|
|
Críticas de: Strhoeimniano
Strhoeimniano A Coruña - España 
|
|
La edad de la inocencia (1993)
Martin Scorsese
|
| 33 de 40 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
9 de Febrero de 2006 |
|
|
Fidelísima adaptación de la novela de E. Warthon; tanto es así que da la impresión de que Scorsese no hizo guión alguno y tomó la novela página por página (el guión lo firma un colaborador habitual desde “Made in Milan”, Jay Jocks, que firmaría la irreprochable “Gangs of NY”).
A primera vista, puede que no haya nada más extraño al director que mejor a filmado la angustia y la violencia de la sociedad actual norteamericana (y por añadidura, de todos nosotros por lo “colonizados” que estamos) que la plácida y vieja N.Y.; sin embargo, nada más lejos de la realidad: la violencia de esta película es tan sutil, y a la vez tan patente, como los hermosos encajes que ornan la sociedad elegante en la que nos sumerge “La edad de la Inocencia”. Aquí las pistolas desaparecen, no hay rastro de sangre; pero bajo el estricto protocolo, la hipocresía y la elegancia de la sociedad adinerada, todo esta más afilado que una navaja, y las miradas, cuando miran, lo hacen para controlar, sin que nada escape a ese control, incluida la libertad de amar.
La película narra una historia de amor imposible bajo códigos tan rígidos como los mostrados en otras películas suyas, como en “Uno de los nuestros”. En sí es un triángulo sutil entre el vástago N. Archer (maravilloso, Daniel D. Lewis) y la condesa Olenska (incomprensible que una actuación tan magistral como la que realiza M. Pfeiffer no estuviera nominada a los Oscar), esa oveja descarriada que desea divorciarse (todo un escándalo para la época y que da pie a que la familia contrate los servicios de Archer para que la asesore convenientemente) tras el fracaso de su matrimonio con un conde italiano. Completando este triángulo, la dulce, y aparentemente frágil, M. Welland, interpretada por W. Ryder, y que tampoco llevó su más que merecido Oscar, birlado por A. Paquin, la niña del “piano”.
Lo maravilloso de esta película es la dirección de Scorsese. Al igual que en el libro, la cámara de Scorsese (nunca fue más “artística” que en esta película) retrata hasta los detalles más menudos de esa sociedad haciendo casi un estudio analítico de todo ese telón de fondo que impide a los protagonistas tomar lo que desean. Cualquier gesto, hasta el más nimio, adquiere una extraordinaria expresividad, ya que el drama de esta película no viene por lo que sucede fuera, sino por lo que se cuece por dentro.
Los planos son reposados, de una cuidada puesta en escena, con insospechados travellings y relantizaciones de imagen, y una fotografía cuidadísima de su colaborador habitual M. Ballhaus, y, por supuesto, ese montaje que ya es marca de la casa realizado por la mano derecha del director: T. Schoonmaker. La ambientación, en su primera colaboración con Scorsese, la firma Dante Ferreti. Todo para hacer de “La Edad de la Inocencia” UNA PELÍCULA MEMORABLE.
Strhoeimniano 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
|
|
La loba (1941)
William Wyler
|
| 29 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
2 de Septiembre de 2005 |
|
|
Es el tercer encuentro de Wyler con B. Davis tras “Jezabel” y “La Carta”. La genialidad de ambos tiene unas alturas prodigiosas que hacen de esta película la más fascinante y severa de estas colaboraciones tan fructíferas que tuvieron, y, sin duda, una de las mejores películas de todos los tiempos.
Como hizo con “La Carta”, Wyler volvió a contar con Herbert Marshall y Bette Davis para llevar a la pantalla la obra teatral de la gran Lillian Hellman. La historia gira en torno a la avaricia de un trío de hermanos para lograr emprender un negocio para el que necesitarán el apoyo económico del moribundo marido de B. Davis. Sobre esta premisa, Wyler teje uno de sus prodigiosos melodramas, mostrando una inspiración tan grande que nos deja sobrecogidos ante la voracidad que pasea por sus fotogramas. No hay buenos y malos; hay malos y víctimas.
El gran acierto de esta película, no es su historia (en sí no es más que otro de los combates del bien contra el mal, casi una parábola pues los personajes son tan completos y densos que funcionan ya como arquetipos), sino por el lujazo de las actuaciones que nos ofrecen. Así, la planificación de Wyler no toma como referencia la historia, sino la actuación de los personajes (en ocasiones nos hurta los primeros planos para que imaginemos la expresión, la maldad del actor/actriz); y no hay duda que para eso contaba con un ramillete de actores excepcionales. En el lado luminoso: H. Marshal, Teresa Wright, Patricia Collinge. El primero, ya moribundo, quizá en otros tiempos también lobo de esa manada, pero que en este presente intenta morir de un modo en el que el “mundo no vaya a peor”; T. Wright es la inocencia, el calor del amor, la flor que ha nacido en medio de ese estiércol despiadado; por último. P. Collinge es un retrato avanzado en el tiempo de Teresa, una mujer que ahoga su tiempo en alcohol pues está tan herida que de otro modo le es imposible vivir. En la parte oscura: Dan Dureya, C. Dingle, Carl B. Reid y B. Davis.
Pero “La Loba” es sobre todo B. Davis. Es la maldad despiadada. Nunca los ojos de B.D. fueron más mortíferos. Su rostro es una máscara (un maquillaje maravilloso, que por un lado sirve para enmascarar esa juventud que ya se fue de la protagonista y por otro para caracterizarla), de un hieratismo feroz, sin escrúpulos. Los duelos que mantiene con H. Marshall son sanguinarios. La maravillosa secuencia del ataque al corazón, llega al clímax centrada exclusivamente en un primer plano (fabuloso trabajo el del G. Toland) dándonos escalofríos pues nunca la maldad se mostró tan desnuda y atroz. Los diálogos son de los que te hielan la sangre para quedarse grabados en la memoria (“No te odio; solamente te desprecio”). En una palabra, cada uno de los aspectos que hacen de una película, una gran película, están aquí multiplicados por la genialidad de un modo de hacer cine que ya no veremos, pues “La Loba” tiene la altura no de un gran película, que lo es, sino de una obra de arte.
Strhoeimniano 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
|
|
La chaqueta metálica (1987)
Stanley Kubrick
|
| 30 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
3 de Septiembre de 2007 |
|
|
Nada menos que 7 años después de la terrorífica “El Resplandor”, Kubrick vuelve su mirada hacia el horror sin necesidad de apoyarse en coartadas fantásticas, sino mostrando las entrañas del mayor engendro que hemos creado: la guerra. Pretendido o no, cada película de Kubrick sienta cátedra, quedando como obras poderosas, únicas e indiscutibles, y de tal perfección que impide cualquier tratamiento posterior por otros autores. En este caso, Vietnam ya contaba con esa joya indiscutible: “Apocalypse Now”, por lo que la apuesta que hace Kubrick es el mayor órdago de su carrera. Y era normal que llegara. Al autor siempre le interesaron las fracturas históricas: tanto antiguas (Espartaco), como actuales (Teléfono Rojo…), y siendo Vietnam la mayor fractura, era coherente que Kubrick diera su visión. Sólo que ésta choca con todas las películas realizadas sobre este conflicto. Vietnam es su disculpa para trazar un retrato sin ilusión del instinto de agresión que domina a nuestra especie y lo hará acompañando al recluta bromista en un viaje desde el orden de la instrucción al caos de la guerra.
Así en esa primera parte (magistral el plano con el que se abre la película mostrando la primera arma: el cortapelo) asistiremos a la transformación de aquellos jóvenes de mirada vacía en soldados, dándoles el padre/sargento Hartman (espléndido Lee Ermey) una nueva novia: su fusil. Es sobre este padre cruel y vengador, sobre el que girará esta primera parte. Pero la grandeza de toda ésta reside en el pesimismo de Kubrick. Sabiendo la importancia de la instrucción, ésta es irrelevante ante el peso de nuestro instinto agresor. De hecho, esta máquina de matar perfecta adelantará su misión en un final tan edípico como el visto en “El Resplandor”.
La segunda parte nos sumerge en Vietnam; un Vietnam de soldados, en el que la guerra es un telón de fondo del que llegan ecos, pero en el que nunca aparece ningún enemigo. La originalidad de Kubrick es retratar un Vietnam no visto en las anteriores películas que trataron este conflicto. Al clásico Vietnam de la jungla, siempre presente en todas, Kubrick vuelve su mirada a otra muy distinta: la jungla urbana. Al Vietnam nocturno de Apocalyse, el maestro Stanley lo cubre de luz, una luz cruda y tan descarnada como la guerra, que, para el autor, es el caos, pero no el espectáculo. De hecho, se sirve de un único personaje (una vietcong) para ilustrar las fuerzas que se desatan y que, pese al final de la película, no terminan de apaciguarse pues siguen en nuestro corazón llevándonos hacia un callejón sin salida.
Genial, como en todas sus películas, el reparto. Empezando por el vehemente Lee Ermey, hasta un más comedido M. Mondine; pero entre todos que destacaría a V. d’Onofrio. Él realiza una recreación alucinante, espeluznante; como anécdota, decir que engordó para el papel más que Robert de Niro, sólo que éste se quedó con la leyenda.
Igual que nosotros nos quedamos con Kubrick. Siempre con Kubrick. ¡Gracias, maestro!
Strhoeimniano 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
|
|
La puerta del cielo (1980)
Michael Cimino
|
| 25 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
26 de Mayo de 2005 |
|
|
Lo primero que se dice de esta película es que fue la causante del hundimiento de la UA, la compañía creada por Chaplin, Fairbanks , Griffith y otros cuando los locos, en palabras de Louis B. Mayer, decidieron hacerse cargo del manicomio. Ese dato, consagra su estela de película “maldita” por excelencia, pues la película, mutilada por la productora, fue un fracaso estrepitoso (Cimino nunca más recuperaría la confianza de la industria, tardaría más de cinco años en rodar su siguiente película: la espléndida “Manhattan Sur”). Generalmente, estas masacres sirven de coartada para disculpar desde su fracaso a esa factura que no llega a convencer del todo a los popes de la crítica que en su momento formaron parte de este festín. Sin embargo, tanto en su versión mutilada como en la extendida “versión del director” esta película emerge como un capítulo único dentro de toda la historia del cine.
En si es un western; pero a diferencia de toda la mítica que lleva este género, “La puerta del cielo” es un western melancólico, pero tampoco con acomodo fácil en ese western crepuscular que ha dado tantas obras maravillosas. La visión de Cimino es histórica, casi antropológica, y recoge “el nacimiento de una nación”, como un parto doloroso, preñado de violencia entre una asociación de ganaderos y toda esa masa de inmigrantes que llegan a los EE.UU y que son vistos como un freno para el “progreso”. Sin duda, la elección de este argumento, presentado de un modo naturalista, sin disfrazar la violencia, explica parte de su fracaso. Es una película de digestión difícil, conmovedora en todos sus aspectos, que pasa fácilmente de una grandiosidad épica a una intimidad romántica con el genio de Cimino ofreciéndonos su mejor película.
El reparto es un capítulo aparte. Kris Kristofferson ofrece una actuación espléndida, comedida, pero llena tan llena de matices que con un simple primer plano puede mostrar el vacío en el que queda sumergido el personaje al final de esta historia; John Hurt, en permanente borrachera, y con un histrionismo decandente que tan bien le sienta al niño de papa que interpreta; Isabelle Huppert es la prostituta de la que todos se enamoran (y entendemos a todos por esto); y un magnífico C. Walken como asesino a sueldo. Todo en una historia de desengaños, traiciones, amistades, grandezas y miserias en la que siempre van a ganar los mismos.
Capítulo aparte merece la fotografía. Toda la melancolía de la historia está atrapada en el gran trabajo que realizó Vilmos Zsigmond, con una composición fotográfica preciosa (que no preciosista) y usando siempre la luz natural en unos claroscuros extremadamente bellos, con unas tonalidades cálidas y añejas (impresionante la primera secuencia con la fiesta de graduación en la Universidad de Harvad, parece que una postal tomara vida), tenebrosas en la violencia, o frescas en el amor; todo esto acompañado de una banda sonora tristísima, pero igualmente hermosa.
Strhoeimniano 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
|
|
West Side Story (Amor sin barreras) (1961)
Robert Wise, Jerome Robbins
|
| 27 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil. |
Su valoración:  |
26 de Mayo de 2005 |
|
|
Generalmente se dice que “West Side Story” son dos películas. Una, la dirigida por el coreógrafo J. Robbins (toda la parte musical); y otra, la dirigida por R. Wisse (todo el nudo argumental que adapta la historia de Romeo y Julieta). Por esta razón, una sería soberbia; mientras que la otra, resultaría a estas alturas tan empalagosa y ñoña como un merengue con sobredosis de azúcar. Lo cierto es que esas dos partes, de existir, se abrazan a la perfección en este musical clásico, pero atípico. Digo esto porque un género tan almibarado como el musical nunca fue el territorio propicio para digresiones sociales, y aunque la conocida historia de amor entre Tony y María es el hilo conductor de la película, el protagonismo principal es todo ese marco violento en el que se desarrolla la película.
Un silbido, antes de que veamos ninguna imagen, suena en la sala de cine (hay que verla en pantalla grande, la película gana); a partir de ahí, unas imágenes en picado de la ciudad de N.Y avanzando hacia barrios más pobres, hasta que la cámara, que no volverá a alzar el vuelo, se queda a un ras de tierra, y desde esa altura, con un empleo del cinemascope espectacular, desgranará una historia donde la violencia sólo conduce al dolor, a la muerte y al odio.
Las coreografías espectaculares, de esas que se te quedan grabadas por la vitalidad contagiosa que tienen; la música (¿quién no la tarareó en algún momento?) del maestro Bernstein; los actores... espléndidos, aunque yo me quedaría con Chakiris (nunca se volvió a ver una presencia tan “caliente” en la pantalla de un cine) y Rita Moreno encantadora de principio a fin.
Strhoeimniano 
|
Debe estar registrado para poder valorar críticas. Registrarse
|
|
|
|
|
| |
|