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Críticas de: Strhoeimniano

7,9
Media votos
1660
Películas valoradas
80
Críticas
2
Listas
Strhoeimniano A Coruña - España

Ordenadas por:
80 críticas (Ver todas por título) Página: 8
<<1567[8]9101116>>
La loba (1941)
Notable
William Wyler
23 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 2 de Septiembre de 2005
Es el tercer encuentro de Wyler con B. Davis tras “Jezabel” y “La Carta”. La genialidad de ambos tiene unas alturas prodigiosas que hacen de esta película la más fascinante y severa de estas colaboraciones tan fructíferas que tuvieron, y, sin duda, una de las mejores películas de todos los tiempos.
Como hizo con “La Carta”, Wyler volvió a contar con Herbert Marshall y Bette Davis para llevar a la pantalla la obra teatral de la gran Lillian Hellman. La historia gira en torno a la avaricia de un trío de hermanos para lograr emprender un negocio para el que necesitarán el apoyo económico del moribundo marido de B. Davis. Sobre esta premisa, Wyler teje uno de sus prodigiosos melodramas, mostrando una inspiración tan grande que nos deja sobrecogidos ante la voracidad que pasea por sus fotogramas. No hay buenos y malos; hay malos y víctimas.
El gran acierto de esta película, no es su historia (en sí no es más que otro de los combates del bien contra el mal, casi una parábola pues los personajes son tan completos y densos que funcionan ya como arquetipos), sino por el lujazo de las actuaciones que nos ofrecen. Así, la planificación de Wyler no toma como referencia la historia, sino la actuación de los personajes (en ocasiones nos hurta los primeros planos para que imaginemos la expresión, la maldad del actor/actriz); y no hay duda que para eso contaba con un ramillete de actores excepcionales. En el lado luminoso: H. Marshal, Teresa Wright, Patricia Collinge. El primero, ya moribundo, quizá en otros tiempos también lobo de esa manada, pero que en este presente intenta morir de un modo en el que el “mundo no vaya a peor”; T. Wright es la inocencia, el calor del amor, la flor que ha nacido en medio de ese estiércol despiadado; por último. P. Collinge es un retrato avanzado en el tiempo de Teresa, una mujer que ahoga su tiempo en alcohol pues está tan herida que de otro modo le es imposible vivir. En la parte oscura: Dan Dureya, C. Dingle, Carl B. Reid y B. Davis.
Pero “La Loba” es sobre todo B. Davis. Es la maldad despiadada. Nunca los ojos de B.D. fueron más mortíferos. Su rostro es una máscara (un maquillaje maravilloso, que por un lado sirve para enmascarar esa juventud que ya se fue de la protagonista y por otro para caracterizarla), de un hieratismo feroz, sin escrúpulos. Los duelos que mantiene con H. Marshall son sanguinarios. La maravillosa secuencia del ataque al corazón, llega al clímax centrada exclusivamente en un primer plano (fabuloso trabajo el del G. Toland) dándonos escalofríos pues nunca la maldad se mostró tan desnuda y atroz. Los diálogos son de los que te hielan la sangre para quedarse grabados en la memoria (“No te odio; solamente te desprecio”). En una palabra, cada uno de los aspectos que hacen de una película, una gran película, están aquí multiplicados por la genialidad de un modo de hacer cine que ya no veremos, pues “La Loba” tiene la altura no de un gran película, que lo es, sino de una obra de arte.
Strhoeimniano
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La edad de la inocencia (1993)
Buena
Martin Scorsese
22 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 9 de Febrero de 2006
Fidelísima adaptación de la novela de E. Warthon; tanto es así que da la impresión de que Scorsese no hizo guión alguno y tomó la novela página por página (el guión lo firma un colaborador habitual desde “Made in Milan”, Jay Jocks, que firmaría la irreprochable “Gangs of NY”).
A primera vista, puede que no haya nada más extraño al director que mejor a filmado la angustia y la violencia de la sociedad actual norteamericana (y por añadidura, de todos nosotros por lo “colonizados” que estamos) que la plácida y vieja N.Y.; sin embargo, nada más lejos de la realidad: la violencia de esta película es tan sutil, y a la vez tan patente, como los hermosos encajes que ornan la sociedad elegante en la que nos sumerge “La edad de la Inocencia”. Aquí las pistolas desaparecen, no hay rastro de sangre; pero bajo el estricto protocolo, la hipocresía y la elegancia de la sociedad adinerada, todo esta más afilado que una navaja, y las miradas, cuando miran, lo hacen para controlar, sin que nada escape a ese control, incluida la libertad de amar.
La película narra una historia de amor imposible bajo códigos tan rígidos como los mostrados en otras películas suyas, como en “Uno de los nuestros”. En sí es un triángulo sutil entre el vástago N. Archer (maravilloso, Daniel D. Lewis) y la condesa Olenska (incomprensible que una actuación tan magistral como la que realiza M. Pfeiffer no estuviera nominada a los Oscar), esa oveja descarriada que desea divorciarse (todo un escándalo para la época y que da pie a que la familia contrate los servicios de Archer para que la asesore convenientemente) tras el fracaso de su matrimonio con un conde italiano. Completando este triángulo, la dulce, y aparentemente frágil, M. Welland, interpretada por W. Ryder, y que tampoco llevó su más que merecido Oscar, birlado por A. Paquin, la niña del “piano”.
Lo maravilloso de esta película es la dirección de Scorsese. Al igual que en el libro, la cámara de Scorsese (nunca fue más “artística” que en esta película) retrata hasta los detalles más menudos de esa sociedad haciendo casi un estudio analítico de todo ese telón de fondo que impide a los protagonistas tomar lo que desean. Cualquier gesto, hasta el más nimio, adquiere una extraordinaria expresividad, ya que el drama de esta película no viene por lo que sucede fuera, sino por lo que se cuece por dentro.
Los planos son reposados, de una cuidada puesta en escena, con insospechados travellings y relantizaciones de imagen, y una fotografía cuidadísima de su colaborador habitual M. Ballhaus, y, por supuesto, ese montaje que ya es marca de la casa realizado por la mano derecha del director: T. Schoonmaker. La ambientación, en su primera colaboración con Scorsese, la firma Dante Ferreti. Todo para hacer de “La Edad de la Inocencia” UNA PELÍCULA MEMORABLE.
Strhoeimniano
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Titanic (1997)
Buena
James Cameron
48 de 80 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 9 de Junio de 2005
Cecil B. DeMille decía que una película tiene que comenzar con un terremoto e ir a más. En esta no hay terremoto; pero sin duda DeMille la hubiera firmado sin que le temblara el pulso. La tragedia que relata es sabida; de hecho el cine ya se había acercado en otras ocasiones a ésta, pero sin duda esta versión es la definitiva, la inalcanzable.
El acierto de Cameron está en entrelazar lo conocido con una historia de amor que nos permite estar en ese trágico escenario desde el mismísimo inicio hasta su inamovible final. Esto le lleva a manejar dos películas a un tiempo que se funden como una sola, en un equilibrio perfecto. Por un lado, todo el componente grandioso que conlleva el universo de este famoso hundimiento; por otro, la apasionante historia de amor, de un amor casi adolescente donde todo cabe: idealismo, utopía, sueños; pero que también tendrá que enfrentarse no solo a la catástrofe, sino a esa sociedad engalanada, avariciosa y ávida de poder que está magníficamente representada en los “malos” de la película (Frances Fisher, está prodigiosa). Esta magnifica comunión está presente a lo largo de toda la película. De una colectividad tan enorme como la presente, Cameron consigue relatarnos un montón de historias que no dejan de conmovernos pues todas parten hacia ese destino final. Lo colectivo y lo individual, lo íntimo y lo público, lo grande y lo pequeño encuentra acomodo en esta obra maestra, pues su triunfo no es tanto por la aparatosidad de la propuesta, sino por la fuerza y sentimiento con la que está narrada esta tragedia que no es tan maniquea como se pretende. Una muestra de esto es ver cómo presenta ese mundo dividido en clases, en feudos propios con sus ritos y aspiraciones (su descripción de la burguesía es netamente buñueliana). En ese sentido, Cameron consigue hacer del accidente una situación altamente simbólica, no sólo del tiempo que relata, sino de este presente en el que aún hundiéndose el barco la avidez y el egoísmo siguen igual de fortalecidos.
Otro acierto son los fx. Impecables en este caso, pero que aún así, y eso sí que es meritorio, no consiguen tragar toda la gama de emociones que se vive en esos dramáticos momentos.
En el reparto se situaría mi único “pero”. Winslet está magnifica, pasando de la contención exigida a una dama de esa época a la luchadora infatigable de la parte final. Sin embargo, DiCaprio... Es cierto que enamora, que su presencia en la pantalla llena; pero cuesta llegar a ver en ese “ángel” a un duro chico de la calle; creo que sería mejor un actor con una pinta más golfa (siempre pensé en Brad Pitt). Los demás, excelentes en cada una de sus interpretaciones y asombrosamente parecidos a los personajes reales que existieron. Esa es otra de las virtudes, la reconstrucción fidedigna, extremadamente documentada, de un tiempo que se pudre entre las aguas.
En definitiva, una película magníficamente narrada, con todos los elementos soberbios y el tono de buen cine que encontramos en los clásicos.
Strhoeimniano
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Blade Runner (1982)
Notable
Ridley Scott
21 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 26 de Mayo de 2005
Philip K. Dick, autor de la novela en la que se basa esta película, siempre ha tenido adaptaciones muy buenas de su obra; pero ninguna ha llegado a la altura de “Blade Runner”. El hechizo que posee esta película no ha dejado de crecer. En una palabra: Fascinante.
Generalmente se la encuadra dentro del género de ciencia ficción; pero sería menos descabellado situarla como una película de género negro, negrísimo, pues no hay ni un rasgo de optimismo en todos sus fotogramas, incluso el aparente final feliz, es en su apariencia de felicidad tan falso con lo rodado anteriormente que es posible que lo que muestra no sea más que un sueño del replicante.
De las dos versiones que existen, me quedo con la que se estrenó originalmente. El “director’s cut” me defraudo profundamente aunque siembre la sospecha de que Harrison Ford sea un replicante; lo que no defrauda es la maestría de Ridley Scott para dotar a esta película de un despliegue visual exquisito, imitado en cantidad de ocasiones, que es también el culpable de las peores críticas que tuvo esta película, pues muchos veían su estética más próxima a la publicidad que al cine propiamente dicho. Pero esta estética es la marca de la película: un expresionismo puesto al día que la dota de una modernidad asombrosa sobre la que no pasan los años. Su acción es pausada, invitando a reflexionar sobre lo mucho que pasa y que no puede dejarnos indiferentes.
El reparto esta a la altura de la película, sobre todo Rutger Hauer tan barroco en su interpretación como la propia película y al que corresponden los diálogos más hermosos, llenos de una poesía futurista; también está Daryl Hannah, con un look extraño, alocado, pero tan subyugante que puede que no creamos en Dios, pero agradecemos que la Tyrrell haya diseñado una replicante como ella.
Apocalíptica, pero maravillosa, con una vida propia que no se perderá “como lágrimas en la lluvia”, porque la memoria es la que nos hace sentir vivos.
Strhoeimniano
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Arrebato (1979)
Buena
Iván Zulueta
24 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil.
Su valoración: Excelente 23 de Mayo de 2005
Una vez vista la película entiendes porqué Zulueta no volvió a filmar ninguna otra película más. El cine desde una entrega total, en una lucha contra esa pausa que marca el ritmo, en un arte que es el detonante de todas las pasiones, filmando para matar, pero también para dar una nueva vida. El relato no puede ser más alucinado, la unión con las drogas no es accidental (ni en la película ni para el autor), hecho casi desde la crispación histérica. No hay un solo momento de reposo, pues hasta cuando éste se da, la atmósfera malsana lo impregna todo. El trío protagonista está en un estado de gracia permanente, desde un iluminado Will More, a la adicta Cecilia Roth, o un Eusebio Poncela con las venas siempre prestas para el último picotazo; los secundarios a la misma altura (aquí descubrí a la soberbia Marta Fernández Muro), con un Luis Ciges al que no le hacen falta sustancias para no desentonar con el tono de la película. Verla sigue siendo una experiencia perturbante. Yo ya no sé la cantidad de veces que la he visto, que acudo a ella y me quedo literalmente ciego por este ejercicio brutal y sincero, de una modernidad sin estridencias, sin guiños fáciles, sino llena de una rabia que hace de ella todo un manifiesto. Un único manifesto que la hace imprescindible. Una joya que ya no tenemos que inventar.
Strhoeimniano
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