración que empequeñece un tanto la película pero es cierto que en las comedias estos elementos siempre han existido.
El giro final tiene un mucho de moraleja que acerca la reflexión a Walden y a esa línea de pensamiento.
22 de enero de 2012
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Conmovedora historia de búsqueda personal que refleja, ante todo, los deseos de una mujer por encontrar su lugar.
El guion de Icíar Bollaín, cuyas películas siguen teniendo una detrás de otra una voz personal, opta por apartarse de lo más fácil, o de no regodearse, para contarnos una historia en la que lo importante es el personaje principal y la búsqueda, quizás de sí misma que debe llevar a cabo.
Ese personalismo de la historia nos lleva a que la carga de la misma sea interesante o no en función de lo que el personaje principal siente y padece. Y a veces resulta exagerada porque existe un exceso de simpatía por parte del personaje. Si bien es cierto que por ejemplo para Hume el sentir con otro es el origen de la moral, sin embargo, ese sentimiento del otro y con el otro no se puede llevar al paroxismo, de lo contrario se confunde con la compasión.
Siempre nos quedará la duda de si quien ayuda no se está ayudando realmente a sí mismo a encontrarse, eso que se llama retorno tiene muchas caras.
No obstante, ninguno de estos peros puede arruinar una película bien construida en la que la elección del guion pasa por convertir en heroína a quien ha decidido privarse de muchas cosas para poder sentir con la gente.
¿Hubiera sido más fácil haber optado por una postura menos de primer plano y fijarse en el trabajo y en lo que rodea a la protagonista en aquel país?, quizás más atractivo porque el personaje definido aparece como ya visto y bastante previsto, a pesar de que pueda ser verdad, pero también es cierto que la riqueza de los matices que la rodean en el film nos dan un gran sabor de boca.
En todo caso las historias son de quienes las cuentan y de las palabras que eligen al contarlas e Icíar Bollaín ha elegido estas y no otras, quizás para dejar muy claro que lo importante que hay que contar es acerca de la búsqueda más que de los resultados.
En ese camino tiene una importancia especial, debido al peso del personaje, la actriz Verónica Echegui que es capaz de dotar al personaje de credibilidad y que con ese aire Natali Portman ofrece la fragilidad necesaria para conmover, aunque también es cierto que en los momentos más sentimentales ofrece sus peores registros.
La banda sonora de Pascal Gaigne ofrece, como siempre calidad, la fotografía y el gusto de la cámara suman mucho al total general.
En definitiva, una película interesante, con voz propia y que merece la pena para seguir caminando en busca de nosotros mismos.
Es fundamental verla, como siempre en versión original, la versión doblada destroza la película
La vida en un día
Documental
Reino Unido2011
7,5
2.019
Documental
8
24 de noviembre de 2011
9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Documental que narra las idas y venidas en un día, el 24 de julio del 2010 en la vida de aquellas personas que quisieron grabarse y enviar sus filmaciones para este proyecto.

El resultado es una mirada sincera, directa y ágil a la visión de un trozo de la humanidad que bien podría valer por su totalidad.

La forma temporal y temática en la que el documental está desarrollado es de una plasticidad sobresaliente, existen planos de una gran belleza, atardeceres y amaneceres que dicen mucho del momento y de la sensibilidad de la persona que empuñaba la cámara.

El mérito, indudablemente, consiste en una edición fuera de serie. La elección de los momentos y los temas acude a mostrar sin artificios, ni actores una buena variedad de temas fundamentales para comprender el corazón más profundo de los sentimientos que preocupan a la humanidad.

Amor, muerte, soledad, esperanza, dolor..., la relación de los temas que están plasmado en la plasticidad de las cámaras anónimas, o por lo menos, casi anónimas, dice mucho más que sesudos informes sociales.

Los retazos de cámara hipnotizan al espectador porque bien podía ser él quien estuviera recitando ese guion oculto en los pasos que nos llevan cada día en los brazos del tiempo. Bien podría ser él quien sintiera la necesidad de atrapar la magia de ese momento, o al menos intentarlo porque ya se sabe que toda cámara desvirtúa la realidad y la percepción de quien la está manejando.

El momento libre, desprovisto de artificios, aunque en este caso sean mínimos reposa en los miles de millones de anonimatos que cada día siguen, seguimos, luchando o disfrutando, depende de la hora.

La magia de las imágenes y de las palabras tiene un aliado de peso en una banda sonora que poetiza los encuadres y consigue, todavía más, valorizar los sentimientos.
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